REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Mesita de noche


Patricia Zama

Una tensión demasiado parecida al miedo

"Dicen que en los detalles está el demonio. Un libro tan largo como éste tiene muchísimos demonios, y hay que estar alerta para no caer en sus garras. Por suerte, yo conozco a muchísimos ángeles", dice George R. R. Martin al inicio de la saga Juago de tronos, serie de novelas de fantasía medieval que al ser adaptadas a la televisión han obtenido un éxito sin precedentes. Hace unos días la serie obtuvo 12 premios Grammy. Aquí la primera página de esa historia cautivadora.
—Deberíamos volver ya —instó Gared mientras los bosques se tornaban más y más oscuros a su alrededor—. Los salvajes están muertos.
—¿Te dan miedo los muertos? —preguntó Ser Waymar Royce, insinuando apenas una sonrisa.
—Los muertos están muertos —contestó Gared. No había mordido el anzuelo. Era un anciano de más de cincuenta años, y había visto ir y venir a muchos jóvenes señores—. No tenemos nada que tratar con ellos.
—¿Y de veras están muertos? —preguntó Royce delicadamente—. ¿Qué prueba tenemos?
—Will los vio —respondió Gared—. Si él dice que están muertos, no necesito más pruebas.
—Mi madre me dijo que los muertos no cantan canciones —intervino Will. Sabía que lo iban a meter en la disputa tarde o temprano. Le habría gustado que fuera más tarde que temprano.
—Mi ama de cría me dijo lo mismo, Will —replicó Royce—. Nunca creas nada de lo que te diga una mujer cuando estás junto a su teta. Hasta de los muertos se pueden aprender cosas. —Su voz resonó demasiado alta en el anochecer del bosque.
—Tenemos un largo camino por delante —señaló Gared—. Ocho días, hasta puede que nueve. Y se está haciendo de noche.
—Como todos los días alrededor de esta hora —dijo Ser Waymar Royce después de echar una mirada indiferente al cielo—. ¿La oscuridad te atemoriza, Gared?
Will percibió la tensión en torno a la boca de Gared y la ira apenas contenida en los ojos, bajo la gruesa capucha negra de la capa. Gared llevaba cuarenta años en la Guardia de la Noche, buena parte de su infancia y toda su vida de adulto, y no estaba acostumbrado a que se burlaran de él. Pero eso no era todo. Will presentía algo más en el anciano aparte del orgullo herido. Casi se palpaba en él una tensión demasiado parecida al miedo. Will compartía aquella intranquilidad. Llevaba cuatro años en el Muro. La primera vez que lo habían enviado al otro lado, recordó todas las viejas historias y se le revolvieron las tripas. Después se había reído de aquello. Ahora era ya veterano de cien expediciones, y la interminable extensión de selva oscura que los sureños llamaban el bosque Encantado no le resultaba aterradora.

Concurso Internacional de Novela Breve Marco Aurelio Carballo

Ornan Gómez es el ganador del Primer Concurso Internacional de Novela Breve “Marco Aurelio Carballo”, con la obra Anoche mataron a mi nagual. El premio, convocado en Tapachula, Chiapas, fue entregado el pasado 20 de septiembre en el parque central Miguel Hidalgo de esa ciudad. La novela, ubicada en la comunidad Suluphuits, municipio de Chilón, tiene 60 páginas, está escrita en primera persona y muestra el contraste cultural entre tzetzales y mestizos.

