REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 05 | 2019
   

Letras, libros y revistas

La ira de Zapo o del veneno para defenderse del mundo (Sobre la novela de Ulises Paniagua)


Andrés Cisneros de la Cruz

Con personajes reales, esos que nadie ama, ni quiere encontrarse en la vida, pero que resultamos ser nosotros mismos, con distintos disfraces, y con la violencia económica (yugo bajo el que vivimos 98% de la población), se construyen los verdaderos protagonistas de La ira del sapo, que no busca consuelo sino catarsis; expeler esa agrura podrida que se manifiesta en rabia en este post México.
Itchie, la Dolorosa. Todo por proteger a Carmen. El Didi y la muerte como un arete de la suerte y todos actuando enfermos de yo, encerrado en la cárcel de la otredad. Ulises Paniagua logra armar ese libro que todos quisimos escribir: sobre cómo robaríamos un banco para escapar de la “apestosa” vida, que nos procuramos para convertirnos en personajes muertos, condenados a su fanfarria trágica.
Ulises hace retrato fidedigno de una generación X fanatizada con la capilla que ay, le pagaron al grunge, y que jesucristos marionetas bailaron a todo lo que da, por darle volumen a la campaña de drogadicción (más visual que de drogas duras) para atrofiar a la banda. Y así, este infierno portátil es muestra que Paniagua expone como la suma de absurdo que genera lo lumpen y lo snob. Novela de humor frínico. Historia de un indeciso, que se desarrolla con un lenguaje coloquial, mezcla de un hipster venido a menos. Con pasajes de ese rock and roll bíblico en voz del profeta de Universal Stéreo, que nos vendió la idea de reproducir al apando antes que las luchas intelectuales de Revueltas.
Personaje que casi satírico se inmola para contradecir el teatro práctico de Brecht. Y que aprende a la mala que “todos somos la misma basura”: que al soñar se sueña bien bonito, pero a la hora de la joda de la cárcel, todos se esconden en sus objetivos de vida. O en sus vidas desfiguradas por el bisturí del Dorian detrás del espejo.
Pero el Dorian de Ulises Paniagua es un “condorito emputado”. Que se dejó crecer la ira. Ésa que embriaga y mata. Didi no se lame cual el autor manda, es un mexicano cualquiera sujeto a las cuerdas imaginarias de su derrota. Sapos envenenados ahogados en mezcal para el viaje más severo al inframundo de la vida cotidiana.
Y temeroso el autor, los protagonistas y el presentador, nos da ansia que ustedes sean la fuente de nuestra desdicha, y los comenzamos a ver como enemigos, porque robaron ya, antes que nosotros, y eso nos empuja, ahora sí, a cometer el asalto.