REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Confabulario

"La pasión del Profesor Benedicto Predicado"


Cornelia Păun Heinzel

-¡Es mi marido y déjenlo en paz! Tenemos un hijo que es estudiante de secundaria. ¿Por qué sigue acosando sexualmente a mi esposo? ¿No tiene usted un hombre en su casa? -gritó la mujer desesperada.
-Necesita quedarse aquí con nosotras, para que nos ayude en todas las necesidades escolares que tenemos y todo aquello que nosotras determinemos, conforme a la ley actual, nosotras le representamos -respondieron inquietas algunas mujeres traviesas- con edades entorno a los sesenta años -tiene que venir con nosotras cada vez que lo llamemos, si necesitamos alguna cosa de él.
La directora, la señora Mita Pájaros, estaba agitada todo el tiempo, preparada para saltar por cualquier motivo, tenía el pelo teñido de rojo brillante y junto a ella, otra mujer igualmente exaltada, con su pelo negro, grasiento, rizado y con unas medias de seda transparente que dejaban ver todas las formas de la señora Geta Buca, miró de una forma desconcertada a la mujer. Llevaban haciendo lo mismo desde hacía muchos años con todos los hombres del colegio, y nunca nadie se había quejado, era solo una práctica antigua.
La puerta de la habitación se abrió y apareció una mujer con una edad que excedía la jubilación, coqueteando, con una minifalda y unos tacones exageradamente altos, con una peluca rubia platino, vestida tan primorosamente como sus compañeras y con una blusa fina de color azul. Fue la jefa de estudios, la señora Tartito. Ella tenía a su marido en el Ministerio, era un hombre gigante, sureño, grosero tanto en su apariencia como en su comportamiento. Parecía un pastor de la montaña. Durante más de un cuarto de siglo había sido funcionario en el Ministerio, liado continuamente entre proyectos, programas o inspecciones, con una barriga enorme que llenaba completamente, como si fuera un hipopótamo, llenándolo de alimentos para toda la vida. Al igual que el dinero que recibía abundantemente.
La puerta se abrió de nuevo y apareció un hombre alto y guapo de estructura atlética y pelo negro, rizado, de nariz pequeña y un poco achatada, boca pequeña con labios gruesos, el nuevo maestro de futbol del Colegio.
-!Qué alegría! Tenemos un hombre en el colegio -exclamó una de las mujeres exaltada.
-Pero, nosotros, ¿qué somos? -dijeron al unísono los profesoras molestas.
De hecho, la mayoría de los hombres del colegio eran bastante viejos y decrépitos, siendo los antiguos capataces o trabajadores comunes, se acercaron a la silla como profesores con años de experiencia, pero eran altamente valorados y apreciados por la Directora. Los maridos de estas mujeres solo lo eran en los papeles, nadie los había visto nunca cerca de ellas, mientras que ellas cuando conversaban con otras personas les recordaban permanentemente que tenían maridos.
El Sr. Benedicto Predicado, profesor del colegio había sido trasladado recientemente al colegio, era un hombre de más de cincuenta años de edad, mediana estatura, pelo canoso, ralo y fino; cara poco arrugada y ceño fuertemente enfatizado, prendas de vestir modestas y voz suave. Hombre muy creyente, no solo en el nombre, cosa extraña en la actualidad. Benedicto visitaba constantemente monasterios para asistir a los servicios y oraciones. Era una especie de Daniel el Ermitaño de la época actual. El ayuno y la oración eran comunes para él y era un verdadero ejemplo de moralidad, cosa rara hoy en día. En teoría, porque en realidad era muy dócil, aceptando sin protestar cualquier acción violenta contra él, aunque no estaba del todo de acuerdo con ello.
Después de ser asaltado por esas mujeres insaciables, el pobre hombre se puso en pie, para continuar con el ayuno y la oración, diciendo dolorosamente que alguien más estaba avergonzado de oír sus quejas: !que estúpida es la gente hoy en día! !No tienen vergüenza! ¿Dónde se le apareció Dios a tanto tonto?
