REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Arca de Noé

Xochimilco


Mario Náder Pineda

Se acercan las fiestas de fin de año (que detesto), pero como la señora que dice que es mi esposa, decidió que tenemos que ser anfitriones de las dos familias en la casa de sillar y grandes cristales, este sufrido y agobiado marido no tuvo más alternativa que sentenciar contundentemente la última palabra: “sí mi amor”. (Porque así como está de chaparrita, ¡no saben qué duro pega!; está más fuerte que Mike Tyson en sus mejores épocas; afortunadamente no me muerde las orejas).
Los preparativos comenzaron con la Valkiria Azteca que se lanzó al centro de la ciudad para conseguir series de foquitos (ahora les llaman pomposamente leds), para adornar los ventanales principales de nuestra humilde mansión sureña (que quiero aclarar, que a pesar de que trabajé mucho tiempo para Televisa, ni con mucho me costó 7 millones de dólares).
Pero el domingo comenzó el atribulado pesar para mí.
Luego de levantarme a las ocho de la madrugada, tomé rumbo hacia mi casa de trabajo, y tras la jornada laboral, y de haber sido convidado por mis compañeras de redacción con un par de taquitos de chicharrón en salsa verde, (estaban buenérrimos), me lancé a toda velocidad por las damas que dominan mi vida: mi esposa, la mamá y la tía.
Nos enfilamos al paraíso en el que el Indio Fernández, con la cámara y ojo magistral y fotográfico de Gabriel Figueroa hicieron una delicia de película: María Candelaria, sobre todo por la actuación de dos intérpretes de primera categoría: Dolores del Río y Pedro Armendáriz. Llegamos hambrientos, pasadas las 4 de la tarde, y elegimos un local en los comederos de la amplia zona de plantas, flores y árboles, fue mala decisión. Después de lo que el tiempo convirtió en una eternidad, nos tomaron la orden.
Todo llegó frío como el agua de los canales que rodean a la zona: para no hacer el cuento largo yo pedí una quesadilla de hongos y más de 30 minutos después me notificaron que "ya se habían terminado", después me trajeron un huarache del que me comí solamente dos terceras partes, porque parecía que era un auténtico huarache… pero de llanta de auto y bastante rodado.
Terminada la fallida comida y después de una caguama dividida entre los comensales, tomamos rumbo para adquirir abono para el jardín y unos cerditos de barro que la pareja de comunicadores, solemos llenar con monedas de 10 pesos desde hace años y que cuando están colmados, los tronamos de un martillazo, cambiamos por moneda en papel de mayor denominación y las utilizamos para comer en los lugares que nos gustan o nos atraen. (La señora es implacablemente severa; todas las noches me bolsea para revisar que no me quede con alguna moneda de la denominación).
Luego vino el martirio de buscar una estructura metálica para hacer un árbol de nochebuenas (idea de la señora); ¡la dama quería adquirir 30 macetas para cubrirla!, ¡casi enloquezco!... afortunadamente cupo en su cabecita la cordura y sólo adquirimos seis rojas purpuradas flores y otra estructura, aunque sí, las plantas fueron de proporciones homéricas.
Luego vino la adquisición de arreglos de papel metálico para las macetas, una pata de elefante, (Así se llama la planta, no vayan a creer que mutilamos un paquidermo) y hasta hierbas de olor enmacetadas para utilizarlas en cocinar en casa y además verlas crecer alegremente. El regreso fue un martirio automovilístico; la lentitud que vivimos desde el chinampero suburbio hasta tierra civilizada fue calamitosa. Afortunadamente hambrientos pero con bien, llegamos a casa.
AFORISMO: Construir un hogar, no en lo físico sino en lo amoroso y darle forma a una familia, tiene sus sacrificios, pero sin duda vale la pena y es una verdadera aventura que hay que vivir.