REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 10 | 2019
   

De nuestra portada

Carta a Alicia Zendejas


María Helena Noval

Poco hablé contigo este último año, estabas delicada de salud y para no ser inoportuna opté por comunicarme con Basi, tu fiel asistente o con tu nieta Ana Livia, la dulce jovencita que se convirtió después de la muerte de tu hija Flor hace casi 15 años, en tu niña del alma, en la luz de tu vida. A mis llamadas ambas solían responderme con la misma reseña: “está dormida, está cansada, está débil”. No sé por qué no insistí más en verte: la noche de este abril que te visité en el hospital cuarnavaquense estabas inconsciente y esa madrugada partiste, dejándonos un cúmulo de asombro porque tu fortaleza de espíritu habitual se apagó finalmente a los 87 años. ¡Y vaya que hablamos de fortaleza!: tu vida se vio siempre empañada por historias desacomodadas, por esas grandes enfermedades familiares de las que uno nunca sabe cómo salir. La reciente muerte de tu hijo Raúl, fue -estoy segura- la cuenta más amarga del rosario de males que te tocó vivir.
Te bautizaron como Alicia de la Peña, luego adoptaste por tu enlace con el crítico Francisco Zendejas su apellido; y por su labor en el diario Excélsior, en el que publicó por 35 años sus comentarios en la columna titulada Multilibros, (misma que no se ha recogido en forma de volúmenes impresos por una desgracia de ésas que suceden en el mundo de la cultura), te casaste también con esa a veces ingente labor: la de escribir semanalmente sobre literatura, la de leer sin parar, a veces atragantándote las palabras por no saber vivir de otro modo.
Ustedes, los Zendejas también organizaron para la galería del diario un montón de exposiciones de pintura, porque no les fueron ajenas las demás manifestaciones artísticas. No obstante, su mundo cordial era el de las letras, los libros y los escritores y por lo mismo convinieron en apoyarlo y enriquecerlo creando dos galardones para el gremio: el Premio Xavier Villaurrutia y el Premio Internacional Alfonso Reyes. El primero en 1955, el segundo, junto con la Sociedad Alfonsina en 1972. Gracias a ti, a Jaime Labastida y a Alicia Reyes, el premio dedicado al escritor regiomontano se ha entregado cada año en su tierra natal.
No está por demás recordar que dichos premios son hoy en día los máximos trofeos que se pueden obtener cuando la vocación se decide por la creación literaria, pero como bien se pregunta René Avilés Fabila, en un artículo dedicado a la Familia Zendejas y la literatura (http://www.raulperezlopezportillo.com/?p=6506) ¿quién se acuerda en este México desmemoriado de lo que sucede más atrás de dos o tres generaciones? ¿Quién agradece y reconoce la labor de aquél que trabaja en pro de la cultura desde sus cimientos, sin que tenga que echar mano de subterfugios políticos o relaciones públicas ostentosas? Avilés Fabila menciona asimismo en su artículo a la Maestra Adelina Zendejas, tu cuñada, quien escribiera sobre la niñez mexicana y fuera gran promotora de los libros de texto bajo la dirección de Martín Luis Guzmán, en los momentos en que Jaime Torres Bodet dirigía la Secretaría de Educación Pública.

Lo que queda de tu incansable labor, querida Alicia, además de la admiración de tantas personas que te conocimos, es tu biblioteca, los libros dedicados por tus amigos los grandes escritores mexicanos y un archivo que incluye los textos que escribiste con motivo de la entrega de los citados premios, además de tus artículos publicados en Excélsior a la muerte de tu marido y las cápsulas transmitidas semana a semana por Opus 94, la estación de música clásica en la que colaboraste junto con otros escritores que son al mismo tiempo promotores culturales. En este sentido, no dejo de recordar cuánto me insististe en que grabara un cassette (de esos que ya no existen) para que en la estación conocieran mis opiniones sobre las artes plásticas en México. Querías que yo, historiadora del arte enamorada de la obra pictórica de Manuel González Serrano, quien fuera amigo tuyo entre 1940 y 1960, también colaborara allí, cosa que no hice y de la que me arrepiento con dolor porque tal labor semanal nos habría acercado aún más.
Por fortuna contamos con el registro audiofónico de tu profunda y pausada voz hablando de libros y escritores. Basta acceder al portal de la estación de radio por internet y allí te tenemos, tan emocionada como siempre que abordabas -bordabas- con palabras el oficio de escritor.
Educada, cercana, cariñosa y siempre sabia, reuniste dos cualidades no excluyentes entre sí, aunque muy difíciles de formar de manera equilibrada en un crítico literario: supiste medir las fuerzas de lo sentimental frente a la acumulación de datos.
Me despido de ti, querida amiga, agradeciéndote también el haberme recomendado como colaboradora de El Búho de Excélsior hace 20 años, el suplemento cultural que antecedió a esta prestigiada y amada revista. ¿Servirán acaso estas palabras lanzadas como botella al mar, para que estés donde estés, sepas cuánto nos duele tu partida? Ω

helenanoval@yahoo.com.mx