REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

De nuestra portada

El urgente fortalecimiento del mercado de trabajo


Juan José Huerta

Por supuesto que los mexicanos estamos “de mal humor”, pero no sin razones ni porque no veamos la situación real. Al contrario, es la triste realidad prevaleciente la que nos tiene en este estado de pesadumbre. Un punto clave, entre varios, es constatar que la mayoría de los jóvenes de este país, nuestros hijos, nuestros nietos, no tienen oportunidades de un empleo con un salario digno, buenas condiciones de trabajo y con seguridad social y prestaciones adecuadas del sector formal, garantías y oportunidades que todos los mexicanos en edad productiva deberían tener. A ese objetivo deberían ser dedicados todos los esfuerzos, en un papel mucho más activo del gobierno en el fortalecimiento del mercado de trabajo, con planes económicos, como en otros países ya se llevan a cabo, centrados en la creación de empleos, especialmente para los jóvenes, en una economía nacional que sea más productiva e incorpore en todas sus actividades más, mucho más, valor agregado nacional. Ésa es la reforma laboral real de interés para la sociedad y para la mejor convivencia nacional.
Urgente, pues las cifras de mexicanos en pobreza y en pobreza extrema son alarmantes; no compaginan para nada con el discurso oficial optimista; ¿Cómo es posible que una economía y una clase trabajadora soporten una tasa de informalidad en los empleos que es en promedio nacional 57.4 por ciento, pero que en algunas entidades –las más pobres del país– se eleva hasta 70 u 80 por ciento? Hay que hacer algo muy urgente y sustancial, pues las acciones que el presidente Peña Nieto anuncia en estos días, con el objetivo de bajar la informalidad en un punto anualmente, tardarían 57 años en formalizar a la fuerza de trabajo.
En el mismo contexto, el subempleo es otro fenómeno omnipresente: millones de “trabajadores” cuyas labores son repartir volantes de publicidad, ver cómo se estacionan los coches en los aparcamientos de centros comerciales o en las calles; vigilantes de seguridad; en síntesis, millones de personas subocupadas en el muy inflado sector de los servicios.
Y ante todos los indicadores y las señales del ambiente social respecto a los altísimos desempleo, subempleo e informalidad que afectan a los mexicanos, me parece que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) tendría que revisar con urgencia los métodos y procedimientos con que realiza su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, pues los últimos datos publicados de ésta, indican que la tasa de desocupación bajó 0.5 por ciento en abril 2016 respecto al mismo mes del año anterior, al pasar de 4.4 a 3.9 por ciento de la Población Económicamente Activa. ¡3.9%, “la cifra más baja desde 2008”!. ¡Increíble!, sobre todo, cuando el propio INEGI informa al mismo tiempo de malos resultados en las Tasas de Ocupación en el Sector Informal y de Condiciones Críticas de Ocupación.
El sector primario es el sustento económico de México, dice el secretario de Hacienda Luis Videgaray; y también afirma que lo es el mercado interno, pero en ninguno de los dos casos se ve que la política económica del gobierno esté a ello orientada. ¿Por qué cuando la humanidad tiene a su alcance todos los elementos técnicos y productivos para asegurar a cada nación con las características de México, un país generoso en tierras y recursos naturales, su autosuficiencia alimentaria y energética, los mexicanos nos vemos obligados a importar del exterior 20 millones de toneladas de granos alimenticios y millones de metros cúbicos de petróleo y sus refinados, más de la mitad de las gasolinas que se consumen, gastando afuera miles y miles de millones de pesos, y dejando de generar internamente, donde nos hacen tanta falta, millones de empleos?
Para absorber a miles de campesinos en trabajos productivos, ¿no sería una política prioritaria, por ejemplo, recomponer los objetivos de la producción agropecuaria para que México logre la estratégica autosuficiencia alimentaria y la igualdad económica entre los productores del campo?, a diferencia del modelo actual que favorece al sector exportador de frutas y verduras, en detrimento de los productores de granos básicos, de carne o productos lácteos.
Igual, en el país petrolero que es México desde hace muchos años, el descuido con que se ha operado en tiempos recientes el Sistema Nacional de Refinación ha hecho que, según cifras de 2015, se tenga que importar el 54 por ciento de las gasolinas que se consumen. ¿Cuántos empleos bien pagados serían creados si México, con empresas mexicanas, produjera lo suficiente de gasolinas de buena calidad (y de otros petrolíferos como diésel, cuyas técnicas ya tenemos dominadas) para abastecer el 100 por ciento del mercado nacional? Tomando en cuenta, además, que la información al respecto de la Secretaría de Energía indica que en los próximos quinquenios habrá un fuerte crecimiento en la demanda de esos productos. Claro, la Sener difunde ahora estos datos para que vengan empresas de fuera a aprovechar esas oportunidades.
Lo anterior se complementa con lo que destaca Gerardo Fernández Casanova: “Pemex anunció que invertirá 23 mil millones de dólares en refinerías. Tal anuncio se hizo desde el pasado diciembre. Ahora, un tal señor Newman, que cobra como director de finanzas de la ex paraestatal, completó la información en el sentido de que la inversión se hará en asociación con empresas privadas que aportarán el 80% del monto requerido. Se construirán, según se dijo, tres refinerías y las que están en operación actual serán reconfiguradas, cuyos añejos fierros, chatarra pues, cubrirán el 20% restante. La noticia pasa y nos la tragamos sin hacer gestos, algunos hasta la aplauden. Se trata, amables lectores, nada menos que de la venta a los particulares de la empresa más importante del país; así de simple. Finalmente, luego de más de treinta años de buscarlo, los tecnócratas lograron su objetivo, a partir de ahora Pemex deja de ser un patrimonio del pueblo de México. NOS LO ROBARON. (Urgen patriotas… What?).
