REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

Tranco I
Paseaba por Pamplona y Pello Guerra, amigo, periodista e historiador de cepa, me contaba la historia de esta ciudad que está situada al norte de España. Caminamos por las callejuelas de la ciudad antigua y vimos las ruinas de algunos castillos y desde la cima podíamos contemplar, al otro lado del río Arga, el desarrollo inmobiliario de la parte nueva.
Atravesamos bellos jardines en donde los árboles nos daban gratis su belleza verde; subimos las cuestas y después del arduo trotar y de que una lluvia repentina nos hizo desplegar los paraguas, Pello, diligente dijo que ya era hora de comer. Que el olor a la sopa se dejaba sentir por todos los rumbos. Bajamos pues hacia la transitada calle de San Nicolás y entramos al típico restaurante Katuzarra. Lo primero, claro, fue pedir una botella de Patxaran. Brindamos por la amistad y por los libros de historia –Pello es autor de varios libros de esta materia, y que yo al leerlos me hizo viajar a mi primera lectura de juventud: Las cruzadas, y eso, como digo por leer los libros de mi amigo, que cito algunos de ellos: Réquiem por Navarra que versa cuando las tropas castellanas del duque de Alba violan las fronteras de Navarra. Jaque mate al rey de Navarra, donde Pello funde ficción y notables datos históricos que nos llevan al año de 1610. Y sigue la mata dando: Vitoria que nos traslada al año de 1234, y al grave y largo asedio al que Vitoria fue sometida por Alfonso VIII. Y esta historia: La Escondida, en donde Pello, nos brinda una historia novelada de unos vascos emigrados a Nayarit, México, que trabajan en una hacienda “La Escondida”, que luego, en los turbulentos años de la Revolución Mexicana, algo tuvo que ver en varios acontecimientos. En fin, el Patxaran sucumbía ante nuestro asedio bucal y con su espíritu ancestral nosotros subíamos a las cumbres de Navarra y viajábamos luego hacia las tierras mexicanas. Yo tomé la copa para rendirle homenaje a Francisco Xavier Mina –Navarro batallador y guerrero indomable-, que todo aquél mexicano que esté compenetrado en nuestra historia, sabrá de su gallarda, heroica y revolucionaria estadía en nuestro suelo patrio. Pello le dio tremendo trago al licor y yo no me iba a queda atrás, así que le seguí el juego lúdico y mi copa quedó vacía. Luego la carta de las delicias del lugar nos fue entregada. Pello, -le dije- mejor dime que es lo mejor de estos rumbos. A lo que él agregó: –pues la carne. Va. Le dije. Carne. Como estaba en Euskera le comenté al mesero que nos atendía que me diera el mejor corte y que yo la prefería término medio.
Y oiga usted, amigo luchador, amiga insumisa, fue un verdadero lujo el comerla, estaba más blanda y jugosa que una rebanada de mantequilla, de hecho, el cuchillo para cortarla, no era de esos horribles aceros llenos de dientes de serrucho, no, era un cuchillo, digamos, normal. A cada ración que pasaba a mi boca, recordaba el Gallagher de New York, a los restaurantes argentinos que en todas las poblaciones de México existen. Y nada, le decía a Pello, todos los lugares que te he citado tienen carnes deliciosas, sí, que queda claro, pero, ni modo, el sabor único de esta carne de Pamplona no tiene igual, es un bocado de cardenal, está como para chuparse los dedos, está como para después de comerla, gritar a todo pulmón: “que venga el diluvio”. Nos terminamos la botella del genuino Patxaran, de verdad no quedó ni una gota. Luego yo pedí una cuajada, que es una leche que está servida en un jarrito de barro, acompañada con miel legítima. Una delicia. Y evidentemente, para cerrar con broche de oro esa velada literaria, en donde volvimos a recordar el asedio a Vitoria, y Pello me describió algunos pasajes que yo no había entendido bien de su “Jaque mate…”, y los intríngulis políticos y sociales inmersos en su “Réquiem…”. Y ante tantos datos y lo bien narrado y lo interesante y lo profundo que sus libros encierran, pedí un espresso. Llegó a mi mesa. El primer trago me hizo poner los ojos en blanco. De verdad. Buen café el de este sitio. Bien, ante esto, creo que la envidia puede corroer a algunos de ustedes, amigos lectores, pues hablar de buenos libros, el comentar sobre el pasado de nuestros pueblos, el conocer con más detalles los pormenores de las audacias guerreras de los reyes y de los condes y de los soldados de alcurnia, y de las gestas de los libertadores nativos, el brindar con el vino, el comer, nos hace penetrar en este mundo maravilloso, el mundo de las biografías, el mundo de la historia que precisa el origen del actual estado de cosas, y nos hace entendernos mejor. Bien hecho. Así debe ser.
Vale, abur.
cbracho@prodigy.net.mx