REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

Carta a René Avilés Fabila


Beatriz Espejo

Querido René:
Te escribo con la pluma que me regaló Bernardo Ruíz en un día venturoso que disfrutamos de tu compañía. Nunca imaginé que ésa sería la última vez en que mi corazón iba a regocijarse con tu presencia. Tu muerte me provocó un ataque de llanto casi incontenible. Me la anunciaron abruptamente, sorpresa, sin entender que tu ausencia abriría un gran hueco en mi alma. Siempre creí que serías inmortal, con ese cuerpo tuyo tan derecho y bien vestido, con tu cara sin arrugas, refulgente dispuesto a reírse de la vida y de aquellos que se lo merecían. Peleando por tus derechos. Inventando siempre la manera de levantarte cuando un golpe te alcanzaba tratando de aniquilarte, amigo mío.
Hoy te recuerdo desde tu extremada juventud aun sin cobrar esa fisonomía con la que el tiempo llegó a ti sin tocarte, siguiéndose de largo para no importunar la sonrisa irónica que te surgía a la menor provocación.
Te recuerdo dándome textos para publicar en mi revista El Rehilete, en los viajes que hicimos acompañados de nuestras respectivas parejas o solos, en talleres literarios de Casa Lamm, en el auditorio del Fondo de Cultura Económica presentando un libro y mesas redondas compartidas, en comidas en tu casa o en la mía. Parecía que nada te daba trabajo y que lo hacías como parte bien aprendida de tu oficio ejercido incansablemente, a ciencia y paciencia. Desde la mañana muy temprano ya estabas en pie, escribiendo tus columnas unas coléricas porque protestabas contra alguna calamidad esgrimiendo la espada de tu sarcasmo contra quienes considerabas enemigos; otras amables a favor de los que merecían tu amistad o tu admiración que jamás le regateaste a nadie, querido René.
Rememoro una cena digna de convertirse en crónica literaria a la que asististe con Rosario Casco tu mujer, socia y cómplice como diría el poeta. Ocurrió en Monterrey en honor a Elena Garro y a propósito de un desfiguro cometido por la Chata Paz todos quedamos con la boca abierta. Te vi de reojo, aunque no lo notaste, y te resultaba imposible esconder tu sorpresa que luego en la intimidad comentamos.
Hoy estoy aquí para agradecerte tu obra literaria que hiciste crecer sin descanso hasta el último minuto de tu existencia en este mundo, en que seguramente dejaste muchos proyectos en el tintero, como una historia que me prometiste destinada a la antología de cuentos para Leer en Navidad, y para agradecerte también las repetidas muestras de cariño que me deparaste.
Sé que eras agnóstico, querido René, pero yo me aferro a pensar en una vida demasiado misteriosa para acabarse así como terminó la tuya, repentinamente y sin previo aviso. Por eso insisto en pensar que me escuchas y que te conmueve comprobar lo mucho que apreciamos tu solidaridad quienes estamos reunidos hoy en honor tuyo, en tu memoria.

Beatriz Espejo