REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

De nuestra portada

No será Constitución de la CDMX sino Carta de Derechos


Juan José Huerta

Cada vez queda más claro que lo que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera está promoviendo no es una Constitución de la Ciudad de México sino en realidad una Carta de Derechos de los habitantes de esta capital, quizá considerando que los derechos que ya tienen adquiridos están muy dispersos, además de que hay que agregarle unas buenas docenas más, porque eso adorna mucho al promovedor, no importando que, con toda seguridad, pasará mucho tiempo para que pasen del papel a su implementación real, si es que tenemos suerte en ello.
Claro, si es una Carta de Derechos de los Habitantes de la Ciudad de México, lo que primero se impondría es que también se incorporaran los importantes Deberes que también hemos de asumir los que aquí vivimos, para una mejor convivencia humana y con el medio ambiente en esta ciudad.
No será entonces una “Constitución de la Ciudad de México”, lo que, de todas maneras, no es para nada necesario. Para adaptarse al artificioso cambio de nombre del Distrito Federal a ”Ciudad de México” hubiera sido suficiente hacer una pequeña reforma al Estatuto de Gobierno aún vigente para sustituir Distrito Federal por Ciudad de México, junto con algunos otros pequeños ajustes. Pero no, nos vamos a lo grandioso, superfluo y caro, a lo que creen que adorna políticamente para apoyar una absurda precampaña presidencial, así sea tan ridículo como lo que se está haciendo.
Como he comentado anteriormente, esta ciudad fue claramente establecida desde nuestros orígenes constitucionales como la capital del país y, en ese carácter, le dio nombre a la Nación, constituyéndose en representante de todos los estados federados, de lo cual los chilangos estamos muy orgullosos. En cuanto a una Carta de Derechos específica, tampoco debería tratarse, de ninguna manera, de una “entidad federativa” más, que se esfuerza a lo loco en una competencia para mostrar que tiene muchos más derechos para sus habitantes que en los estados federados, pues México es un pueblo unido y así debería continuar. Ya la Constitución Mexicana establece nuestros derechos básicos y si, después de un análisis riguroso, se considerara que hay que agregar algunos más, no de adorno sino para su real complimiento, debieran ser incorporados a nuestra Carta Magna para beneficio de todos los mexicanos.
Pero, bueno, se siguen los trámites de una “Asamblea Constituyente” para esa Carta de Derechos de la CDMX, tan variados como puede apreciarse en unos cuantos de los que se han venido divulgando:
• Derecho a una renta mínima que permita vivir a todos los habitantes de la ciudad, tengan trabajo o no, “a través de un pacto fiscal” con la Federación que financie de diversas maneras ese muy considerable gasto, que los expertos ya están diciendo es, además de muy populista, irrealizable por su insostenible impacto en las finanzas públicas.
• Derechos de las personas con discapacidad, “componente transversal” de la propuesta de Constitución de la CDMX.
• El “Derecho a la Ciudad”, también aplicado de manera transversal a lo largo de toda la Constitución, igual que los Derechos de la Madre Tierra.
• El derecho de que el gobierno federal le dé al gobierno de la Ciudad de México los recursos que correspondan a las necesidades de la ciudad y a lo que la ciudad aporta a las arcas federales, sin considerar debidamente que en esta ciudad de México tienen su sede fiscal muchísimas empresas, lo que no quiere decir que las ganancias que reportan sean obtenidas aquí.
• Derecho al ambulantaje.
• Derecho a un ombudsman de los contribuyentes de impuestos.
• Los derechos de los capitalinos afromexicanos.
• Incluir la Ley 3de3 anticorrupción, etc., etc.
Ah, pero eso sí a algunos promotores de esta Carta de Derechos les preocupa mucho que en ella se incluya el derecho básico de los ciudadanos, en una democracia como la nuestra, a la revocación del mandato de aquellos funcionarios electos que manifiestamente incumplan sus promesas de campaña y los programas de gobierno que al efecto debieran instaurar.
Y, seguramente, quedará en un limbo de redacción inaplicable uno de los derechos más importantes que debiéramos tener los habitantes de esta capital: que fueran respetados escrupulosamente los usos de suelo ecológica, histórica y culturalmente sostenibles para evitar la brutal degradación de espacios valiosos para nuestra herencia de historia y cultura, o que debieran conservarse estrictamente para uso habitacional o como suelos de conservación medioambiental, sin dejarlos caer para nada víctimas de los gigantescos abusos de las inmobiliarias y “desarrolladores” urbanos.
Por supuesto, a esta Carta de Derechos le faltará igualmente algo muy importante: el derecho de los capitalinos a la no privatización de las funciones de gobierno, desbocada en los últimos sexenios en esta ciudad, y el derecho a que los servicios públicos no sean privatizados con esquemas tan abusivos financiera y medioambientalmente como ya se pretende con el Centro de Transferencia Modal (Cetram) Chapultepec y otros de su especie.
Por otra parte, claro, la lista de Deberes de los capitalinos debería ser también muy significativa en esta iniciativa, pues como acertadamente señala René Drucker Colín: “es oportuno señalar que mucho de lo malo que ocurre en la capital también es culpa de una ciudadanía en general muy irrespetuosa de las reglas y normas que la rigen. En realidad, se ha generado un círculo nada virtuoso donde el ciudadano es poco afecto a cumplir las mínimas reglas de urbanidad y un gobierno históricamente permisivo y sólo generalmente afecto a cumplir con los diversos designios de la autoridad cuando lo considera políticamente conveniente” (La Jornada, 1/jul/16).
Así es que una Carta de Derechos y Deberes de la Ciudad de México tendría que incorporar al menos los deberes siguientes de los habitantes de esta urbe, cuyo cumplimiento fuera apropiadamente vigilado por la autoridad:

• Hacer todos los esfuerzos en las diferentes áreas para no contaminar la ciudad: no tirar basura en las calles, separar escrupulosamente para su desecho sustentable los residuos de todo tipo, incluidos los que contaminan el aire y el agua; cuidar escrupulosamente el ahorro y el uso sustentable del agua; que la movilidad en la ciudad sea mucho más fluida, con un mejor uso del transporte público (por ejemplo, no hacerle parar donde se le ocurra a uno sino sólo en las paradas establecidas), cuidar que sus mascotas no ensucien las calles; no invadir los espacios públicos con puestos ambulantes; no robarse la energía eléctrica de las redes pública; respetar leyes y reglamentos.

Desafortunadamente, no podemos ser muy optimistas de que un proyecto de tan claros tintes de clientelismo político, aun siendo una carta de Derechos y Deberes, pueda incorporar algunos de estos elementos de civilidad, y mucho menos que deje de considerarse la elaboración de una Constitución que a todas luces trastoca nuestro orden constitucional nacional.