REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto -Derechos civiles y preferencias sexuales en la ciudad de San Francisco: el activismo político de Milk


Alonso Ruiz Belmont

Las luchas ciudadanas a favor del respeto a la tolerancia y la diversidad en todas sus formas, alcanzaron una proyección mediática inusitada en todo el mundo con el estallido de la pandemia del SIDA, a principios de los años ochenta. Las medidas de prevención para evitar el contagio de una enfermedad de transmisión sexual, mortal hasta hace unos catorce años, generaron de modo forzado transformaciones culturales graduales en muchos países. Tarde o temprano, dichos cambios generaron un intenso debate en torno al respeto a grupos sociales históricamente marginados y al fortalecimiento de los valores seculares en algunas sociedades tradicionalmente conservadoras como la mexicana.

En los últimos treinta años, el disenso y la pluralidad se han constituido como valores fundamentales en la lucha democrática contra toda forma de opresión. Es en este sentido en el cual pueden entenderse los movimientos en defensa de los derechos civiles que la comunidad gay ha organizado a lo largo del mundo los últimos cincuenta años para luchar en contra de la discriminación y los crímenes de odio. Este tema es explorado en la cinta Milk (2008), de Gus Van Sant. Dicho filme narra la historia de Harvey Bernard Milk, un activista estadunidense que en 1977 se convirtió en el primer hombre abiertamente homosexual en ser elegido para un cargo público en su país, como miembro de la Junta de Supervisores de la Alcaldía de San Francisco.

Milk nació el 22 de mayo de 1930 en Nueva York, en el seno de una familia judía. Contrariamente a lo que podría pensarse, la juventud de Milk transcurrió ordenadamente dentro de los cánones culturales de la sociedad conservadora estadunidense. Luego de servir en la Marina durante la guerra de Corea, éste trabajó varios años como profesional del sector financiero de Wall Street ocultando a su familia y compañeros de trabajo sus preferencias sexuales y su vida privada como lo había hecho a lo largo de su vida. Sin embargo, el contacto con la contracultura estudiantil de mediados de los años sesenta cambió abruptamente sus referentes ideológicos sobre la libertad individual y la política.

En 1972, Milk se mudó a la ciudad de San Francisco y se convirtió en un entusiasta militante político entre la comunidad gay de las calles Castro y Market. Durante la posguerra, numerosos hombres que habían sido expulsados del ejército debido a sus preferencias homosexuales comenzaron a establecerse en la zona de la bahía y desafiaron el ostracismo social imperante. Hacia fines de los años sesenta San Francisco tenía la comunidad gay más grande en todas las ciudades de la unión americana. El rostro de aquella populosa urbe había sido muy distinto apenas una década antes. Por aquel entonces, la ciudad de San Francisco estaba dividida en enclaves étnicos diversos; la zona del valle Eureka estaba poblada en su mayor parte por familias obreras de ascendencia irlandesa. Este vecindario católico y conservador empezó a transformarse cuando los viejos corredores industriales comenzaron a ser absorbidos por las grandes empresas de prestación de servicios.

Con el surgimiento de la contracultura hippie y el movimiento pacifista, muchos jóvenes de la zona de Haight Ashbury comenzaron a adquirir propiedades baratas en el valle. En dicha zona, la intersección de las calles Castro y Market se pobló de estudiantes universitarios que protestaban contra la guerra de Vietnam, al tiempo que abrían sus puertas bares y pequeños negocios administrados en su mayor parte por la comunidad gay. Esta última era blanco constante de agresiones diversas, hostigamiento policiaco y numerosos actos de discriminación. Algunas agrupaciones civiles comenzaron entonces un complejo proceso de activismo político en contra de la discriminación hacia la población homosexual. En 1973, Harvey Milk buscó el apoyo de Jim Foster, un influyente político demócrata, para postularse al cargo de supervisor, un puesto administrativo en la alcaldía de la ciudad. Foster, quien también era gay, se negó a otorgárselo.