Benedicto recientemente releyó la Divina Comedia de Dante, que llevaba siempre con él para releer todo el tiempo “El Infierno”, porque parecía que en la vida podría tener alguna de las peores humillaciones diarias, con la dirección del colegio actualmente.
- !Usted no nos satisface, Sr. Predicado! !Tomemos el ejemplo de sus compañeros de colegio! No estamos satisfechas con su quehacer, con su rendimiento -decían siempre las mujeres que dirigían la institución. -Siempre, estamos vigilándolo -dijeron las mujeres, riéndose y con las manos…
Su esposa sabía que Benedicto era un hombre muy religioso y siempre había confiado en él. En vacaciones y los fines de semana, se iba por semanas y meses en peregrinación a los monasterios de todo el país e incluso al extranjero, sin tener ningún miedo a perderlo, sin poner a prueba nunca su fidelidad. Pero ahora veía que estaba pasando algo, su marido estaba completamente cambiado e incesantemente inquieto.
Cuando ella fue a la iglesia la última semana, una mujer desconocida se le acercó y habló:
-Pobre, su marido !Cuánto sufre en la escuela! No puede escapar de las mujeres histéricas que lo asaltan.
Entonces Clementina pensó en el rostro triste de Benedicto y vio que algo pasó con él y ella quería saber lo que realmente le estaba sucediendo.
-Ha sido alguno de los casos del colegio lo que le llevará finalmente al divorcio, señora. Extreme las precauciones, esas mujeres son insaciables, pueden destruir su matrimonio si usted no toma medidas -completó la interlocutora.
Entonces, la señora Clementina Predicado entendió que incluso estaban en peligro. Con la crisis de los hombres de hoy, que va aumentando diariamente -pensó Clementina.
En la época socialista las mujeres comenzaban su vida sexual más tarde, después de los dieciocho años, después de salir de la universidad y comenzar a trabajar. Las mujeres frívolas eran muy pocas y había muy pocos hombres mujeriegos, las parejas eran estables y las familias rara vez se separaban.
Pero actualmente, las niñas no eran vírgenes desde una edad muy temprana, muchas de ellas incluso con diez años o antes ya habían dado a luz a algún niño. Los niños de preescolar que tienen suficiente conocimiento de esta área, algunos saben más que los ancianos de la época socialista.
A esto había que añadir los cambios ambientales, la nutrición, las prácticas actuales de muchos jóvenes no funcionan en los adultos. Clementina estaba en el tema de estas cosas porque su hijo estaba en secundaria y tenía las explicaciones, le dijo Benedicto. Él observó el fenómeno interesante de cómo evoluciona el tiempo. Cómo las mujeres estaban más dispuestas, por ello los hombres se convirtieron en más inútiles. Pensó entonces involuntariamente el ejemplo de esto, como la señora inspectora de su marido, la Sra. Marghioala Cobe, que estaba loca yendo detrás de los hombres. Los que aceptaban sus perversiones ascendían exitosamente en la oficina, tomando los grados de didáctica ligeramente y eran inspectores de éxito. Cuando se trataba de controlar las inspecciones en las escuelas la Señora Cobe llamaba inmediatamente a estos maestros, con el pretexto de mostrarles su reciente operación de ovarios. A la Señora Cobe le gustaba hacer bromas de contenido sexual. Pero los profesores y profesoras serios estaban completamente marginados.
Cualquiera que no fuera capaz de hacer algo a la Señora inspectora. Solo existía la Directora Corrupttin, el Director Ladrón y el Inspector Dar soborno de la Dirección de Protección de la Corrupción en la gestión de personas en la Educación y defendía el fortalecimiento a los abusos de los directores e inspectores.
Con el socialismo este comportamiento no existía, no estaba permitido, tampoco se habría permitido ninguna relación sexual entre los empleados estatales.
