REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
10 | 12 | 2019
   

Apantallados

Garcilaso de la Vega y la lírica renacentista


Francisco Turón

El auge de la etapa de esplendor cultural de España es el Siglo de Oro. España tiene dos etapas sucesivas: el Renacimiento, que corresponde al siglo XVI, y el Barroco, que corresponde al siglo XVII. La influencia de la iglesia en la edad media se trastocó con el desarrollo de la burguesía, la clase dominante, y el humanismo, que es la recuperación de los conocimientos grecolatinos con una actitud filosófica y ética, que hace hincapié en el valor y la agencia de los seres humanos, individual y colectivamente; y por lo general prefiere el pensamiento crítico y las pruebas (racionalismo), sobre la doctrina establecida (o fideísmo). El humanizar el conocimiento antiguo de griegos y romanos estaba a cargo de humanistas. ¿Qué es el humanista? Es el adjetivo de un seguidor del humanismo, un erudito que sabe griego y latín, además de saber interpretar, traducir y difundir a los autores. El humanismo es el motor del renacer de la cultura clásica: el Renacimiento. Los autores más importantes del Renacimiento fueron humanistas como: Garcilaso de la Vega, Juan Boscán, o Gutierre de Cetina, etc. El renacimiento aparece en Italia en el siglo XV, y llega a España a inicios del siglo XVI, como parte de un amplio movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental. El hombre renacentista, a diferencia del medieval, (que era teocentrista, ya que organizaba al mundo alrededor de Dios), aspira a la independencia espiritual, y descubre al hombre como centro del universo. Ya no es teocentrista, ahora es antropocentrista. Aquí va a destacar el poeta militar español Garcilaso de la Vega, que como autor típico del renacimiento, va a tratar los siguientes temas: el amor, entendido como la búsqueda de la perfección, porque el amor representa lo perfecto, y la falta del amor representa la decadencia y la tristeza. La temática del hombre del Renacimiento se basa en cuatro aspiraciones que son: el carpe diem, el beatus ille, el locus amoenus y el tempus fugit. El carpe diem, locución latina que literalmente significa: “atrapa el día”, y que quiere decir: “aprovecha el momento”, equivale a decir: vive tu juventud, tu belleza, goza la vida ahora. El beatus ille, beatus significa “feliz”, “bienaventurado”, ille significa “aquél”, es una expresión latina que se traduce como “dichoso aquél (que…)” y con ello se hace alabanza de la vida sencilla y desprendida del campo frente a la vida de la ciudad. El locus amoenus, en latín, “lugar idílico” o “lugar ameno”, es un término literario que generalmente refiere a un lugar idealizado de seguridad o conformidad. “Amoenus”, es un adjetivo que en latín significa: “ameno, agradable, delicioso, encantador”. Un locus amoenus es usualmente un terreno bello, sombreado, de bosque abierto, idealización de la realidad, a veces con connotaciones de Edén. Imagínate esta idea: un campo con prados de diversos tonos de verde, con un sol esplendoroso, pero no tienes calor porque estás debajo de una sombra de un árbol, en la copa de este árbol juegan y cantan los pájaros, a un lado hay un riachuelo en el que corre agua cristalina con un sonido particular, y en ese ambiente sientes una brisa refrescante. Es “un lugar propicio para el amor”, para el disfrute, para el gozo. El tempus fugit (el tiempo huye, el tiempo se escapa, el tiempo vuela), es una locución en latín, que hace referencia explícita al veloz transcurso del tiempo. La expresión parece derivar de un verso de las Geórgica del poeta latino Virgilio (70 a.C.-19 a.C.) (Georgicae, III, 284) que dice:

“Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus”
(Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo)