Por aquel entonces, una reforma institucional cambió el sistema electoral de la ciudad y los distritos adquirieron una mayor influencia en la administración del Ayuntamiento. Esto benefició a minorías étnicas que tradicionalmente habían sido marginadas de la vida política en San Francisco. Milk también llamó a la apertura de negocios entre la comunidad homosexual y consiguió el apoyo estratégico de los camioneros del Sindicato de Vendedores de Cerveza. Los bares gays apoyarían las huelgas del Sindicato contra los distribuidores boicoteando la venta de cerveza y exigiendo reformas laborales. A cambio, los camioneros contratarían más conductores homosexuales. El boicot en los bares de la calle Castro fue un rotundo éxito. Dos grupos disímbolos habían forjado una poderosa alianza política. Milk comenzó a destacar entonces como un político pragmático, inteligente y carismático. Su credibilidad como un líder capaz de aglutinar los intereses de la comunidad homosexual al tiempo que lograba la atención del resto de los votantes, se hizo patente cuando demostró un genuino interés por inyectar mayores recursos al sistema educativo infantil, incrementar la dotación de servicios públicos de bajo costo para las familias de clase obrera, lograr mejoras sustanciales en el servicio de recolección de basura y ampliar las redes de transporte público gratuito. Su estilo desenfadado y bromista le daba más votos cada vez que trataba de postularse nuevamente para un cargo en la Alcaldía. Milk también rompió con el establishment político de la ciudad al formar el San Francisco Gay Democratic Club.

En el año de 1977 las batallas decisivas comenzaron, en el Condado de Miami-Dade en Florida, una mujer católica llamada Anita Bryant consiguió movilizar miles de votantes ultraconservadores a través de una campaña política para lograr aprobar una iniciativa legal que permitiría excluir a profesores homosexuales del sistema educativo en esa localidad. Bryant y alrededor de 64 000 de sus seguidores impulsaron una activa campaña de odio en contra de la comunidad gay, a la cual describían como un montón de pedófilos degenerados. Pese al activismo entusiasta de las organizaciones homosexuales en todo el país, la iniciativa de Bryant triunfó de modo aplastante en el Condado de Dade y posteriormente en algunas zonas de Minnesota, Kansas y Oregón.

El movimiento anti gay se fortaleció cuando el senador por California, John Briggs propuso una iniciativa de ley que prohibiría a gays y lesbianas enseñar en todas las escuelas públicas de aquel estado, al tiempo que los culpaba de haber convertido a la ciudad de San Francisco en lo que llamó un “montón de basura sexual”. Un cuarto de millón de personas marcharon poco después en aquella ciudad, reivindicando sus preferencias sexuales. La iniciativa de Briggs perdió en el Congreso Estatal por más de un millón de votos y fue duramente criticada por el gobernador de California, Jerry Brown, el presidente Jimmy Carter, y hasta el republicano Ronald Reagan.

En 1977 George Moscone se convirtió en el nuevo alcalde de San Francisco y Harvey Milk ganó finalmente las elecciones para el puesto de Supervisor en la Alcaldía. Los grupos políticos de inspiración progresista habían comenzado a posicionarse un par de años antes en la jefatura de la policía y en la Fiscalía de Distrito. La afinidad entre Moscone y Milk fue evidente desde el principio y a lo largo de 11 meses se comprometieron con el bienestar de todos los ciudadanos sin distinción de razas, orientación religiosa, ideológica o sexual. La política de la ciudad comenzaba a renovarse con la presencia de afroamericanos, inmigrantes chinos y madres solteras. Sin embargo, Milk recibía cada vez más amenazas de muerte y una noche decidió grabar en la cocina de su casa una cinta con su testamento político. Luego de mencionar una lista de personas que contaban con su aprobación para sucederlo en el cargo si él era asesinado, pronunció la siguiente frase: “Si una bala atraviesa mi cerebro, dejen que esa bala destruya las puertas de todos los armarios”, en alusión a la conocida frase “salir del closet”.

