REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

El legado de René Avilés Fabila


David A Figueroa Hernández

La revista El Búho, que creó y encabezó con un gran liderazgo nuestro querido René Avilés Fabila (Q.E.P.D.), ha sido un espacio de constante actividad literaria en el que al menos un servidor, ha tenido la oportunidad de compartir lecturas periodísticas, novelas, biografías y poesía.
La siguiente colaboración fue publicada durante el mes de agosto de 2013 y en ella compartí con todos ustedes algunas anécdotas personales con nuestro Maestro y amigo que hoy mucho se le extraña en nuestro quehacer cotidiano y literario. Hoy revivo esos párrafos a manera de homenaje. Como siempre, mi gratitud a él y a Rosario por su generosidad e inclusión en sus vidas.

EL LEGADO DE RENÉ AVILÉS FABILA

El mes pasado tuvimos la fortuna de asistir, una vez más, a otro merecido reconocimiento en honor a una de las plumas más prodigiosas de la literatura mexicana contemporánea: René Avilés Fabila. Esta vez, en la sala Manuel M. Ponce en el gran Palacio de Bellas Artes.
Durante el evento, mi mente sufrió una regresión al recordar que, aunque son pocos los años de tratarlo, René Avilés se ha convertido en una amistad duradera, profunda, de ésas que se consolidan con el paso del tiempo; su singular forma de ser –alegre y jovial para con todo el mundo- siempre contribuye a que las personas hablen de él. Además, a él le fascina eso.
Como periodista, Avilés Fabila no agrada a muchos pero es el resultado de ser congruente en la vida, es decir, en el pensar y en el hacer. Si hablamos literariamente, muchos pueden no compartir sus pensamientos pero sí reconocen la actualidad de las obras de tan prolífico autor. Ése es sin duda René Avilés Fabila.
Conocí al destacado periodista en el año 2008, recuerdo bien, estaba trabajando en la Jefatura Delegacional en Benito Juárez, cuando lo escuché en una entrevista por canal 40 -entonces un programa conducido por Ricardo Raphael y Leonardo Curzio-, quienes hicieron de dicho diálogo una charla interesantísima con el escritor. Avilés Fabila externaba –de forma muy evidente- su malestar y tristeza al comentar que se topaba con muchas trabas administrativas y legales para poder abrir al público y a los estudiantes, una Fundación (que lleva su nombre) en la colonia Narvarte.
Al día siguiente, me di a la tarea de dos cosas: por un lado buscar al periodista (que hasta entonces conocía sólo de nombre por la lectura de algunos de sus artículos en la revista Siempre! así como en los periódicos La Crónica de Hoy y Excélsior), lo cual logré satisfactoriamente. Por otro lado, atraje el interés del tema al entonces Jefe Delegacional en esa demarcación, M.V.Z. Germán de la Garza, hombre decidido, culto y muy entusiasta, quien aceptó reunirse con el escritor.
Un par de semanas pasarían para que se tuviera el primer encuentro entre el funcionario y el periodista quien se hizo acompañar por su infatigable esposa, Rosario Casco. Se buscó a través de la Dirección General de Desarrollo Delegacional alguna posibilidad para que la Fundación o en su defecto, el Museo del Escritor, pudieran abrir sus puertas; no obstante, no fue posible ya que absurdamente, el uso de suelo de la colonia permitía abrir un sin fin de establecimientos particulares con fines lucrativos pero no una Fundación con meramente objetivos culturales claros y en provecho de la sociedad. Es la historia de nuestro país.
Se buscó entonces otra vía, a través de alguna donación de parte del gobierno de la Ciudad de México o del Gobierno Federal, aspecto que ya había explorado y sigue explorando Avilés Fabila sin éxito. Acaso, ¿no existe en este país un sentimiento de cultura que no sean conciertos gratuitos masificados? En fin, la única ruta que aún queda es el cambio de uso de suelo, sin embargo, ningún diputado local de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha deseado defender (a pesar de ya haber charlado con dos de ellos), no ha sido posible ya sea por desidia o por simple desinterés de su parte.