Los días y los años

El dos de octubre de 1968 Luis González de Alba (Charca, San Luis Potosí) fue detenido en Tlatelolco y pasó dos años preso en Lecumberri. El testimonio del que fuera líder del movimiento estudiantil quedó plasmado en uno de los libros icónicos de esa infamia, Los días y los años (Era, 1971). El pasado dos de octubre, el escritor y periodista se suicidó a los 72 años de edad, con una pistola calibre 22 en su casa de Guadalajara, en “el último acto de su salvaje libertad”, como lo calificó Héctor Aguilar Camín. Unos días antes de morir envió a la editorial Cal y Arena una versión “corregida con tinta sangre” de su novela para una nueva edición. Aquí la primera página de Los días y los años:
“Hemos vuelto a entrar en la crujía. Alrededor del patio oscuro todas las celdas están abiertas de par en par. Es un extraño espectáculo; siempre hay puertas abiertas pero nunca antes de ahora había estado en medio del patio mirando todas las celdas abiertas a la vez, y todas sumidas en la oscuridad; son agujeros, pasadizos secretos que llevan a otras cárceles. En el piso superior también están abiertas todas las celdas: dos pisos de puertas que a veces el viento empuja y de celdas oscuras que rodean completamente un patio cubierto de basura, papeles, vidrios rotos, cáscaras de limón, azúcar, libros sin pastas, cintas de máquina desenrolladas en el suelo, manchas de sangre. Entré en una celda, vacía como todas, y me senté en la litera de cemento, ahora sin colchoneta ni mantas. Bajo la litera se escucha un rumor de papeles que se arrastran y levanto las piernas por temor a las ratas.
”No quiero entrar a mi celda, ¿para qué? Además, da lo mismo: ahora todas son iguales. No quedó ni una mesa, un libro o una cobija. Es enero y hace frío. Sólo se ven papeles arrugados y vidrios rotos.
“En la pared de enfrente hay una mancha de sangre. Es una mancha grande que escurre hasta el suelo. La rata sigue corriendo bajo la litera. No debe ser muy grande, tal vez sólo un ratón. Bajo las piernas de nuevo. El piso está pegajoso, pero muevo los zapatos para oír cómo se despegan. ¿Por qué habrán cortado la luz? Es una pregunta absurda en este momento, igual se podrían hacer otras mil: ¿por qué romper lo que no se llevaron?, ¿por qué tirar el agua? ¡Ah! Hasta ahora siento la sed, creo que en toda la noche no he tomado un trago. Tengo un poco de náusea. En la llave no hay agua. Al regresar a la litera pisé un foco roto… Maldita rata. Junto a mi zapato hay una envoltura de caramelo. Hoy tenemos veintidós días sin comer y sólo algunos tienen permiso para chupar caramelos en lugar de ponerle azúcar al agua de limón, pues esto les produce náusea…”

La canción de Odette

Transcribo las primeras líneas de la novela La canción de Odette (Premia, 1982), de René Avilés Fabila (15 de noviembre de 1940-9 de octubre de 2016):
“La noticia llegó telefónicamente: Manuel Fabregar me dijo que Odette había muerto y preguntaba si iría al sepelio… No, no iré al sepelio. Detesto las ceremonias fúnebres. Prefiero lamentar en silencio y en mi casa su desaparición… Cuando el proceso de envejecimiento se aceleró por todo lo que bebía y fumaba, porque apenas dormía corriendo juergas fenomenales, porque tomaba tranquilizantes, Odette comenzó a vivir de noche. Inútil llegar a su casa y tratar de verla durante las horas de luz: no estaba para nadie, había que esperar. Al mediodía llegaban una maquillista y una peinadora y trabajaban afanosas. Mientras tanto Odette se esforzaba por reposar, por darle descanso a un organismo hecho trizas.
“En su habitación, ricamente alfombrada y decorada con telas que había traído de sus viajes a Europa y Asia, las joyas puestas con descuido en un sillón o en un buró, con la caja fuerte entreabierta, con un penetrante olor de perfumes finos, con una enorme reproducción de El jardín de las delicias, Odette comía frutas o verduras, nada que la engordara y, a veces, fumaba un poco de mariguana. A eso de las siete, cuando la penumbra comenzaba a convertirse en oscuridad, en esa enorme mansión de luz artificial muy tenue, descendía Odette con majestad, por la escalera principal que conducía de su recámara a la sala, hasta nosotros, hombres y mujeres menores de veinticinco años que aguardábamos bebiendo y comiendo, atendidos por una servidumbre solícita, con órdenes de darnos lo que deseáramos. Un espectáculo espléndido con una escenografía hecha en los mejores tiempos de Hollywood, era verla bajar la escalinata: toda de largo con un sari o un caftán, según, de colores oscuros, el pelo teñido de negro y enmadejado con estambres de tonos asimismo fuertes, pestañas postizas realzando sus descomunales ojos verdes y una gruesa capa de maquillaje ocultando las arrugas...”

El regreso al campo

La vida del pastor. La historia de un hombre, un rebaño y un oficio eterno (Debate) del inglés James Rebanks es una autobiografía que empieza a tomar dimensiones de superventas. El autor proviene de familia de pastores y aunque estudió en Oxford, eligió volver al pueblo de sus abuelos, el distrito de Lagos, al noreste de Inglaterra, donde pasó la infancia leyendo entre las ovejas, para dedicarse al pastoreo. Para completar el ingreso empezó a escribir. Su historia, recientemente publicada en España, hoy tiene miles de lectores.