Actualmente, sin embargo, la Señora Cobe podría darse el lujo de realizar cualquier orgía sexual que le pasara por la cabeza sin límites, porque sabía que cualquier queja no llegaría a resolverse nunca. Podía hacer lo que quisiera y si alguien se atrevía a demandarla recibiría como respuesta por parte de la Dirección de Protección de la Corrupción del Ministerio de Gestión de Personal, la eterna Señora Corrupttin y su equipo la siguiente respuesta: “Acusaciones infundadas, la Sra. Cobe es un magnífico ejemplo de profesionalidad en su campo, un milagro para el campo educativo”.
En la época anterior, la mujer, era una trabajadora de una empresa socialista con perfil electrónica, desde la plataforma Pipera, era perezosa e incompetente en su trabajo, pero tuvo éxito con su intensa actividad como rata de la Seguridad Comunista, y pudo asistir a los cursos de la escuela nocturna y a una universidad politécnica, en la cual no se le exigía demasiado y donde el nivel era menor. Después de la revolución fue nombrada inspectora y considerada un ejemplo de profesionalidad en todas las áreas. Los maestros eran sus subordinados y debían escribir los manuales de las diversas especializaciones y la señora Cobe, figuraba como autora. Fue autora de varios libros sobre técnicas y especialidades diferentes cuando realmente a la Señora Cobe no la conocía nadie.
En el ministerio tenían como prioridad los manuales. Ellos podían competir con las personalidades consagradas, los profesionales del campo no tenían ninguna posibilidad de competir con la Señora Cobe, la ex trabajadora de la época socialista y ahora gran inspectora, solo ella era considerada competente y aceptada por el Ministerio para liderar proyectos educativos de diseño curricular.
Benedicto defendió valientemente su posición y no contestó a los requerimientos de la mujer y por tanto la señora inspectora no lo recibió como maestro en la escuela secundaria, donde Benedicto trabajó y donde competiría como titular en el concurso. Podía aceptar y someterse a los avances o podía ser destituido. Por suerte, la mujer se jubiló y Benedicto escapó a ser violado por la Señora Cobe y no tenía vuelta atrás, ¿quién sabe de las prácticas perversas de la mujer? No es de extrañar que nunca la quisiera como maestra tras su jubilación. Para dar la réplica a la inspectora por el tiempo que le quedaba, pero como una verdadera mujer creyente, permaneció con el proverbio “Iros todos al diablo” y todo el mundo la recordaba de vez en cuando.
Las mujeres del Consejo de Administración del colegio se consolaban con el Sr. Juguetón, un hombre de más de cincuenta años, pelo gris, débil, cuando estaban en el programa educativo famoso de Turquía de movilidad “Emmanuel”.
Ellas tuvieron la oportunidad de bañarse allí con el hombre, jugueteando alrededor de él, tocándolo.
El señor Stefanus Juguetón, un hombre de naturaleza seria, balbuceó desesperado -Tengo esposa e hijos- intentando escapar de los ataques no deseados de las mujeres. El profesor dijo a todos que la corrupción es la causa que tenían que soportar con humillación a su edad, en lugar de trabajar tranquilamente. En la educación había categorías; aquellos que habían aprendido a sobornar y que habían alcanzado un buen puesto, tenían un trabajo aburrido aunque tenían únicamente la diversión en la cabeza y los buenos en la profesión que fueron los primeros en ser torturados, burlándose de ellos y que no lograron realizar una actividad didáctica.
El Señor Predicado estaba contento de haber escapado del colegio anterior, de los ataques de la señora directora, ahora recién jubilada y de las mujeres de la directiva hambrientas de hombres. Tenía a su disposición profesores más jóvenes donde, para su trabajo, aceptó con todo el dolor de su alma.
Alrededor de los cuarenta años, pensando ¿qué época les había tocado vivir? A los estudiantes la época actual les parecía normal.