Pero más allá de mi regresión, ésta terminó al escuchar una fuerte ovación acompañada de risas del público asistente. Pensé: “René ya está haciendo de las suyas contando algo chusco, una broma o alguna remembranza de sus múltiples novias”, así fue. El diálogo pasó un tanto solemne al principio, a muy entretenida gracias a los comentarios del homenajeado; cada vez resultaba más y más apasionante. En ese momento, llegó mi invitada, Jacqueline Estrada, con quien compartiría el gozo de aquella charla y quien deseaba conocer personalmente a mi amigo René. La sala se encontraba casi llena, como siempre, de amigos cercanos, estudiantes y personas que sabían del evento deseando acercarse a tan prolífica pluma.
A pesar de las constantes bromas del escritor, siempre se perfila un sentimiento de nostalgia al hablar no solo de la ciudad en la que creció sino también en aquellos años en los que todo el mundo vivía de forma muy diferente a lo que es hoy. Tal vez la ausencia de su madre, hace algunos años, recrudece ese sentimiento que da vida en su obra Antigua Grandeza Mexicana y se vuelve lógico al ver los ojos melancólicos cuando habla de ella y de esos tiempos cuando vivía en la colonia Villa de Cortés. ¿Quién diría que pudo haber sido mi vecino aunque con una diferencia de 50 años?
Mi acercamiento con la Fundación pero sobre todo a ese círculo especial de escritores, creadores y personas desinteresadas que desean fomentar las bellas artes, que viven y se recrean en todo momento, es lo más gratificante. Con ellos, a pesar de no conocer bien a bien a la mayoría, ha sido muy especial. Gracias a René Avilés y a su incansable esposa, que siempre tienden la mano para eventos culturales importantes, por ello, he sido un asiduo asistente a los eventos que la Fundación realiza desde entonces.
Precisamente, fue en el año 2008, cuando tuve la fortuna de asistir a dos eventos que me marcaron en mi vida literaria. El primero de ellos, una exposición y un homenaje -en el taller del escultor Sebastián- al tenor y literato Roberto Bañuelas, donde además de escuchar su pulcra voz, también nos deleitamos escuchando al tenor (aunque más conocido por su talento como escritor) Carlos Montemayor. Sería una lástima al saber que sería la última vez que lo vería pues su muerte nos sorprendió a todos en febrero de 2010. Fue una terrible noticia para el mundo de la literatura. Conservo con mucho cariño el único libro que me firmó: Guerra en el Paraíso.
El segundo evento de ese año, correspondió a la inauguración del Museo del Escritor, un loable y generoso esfuerzo de René Avilés por preservar y mantener vivo no solo el recuerdo literario de quienes han sido baluartes genuinos de la literatura mexicana, latinoamericana y universal; sino crear un museo único en su tipo en todo el mundo y dicho sea de paso, que no ha interesado a ninguna autoridad gubernamental. El Museo resguarda primeras ediciones y objetos de gran valor literario aunque en su mayoría, los textos resultan un tesoro exquisito para los visitantes ya que la mayoría de ellos están firmadas por sus autores.
Las obras contenidas resultan un espléndido viaje por las plumas de Carlos Fuentes, José Agustín, Gonzalo Celorio, Andrés Henestrosa, Alí Chumacero, Rubén Bonifaz Nuño, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, Gabriela Mistral y hasta Edgar Allan Poe. Actualmente, el Museo del Escritor, o parte de él, se encuentra ubicado en la explanada lateral de la delegación Miguel Hidalgo (en la avenida conocida como Parque Lira No. 94) y cuyas puertas están abiertas para que el mundo –pero sobre todo niños y jóvenes- conozcan este genuino museo. Es un lugar reducido y que no mucha gente lo visita debido a su ubicación pero es un esfuerzo conseguido con mucho esfuerzo por René y otros amigos queridos de él.
Como una persona allegada o por lo menos reconocida por René y Rosario, soy un ferviente asistente a los diversos eventos que reconocen la carrera literaria de nuestro autor. Ejemplo de ello, son los múltiples eventos en el Palacio de Minería, durante las respectivas Ferias Internacionales del Libro, en los que nos hemos dado cita para festejar las recientes obras de René Avilés Fabila: El Bosque de los Prodigios y Antigua Grandeza Mexicana; han sido las más recientes.
