REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Clave de sol

La Viuda Alegre y El Murciélago en la Volksoper de Viena


María Teresa Castrillón

Algo que me encanta de la opereta (y en el caso de El Murciélago, la ópera) en Viena es su tradición. No se cambia nada; se conserva el carácter, el estilo, todo, año con año es igual. Además estas obras son tan vienesas, que no hay como verlas en Viena; en cualquier otra parte resulta una profanación.
La Viuda Alegre (Die lustige Witwe), la famosa opereta de Franz Lehar sobre el texto de la comedia L’attaché d’Embassade de Henri Meilhac es una deliciosa obra que aunque la vea uno muchas veces y siempre sea la misma, cada vez tiene una diferente frescura y gracia, nunca decae o se ve repetida. La obra ha tenido tanto arraigo, que inmediatamente se popularizó. A los pocos días de su estreno la gente en Viena la chiflaba en la calle e inmediatamente se presentó con gran éxito en París. A partir de su estreno en 1905 se han hecho todo tipo de versiones inclusive cinematográficas desde aquélla de Maurice Chevaliery Jeannette Mac Donald o la de Lana Turner y Fernando Lamas, ambas en inglés y después la han cantado famosos cantantes de ópera como Esther Rethy o Lucia Popp.

La que acabo de ver en septiembre en la Volksoper de Viena ( en donde se ha representado 900 veces) dirigida esta vez por Enrico Dovico siguió la tradición con escenarios y dirección de Marco Arturo Marelli. Escribir los nombres de los cantantes no diría nada porque no son cantantes internacionales, pero son los ideales para la obra y con voces estupendas y la actuación desenvuelta y graciosa que caracteriza estas puestas en escena.

Vale la pena mencionar el Ballet del Estado de Viena. Las “grisettes” que bailan el can-can son increíbles. Dan ganas de en efecto, saliendo de ir a Maxim como dice la canción en la opereta “da geh ich zu Maxim”.

EL MURCIÉLAGO

Qué decir de esta extraordinaria opereta -considerada como ópera- y se presenta también en la Ópera de Viena. Es ya una tradición en esa bella ciudad y no hay que perdérsela si va allá. Es una obra cumbre de Johan Strauss, estrenada el 5 de abril de 1874 en el Theater an der Wien con libreto de Meilhac y Halévy (de quien por cierto días después vi su tumba en el Cementerio de Montmartre en París). La dirección musical estuvo a cargo de Roberto Paternostro y la escénica de Heinz Zednik pero por supuesto sin modificaciones a la tradición: Rosalinde fue Melba Ramos y Adele fue Anja-Nina Bahrmann.

Todos, desde ellas en los papeles principales hasta el último o la última, estupendas voces, ideales para esta música tan vienesa. Mención especial merece el actor Gerhard Ernst como el carcelero Frosch que ya es un personaje tradicional; es todo un actor cómico en su papel de borrachín. La orquesta de la Volksoper, al igual que en La Viuda Alegre de primer nivel y el ballet del Estado de Viena extraordinario. Sale uno con el ánimo exultante con la gracia de esta música y la perfección de la realización. Wien,Wien, nur Du allein (canción vienesa)