En la iglesia él conoció a una directora de otro colegio que le aceptó para dar clases a sus alumnos por la tarde, que cualquiera le hubiera aceptado para obtener su diploma de secundaria.
Eran las personas de su generación las que se adaptaron a la época actual, desde que estaban en el jardín de infancia -con el soborno y la humillación, era común para ellos- pareciendo totalmente normal el hacerlo. Creían que debería ser siempre así, que también lo era en todas partes, no concebían una sociedad sin corrupción y sin compromiso, y como tenían ejemplos de sus hermanos que estas prácticas eran lo habitual, que habían logrado demasiado en su vida, seguían su ejemplo.
-Señor Predicado, es complicado, si también queremos ir a rezar como tú a los monasterios, tardaríamos demasiado, le comentó a sus colegas y profesores.
-Venid si queréis -dijo Benedicto, pensando que las mujeres eran fieles a ello. Accediendo a reunirse con ellas los fines de semana en la estación de autobuses interurbanos de la urbanización.
-Tenemos que salir por la mañana, para tener tiempo de orar, más tarde hay aglomeración en los autobuses -explicó el hombre.
Subió en el vehículo lleno de pasajeros, hacía mucho calor y no era cómodo. “Pero vale la pena el sacrificio”. Benedicto estaba acostumbrado a esto, las mujeres no.
Cuando por fin llegaron, todos estaban emocionados.
El monasterio era un hermoso edificio, recientemente restaurado y estaba muy bien decorado.
-Qué bien que esté aquí -Dijo Miti, la Señora directora -es un placer admirar este lugar. Descansemos un poco ahora Señor Benedicto, me gustaría ver el lugar de oración, excavado en la roca en el condado de Brasov, oí que era santo, milagroso.
-Realmente es un lugar especial -dijo Predicado- usted puede orar en silencio en ese lugar, si el espíritu le conduce a ello, desde la antigüedad, la gente ha utilizado el lugar para dicho propósito y se nota que usted esta allí con su fe. Es algo único en el mundo.
El grupo entró en la iglesia, para adorar y rezar y cuando todos terminaron se dirigieron al lugar de alojamiento, que estaba dispuesto especialmente para los visitantes y consistían en unas celdas, junto a las de los monjes del monasterio.
En su cocina se cocinaban las frutas y verduras que crecían en el jardín, junto al edificio de la iglesia.
Las mujeres quedaron encantadas con el menú natural proporcionado por los anfitriones, sobre todo porque era algo nuevo para ellas. Pero llegó la noche y todos se dirigieron hacia las habitaciones superiores donde iban a pasar la noche.
Benedicto estaba cansado y a punto de colocarse en su cama cuando oyó goles en la puerta y algunas risas en voz baja. Abrió su puerta y con estupor vio que eran sus compañeras, las maestras.
Este viaje fue su última peregrinación.
“Uff” -se quejó Benedicto con dolor en su corazón- perdóname Señor, te ruego cuando estoy solo. La espiritualidad y la piedad se quedaron en el interior de los monasterios, pero la mayoría de las personas que los visitaban eran meros turistas, incluso cuando iban a rezar no lo hacían con respeto y con fe. Algunos representantes de la iglesia se habían convertido en acompañantes, teniendo como un simple negocio turístico la peregrinación. Los lugares de culto estaban estrechamente vigilados por las empresas de seguridad y si un hombre con fe en el alma quería rezar en un momento determinado, no le estaba permitido entrar.
La oración es un momento de reverencia, piedad y no puedo vivirla cuando alguien mira mis ojos y me observa con codicia los guardaespaldas que me siguen, con miles de cámaras fotográficas alrededor, pero realmente no ofrecen ninguna seguridad, al contrario, ni los falsos creyentes que pretenden ser piadosos, con pensamientos pecaminosos, pero esto es la realidad y hay que tomarlo y evitar caer en la tentación.
!Perdóname! No voy a entrar en peregrinación al monasterio, pero no voy a parar, voy a inclinarme ante ti.