El hado, el destino, se impone a la voluntad del hombre, sin embargo, para el Renacimiento el ser humano tiene la posibilidad de enfrentar el destino, esto es un rasgo que se diferencia de la concepción grecolatina.
Hablemos del humanista Garcilaso de la Vega. Nace en Toledo, España, según algunos estudiosos en 1498, o 1499, pero la vaguedad se debe a que no hay un registro de un acta de nacimiento que lo fundamente. También se calcula que nació en 1503, y esta fecha se considera más precisa y aceptada. Su muerte sí está bien documentada, él muere en Niza, ducado de Saboya, el 14 de octubre de 1536. La historia nos dice que Garcilaso de la Vega, tras haber sido nombrado en 1534 alcaide de Ríjoles, participó en 1535 en la jornada de Túnez, y tras la toma de la Goleta en un combate de caballería cerca de los muros de Túnez resultó herido de dos lanzadas en la boca y en el brazo derecho. Poco después, estalló la guerra de Francisco I de Francia contra Carlos V y la expedición contra Francia en 1536 a través de Provenza fue la última experiencia militar de Garcilaso. El poeta fue nombrado maestre de campo de un tercio de infantería, embarcándose en Málaga a cargo de 3000 infantes que lo componían. Durante el temerario asalto a una fortaleza, acudiendo al combate sin armas defensivas a excepción de una rodela, en Le Muy, cerca de Fréjus, fue el primer hombre en trepar por la escalera de asalto, y alcanzado por una piedra lanzada por los defensores cayó al foso gravemente herido golpeando su cabeza contra una roca. El emperador, preso de la ira mandó ahorcar a la guarnición una vez tomada la fortificación. Trasladado a Niza murió en esta ciudad a los pocos días, asistido por su amigo Francisco de Borja Duque de Gandía, y más tarde canonizado por la iglesia católica.
Asumiendo que nació en 1503 vivió sólo 33 años. Una vida muy breve, muy intensa y muy relevante. Fue soldado, guardaespaldas, cortesano, consejero, diplomático, amigo y poeta de la Corte del poderoso Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, Emperador del Sacro Impero Romano Germánico, rey de España, Nápoles Sicilia, y Cerdeña, duque titular de Borgoña y archiduque de Austria. Ese nieto de los reyes católicos tuvo de consorte a Isabel de Portugal, quien fue la única esposa de Carlos I de España, por lo que tuvo también a Portugal. En América tenía territorios desde México, hasta la Patagonia. También tenía territorios en las Filipinas y África. Este rey tan poderoso durante el apogeo de España, recibió todo el oro y la plata tanto de la conquista azteca, como de Perú durante su madurez. Carlos I de España, fue el monarca con quien inició el Renacimiento en España. Garcilaso fue un hombre de confianza de él, ya que murió en una batalla peleando por su rey contra los franceses. Garcilaso entabló también una amistad con Juan Boscano, un poeta de Cataluña. Permanece algunos meses en Italia cuando acompañó a Carlos V a coronarse como emperador de Alemania.
Cuando muere en Francia sus restos son trasladados a Italia, y repatriados a España por su esposa Elena de Zúñiga. Elena fue su mujer, sin embargo, él estaba enamorado de la bella portuguesa Isabel Freyre, a quien se atribuía ser la pastora “Elisa” de los poemas de Garcilaso de la Vega. Conoció a Isabel en las bodas de Carlos I con la reina de Portugal. Isabel desestimó a Garcilaso como pretendiente. Él estaba casado y ella estaba comprometida, por lo que quedaron como amigos nada más. Eso hirió mucho la estima del poeta, tanto, que siempre se quejó de esto, y parece que en su poesía nos habla de ella. Cuando vuelve de su destierro de Italia, se entera que Isabel Freyre ha muerto; él va a visitarla a su tumba y de ahí parte hacia la última campaña a Francia, donde también muere.


