REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

La evangelización en América fue anterior a la colonización española


Dalia Maria Teresa De León Adams

Cuando Fray Servando Teresa De Mier en vísperas de la celebración de la Virgen de Guadalupe, intentaba escribir un discurso para ofrecerlo en la misa que celebraría de acuerdo a la ocasión, como se le había asignado que hiciese durante el sermón en el que debía ofrecer respeto a la virgen morena, casualmente conoció a un indígena, quien llevaba un manto, con una pintura elaborada con gran maestría.
El fraile preguntó al humilde feligrés de dónde había obtenido dicha joya artística, la cual traía cubriéndole, cuando este humilde hombre le dio como respuesta que era un manto que los indígenas en la Antigua Tenochtitlán habían elaborado.
El manto según explicó, se hizo con un tratamiento tanto en la preparación del telar, como en la grandiosa obra pictórica, con un año de aproximación y que fue elaborado en la época prehispánica.
El manto contenía una imagen religiosa que parecía pertenecer en maestría y tema religioso, a la época hispánica.
El indígena continuó argumentando que en el frasismo de su lengua indígena, es decir el náhuatl, era la madre del Señor de las espinas.
El manto contenía el color verde que para los aztecas simbolizaba a la realeza azteca.
Ante tales respuestas intrigado el religioso comenzó a investigar sobre el hallazgo y, descubrió con asombro que la evangelización en tierras americanas había sido anterior a la conquista. Había descubierto que ya en el siglo I de esta era Cristiana, había llegado a nuestra tierra un hombre blanco al cual llamaron Quezatcóatl. En náhualt Quetzalli significa hermoso y, cóatl es serpiente.
Qetzalcóatl es conocido en nuestra historia prehispánica como “La Serpiente Emplumada”, es decir, uno de los Dioses de Mesoamérica. A los treinta años fue nombrado gran sacerdote y monarca de Tollan y, según reza el mito indígena, un día tendió su manto sobre el mar de la costa del Golfo y desapareció, prometiendo algún día su retorno.
Al parecer fue un apóstol que pretendiendo llevar la palabra de Jesús Cristo, llegó a tierras que siglos después serían bautizadas como americanas a la llegada de los peninsulares, al igual que lo hicieron muchos cristianos en el mundo antiguo, ante el afán de llevar la palabra de Dios a todos los confines.
Fray Servando Teresa De Mier quiso demostrarlo sosteniendo entre otros argumentos que Quetzalcóatl aparece en diversos códices llevando un manto en el cual se pueden observar claramente, varias cruces cristianas.
Llegado el momento, Fray Servando ofreció su sermón en el Santuario del Tepeyac el día 12 de diciembre del año de 1794. Hecho que le costó el ser enclaustrado y posteriormente perseguido durante muchos años, tras de impedírsele ejercer como religioso y ser excomulgado por la iglesia católica.
La investigación del fraile había consistido en demostrar, con base en los estudios realizados por un doctor llamado Bartoloche, cuyos datos había obtenido mediante la transcripción de jeroglíficos y frasismos del idioma náhuatl, que Santo Tomás, a quienes los indígenas llamaron Santo Tomé en siriaco, que se traducía como Chilancambal en chinesca y, Quetzalcóatl en mexica.
Además argumentaba que Tzenteotinanzin era el nombre que se le dio a la Virgen la cual estaba consagrada a Dios en el servicio del Templo y, quien por obra del cielo, concibió y parió sin lesión de su virginidad al Señor de la corona de espinas, conocido como Teohuitzahuac, quien tenía tanto naturaleza humana como divina, al que pintaron desnudo con una cruz en la mano formada con cinco globos y a quien denominaran también “Mexi”.
Dicha palabra al pronunciarse tanto en mexica como en hebreo (scin), significa “ungido” o “Cristo”. De tal modo que México significara en realidad “Donde es adorado Cristo”.
En base a estos elementos, entre otros, fue que Fray Servando Teresa De Mier indagó que la pintura que el indígena portaba, pertenecía al año “acatl” (1519), fecha que Qutzalcóatl había indicado para su regreso.
Por otro lado retomar los escritos de Torquemada, quien asegurara qué: -“aún estando Cortés en la nave, los enviados del emperador Moctezuma lo revistieron de ropas episcopales, las cual habían conservado en Chololan”- (“para celebrar la llegada de Quetzalcóatl al parecer”).
Y también se puede comprender el porqué tan pronto como se enteró el emperador Nezahualpilintli de Texcoco de la llegada de los hombres blancos, fue personalmente a darle el pésame al emperador Moctezuma, por el fin de su imperio, tras lo cual desapareció sin dejar ningún sucesor entre sus hijos, como correspondía de acuerdo a la ley de los acolhuas.
Dichos testimonios han sido refutados por algunos historiadores, como es el caso del escritor español Luis Villoro Toranzo quien opinó que tales argumentos solamente se debían al interés de algunos, por igualar la valía entre el indígena y el español, quitándole las glorias de la conquista a este último.
Sin embargo el mismo Villoro tiempo más tarde escribiría en su libro Los grandes momentos del indigenismo en México en la página 64, retomando los escritos de Fray Bernardino de Sahagún:
-“Sahagún mismo parece a ratos perplejo ante los sorprendentes e inesperadas afinidades de la religión indígena con algunos aspectos de la cristiana. Pero lejos de modificar su interpretación previa, calla y apenas si de pasada apunta ciertas explicaciones del extraño hecho.”-