Como bien señaló Alicia Bárcena, presidenta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en la ceremonia inaugural en Los Pinos del 36 periodo de sesiones de la Cepal: “el actual estilo de desarrollo se ha hecho insostenible… se requiere un cambio estructural progresivo y políticas específicas para fortalecer las capacidades del Estado mediante acuerdos y coaliciones entre éste, el mercado y la sociedad. La única cifra aceptable de pobreza es cero’’, señaló.
Ah, pero en la misma reunión de la Cepal en esta capital, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, respondiendo de esta forma al señalamiento en el estudio del organismo (“Horizontes 2030: la igualdad en el centro del desarrollo sostenible”), insiste en que los países de América Latina (y México, claro) necesitan más competencia para impulsar el crecimiento económico y reducir la desigualdad social”.
“Más competencia, libre comercio”. La ratificación del Tratado de Asociación Transpacífico por nuestro país será seguramente aprobada por el Legislativo en septiembre, lo cual me parece acertado dadas las potenciales oportunidades que se abren, aunque haciendo ver los riesgos que involucra y la necesidad de ciertas precauciones para que el balance sea positivo a México, especialmente frente a los tigres asiáticos. Efectivamente, creo también que no tenemos alternativas diferentes a la globalización; en materia económica hemos llegado a ser uno de los países más abiertos del mundo y estamos articulados estrechamente en ello a Estados Unidos, incluso físicamente, con una frontera de más de 3000 kilómetros. Así es que difícilmente podemos echar atrás la globalización.
Sin embargo, esto no quiere decir que le entremos a todo sin ninguna defensa; al contrario, tenemos que ser muy previsores para que sean aceptados los mejores instrumentos al respecto. Incluso en Estados Unidos hay muchas voces que se quejan de la globalización por la pérdida de empleos en la manufactura e incluso piden que se denuncie el TLCAN. (¡En Alemania también se quejan de la competencia que les traería el Acuerdo del Atlántico con Estados Unidos!). Ya que estamos tan indisolublemente ligados a Estados Unidos, ¿por qué no hacer lo que ellos mismos ya visualizan?: la candidata demócrata Hillary Clinton ofrece un plan económico para su país “enfocado en los empleos (New York Times, Amy Chozick, 5/marzo/16).
Así es que hay que insistir mucho en la incorporación de valor agregado nacional, en no ser exportadores de recursos naturales o materias primas, ni incluso, como ahora tontamente presume y promueve el gobierno, en exportar muchos productos agropecuarios, pues el campo de México y sus productos deben dedicarse muy particularmente a asegurar la autosuficiencia alimentaria para los mexicanos, asunto en el que ahora andamos tan mal.
Y, como señala con datos duros el investigador Arnulfo R. Gómez: “Es decir, en el periodo 2001/2014 en que ha estado en vigor la mayor parte de los tratados de libre comercio que se han firmado con 48 países, en que se ha llevado a cabo esa incoherente desgravación unilateral y en que se han firmado 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones, los retrocesos de México en todos sus órdenes han sido terribles pues hemos caído en nivel de competitividad, como economía mundial, como país exportador, como generador de valor agregado, como destino de la inversión extranjera directa, en nivel de vida y, dentro de esta terrible tragedia, especial referencia merece nuestro desarrollo exportador que ha sido nulo pues el número de empresas exportadoras también ha disminuido.
Como he mencionado, incluso en el sector empresarial se levantan más fuerte las voces para mejorar las expectativas económicas, sobre la base de los esfuerzos nacionales y el mercado interno y no la recurrencia al capital externo ni las exportaciones. Sugieren correlativamente al gobierno un control adecuado de su gasto programable ejercido, que en los últimos tres años rebasó lo aprobado por el Congreso. También, constituir un efectivo sistema nacional contra la corrupción. Y en tercer lugar, apuntalar un entorno favorable para la inversión, la creación de empleo, la productividad, incrementar los ingresos, así como el consumo (Alejandro Alegría, La Jornada, 25/abril/16).
Y el reforzamiento del mercado interno es urgente también para contrarrestar las presiones externas que tienden a devaluar el peso mexicano, como la fuga de capitales al exterior: tan sólo de mexicanos, en el primer trimestre de 2016 se enviaron al extranjero 10 mil 924 millones de dólares, una cantidad superior en 131 por ciento a la enviada en el mismo periodo de 2015, cuatro mil 724 millones de dólares, según informe de esta semana del Banco de México. Agréguese el grave problema de la deuda interna y externa que se genera cuando se tiene dilapidación de gastos y escasa recaudación de impuestos al favorecer a los grandes consorcios y causantes “amigos”.
No es mal genio de los mexicanos el que se está manifestando; el descontento de la gente se está acumulando en una masa crítica de movimientos sociales para nada conformes con la situación presente, lo que en cualquier momento puede explotar. El tener trabajo y equidad social es indudablemente una causa principal de felicidad y armonía social, y de que se nos vayan los “malos humores”. La prosperidad y el fin del mal humor está en incorporar a los mexicanos al trabajo digno.