REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

Confabulario

Nuevos Brevicuentos


Roberto Bañuelas

RESCATE ALGO TARDÍO
Siete años después del desastre, junto al barco hundido, los investigadores se abrieron paso entre algas y mantarrayas hasta encontrar los restos de tres buzos carcomidos. Ante la presencia de extraños, las sirenas prefirieron esconderse en los camarotes sin pasajeros.

MATRIMONIO Y SEPULCRO
Todos los que conocimos a Miguelina en su reciente juventud, la recordamos como la personificación de la alegría y el entusiasmo. Siempre dispuesta a celebrar todo lo bueno de la vida, el día que obtuvo su diploma de secretaria bilingüe organizó una fiesta con bocadillos, refrescos y pastel, además de discos con música bailable para que todos los inhibidos con moral bien fundada tuviésemos oprtunidad de conocernos mientras nos pisábamos o seguíamos el ritmo agradablemente abrazados.

Ahora, aunque la seguimos queriendo, todos estamos de acuerdo en que su carácter comenzó a deformarse y tornarse un lamento sin orillas desde que se casó con ese empleado taciturno de pompas fúnebres especializado en epitafios solemnes.

DIAGNÓSTICO MARINO
El diagnóstico de los médicos náuticos fue categórico: era urgente encontrar la radiografía integral para evitar el hundimiento de la réplica del TITÁNIC.

FANTASMICIDIO
Debido a la imprudencia funesta que cometieron los hijos de la dueña de esta vieja mansión, de abrir una ventana del sótano en pleno mediodía, mi compañero quedó fulminado por un rayo de luz.

En vida, sufrí la inmensa pena de quedar viuda en la plenitud gozosa de la madurez. Ahora, como fantasma, vuelvo a quedar viuda en medio de la eternidad.

EL DO DESPECHO
Para todos aquellos que la critican y murmuran porque no reciben ninguna de sus sonrisas ni merecen una sola de sus miradas, deben saber que esa encantadora mujer, antes de llegar a ser la Viuda alegre, fue una esposa triste.

CONCIERTO EN EL DESIERTO, Op. 2
Poetas, pintores, músicos y cantores de ilusiones y quimeras -sin olvidar a los idealistas insomnes-, fueron perseguidos y capturados. Luego, tras la realización de un infame juicio de previa consigna, todos fueron sentenciados a cortar cada verano la cosecha de margaritas y hacerse cargo de alimentar a las crecientes piaras de cerdos.

SALTO DEGENERACIONAL
Nunca se supo si fue algo que flotaba en el aire contaminado de la sociedad enferma de cínico consumismo, o, peor aún, las transformaciones que producían los desechos arrastrados por el río de la historia. La verdad, que ya ha quedado consignada por valerosos cronistas, es que las abnegadas madres, veneradas como columna florida de la tradición, parieron una generación de solemnes hijos de puta que han hecho de la corrupción un oficio y de la traición una meta.

CIUDAD MALDITA
La ciudad navegaba en el mar del tiempo, envejeciendo y pudriéndose, soportando día y noche, en lustros y sexenios, el peso y la multiplicación de puntuales defecantes que empleaban el conjunto de sus energías en estar sin ser.

TESTAMENTO ALTERADO
Cuando Mediócrito de Utopía se sintió muy enfermo, con dolorosa y conciliadora sinceridad dejó consignado en una cláusula de su testamento: “Todos los destalentados de nacimiento con ambiciones terminan como perversos y malvados que viven para destruir los valores ajenos, desde la impotencia, el rencor y la envidia que nunca intentan curarse”.
Lamentablemente su descendencia, pragmática y cínica, ha crecido hasta formar en todas partes la mediocracia instituida.

LA PEQUEÑA BABEL
El templo tripartita de un dios compartido (dios menor, evadido de la ciudad sobrepoblada del politeísmo) esperaba, bajo sus naves con tripulación de polvo errante y rayos filtrados desde los vitrales admonitorios, el arribo de antropólogos y turistas agnósticos que se congregaban para matar el tiempo perdido en horario fijo y establecido. Entre comentarios políglotas que recordaban el caos fonorréico de Babel, todos comenzaron a dispersarse para entenderse a sí mismos. Aquellos, los que no se perdieron en laberintos duplicados por espejos olvidados que conducían al infierno de no ser, salieron a proclamar -iluminados o enloquecidos- que habían dialogado con el silencio resplandeciente de Dios.

EL GRAN ELEGIDO
El dios único de todas las religiones monoteístas fue utilizado como cómplice todopoderoso de los opresores de la humanidad, pero sin tomar en cuenta que era el mismo que empleaban para todos los que formaban la infinita población de víctimas que ellos hacían.

SÓLO EL DESIERTO CIRCUNDANTE
Sólo el desierto circundante definía sus límites lejanos. La soledad rodaba sin rumbo mientras las auras, obstinadas en trazarle círculos a la cúpula reverberante del día, miraban hacia el templo inconcluso, abandonado desde que todos se agregaron al ejército que partió a luchar y a rescatar la posesión de un dios invisible.

INDIVIDUALISMO FILANTRÓPICO
Después de vencer en la lucha contra una mediocracia zafia y hostil, se construyó un teatro barroco para un público obsoleto y algunos fantasmas de la ópera que por fin encontraban una morada elegante, tranquila y digna de ellos.

