REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 08 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Miroslava Ramírez

Ítaca

Más allá de mi ventana,
cerca de la playa serpenteante,
el eco se resbala sobre los riscos.
Las crestas espumantes de las olas
lamen las rocas anhelantes.
En lo alto del acantilado miro los remolinos
que arrastraron los naufragios de mi vida
hasta el fondo marino, entre pasajes abisales.
Tesoros de piratas y naves de bucaneros
sirven de telón de fondo
para mis desastres odiseicos
y epopeyas gastadas.
Como Ulises luchando contra la furia
de dioses vengativos y envidiosos,
no concreto mi vuelta al hogar,
lucho contra las sirenas y los monstruos marinos.
Sobrevivo al naufragio contra Escila y Caribdis,
que muerden mil veces de mi carne.
Mi sino se desploma sobre las catástrofes.
Sólo encontré algo parecido a los brazos de Circe
como hechizo del olvido, un espejismo,
un paréntesis onírico...
Dime que no es irreal.
Dime que no habrá un desastre divino.
Cebarse y lastimar hasta el hartazgo
parece hoy el deporte nacional.
Un puñado de dioses aburridos y ofendidos
se divierten con mi hado.
Desde el oscuro arcano vislumbro las costas
de Ítaca...
Plácido remanso del hogar y amor filial.
Pero se aleja cuanto más me acerco.
No soportaré el embate de lo ignoto.
Las fuerzas me abandonan.
Me rindo y no lucho más…
Como figura de arcilla, iré a donde
los dioses me lleven.




Aromas de auroras boreales

A veces la atmósfera nos llena de aromas
de esperanza como rimas de susurros nuevos.
Aire que llena los pulmones de fantasía
y magnolias que agitan sus corolas en la brisa.

Noche saturada de perfumes, un canto lejano
anida en el alma como cuna de golondrinas.

Esta noche tomada por asalto, entre puntadas
de estrellas cosidas al manto del vacío.
Oscuridad que absorbe hasta tus huellas
en el frío inmenso de la nada. Espacio sin luna.

Me arrepiento de las estrellas y las lunas
gastadas en vano con tus palabras sin tiempo.

La música del cosmos resuena en el aire.
Cometas en el firmamento del tiempo.
Cauda de mi amor titilante, no de hielo sucio.
Energía luminosa que trasciende hasta
tu abismo profundo y helado.

Y la armonía del universo, cadencia
acompasada; leyes de danzas estelares
acompañan mi cauda luminosa y vasta.
Al compás de Kepler bailando con los astros.

No fue un error haber vivido al límite
de fragmentos siderales.
Tú, como la antimateria, en tu vida vacua,
nunca sabrás de la inmensidad que
ni siquiera percibiste.

Pero la balada nocturna mece mi corazón
entre destellos de polvo lunar y lluvia de estrellas.

Ráfagas incipientes, apenas premoniciones de razón.
Perfumes de flores silentes y bellas
bajo el manto absorto, tan lejos de su alcance...
Un canto surge desde el fondo de las sombras
como presagios de auroras boreales,

en oleadas polares de luces y corrientes siderales,
a salvo, en tierra...
Hija del cosmos y cometas.




Cuando no estás

Me posee mi criatura de la noche
que teje telarañas en su mente,
blandiéndolas como estandartes
de tragedias inéditas.
Criatura que destruye la gracia
de las canciones del alba.
En un oscuro agujero de presagios
de angustia, como un sueño malvado.
Brinca sobre mi candor enamorado
y me susurra al oído que no volverás.
No hay infierno peor que perder
la eternidad.
Tus besos me arropan en mi vigilia,
en una canción que me confunde,
con sus notas dulces y felices,
dejando sus huellas en cada peldaño.
Desde la penumbra del sueño
hasta el resplandor de la risa.
No me abruman los presagios
ni me arredran los humanos infortunios
si estás a mi lado.
Pero siempre me susurra ese suave estruendo,
ese murmullo del motor tic tac
de mi descompensado corazón
al acabar el temor...
Se abre una pequeña rendija
que mitiga los pavores de tu ausencia…
y se hace la luz.
Irrumpes tranquilo e infinito.
Y pasas deshojando el frío
con tu tibieza,
birlando los esfuerzos de
las pobres criaturas de la noche…