Hablando de estos ejemplos, resultan excelentes lecturas que son resultado, el primero, de una vasta literatura mezcla de realismo e imaginación y que permite al lector soñar y recrearse entre cada uno de los seres míticos de los que habla. En el segundo caso, un recorrido por ese México que ya no existe y que sin duda René plasmó línea tras línea sobre su infancia, adolescencia y primera etapa de su madurez. Un México que ya no será.
No obstante y sin lugar a dudas, los comentarios off the record con René han sido un instrumento válido para conocer más de él y de sus aficiones –que son muchas y muy diversas- y que podríamos recopilar en unas Memorias; de hecho él mismo me lo ha llegado a comentar. Recuerdo bien una de ellas. En alguna ocasión comentaría públicamente: “A mí no me gusta el alcohol; me gustan sus efectos”. Sabias palabras que siempre denotan la auténtica personalidad de quien gusta conocer el cosmos a través de un libro y un buen trago. A mi mente llega también cuando en el mismo Palacio de Minería aludimos a unos visitantes del estado de Puebla que, debido a que no conocían la ciudad, argüimos que al mencionarles que el edificio sede estaba frente a la estatua de El Caballito, tal vez podrían estar buscando algunos establos con sus respectivos equinos ya que no podían dar con el lugar (jajaja).
Variadas han sido sus enriquecedoras tertulias –aunque pocas a las que he tenido la posibilidad y complicidad de asistir- en las que se reúne el escritor con múltiples amigos que comparten con él un momento de charla literaria, recuerdos de viajes alrededor del mundo y alguna que otra anécdota de bellas mujeres que siempre rondan a nuestro afamado escritor. No podemos pensar a René charlando en corto sin un buen vaso de exquisito whisky ¿acaso hay otra bebida?
En noviembre de 2010 celebramos gustosos los 50 años de la literatura de Avilés Fabila en la Sala Ollyn Yoliztli, aunque una sorpresa –muy grata por cierto-, un servidor fungió como moderador en la mesa que encabezó nuestro relator de historias; también tuve la fortuna de compartir palestra con Rafael Luviano, Jorge Meléndez y David Gutiérrez a quienes envío un fuerte reconocimiento en caso de que lean estas líneas. Como decía, un día especial ya que fue a escasas horas de que René cumpliera años y que, por cierto, nunca le gusta que lo feliciten en su día. Aunque pocos le hacemos caso.
Avilés Fabila, nos ha permitido adentrarnos en mundos diversos; lecturas amenas, actuales algunas, fantásticas otras, pero siempre manteniendo ese lenguaje y carisma que lo caracterizan. Asimismo, el amor, el erotismo, la aventura, los viajes, las fábulas, los cuentos, son sin duda, la mejor carta de presentación de quien ha dado una vida entera a la literatura. Las historias de René nunca pasarán de moda ya que él no se agota en la novela que vende muchas copias, sino en la estructura literaria, de verdaderas historias que se tienen que contar; hoy día por ejemplo, carecemos de verdaderos cuentistas, de fabulistas, de escritores con imaginación y que escriban historias por gusto propio. Él sí lo hace y muy bien, si no pregunten cuántos premios ha recibido en estos primeros 50 años (sí, René, los primeros 50, aun te faltan otros más para que nos sigas entregando más historias, jajaja).
Algunos de sus textos, recopilados en sus Obras Completas y reeditadas, resultan en un tesoro: Los Juegos (1967), Alegorías (1970), El gran solitario de Palacio (1971), Tantadel (1975), La canción de Odette (1982), Memorias de un comunista (1991), Réquiem por un suicida (1993), Recordanzas (1999) y Nuevas recordanzas (1999), El libro de mi madre (2003), El Evangelio según René Avilés Fabila (2009), El reino vencido (2005), son clásicos personales y hasta biográficos; al igual, para todo aquél que desee explorar diversas corrientes literarias. En este sentido, qué decir de una lectura reciente como lo es El amor intangible (2008) que de manera reiterada acostumbro recomendar a mis alumnos de la licenciatura en ciencias de la comunicación y cuya temática se vuelve una disyuntiva en las nuevas generaciones ante la aparición de las nuevas tecnologías y, en especial, de Internet, el Facebook o el Twitter. También, estos temas son parte del quehacer literario de nuestro destacado y homenajeado escritor.