FRÁGIL MORADA DE JUGLARES
Ya en la orilla de la noche, cuando los soñadores despiertos persisten en fugarse del estruendo y la locura organizados por el rencor acumulado de las fechas solemnes, los juglares incomprendidos cruzan la llanura para refugiarse en el castillo de sus más evasivas quimeras. Congregados en la terraza del cuarto menguante, traman el temor con los delirios y riman su canto solitario con el lejano fulgor de las estrellas.

DESADAPTADO
Era un juglar noctívago, empecinado en afinar el alma como un desafío frente a la producción en serie de insensibles identificados con el estruendo dogmático de la estulticia.

ESPEJISMO PERPETUO
La rosa de los vientos no quiere tempestades. Las sombras, solidarias y exactas, huyen de la luz. Las ruinas pulen sin cesar su osamenta de recuerdos. Allá, donde el confn de la visión inventa paraísos, la soledad y el silencio se ayuntan sin más compromiso que el de parir cada día el engaño de un nuevo sol.

LOS DÍAS PEREGRINOS
Te imagino, poeta sentenciado a morder y mascar el pan tuyo de cada día, con sílabas y rimas que poco cuadran con el vaivén tormentoso de tu ácida existencia. Tu espíritu, cual murciélago angustiado, escapa de la cueva oscura de la incomprensión. Incendiado en la fricción de las palabras, pules el diamante de la emoción para dar forma a la vida y agregar vida a las formas. Los días, peregrinos que acompañan tu vida, forman procesión de anhelos, deseos y delirios en la vasta red de la incertidumbre, reflejo exacto de un cortejo de olvidos aclimatados en la ausencia de todo ayer.

MULTITUD DE MUCHEDUMBRES
A solas, con mi sacrificio imaginario a beneficio de una humanidad que no existe aunque el planeta padezca sobre su costra la proliferación infecciosa de campeones invictos de la explosión demográfica, no me equivoco cuando comprendo que la multitud de muchedumbres logrará el triunfo de la aniquilación del futuro al que confunden con la renovación de la angustia y el estado de ánimo programado por los sistemas informativos y deformantes que hacen de cada inconsciente un consumidor de basura publicitada.

DUNAS DE RESCOLDO REBELDE
Miles de frutos, bastardos de forma y color, invaden la playa solitaria en busca de turistas que, atraídos y deslumbrados por su aroma y tersura de mujer en brama, podrían libar el excedente de un veneno que recorre la pulpa jugosa de los cuerpos. El sol hace de la arena un fragmento de la tierra de nadie, colinas y dunas de rescoldo rebelde. A los frutos, como si de pronto se mutaran en gigantescos moluscos, les brotan antenas que absorben la humedad del aire y el rumor del mar; luego, sin prisa, como tortugas de cristal, abandonan la densidad de su sombra cuando van al encuentro de las olas que lavan y pulen la arena.

Me despierto junto a tu respiración y vuelvo a saber quién soy con el salmo de tu voz que me nombra. La playa está desierta y casi se oye el silencio: tal vez no haya sido un sueño y estuviste cerca de mí; tal vez fue una pesadilla real y los extraños frutos exterminaron a la crecida fauna de turistas que ayer se olvidaban de la vida.

VIAJE SIN RETORNO
Con cada amanecer el hombre se alzaba de la cama para soñar despierto en un mejor destino de la humanidad, en un mundo donde no se repartiera la miseria con tanta abundancia ni se degradara, mediante la ignorancia y la pobreza, el milagro constante de la vida. Muchas veces había asistido a las asambleas en que se reiteraba el plazo perentorio de la toma del poder para establecer la justicia y la felicidad, la cultura y la paz. También se despertaba para comprobar que había dormido bajo el propio techo y no el de una celda de prisión, como lo había padecido después de cinco represiones y como les estaba sucediendo a varios compañeros de lucha. Hay tiempos que engendran la furia y el sacrificio, la venganza y la redención. Pero siguen la lucha, el acoso y la zozobra sin que el sol deje de iluminar la desgracia y el abandono de los muchos.

Ayer, sin haber visto la realización de una mejor vida y de haber padecido cárceles, persecuciones e incomprensión, murió el camarada Cándido Magallanes. Deja un gran vacío, puesto que nadie quiere ocupar su lugar.

LA MUERTE Y LA MÁSCARA
Esta vez, para completar una alegría que nunca había llegado a sentir durante las representaciones operísticas que él siempre calificaba de mediocres cuando participaban tres de los cantantes que más odiaba los vio -más que protagonistas de una obra de Verdi en la que morían entre acordes finales a toda orquesta y los aplausos de un público fácil de complacer- como víctimas de un accidente y que se encontraban, según el parte médico y las noticias de la radio y los periódicos, heridos y agonizantes.
Un dolor visceral, como sus críticas amargas y destructivas, lo despertó para darse cuenta de que había soñado la muchas veces deseada muerte de artistas que esa noche, ocupados en cantar el amor y la comedia de la vida, ignoraban absolutamente la lucha que sostenían un médico y un cura para salvar el cuerpo y el alma de un moribundo que no podía criticar su propia actuación de despedida.

* Del libro inédito Los inquilinos de la Torre de Babel