REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

Tranco I
Leía entusiasmado a Henri Lefebvre –filósofo marxista, intelectual, sociólogo, crítico literario, francés (1901-1991), a través de su obra El Marxismo. Y ¿por qué ese entusiasmo mío con esta lectura? Fácil respuesta: porque hoy, el triste hoy dominado en todos sus aspectos por lo que queda de este Mexicalpan de las Ingratas, llamado México. Sí, lectora insumisa y no pripanista, para qué insistir en la horripilante derechización en la que nos han sumidos los gobiernos corruptos que padecemos... Pero mejor lean lo que Henri escribió allá por el año de 1948:
“Las grandes concepciones del mundo”:
1.- La concepción cristiana, formada con gran rigor y claridad por los grandes teóricos católicos. Reducida a lo esencial, se define por la afirmación de una jerarquía estática de seres, actos, “valores”, “formas” y personas. En la cima de la jerarquía se halla el Ser Supremo, el puro espíritu, el señor Dios.
Esta doctrina, -nos sigue diciendo Henri- que trata en efecto, de dar una visión de conjunto del universo, fue formulada con máxima amplitud y rigor en la Edad Media. Los siglos posteriores agregaron poco a la obra de Santo Tomás… La teoría de la jerarquía se adecuaba particularmente a la Edad Media.
Esta concepción del mundo debería representar lo que se denomina tradicionalmente una Filosofía. Pero posee un sentido más amplio que la palabra filosofía, una acción, es decir, algo más que una actitud filosófica.
Ahora bien la concepción cristiana del mundo… no es otra que la política de la Iglesia sometida a la decisión de las autoridades eclesiásticas… Esa acción carece de conexión racional con una doctrina racional. (En la concepción marxista, que más adelante veremos, la acción se define racionalmente).
Ésta es pues, la concepción medieval del mundo, (La concepción cristiana) cuya validez se postula aún en nuestros días.
2.- Viene luego la Concepción Individualista del mundo. Aparece con Mantaigne, a fines de la Edad Media, en el siglo XVI; durante cerca de cuatro siglos, hasta nuestros días, muchos pensadores han formulado o reafirmado esta concepción con numerosos matices, pero no agregaron nada a sus rasgos fundamentales: el individuo (y no ya la jerarquía) aparece como la realidad esencial; poseería la razón en sí mismo, en su propia interioridad; entre esos dos aspectos del ser humano –lo individual y lo universal, es decir, la razón- existiría una unidad, una armonía espontánea, lo mismo que el interés individual y el interés general (el de todos los individuos), entre los derechos y los deberes, entre la naturaleza y el hombre.
El Individualismo trató de sustituir la teoría pesimista de la jerarquía (inmutable en su fundamento y cuya justificación se halla en un “más allá” puramente espiritual) por una teoría optimista de la armonía natural de los hombres y las funciones humanas.
Históricamente, esta concepción del mundo corresponde al liberalismo, al crecimiento del Tercer Estado, a la burguesía de la Belle Epoque. Es pues esencialmente la concepción burguesa del mundo (aunque la burguesía declinante la abandone actualmente y se vuelva hacia una concepción pesimista y autoritaria, y por lo tanto jerarquía del mundo)
3.- Por último viene la Concepción marxista del mundo. El marxismo se niega a establecer una jerarquía exterior a los individuos (metafísica). (La palabra metafísica adquiere para los marxistas un sentido peyorativo. CB), pero, por otra parte, no se deja encerrar, como el individualismo, en la conciencia del individuo y en el examen de esa conciencia aislada advierte realidades que escapaban al examen de conciencia individualista: son estas realidades naturales (la naturaleza, el mundo exterior); prácticas (el trabajo, la acción); sociales e históricas (la estructura económica de la sociedad, las clases sociales, etc.)
Además el marxismo rechaza deliberadamente la subordinación definitiva, inmóvil e inmutable, de los elementos del hombre y de la sociedad entre sí; pero no por eso admite la hipótesis de una armonía espontánea. Comprueba, en efecto, la existencia de contradicciones en el hombre y en la sociedad humana. Así, el interés individual (privado) puede oponerse, y se opone con frecuencia al interés común; las pasiones de los individuos, y más todavía de ciertos grupos o clases (y por lo tanto sus intereses) no concuerdan espontáneamente con la razón, el conocimiento y la ciencia. Para expresarlo con mayor generalidad: no existe la armonía que grandes individualistas como Rousseau creyeron descubrir entre la naturaleza y el hombre.
El hombre lucha contra la naturaleza; no debe permanecer pasivamente a su nivel, contemplarla o sumergirse románticamente en ella; debe, por el contrario, vencerla, dominarla mediante el trabajo, la técnica y el conocimiento científico; y es de este modo como llega a ser él mismo”.
En fin, queridos lectores, creo que será inútil agregar más cosas, más datos, más verdades a lo expuesto por Henri Lefebvre.
Y ya el maestro Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo (España 1915.CDMX 2011) había comentado que es “Cierto que el marxismo siempre ha sido no sólo cuestionado, sino negado por quienes, dados su interés de clase o su privilegiada posición social, no pueden soportar una teoría crítica y una práctica encaminadas a transformar radicalmente el sistema económico-social en el que ejercen su dominio y sus privilegios”.
Sí, hoy, aquí en México, los gobiernos de derecha siguen entregando a la nación a esos intereses y a esos dominios y a esos privilegios.
Ojala y este escrito sea leído por las muchas lectoras y por los innumerables lectores de estos Búhos. Necesitamos con urgencia que los jóvenes y todos los ciudadanos en general se enteren de otra realidad, que conozcan otros puntos de vista para poder luchar contra la venta generalizada de los bienes nacionales, por citar sólo una de las tantas barbaridades que desde lo alto se siguen cometiendo.
Vale.
www.carlosbracho.com