REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

¿Y de qué vivían esos maestros?‬‬
Lo malo de los políticos de ahora es que ni saben lo que es la eubolia, ni menos aún la practican. Porque se les da tan fácil eso de hablar por hablar, que apenas si hacen bien en “comunicarse” por twitter, aunque tampoco sepan lo que significa (ver más adelante).
Se supone que quien ocupa el cargo de Secretario o Ministro (al fin y al cabo es lo mismo) de Educación Pública, debiera ser por lo menos educado, no en la gazmoñería ésa de comportarse con propiedad en la casa, la oficina, en sociedad, pues, o sea seguir las normas de urbanidad dictadas por Carreño (no el del Fondo de Cultura Económica, ni el de las caricaturas punzantes, Jorge, o Luis que heredó su talento), sino en la preparación académica que implicaría saber de Humanidades, de Ciencias, de Artes, lo básico para saber lo que se dice y a quien se lo dice.
Pero la verdad es que los Secretarios de Educación Pública (de Vasconcelos a la fecha), no se han distinguido por ser gente pensante, consecuente, preparada para la discusión inteligente, lógica, razonable. A lo mejor se salvan de la generalización Narciso Bassols Batalla y Agustín Téllez Cruces, pero del autoritarismo, soberbia y empecinamiento de José Vasconcelos, puede hablar el autor de estas líneas, tras haber leído la novela Los Cuadernos de Ariadna, que publicó el heterónimo Héctor Anaya. De los demás, lo único que se conoce es que fueron buenos burócratas, algunos muy represivos y otros simplemente “dejaban hacer”. Pero de aquellos con olor a intelectualidad, como Jaime Torres Bodet -que repitió en el cargo- y Agustín Yáñez, que hubiera podido escribir La burocracia pródiga o Al filo del mutismo, pues prefirió callar ante la matanza de Tlatelolco que renunciar, no hay mucho que decir. Fueron igual de mediocres y sumisos que los otros simples pescadores de chambas.
A José Ángel Ceniceros, le tocó embestir al magisterio disidente, encabezado por Otón Salazar, quien fue a parar con sus huesos en la cárcel. Estuvo al frente de la SEP, durante el gobierno de otro mexiquense, también con fama de guapo, Adolfo López Mateos, quien ordenó acabar con el MRM (Movimiento Revolucionario del Magisterio), porque los maestros ya no quisieron proseguir con el mito del apostolado creado por Vasconcelos, y decidieron dejar de ser evangelistas, abandonar la vida de ángel ('encuerado y sin comer'), para pedir el aumento salarial que consideraban merecer.
El frívolo presidente López Mateos, que gustaba de los viajes, de las viejas y de las carreras de autos, ordenó frenar a estos sindicalistas, opuestos a los dirigentes oficialistas –como hoy ocurre, más de 50 años después–. O a lo mejor no fue él, sino el perverso «Ángel de la muerte» mexicano, el oaxaqueño Díaz Ordaz, que fue el presidente en funciones durante el sexenio de ALM y quien llevó vida paralela con el otro siniestro «Ángel de la muerte» nazi, Joseph Mengele, pues ambos nacieron el mismo año de 1911, el mismo mes de marzo y tal vez hasta el mismo día, y murieron en 1979, a los 68 años, cifra que no era del agrado de Díaz Ordaz. De todo esto se enteró Por Supuesto, al leer la novela de Héctor Anaya, Los Cuadernos de Ariadna, porque en ella se encuentran revelaciones de la verdad de la historia (no la verdad histórica, que no existe).
Bueno, pues ahora resulta que el bravucón señor Aurelio Nuño, por mal nombre El Pentavocálico, luego de amenazar a los maestros con quitarles el sueldo y la plaza, si faltaban tres días seguidos (¿qué el paro no es un derecho de los trabajadores?), en respuesta al planteamiento de los profesores: ¿y quién nos va a suplir?, aseguró que dispone de 26 mil profesores para sustituir a los que castigue y mande al desempleo, nomás porque no se someten a sus condiciones. ¿Para qué dialogar, si todo se resuelve mejor a punta de madrazos?
¿De veras son maestros los que van a suplir a los castigados? ¿Qué hacían? ¿En qué se desempeñaban? ¿Eran desempleados o cobraban sin trabajar? ¿Cómo es que está disponible tanta gente? ¿No estará habilitando a gente sin preparación?
Porque ya lo hizo el gobierno cuando desapareció a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro: habilitó campesinos sin conocimientos técnicos, como electricistas y por eso hubo tantos lesionados y hasta muertos, que desconocían cómo manejar cables de alta tensión.
¿Y a quién va a poner a educar a los niños? Él, que tanto asegura que los niños son la primera prioridad, ¿va a entregar a gente sin experiencia la formación cultural de los niños? ¿Y esos alumnos van a recibir de sus “maestros” la primera lección de que se vale ser esquirol y de que “la dignidad es cosa del pasado”?