Su obra interminable, artículos, ensayos, autobiográficos, cuentos y novelas, son tan importantes y valiosos que no por nada han sido reconocidos y traducidos a idiomas como el inglés, francés, alemán, coreano, chino y hasta ruso. No olvido una ocasión que René me comentó que había visto en una librería o biblioteca (no recuerdo bien) en Alemania -me parece-, un libro de su autoría.
En mi corta memoria, llega a mí el recuerdo de cuando se presentó la colección El Poliedro de El Búho, recopilación de diversos escritores como Dionicio Morales, Ignacio Trejo, Roberto Bañuelas, entre otros, y que el Instituto Politécnico Nacional reunió en un paquete digno de regalo para cualquier ávido lector. Hablando de ello, hoy día cuesta mucho editar un libro y si no, pregunten a René que pese a tener libros editados por prestigiadas casas editoras como el Fondo de Cultura Económica, hoy día ya no es costeable reeditar su obra. ¡Es una lástima!
En lo particular, El bosque de los prodigios (2007) y De sirenas a sirenas (2010), resultan lecturas que nunca caducarán. La fantasía, el relato y el saber contar historias, hacen de ellos, auténticos libros de cabecera. Es menester mencionar aquí que pocas veces tenemos la oportunidad de hablar sobre verdaderos cuentistas ya que este arte ha quedado relegado como él mismo lo dice “por el género de novela, que se preocupa más por vender que por contar una historia interesante”.
Al regresar mi mente al evento en el que nos encontramos, justo en este instante, me percato que ahora el homenajeado está hablando de su amiga María Luisa “La China” Mendoza… además veo que en primera fila está el poeta Dionicio Morales y en la cuarta, Ignacio Trejo, ¡¡excelentes personas y maravillosos creadores!! Una felicitación para ambos.
En fin, volvamos a recopilar algunos momentos gratos más de René.
Su manera inigualable de hacer periodismo es única. Se ha publicado y enarbolado mucho su esencia como literato pero poco se ha difundido su faceta como periodista. René Avilés Fabila cuenta con un respaldo periodístico que no se pone en tela de juicio. Es más, ya ganó la máxima presea que se otorga en este país, me refiero al Premio Nacional de Periodismo en 1991 y en este año, 2013, ha sido nombrado Presidente del jurado que elegirá a los ganadores del mismo galardón ciudadano del 2012. Esa distinción recae solamente en quienes ya tienen una trayectoria muy marcada.
Articulista por muchos años ya en diversos periódicos como La Crónica de Hoy y Excélsior, así como de la enigmática Revista Siempre! (que dicho sea, acaba de cumplir sus primeros 60 años), hablan por sí mismos. Sin embargo, las diferentes posturas que conlleva René en sus artículos, no siempre son del gusto de los políticos o de quienes leen dichos medios de información. Algo que se tiene que rescatar de sus líneas, es sin duda alguna, su congruencia histórica. Para él no hay partidos políticos que se rescaten o políticos que camaleónicamente se salven de su pluma; si los hay, son los menos, para él, el periodismo cultural, el distanciamiento entre políticos y sociedad, el abandono de los jóvenes, la problemática de tener medios más críticos y una sociedad más participativa, engrandecen su trabajo periodístico.
Cómo olvidar las constantes invitaciones a programas radiofónicos para comentar hechos del momento en la política nacional, en temas importantes para la sociedad o simplemente para hablar de sus libros; estas temáticas son la permanente de un periodista que se mantiene joven en los micrófonos y nunca caduco en sus participaciones. ¡Él siempre está en los medios de comunicación!