Una mirada al vacío

El ojo desnudo de Yoko Tawada, publicada en la colección Ultramar de la UNAM, obtuvo el Premio Caniem al Arte Editorial 2016 en la categoría de “Ficción: adultos”. Se trata de narrativa moderna, que pone el acento en la pérdida de identidad tras el abandono violento del lugar de origen. Aquí un fragmento:
“…Esa primavera, nuestra escuela recibió una invitación de la RDA par que un estudiante fuera a Berlín a una reunión internacional de jóvenes. Querían escuchar una voz auténtica sobre el tema de “Vietnam como víctima del imperialismo estadounidense”… en una sesión extraordinaria los maestros decidieron enviarme a Berlín... Era la primera vez que volaba en mi vida. Me entusiasmaba el viaje y no podía imaginarme que algo peligroso pudiera pasarme. Pero ya que un cierto miedo transfiguraba los rostros de los familiares y amigos que me llevaron al aeropuerto, comencé a preocuparme. Quizá me habían ocultado algo...
“No podía recordar lo que había sucedido después. Cuando desperté estaba acostada sobre el cuadrado de una sábana blanca. Al pie de la cama estaba parado Jörg y sonreía. Mi cuerpo se sentía pesado, se hundió más en la parte suave del colchón. En la pared colgaba un cartel de los Sputnik. Los marcos de las ventanas parecían extrañamente cuadrados. Aunque las ventanas también eran normalmente cuadradas en Vietnam, esta era la primera vez que me llamaban la atención en forma desagradable. ¿Cuándo me había desmayado? ¿Hacía un día? ¿Hacía una semana? ¿Hacía aún más tiempo? El tiempo perdido sólo se sentía en el cuerpo en forma de cansancio. ‘¿Dónde estamos ahora?’, le pregunté. ‘En el Occidente’. Pensé que se refería a Berlín Occidental, así que le dije: ‘Entonces tengo que ir rápidamente al Este en tranvía. No quiero llegar demasiado tarde a la asamblea’. ‘No puedes ir a Berlín hoy. Estamos en Bochum’. Cuando dijo esto sentí como si en mi cabeza se abriera una botella de champagne que antes había sido sacudida con fuerza. A lo lejos estalló el sonido de una sirena. Tardé unos segundos en darme cuenta de que se trataba de mi propia voz. Cuando la cara de Jörg reapareció en mi campo de visión grité en ruso: ‘¡Quiero irme a casa, a casa, a casa!’”...

Hace falta que la izquierda se ocupe de lo concreto: AMM

“Cuantos más motivos hay y más claro está lo que se puede y se debe hacer por el bien de la mayoría, me entristece que la izquierda esté más perdida y más dispersa entre sí… Hace falta ocuparse de lo concreto... porque la vida está hecha de cosas concretas, de gente que no llega a fin de mes, que termina de trabajar y que tiene que ir dos horas en un transporte malo para volver a casa...”, dijo el escritor español Antonio Muñoz Molina en la Feria Internacional del Libro del Zócalo (FIL del Zócalo).


Novedades en la mesa

Inéditos y extraviados (Océano), de Ignacio Padilla reúne un conjunto de textos diversos que el propio autor seleccionó antes de morir en un accidente… El azar y el destino. Viajes por Latinoamérica (Siruela), de Cees Nooteboom es el registro de un gran andariego, un nómada por elección… Entre las 600 novedades que se exhibirán en la próxima Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, se anuncian Tlatelolco aquella tarde (Cal y Arena), obra póstuma de Luis González de Alba; Por ahora soy niño (UNAM, colección Ultramar) de Kim Fu; Las indómitas (Seix Barral), de Elena Poniatowska; La carne (Alfaguara), de Rosa Montero, y El laberinto de los espíritus (Planeta), de Carlos Ruiz Zanfon… El movimiento por la paz con justicia y dignidad (ERA) de Javier Sicilia reúne 50 textos acerca del movimiento que surgió hace cinco años. Entre los autores compilados están el Subcomandante Marcos, Juan Villoro y Enrique Krauze. Se presentó en la FIL del Zócalo.