REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Arca de Noé

¿Nos invaden de nuevo los Gachupines?


Daniel Dueñas

Preocupa a los patriotas lo que en muchos centros sociales, industriales, financieros y culturales se habla, de una segunda invasión gachupina, ésta no por medio de la tizona asesina y la cruz adormecedora, no por una lengua unificadora, no por las cadenas y grilletes de la esclavitud, tampoco por otro virreinato cerrado y ciego que nunca entendió lo que tenía a la mano, interesado únicamente en la obtención del oro y la plata inútilmente gastados en las guerras de la corona en los países bajos europeos. No, no se trata de nada de los desfases de la otrora España imperial, la invasión que hoy nos afecta es, por así decirlo, sofisticada, la de una España que busca la riqueza no por medio del mandoble, sino por el cambio de la economía, de los negocios y, como veremos adelante, los contratos para las obras públicas.

Y es precisamente por ello que alzan la voz de alarma a la mitad del foro patrio, los que anuncian la nueva invasión en proceso y funcionando, avanzando, como aquellos gigantes galeones cargados de la plata mexicana, desplegando todo el velamen, surcando los mares mexicanos del turismo levantando posadas en todos nuestros litorales, como es el caso de Cancún, donde reinan a su antojo, como también lo hacen en la mayoría de los moteles, los famosos, necesarios, hoteles de paso, en todas las zonas urbanas del país. Ahí en esos hostales de constante entrada y salida, los Venancios de hoy en día, repito, llenan las talegas con el dinero producto de los ímpetus hormonales de los mexicanos que ahí los liberan.

Ahora, si volteamos los ojos a negocios en verdad grandotes, qué le parecen los bancos ibéricos y, peor aún, los nacionales adquiridos por ellos, merced a las antipatrióticas subastas que el gobierno llevó a cabo, de la ahora sí banca en bancarrota, fenómeno causado por las pillerías de una mesnada de banqueros locales, que llevaron, para su provecho, a una desgracia financiera que terminó en el Fobaproa y que seguimos pagando todos y cada uno de nosotros, merced a ello, pues, se remataron los bancos adquiridos por la nación, participando y llevándose el pastel, instituciones financieras foráneas, entre ellas españolas adquirientes de, entre otros, el segundo banco más importante del país, Bancomer, no lograron quedarse con Banamex, debido a la cantidad de billetes que ofreció el gringo City Bank.

En el rubro de las tiendas de autoservicio, en esas grandes cadenas que invaden el territorio nacional, resultado macro de las otrora tiendas de abarrotes y ultramarinos, fundadas por los Venancios originales, esos trabajadores incansables que dormían encima del mostrador, que fiaban a los vecinos con altas tasas de interés, famosos por haber logrado el milagro de convertir los kilos a ochocientos gramos. Pues bien, ahí tiene usted los Gigantes, Aurrerás, Comerciales y demás, un tanto penetrados por los supermarkets gringos, pero aun en manos de los herederos del Venancio original, quienes después de varias generaciones de haber visto las primeras luces en estas hospitalarias tierras, no dejan de cecear al hablar. Ni hablar de los monopolios en los centros hospitalarios privados, parte de la telefonía celular y, por supuesto, la industria editorial y lo que usted sabe qué agregarle.

Pero todo el rollo anterior, el cual usted harto conoce, se debe al accidente del derrumbe escandaloso en las obras de la continuación del segundo piso del periférico defeño que estuvo a punto de causar daños físicos a quienes por sus costados transitan, poniendo en peligro la propia vida del chef du gouvernement citadino, Monsieur Marcel Ebrard, que ahí se encontraba revisando el progreso de la obra, responsabilidad dada por él a una empresa constructora gachupina, experta en la erección de obras de tal magnitud, superando con experiencia y técnica a cualquier constructora totonaca.

Sorprendido por ello, me pregunto: ¿De veras no existen en México quienes puedan llevar a cabo tal cometido? Recuerdo que cuando se hizo la autopista México-Cuernavaca, en España sólo existían caminos vecinales y una que otra carretera de un carril, entonces, caramba, de dónde nos salen y con qué pretexto lógico arguyen para otorgarle a la constructora gachupina tamaño contrato. ¿Acaso los bloques de concreto prefabricados los producen en Badajoz y no aquí? ¿Son mejores los ingenieros allá? Como que Monsieur Ebrard olímpicamente olvida a los egresados de la UNAM responsables de las magnas obras hidroeléctricas, de las carreteras que cruzan el país, responsables de toda su infraestructura, regresándonos al siglo XVI cuando los curas diseñaban los acueductos y las iglesias y nosotros los nativos las construíamos con nuestras manos, porque los que se rompen el lomo en ese segundo piso periférico, son los totonacas, Monsieur Ebrard.

Como ve usted, indignado patriota, con los malinchistas que pululan en las altas esferas gubernamentales, lo de la segunda invasión gachupina, no es un mito.