Robo legalizado y “constitucionalizado”
Primero fueron los legisladores, allá por 2008, que advirtieron de los malvados mexicanos egoístas y odiosos, pinches autores, que por llenar de oro sus alforjas, le impedían a los discapacitados, especialmente invidentes, enterarse gratis de sus obras literarias transcritas a Braille o convertidas en audiolibros. Y entonces decidieron imponer en la Ley Federal del Derecho de Autor, arrebatarles su patrimonio que son las regalías por sus obras creativas, sacrificándolos por un bien superior: no había que pedirles permiso para que las asociaciones civiles o de beneficencia se apoderaran de sus libros y los convirtieran en audiolibros o impresos en Braille.
Así quedó ese robo en despoblado, hasta que en este año el editor de un libro que fue despojado del que había contratado con un autor, solicitó el amparo de la Suprema Corte de Justicia, ante lo que consideró un acto anticonstitucional, pues alguna buena alma quería hacer la caridad con los bueyes del compadre.
Pero los señores ministros, que tampoco se distinguen por leer otra cosa que no sean los incestuosos libros de juristas que repiten los conceptos que ya otros emitieron, pues si supieran leer sabrían escribir menos mal de como lo hacen, encontraron que era justo y necesario que los egoístas escritores dejaran de defender mezquinamente su patrimonio y lo cedieran, por la buena o por la mala, para que otros hicieran el bien sin mirar a quién. Y por tanto, ya está legalizado y, lo que es peor, “constitucionalizado” el robo a los autores.
Los señores ministros, que se supone saben de Derecho, parece que no se enteraron que la Ley de Derechos de Autor no nada más sanciona el “lucro directo”, sino también el indirecto, por lo que no basta con que un productor de obras, al usar el patrimonio intelectual de un creador, no cobre por la obra que regala a discapacitados o a sus clientes o incluso a menesterosos, porque la Ley también prevé que no se usen los derechos ajenos para prestigiarse. Así que si una asociación civil o una “junta benéfica”, como el Teletón o la Fundación Bimbo, o Carso o Mundet o la Beneficencia Española o la Junta de Piadosos de la Bolsa, no cobran por el audiolibro que hagan con los poemas, las novelas, las obras de teatro, de algún escritor que no ha concedido el permiso correspondiente, no están libres de sanciones, ya que el lucro indirecto que los prestigia por sus obras caritativas, también está prohibido.
Además, ¿de veras no habrá lucro directo? ¿El que fabrica los audiolibros no va a cobrar? ¿Quien imprime los libros en braille, lo va a hacer gratis? ¿Y los presuntos benefactores no van a deducir de sus impuestos lo que paguen por los libros o los audiolibros?
¿Quieren hacer el bien los señores ministros? ¿Por qué no regalan sus libros de leyes imperfectas a quienes estudian Derecho y no están en condiciones de pagar por esos volúmenes? Es más: no cobren por los amparos que gestionan. O cedan a las sociedades autorales una parte de sus cuantiosos ingresos (los empleados mejor pagados del régimen) Y los dueños de las Juntas de Beneficencia, regalen los productos y servicios que comercializan.
¿Pero por qué hacer caridad con sombrero ajeno? ¿El Estado les hace servicios gratis a los autores? ¿No les cobra y bastante por registrar sus obras?
Si les quitan sus regalías, ¿de qué van a vivir? ¿Tendrán que declararse discapacitados para que los particulares o las instituciones públicas les ayuden? ¿Qué nadie se da cuenta de que los autores son personas vulnerables? ¿Quién los jubila, les da apoyos económicos o siquiera seguro médico, o de otro tipo? Y aparte de ellos, ¿a alguien más le van a obligar los legisladores o los ministros a ceder su patrimonio, sus patentes, su propiedad intelectual?

