REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

Los Trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
En este Tranco que envía nuestro ínclito y nunca bien ponderado amigo, el maestro Carlos Bracho, nos lleva de la mano por los caminos del coraje ciudadano, de la rabia manifiesta de todos los mexicas, y aunque no hace un recuento de la represión gubernamental en el oscuro y sangriento mes de octubre de 1968 ni la matanza de los halcones, sí nos dice del malestar profundo que la clase trabajadora -la clase dominada- carga sobre sus espaldas. Y este siete veces H. Consejo Editorial, que milita siempre con las causas más nobles de esta sociedad nuestra, que siempre está trabajando a brazo partido por las reivindicaciones y con las aspiraciones de superación y bienestar de todos los ciudadanos, siente que lo dicho por el maestro Bracho es un grito más, un airado reproche, una voz fuerte que se lanza a los cuatro vientos de la democracia -la poca que los gobiernos de derecha nos han dejado-, y cierra los puños para pegar o golpear a todo aquel, a toda aquella diputada o político encumbrado que se la vive gozando de sus altas entradas monetarias y que se sienta en la curul para aprobar todas las modificaciones lesivas y regresivas de los planteamientos que fueron de avanzada social de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Y sí, hoy con los más de cuatrocientos -¡vaya pues!- cambios a los artículos que señalaban la protección al trabajador, al ejido, al petróleo, a los bienes nacionales, hoy -dice este cuerpo Editorial-, el hoy salinista, foxista y calderonista, nos ha hecho ser una colonia más de los dueños de la charola del dinero. Sí, para la clase dominante todo, y todo es todo: leyes secundarias para su beneficio, impunidad, información privilegiada, ser dueños de casinos explotadores y denigrantes, ser los propietarios de playas, mares, tierras, minas y aguas y aire… y gozar de la impunidad. Y sigue la mata dando, sigue el actual presidente una línea de entrega a la derecha fascista, y la clase dominada: trabajadores, obreros, campesinos, estudiantes, educación básica y universitaria, amas de casa, indígenas, profesores, creadores, artistas; para esta clase, impuestos arbitrarios e injustos, aumentos a la gasolina, al gas doméstico, al agua, a la electricidad, al predial, y a todo, nada más hace falta que, como en las peores épocas del dictador Santa Anna, se pongan impuestos a las ventanas. Nada más eso falta. De veras. Pero, en fin, todas estas quejas nos las ha provocado el señor Bracho. Será mejor dejar este espacio para que ustedes lectoras insumisas vean el porque de este prólogo ardiente:
“Para que le digo a usted, amiga no panista, lo malo de la situación política, económica y social, ¿para qué insisto en ello? ¿Para qué? Usted, amiga, lo vive, lo sufre, lo tiene presente. Y como yo también estoy con el agua hasta el cuello de tantos crímenes, tantos asaltos, tantos asesinatos, tantos descabezados, tantos entancados, tantos fusilados, que, con la temblorina de piernas que me agarró este negro panorama, no me quedó otra que meterme a Mi Oficina y pedirle a mi amada María que colocara una ringlera de siete caballitos de tequila blanco, del que raspa, y que en la rocola me pusiera las canciones de José Alfredo Jiménez. Sí, señora mía, señora lectora, para que más que la verdad, le digo a usted que no soy sacatón, no, lo que pasa es que para tomar fuerza y aire necesito esa bebida y con ella adentro poder sacar toda la rabia contenida y con el molcajete con rebanadas apetitosas de queso Cotija, chilitos de árbol, guacamole y tortillas de maíz morado, encontrar una cierta paz. Sí, las penas con pan son menos.

Pero quería yo decir que también hay en el enrarecido y fascista ambiente un griterío generalizado. Todos los trabajadores coinciden en ello: los programas económicos que se aplican en este nuestro Mexicalpan de las Ingratas, han resultado acciones que van en contra, o ejercen una presión perversa en el salario y disminuyen además las prestaciones sociales, afectan negativamente la jubilación, pegan severamente en las conquistas plasmadas en los contratos colectivos. Los salarios de todos los obreros han sido castigados sin piedad y el poder adquisitivo del mismo presenta un panorama gris tirando a negro. Sí, la carrera Salario-Precios está perdida desde que en nuestra nación mexica se dieron los primeros pasos para obedecer los mandatos de los dueños del capital. En este país, antes mexicano, las sogas para oprimir al trabajador y al campesino, empezaron a ceñirse con fuerza maquiavélica desde los tiempos de Miguel de la Madrid, y luego llegó Salinas cuyo gobierno priísta apoyado de cabo a rabo por los funestos panistas, apretó y apretó y apretó, y la soga, atada al cuello y al estómago de los ciudadanos, se hizo delgada por el tirón. Luego arriba a la silla grande el cínico y aprovechado señor Zedillo -que participa como beneficiario de las operaciones y puestos que obtuvo de varias propiedades de la nación y que vendió luego en gran venta de garaje. Este presidente tensó la susodicha cuerda a tal grado que ésta parecía ya una cuerda de violín. Los trabajadores del campo y la ciudad ya no sentían lo duro sino lo tupido. Y los panistas felices, aplaudiendo y los panistas sonriendo y los panistas gozando y los panistas veían su terreno limpio abonado por otras manos y agazapados esperaban el turno para darle más vueltas a la soga. Dejaban que el PRI se desgastara, y claro, se preparaban como zorros malignos y como vampiros nefastos desde su sitio de “gente decente”, para dar el zarpazo final, para apretar la cuerda hasta que ésta reventara en el cuello de los trabajadores. Y así fue. Sí, llegó el señor Fox y este personaje infumable dio un apretón ranchero y criminal a la maldita soga. Pero no bastaba para acabar con degradar y vender y traicionar la Constitución y los postulados revolucionarios, no, faltaba que llegara al poder “haiga sido como haiga sido” el señor Calderón, y eso, amigas no pripanistas, amigas juaristas y zapatistas, eso fue el acabose. Este señor lleva en su cuenta más de cuarenta mil muertos, para empezar la hilera de desmanes, traiciones y muertes; a esto se agrega la violencia generalizada, la impunidad, y la pérdida de la soberanía nacional. ¡Adiós Juárez! ¡Adiós Morelos! ¡Adiós Lázaro! ¡Adiós virtudes democráticas! ¡Adiós república! ¡Adiós a la paz! ¡Adiós a las leyes justas! ¡Adiós a la soberanía! ¡Adiós México! ¡Viva la impunidad!

¡Viva la podredumbre! ¡Vivan las ganancias criminales de los políticos! Y como decía el dramaturgo mexicano Luis G. Basurto: ¡Vivan la prostitución y el vicio!

Digo ¿No? Vale. Abur.

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