Garcilaso introduce la escuela italiana a España, la cual consistía en utilizar las estrofas y los versos, es decir, las formas métricas de Italia, en España, introducir el itálico modo a la península. Una estrofa es un conjunto de versos que generalmente se ajustan a una medida y a un ritmo determinado constantes a lo largo de un poema y están fijados en la tradición poética. Una de las estrofas que utiliza Garcilaso es el soneto: composición poética formada por catorce versos de arte mayor. El verso es un conjunto de palabras que forma una unidad en un poema, sujeto a ritmo y medida determinados. En estos enunciados de palabras que marcan una línea del poema, Garcilaso introduce unidades que pueden dividirse por endecasílabos (versos de arte mayor que están formados por once sílabas), y por heptasílabos (siete sílabas métricas). Otra forma estrófica que utilizaba Garcilaso es el Terceto, una estrofa de tres versos, por lo general endecasílabos (arte mayor). También se le conoce como tercia rima o terza rima. Riman el primero con el tercero, quedando el segundo libre: 11 A, 11, 11 A. Sin embargo, por lo general forma parte de una composición mayor, que si es toda en tercetos se llama terceto encadenado, terceto dantesco o terceto enlazado. Una serie de tercetos encadenados podría quedar: 11 A, 11 B, 11 A, 11B, 11 C, 11B. En los sonetos, también aparecen, recordémoslo, dos tercetos encadenados. También estaba la octava real (estrofa de ocho versos endecasílabos que riman en consonante, los seis primeros en forma alterna y los dos últimos entre sí). Otra forma estrófica es la Lira: un tipo de estrofa de cinco versos de la métrica española e italiana, compuesta de tres versos heptasílabos y dos endecasílabos con la siguiente disposición: 7 a, 11 B, 7 a, 7 b, 11 B.
En la lírica española fue introducida por Garcilaso en su Oda a la flor de Gnido, que compuso cuando se hallaba en Nápoles. Esta forma estrófica tomará el nombre del término lira que aparece en el primer verso del poema:

“Si de mi baja lira
tanto pudiese el son que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento…”

Esta estrofa, que Garcilaso usó solamente una vez, será empleada repetidamente por Fray Luis de León para sus Odas Horacianas, si bien este ensayo también muestra distintas combinaciones breves de heptasílabos y endecasílabos que llamaba también liras.
Entonces, tenemos que la poesía de Garcilaso está dividida por su estancia en Nápoles (primero en 1522-1523 y luego en 1533. Antes de ir a Nápoles su poesía no está marcada por rasgos petrarquistas, es en Nápoles donde descubre a los autores italianos. Después de su estancia abundará en rasgos de lírica italiana, influido tanto por autores anteriores como Franceso Petrarca, como por autores contemporáneos como Jacopo Sannazaro, autor en 1504 de La Arcaida. Garcilaso hará suyo el mundo de La Arcaida, en el que sonidos, colores… invitan a la reflexión acompañando a los sentimientos. También influyen en Garcilaso, Ludovico Ariosto, de quien toma el tema de la locura de amor. Es en Italia donde Garcilaso fortalece su clasicismo, ya aprendido con los humanistas castellanos en la Corte, y redescubre a Virgilio y sus Bucólicas, a Ovidio y sus Metamorfosis, y a Horacio y sus Odas, sin olvidar otros autores griegos que también estudia.
La obra poética de Garcilaso de la Vega, compuesta por cuarenta sonetos, cinco canciones, una oda en liras, dos elegías (es un subgénero de la poesía lírica que designa por lo general a todo poema de lamento; la actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: una ilusión, el tiempo, la vida, un ser querido, un sentimiento, etc.) una epístola (es un sinónimo de carta), tres églogas (es un subgénero de la poesía lírica de tema amoroso que se dialoga a veces como una pequeña obra de teatro en un acto), y siete coplas castellanas (poema de ocho versos octosílabos con cuatro rimas), y tres odas latinas. Sus obras se publicaron por primera vez en 1543, a modo de apéndice de las obras de Juan Boscán. La producción lírica de Garcilaso de la Vega, máxima expresión del Renacimiento castellano, se convirtió, desde muy pronto, en una referencia inexcusable para los poetas españoles que desde entonces no pudieron ignorar la revolución métrica y estética operada por él en la lírica española al introducir con Juan Boscán y Diego Hurtado de Mendoza una serie de estrofas (terceto, soneto, lira, octava real, endecasílabos sueltos, canción en estancia), el verso endecasílabo y su ritmo tritónico, mucho más flexible que el rígido y monótono dodecasílabo, y el repertorio de temas, estructuras y recursos estilísticos del petrarquismo.

El lenguaje de Garcilaso es claro y nítido, conforme a los ideales de su amigo Juan Valdés. Selección, precisión, y naturalidad y palabra “oral”, más que “escrita”, prefiere las palabras usuales y castizas a los cultismos extraños a la lengua, buscar el equilibrio clásico, la estilización del nobilitare renacentista de una lengua vulgar y la precisión ante todo. Como afirma en su Égloga III,

Más a las veces es mejor oídos
el puro ingenio y lengua casi muda,
testigos limpios de ánimo inocente
que la curiosidad del elocuente.