Esos que “pajarean”
Algunos se sienten modernos, amantes correspondidos de la tecnología, post-modernos incluso o proto-postmodernos, porque en primer lugar se sometieron a la cárcel de los 140 caracteres que les impusieron los creadores del twitter y luego encontraron divertido ir inventado formas abreviadas de escribir, para no usar tantos caracteres y muy “creativamente” supusieron que podrían usar “k” para decir “que” y así ahorrarse dos caracteres, pero el colmo de la genialidad fue abreviar TQM, para decir Te quiero mucho, en tres caracteres y no en trece.
Luego fueron inventando otros idiolectos, para convertirse en verdaderos idio-lectores e idio-escritores, que cumplían al pie de la letra lo que los fundadores del Twitter habían planeado: que “pajarearan”, que dijeran puras tonterías. Y es que desde el principio, Jack Dorsey supo que twitter estaba inspirado en el tui-tui de los pájaros, que en español sería el pío-pío o el trinar de los pájaros, o el gorjear, que para los oídos humanos no significa nada, por lo que twitter nació con el nombre políticamente incorrecto de significar “decir –o escribir, más bien– tonterías”. Era peyorativo el nombre, pero confiaron en que nadie se percataría del término ofensivo, porque los usuarios del dispositivo no se pondrían a averiguar. Y si los que tienen al inglés como idioma materno, no lo iban a investigar, menos aún los súbditos de la metrópoli.
Para Dorsey estaba claro el propósito perseguido: «Con pocos caracteres las personas son más espontáneas. La idea es minimizar los pensamientos», es decir: contribuir a la disgenesia, la reducción de genes, la verdadera degeneración intelectual, porque se trata del deterioro de los genes. Y ésa era la idea: tener pensamientos mínimos.
Ya Albert Camus lo había advertido en La Peste, hace unos 70 años: «por el bien superior nos obligan a sacrificar el propio» y además, en aras de la seguridad, «se nos va a exigir no hacer manifestaciones de amor» y «comunicar estrictamente lo necesario», lo inmediato, lo que no hace pensar, pero no le hicimos caso y por eso hoy hay que decirlo todo en pocas palabras, lo mismo a través del twitter, del facebook o del WhatsApp (Que podría traducirse libremente: ¡Quihubo!, ¡Qué tal!, ¡Cómo te va! ¡Qué milanesas que no te había bisteces!, porque en realidad es un “Saludo con mensaje”, pero qué flojera traducirlo, mejor que se arruine el español).

La contaminación gramatical
Alimento de los medios, fuente nutricia de algunas ONG, escándalo para los políticos, argumento de ecologistas, demanda de la salubridad pública, bandera de la oposición, la contaminación ambiental es tema recurrente, lugar común para lavar conciencias e incluso dineros de origen nebuloso o simplemente derivado de injustificadas deducciones fiscales.
Sí, la contaminación es terrible: afecta la salud, irrita los ojos, provoca impotencia o disfunción eréctil, impide la circulación vehicular y hasta de ideas, obstaculiza las carreras políticas, contribuye a la extinción de la flora y de la fauna. Prueba de ello es que los niños de la ciudad ya no encuentran catarinas en los parques o los jardines, ni hay palomitas de San Juan en junio, que las cochinillas ya no se distinguen, que los pandas se están extinguiendo, que los gatos y los perros domesticados ya no podrían sobrevivir sin los cuidados humanos, que las tortugas están desapareciendo, que ya quedan pocos faisanes, en fin que el Apocalipsis se les ha anticipado a algunas especies.
La contaminación ambiental, sobre todo la atmosférica, es terrible.
Pero, ¿y la gramatical?
¿Por qué el deterioro del idioma no preocupa a los políticos, a las ONG, a las redes sociales, a la oposición, a las comisiones de derechos humanos y de protección a los animales, e incluso a quienes viven del lenguaje: escritores, periodistas, profesores de literatura, académicos de la lengua? Muchos de ellos replican que los idiomas se defienden solos, que no hay porqué procurarles atención especial. Lo mismo se podría decir de los animales: que forman parte de un ciclo biológico y que muchas especies están destinadas a desaparecer, incluso la humana.
Pero hay una diferencia, que la agudeza de un gran sabio de nuestro tiempo, ha sabido definir en una sentenciosa frase, aunque no la cita el escribidor textualmente: 'Si desaparece una especie de la flora y de la fauna, perdemos el pasado; pero si se acaba una lengua, perdemos el futuro'.
Ojalá de esa manera entiendan porqué se debe proteger nuestro idioma, el español.

No hay matrimonio homosexual
No es que el redactor de estas líneas se oponga a que las personas de preferencia homosexual se casen con gente de su propio sexo, legalicen su unión y adquieran los derechos que tienen todos los cónyuges, esposos, parejas. No, no: cada quien su vida.
Lo que Por Supuesto trata de especificar, es que el término “matrimonio” no está bien aplicado a este tipo de uniones, porque de acuerdo con etimologías verdaderas y no las fantasiosas, matrimonio deriva de mater, madre y monius, calidad de. Incluso Corominas, el etimólogo por antonomasia, señala que procede de matrix, matriz, órgano femenino de la reproducción humana, lo que subrayaría la imposibilidad de que a esa unión se la llame matrimonio, pues no resultará en la ocupación de la matriz, aunque en el caso de las mujeres podría ser por inseminación artificial.
Hay quien ha pretendido justificar la aplicación del término, al alegar que el matri proviene de materia y que el monio deriva de “uno” o de “solo”, lo que daría origen a un absurdo significado: “solo materia”. Pero no, no es por allí.
En vez de matrimonio podría usarse Boda, que implica el intercambio de votos: de lealtad, de compañía, de solidaridad, aunque resulte difícil explicar cómo pasó del latín Vota, plural de votum, voto, promesa, a Boda, pero así son las trasliteraciones. Misterios de la Filología, que nadie se atreve a explicar.