Meses después de haber llegado a la alcaldía, Milk se ganó la animadversión de otro miembro de la Junta de Supervisores llamado Dan White, quien nunca perdonó a Milk el haber votado en contra de una iniciativa suya en una sesión de la Junta. White era un católico blanco y conservador de ascendencia irlandesa con fuertes creencias religiosas y una virulenta homofobia que ocultaba hábilmente. Los salarios de todos en la Alcaldía eran muy bajos; por esta razón el 10 de noviembre de 1978 White dimitió a su cargo como supervisor, pero pidió su reinserción días después. Ésta fue rechazada por Moscone. El 27 de noviembre White ingresó al Ayuntamiento sin pasar por el detector de armas, subió a la oficina del alcalde y tras discutir acaloradamente unos segundos a puerta cerrada con él, le disparó tres veces en la cabeza con un revolver. White se dirigió a su antigua oficina y recargó el arma, interceptó a Milk en un pasillo y con engaños lo condujo al interior de otro despacho. Luego de cerrar la puerta, White acribilló a Milk y huyó. Segundos después, la presidenta de la Junta de Supervisores, Diane Feinstein, encontró el cuerpo sin vida de Milk en un charco de sangre con dos heridas de bala en la cabeza. La policía llegó minutos después y Feinstein, aún temblorosa salió a las puertas de la alcaldía para dar la noticia en una improvisada conferencia de prensa. Dan White se entregó horas después. Al día siguiente, las banderas ondearon a media asta en toda la ciudad, el presidente Carter expresó su consternación por los hechos al igual que el portavoz de la Asamblea de California, Leo McCarthy. Diane Feinstein nombró a Harry Britt, colaborador de Milk, como su reemplazo en el Ayuntamiento. Aquella noche, se dice que hasta 40 000 personas marcharon silenciosamente en las calles Castro y Market para mostrar su indignación.

Tras un polémico y cuestionado juicio dos años después, White fue hallado culpable de doble homicidio sin premeditación y el 21 de mayo de 1979 fue sentenciado a una irrisoria condena de siete años, que se redujo finalmente a cinco. La decisión del jurado fue duramente cuestionada y provocó esa misma noche una violenta ola de disturbios en San Francisco, a las afueras del Ayuntamiento. Se estima que en aquellas violentas protestas participaron, al menos 3000 personas, los daños materiales superaron el millón de dólares. Sin embargo, la lucha de Milk dejó una huella imborrable en la consciencia de aquella ciudad y abrió definitivamente las puertas para que hombres y mujeres entrasen de lleno en la vida política estadunidense para reivindicar sus derechos civiles sin tener que ocultar sus preferencias sexuales.

El estilo narrativo y visual con el cual Gus Van Sant, un gay militante, maneja este filme es más sencillo del que puede observarse en la mayor parte de sus trabajos anteriores. Si bien la historia nunca pierde su tono épico, es claro que Van Sant pretende dirigirse al espectador promedio y cruzar las barreras culturales y de género para transmitir un poderoso mensaje de valor y esperanza.

La historia de Milk y de la ciudad de San Francisco nos dice al menos dos cosas importantes. La primera y más obvia es que la intolerancia, en todas sus formas, mata. El ideario liberal ilustrado reclamó la máxima libertad individual compatible con la libertad de los demás, así como la igualdad ciudadana. La herencia iluminista otorgó un sustento ideológico y filosófico al respeto de la autonomía individual, la libertad de pensamiento ante el poder del estado y las Iglesias. Una larga batalla cultural que en ningún periodo de la historia moderna ha podido triunfar de manera definitiva. No debe olvidarse que durante la segunda guerra mundial, los nazis enviaban a los campos de exterminio a judíos, gitanos, disidentes políticos y homosexuales, por igual. La segunda idea tiene que ver con el futuro de la sociedad en su conjunto. Toda forma de discriminación e intolerancia contra cualquier persona, por el sólo hecho de ser diferente, coloca a la sociedad en la antesala de la barbarie. En términos cualitativos, e incluso políticos, la homofobia no es menos siniestra, menos destructiva, ni difiere en absoluto del racismo, el antisemitismo, la violencia de género o los feminicidios; entendidos todos como un ultraje a la dignidad humana. La capacidad de ejercer el disenso en cualquier sociedad democrática, conlleva también el derecho de los individuos a elegir cualquier estilo de vida, aun si nosotros mismos no llegamos a simpatizar con aquél, en la medida en que no se vulneren la libertad de los demás ni los principios de la igualdad ciudadana. En este sentido, nuestro país tiene aún un largo trecho por andar. Pero la defensa del estado laico y el avance de los valores seculares, particularmente entre la población más joven, suponen un activo valioso para la consolidación de una democracia verdaderamente plural y moderna.

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Milk, Estados Unidos, 2008. Dirección: Gus Van Sant. Producción: Focus Features, Axon Films, Groundswell Productions. Guión: Dustin Lance Black. Elenco: Sean Penn, Josh Brolin, Emile Hirsh.