REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Naderías El Abuelo


Mario Náder Pineda

Celebramos el 206 del aniversario de la independencia.
Estuve esperando por la tarde-noche a la señora que dice que es mi esposa con un pozole cuyo maíz revienta como una corona justo de donde se desprende de la generosa mazorca que le dio vida, con todos sus debidos y propios acompañamientos.
El aromático orégano, su cebollita blanca picada, el chile piquín picante, lechuga troceada bien finita; sus gotas de limón recién cortado y una generosa sonrisa de un aguacate bien madurito. Todo bien calientito.
Las infaltables tostadas con la tersa crema y un poco de sal de mar en hojuelas: ¡el plato perfecto!
En esas lides estaba cuando, quise escuchar música y por una virtuosa elección, saqué de mi cdteca el disco de Mono blanco titulado “El Mundo se va a Acabar”, un virtuoso grupo de música de la región de Veracruz del glorioso y disfrutable golfo de México.
La memoria y la historia personal nos lleva por caminos intrincados y nos traslada a nuestros antepasados, lugares, acentos musicales, aromas, sabores y sentimientos, que seguramente están tatuados en nuestro ADN… a veces sólo con la música.
A qué me refiero: mi abuelo paterno, de origen libanés llegó a estas tierras a través de un barco mercante: el Alfonso XXIII, pagando su viaje con trabajos de limpieza en esa misma nave marítima.
Mi padre me narraba que cuando mi abuelo, a quien no conocí, desembarcó en el puerto de Veracruz; él no podía creer que en un lugar pudiese haber tanta vegetación y tanta abundancia de verdor.
Me lo puedo imaginar con prístina claridad tomando un café bien cargado como es el noble café de su tierra tan cargado y fuerte, acompañado de una banderilla crocante de pan jarocho, escuchando con asombro los melodiosos arpegios de las jaranas, los requintos, todos guiados por la mágica arpa, que nos deleita conduciéndonos por una insospechada explosión de sonidos y una maestría indudable de quien la ejecuta, casi siempre con los ojos cerrados, como una suerte de espiritualidad que se traslada del corazón a las manos.
Puedo ver al Abuelo Jalil, previendo, pensativo; adentrado en una cultura del esfuerzo… observando su promisorio futuro… como fue y forjó.
UN ÚLTIMO CHAPUZÓN: contrajo matrimonio con una bella jalisciense: Mercedes, tuvieron dos hijos que fueron extraordinariamente exitosos.
Mario, mi padre fue prolijo, procreó a nueve hijos que prodigaron ocho nietos para él, que a su vez nos han regalado la felicidad de tres bis nietos.