REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Miroslava Ramírez

Tú mi razón, yo tu naturaleza

Reprimir el torrente de emociones
no es buena idea.
No pierdas la ocasión, puedes arrepentirte.
Ayer era un sitio seguro.
Siento que mis horas tienen tus ojos
y que tu mirada me sonríe extendiendo
sus manos...
Tus palabras y silencios me besan
en el recuerdo de instantes por venir.
No renunciaré a intentarlo, escucharé
los murmullos de tu sombra.
Presencia que anuncia nuestros años futuros,
impregnados de atardeceres transcurridos
en los albores de risas líquidas y transparentes.
Como curso de manantiales tempranos.
Porque tú, rompiendo diques,
tocaste mi corazón abrumado y retraído
sobre sí mismo.
¿Es que no ves?
Que el tiempo que ha pasado
no sé si ha estado ahí por siempre.
No recuerdo cómo fue antes de tu eco.
Pero abrir un ojo somnoliento cobra sentido
al despuntar el alba.
Y extender la mano y tropezar con el hueco
en tu almohada,
la huella de tu rostro junto al mío…
La sonrisa que huye tras el regreso
de tus interminables viajes
desde lo cotidiano del ir y venir
a lo extraordinario y maravilloso
entre miradas furtivas
de la vida en un instante;
ésa que se va con tu equipaje...
Esos momentos absortos y canciones gastadas
y tu risa resuena en el costado izquierdo,
donde habitan tus miradas y tus lobunas huellas.
Mi rostro, tu luna llena que las convoca.
La naturaleza dual del ser primario
que ama sin resabios,
sin porqués ni razones.
Tú mi razón, yo tu naturaleza.

Fantasías a dúo

A veces la soledad se burla de uno…
En la penumbra de tu ausencia
invento tu recuerdo.
A mi modo. Disparate de sentidos reprimidos.
Porque no estás cuando mis humedades
te reclaman.
Y mi cuerpo, como teclado de piano abandonado,
clama por el roce y goce de tus dedos
recorriendo mis escalas desde soles y bemoles.
¿Cómo armonizar tus ansias con las mías?
Si mi pulso se dispara con tu recuerdo aún no vivido.
Te adivino debatiéndote también en el deseo,
entre temblores y gemidos, porque sabes
que en algún momento nuestra historia
de ansias compartidas,
en algún punto
de este loco espacio y tiempo falaz,
podrá cumplir por fin
ese destino.
De tu cuerpo y mi celo debatiéndose,
entre el ser y no ser, tan sólo fantasías,
sueños inconfesos
de latidos y gemidos siempre
a dúo.

Un tren, un maniquí

Mirar a través de la ventana: los confusos maniquíes
pasan indiferentes y distantes a su propia existencia.
Rumbo incierto de sus pasos hacia ninguna parte.

No puedo imaginar qué sentimientos y contradicciones
se enfrentan en su interior como caja de grillos
que no cesan. Chirridos interminables,
noche...

Alma que se agita atrapada entre telarañas de rutina,
Miserable y triste, pugnando por volar al infinito.
Detrás de los cristales de ojos derrotados

Una vez descubrí la luna llena asomándose
al borde resbaladizo de las lágrimas heladas
del desencanto... Llanto por lo que nunca fue.

En el peor de los casos ha ganado la razón
dejando una herida profunda en el lado izquierdo,
allí donde habitan mi dolor y tu imagen buscando mi cara.

No dormía, sólo soñé tu presencia,
esperando tu latido junto al mío.
No me ves, ausente, ajeno en tu noche lejana.

Entiendo que no estés y estires tu mano
para acariciar mi mejilla,
una lágrima olvidada tiritando.
Dime si el tiempo se detiene por nada.

Sólo quedan los buenos recuerdos,
inviernos que esperan por ti…
Otro maniquí en el olvido que recordarás.

Llené mi equipaje con tu recuerdo,
fotos y miradas.
Palabras rotas, espejos con tu imagen,
tus dientes reflejados escapando de ti.
Y manos reprimidas.

En el andén se pierde entre maletas
de vidas anteriores.
Aquel rincón donde guardé mi alegría de ayer.
Sonrío y me bajo del tren.


Mi tierra prometida

Si aún te asaltan las dudas de querer ser
sigue la huella de tus antiguos temores
sin encontrar el rastro dormido de las horas en las eras.
Como armisticios tempranos, entre el tiempo infinito
y esa promesa eterna,
tú mi tierra prometida.
Tu marca sobre la arena del universo. Ese rastro estelar
de polvo cósmico que marcó siempre mi destino.
Mi vida por venir, la que esperé en las puertas del infierno,
la que siempre quedaba más allá cuanto más la buscaba,
aquélla que se alejaba cuando parecía tocarla con mi mano.
Tus huellas en el vacío, sin rumbo, hasta encontrarnos.
Cuando llegaste a mí yo también vagaba sola, como una
loba solitaria exiliada del mundo y de la vida.
Andar sin esperanza.
Vivía sin sentido, consumiendo los instantes día a día.
Pero llegaste tú y todo era un juego que se volvió
la vida misma entre tus dedos.
Y trajiste luz y belleza a un mundo oscuro y sin luna.
Vida desgranada por los confines del tiempo entre las sombras.
Así, con nuevos y policromos matices, murmullos dulces.
Amor mío,
sólo bastaba tu susurro en mi oído, tu mano en la mía
y tu rostro en mis pupilas.
Amor mío...
Susurros que se deslizan como un arroyo hacia el mar,
la brisa nos mece como barcas sobre las olas, en ese océano
de silencios y suspiros profundos del embate amoroso,
donde anidan tu alma y la mía, hibernando juntas hasta ahora....
Amor mío,
unida a tu vaivén como las olas.
El amor.