Esto es, es preferible evitar la retórica pomposa y la expresión forzada y culta, para que la poesía pueda aparecer como sincera, genuina y espontánea: el objetivo de la poesía es ser oído, es la comunicación de los sentimientos, no el cortesano despertar de la admiración. Garcilaso prefiere el tono íntimo, personal y confidencial en la poesía, a la retórica y pompa de tonos más marciales a la culta o a la culta exhibición cortesana del ingenio, con lo que pone la primera piedra de una corriente lírica hispánica que todavía latirá en la poesía de Gustavo Adolfo Béquer (1836-1870).
El estilo de Garcilaso es muy característico: cuida especialmente la musicalidad del verso mediante el uso de la aliteración (es la reiteración de estructuras consecutivas o ligeramente separadas) y un ritmo en torno a los tres ejes principales del endecasílabo. Utiliza asiduamente el epíteto (es un adjetivo calificativo que resalta las características y cualidades de un sustantivo, como lo helado de la nieve, el calor en el fuego, o la humedad en el agua, sin distinguirlo de los demás en el grupo: Alejandro Magno, Alfonso X el Sabio), con la intención de crear un mundo idealizado donde los objetos resultan arquetípicos y estilizados al modo del platonismo. Por otra parte, es muy hábil en la descripción de lo huidizo y fugitivo; su poesía produce una vívida sensación de tiempo y se impregna de melancolía por el transcurso de la vida, lo que él llamó su “dolorido sentir”,

No me podrán quitar el dolorido
sentir, si ya primero
no me quitan el sentido.

El paisaje resulta arcádico, pero instalado rigorosamente en sus predios manchegos de Toledo, al margen del río Tajo. Aparecen los temas mitológicos como alternativa a los temas religiosos. Garcilaso no escribió ni un verso de tema religioso. La mitología suscitaba en él una gran emoción artística y se identificaba plenamente con algunos mitos como el de Apolo y Dafne. Sus temas preferidos son los sentimientos de ausencia, el conflicto entre razón y pasión, el paso del tiempo y el canto de una naturaleza idílica que sirve de contraste a los doloridos sentimientos del poeta. Cree en un trasmundo que no es el religioso cristiano, sino el pagano:

Contigo, mano a mano
busquemos otros prados y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos,
donde descanse, y siempre pueda verte
ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte.

La crítica literaria tradicional considera a Isabel Freyre como la pastora “Elisa” de los versos garcilasianos. El mítico amor que por ella sintió el poeta toledano no se ha podido demostrar, sino más bien ha sido producto de atribuir a Garcilaso lo que sólo en un principio se decía de Boscán. Y así se creó uno de los grandes mitos de la literatura española. Por otra parte, muchos biógrafos de Garcilaso afirman que se representa a sí mismo como “Nemoroso” en la Égloga I.
Recuerden que la égloga es un poema pastoril donde se habla de la vida y los amores de los pastores. Los pastores toman la palabra en el poema y comienzan a quejarse por el desamor. En la Égloga I tenemos la siguiente introducción:

El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso
ha de contar sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy contentas, los amores,
(de pacer olvidadas) escuchando.

Los pastores Salicio y Nemoroso, hacen sus quejas de amor con dulces lamentos. Es tan tierno, que las ovejas dejan de pastar y empiezan a escuchar. Están en un locus amoenus, amanece, y Salicio se queja por el desprecio de Galatea:

¡Oh más dura que el mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para que sea.

Llega el medio día, hay una estrofa intermedia y sale el otro pastor que es Nemoroso, quien se queja por la muerte de su amada Elisa:

¡Oh tela delicada,
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!

Como ven, Garcilaso usa muchas figuras en su poesía, así como usa metáforas, usa el hipérbaton, usa la hipérbole, usa el epíteto cuando dice: “encendido fuego”, “más helada que nieve”, “más dura que el mármol”. En la introducción cambia de orden las palabras cuando dice: “El dulce lamentar de dos pastores…”, parece un trabalenguas que está lleno de figuras.
Los temas claves de la Égloga I, y de todo el renacimiento en general: el amor. También está el tema de la naturaleza que sólo funciona como un marco para el amor.