REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 07 | 2019
   

Confabulario

Despedida, demora, despecho y adiós


José Luis Velarde

La despedida del harem
El patriarca recibió diecisiete mujeres para renovar su harem. Durante muchos días contempló en silencio la belleza procedente de Nubia, Turquía, Transilvania y Madagascar. Lucía triste cuando dijo: En mi vida he recibido muchas mujeres hermosas y alguna que otra lunática. He sido afortunado, pero hoy agonizo con la vejez recrudecida y el ánimo deshecho por desaprovechar tanta juventud disponible.

Al amanecer
Uno los ve regresar de madrugada a sus domicilios y ni siquiera imagina el número de personas que trabajan de noche. Lo que resulta innegable es la urgencia con la que se mueven algunos integrantes de esa pálida multitud. Para ellos es imposible retrasarse. Morirían de no llegar a los ataúdes que aguardan distantes del sol.

Hechizo azaroso
Los amantes fueron de brindis en brindis y de caricia en caricia hasta agotar las frases coherentes y tres o cuatro botellas de vino.
La somnolencia pareció aniquilarlos, pero no dejaron de beber mientras las bocas enrevesadas pronunciaban diálogos imposibles de traducir. Durante horas dijeron palabras más parecidas a un idioma extranjero o a un hechizo tan antiguo como la misma humanidad, pero a ellos no les importaba entenderse, aunque las frecuentes carcajadas parecían afirmar lo contrario.
El azar permitió a la mujer proferir un encantamiento poderoso y doble efecto justo cuando el amanecer iluminaba la habitación de los amantes.
El hombre no supo que se trataba de un hechizo destinado a sanar y devolver a la normalidad a la persona capaz de pronunciarlo; ella nunca se enteró de que las palabras recién dichas mandaban al infierno a cualquier otro que se encontrara a menos de un metro de distancia.
Cuando ella se descubrió sola apenas pudo suponer que el hombre se había ido por culpa de alguna frase hiriente escapada sin desearlo.
Desde entonces la mujer bebe con frecuencia y no para de hablar, aunque nadie le entienda. Jura, a cualquiera que se le ponga enfrente, que mientras le alcancen las fuerzas seguirá emborrachándose, pues sabe que no es capaz de explicarse el abandono del único hombre que juró amarla para siempre.

La despedida
El líder mesiánico anunció a los seguidores: Treinta años en el poder me rejuvenecieron gracias al apoyo entregado por todos los ciudadanos que no dejan ni dejarán de celebrar mis actos patrióticos. Lo agradezco con toda mi alma, pero el exceso de juventud me ha provocado tanta vejez que debo fallecer de inmediato.