No podemos dejar de lado en este breve recorrido de los últimos cinco años, la estupenda y fructífera entrevista que realizó a Mario Vargas Llosa en su visita a la Universidad Autónoma Metropolitana el 2 de marzo de 2011. ¿No es casualidad que si alguien debía entrevistarlo, ése era René? La sutileza y precisión de las preguntas sin duda enarboló la experiencia literaria y periodística de Avilés Fabila. Para muestra, se puede consultar en su página web: www.reneavilesfabila.com.mx
En una retrospectiva del evento que ahora continúa llevándose a cabo, y mientras él sigue divagando respecto a los comentarios que hace con sus alumnos, recuerdo bien su semblante cuando gustosamente lo acompañamos en el homenaje que le realizaron en mayo pasado por sus 50 años de escritor en dicha Universidad (UAM), y donde entre el tremendo calor, que abrumaba a los asistentes, fue un momento de romper la solemnidad cuando las palabras, siempre entretenidas, de María Luisa “La China” Mendoza, se hicieron presentes (se convirtió en un recurso necesario ante el inicialmente calor). En lo particular, cinco minutos más y creo, por lo menos a mí, me hubiesen levantado con espátula…
Cuando cursé la Universidad -en la misma Facultad de Ciencias Políticas y Sociales donde estudió y fue maestro nuestro querido René-, uno de los suplementos que era menester leer, era sin duda El Universo del Búho; hace un par de décadas recuerdo a mi abuelo que leía el periódico Excélsior “El periódico de la vida nacional”, impensable que dieran las doce del día sin que leyera el diario así como el suplemento El Universo del Búho del cual, aun guardo algunos ejemplares. Este suplemento, estuvo bajo la atinada dirección de René Avilés, y con ello le imprimió al diario un toque especial que no ha vuelto a tener. Una vez que decidió salir de dicho diario, uno de los más añejos de la vida contemporánea de nuestro México, la continuación de dicho espacio fue muy atinada en una nueva versión: Revista El Búho, que renacía y se convertiría en una entrega esperada mensualmente primero en su versión impresa, luego impresa y por Internet y ahora, por Internet. Esta revista continúa con un número importante de visitas y colaboraciones de muchas personas.
¿Cómo no reconocer esta trayectoria tan enriquecedora? Aunque de hacerlo, los múltiples reconocimientos que nuestro escritor ha recibido, dedicarían varias páginas o por lo menos un número especial de la revista para contextualizar y enumerarlos.
Sin darme cuenta, han pasado más de 60 minutos y la charla está en su apogeo; es un síntoma clásico en los eventos donde se reúne Avilés Fabila. Una vez terminado, recibe múltiples aplausos, abrazos, felicitaciones, personas que desean entrevistarlo, tomarse fotografías con él, firmar libros, etc., todo eso le apasiona, lo mantiene vivo y reluciente.
El estar en el Palacio de Bellas Artes refleja un gusto especial, un toque de misticismo y lúgubre a la vez; es de esos lugares que no quedan muchos en nuestro país, pero que son el marco para magnos eventos como el de esta noche. A veces tenemos que recordar -y nuestro gobierno también no puede olvidar-, que a nuestros héroes literarios hay que festejarlos en vida, ¿de qué sirve honrarlos en tan majestuoso Palacio una vez que han muerto?
Hemos abordado aquí al René literato, al René periodista y brevemente al René académico, pero sin duda que es necesario hablar del René como persona que está más allá de lo que muchos creerían.
Generosidad, sencillez, humanismo, pero sobre todo, gran amigo es René Avilés Fabila. Estas líneas se pensaron a manera de reflexión de una persona que admiro, que respeto y que el destino me ha permitido conocer en tan solo cinco años de entrañable amistad.
Gracias René por compartir estos momentos descritos y otros tantos que aún nos faltan; gracias por acercarme de modo diferente a la literatura y acrecentar mi gusto por la lectura, pero más aún, gracias por regalarnos tan prolíficas lecturas que sin duda permanecerán y son un legado inmortal en la memoria.
Alguna vez un maestro en la preparatoria nos comentó: “Existe una gran diferencia entre un profesor y un maestro; el primero te enseña para el examen; el segundo lo hace para la vida”. Y tú René, eres un gran maestro y un estupendo amigo.
Hoy, todos nos unimos para festejar y festejarte, a ti que has dado tu vida completa a la literatura; a las nuevas generaciones que te escuchan y a quienes aconsejas sobre el ejercicio periodístico. Felicidades a ese incansable y único ser humano que es René Avilés Fabila. Que nos sigas deleitando con más historias y con más anécdotas… ¡te festejamos hoy y lo haremos siempre! Un abrazo cariñoso. Sé que hablo por muchos.

dfigueroah@yahoo.com.mx