REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Para la memoria histórica - Encarte

Antología poética sobre el Quijote


Salvador Díaz Mirón

Museo Iconográfico del Quijote

Hace 400 años murieron, curiosamente, dos de los mayores exponentes de la literatura universal: Shakespeare y Cervantes.
Del autor de la celéberrima novela, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, han sido escritas no miles sino millones y millones de páginas. Pese a ello, la obra sigue manteniendo secretos y enigmas que nos sorprenden y desconciertan. Entre los propios literatos existen inquietudes y muchos de ellos, sin duda los más notables, vuelven cada tanto a la lectura de la formidable novela. Sin embargo, no parece que le demos mucha importancia a los versos que los poetas le han dedicado a la obra y al autor, tan fundidos en una sola imagen pintada por artistas de talla universal. Por ello, en este número, dentro de considerable número, hemos hecho una breve selección de poemas dedicados a Cervantes y su celebérrimo personaje.
No cabe duda, la penetración de Cervantes en la humanidad es intensa. No hay cultura por donde el viejo caballero, su escudero y su jamelgo, no hayan pasado y embestido molinos de viento

El Búho

SELECCIÓN DE POEMAS:


EL INGENIOSO HIDALGO
Salvador Díaz Mirón
. (México).

      Después de leer el bello libro de
      Francisco Navarro Ledesma

El manco en un rincón gime y ayuna,
y, digno de pisar bicorne Luna,
encórvase a escribir en hambre y duelo
Y su historia proclama duro al cielo.
e incapaz de rubor a la Fortuna.

Pero doy con fantasma
que me deslumbra y pasma.

¡En rocín que presumo que no piensa,
un loco se apercibe a la defensa,
y triste la figura se renombra,
y oblicuo el rayo la proyecta en
sombra
vindicativa, inacabable, inmensa!

Y su historia proclama duro al cielo,
e incapaz de rubor a la Fortuna.
Pero doy fantasma
que me deslumbra y pasma.

En rocín, que presumo que no piensa,
un loco se apercibe a la defensa.
Y triste la figura se renombra,
y oblicuo el rayo la proyecta en sombra
vindicativa, inacabable, inmensa.

¡Oh hundido sol! tus lumbres
quedan fijas en cumbres.

¡A cimas eminentes que recamas,
descubro tintes a través de ramas
de vívido laurel; gualdas y rojos
penétranme sorbidos por los ojos,
y al numen llevan su matiz de llamas!

Quien por justicia lucha
demanda encierro y ducha.
¡Ay del que a malandrines y follones
embiste con aceros o baldones,
y demuestra virtud y obra jactancia!
¡Un Quijote no inspira tolerancia
sino exclusivamente a los leones!

Y al insano saludo,
pues que soilo a menudo.

Así, calzado de coturno griego,
rebusco gloria conculcando fuego.

Si hermosura y prestigio alientan mi
alma,
se brindan a ocasión de riesgo y palma,
y exhiben el trasunto del Manchego.

Ahora el bardo habita
heredad como ermita.

Y el tránsito del tiempo me consume
entre mirra floral y tiorba insume.
Y en predio propio versifico y planto
que reputo divino el son del canto
y precioso el silencio del perfume.

No creáis que amortiguo
el ardimiento antiguo.

Siempre que prócer o tumulto amaga
resiento injuria en escozor de llaga:
tórnome paladín, y alzo en palestra
lírico gesto como armada diestra,
rútilo grito como fiera daga.

Y luego, como en nube,
reveo a un querube...

El lloro en la pestaña se le risa:
gotuela pudibunda e indecisa,
trémula y sin rodar, última y sola;
y un estremecimiento de corola
trunca en su labio la postrer sonrisa.

¡Válida y noble musa,
no ya sigas reclusa!

Linfa desborde y en raudal se vierta.
No por suburbio de escondida huerta,
y muy abajo en el profundo pozo,
agua que del azul refleja un trozo
pudra su vidrio de mirada muerta.

¡Onda, sal a llanura
y brilla émula y pura!

¡Levanta campeón ¡Ve peregrino
y próvido a los lances del camino;
mas no barruntes, por febril y entero,
gigantes en los odres del ventero,
colosos en las aspas del molino!

Grieta como de tumba
silba, y el aura zumba...

¡Apártate, neblí, que un cóndor vuela!
Punta de mofa pasa mi rodela;
y no dirá que de soberbia chusco
parangono Himalaya con pedrusco
y comparto con Sirio lentejuela.


EN UN LUGAR DE LA MANCHA
Miguel de Unamuno
(España)

En un lugar de la Mancha
perdiste, Castilla, el seso;
te lo sorbió el Sol desnudo
que te quería con celos

Te dio visiones sin nubes
de aguas (1) de hondón de la sierra
buriladas en espejo
dormidas soñando cielo.

Viste moler al molino
tu pan, las aspas al viento,
y que brazos de gigante
las costillas te molieron.

Arrebozados en lodo
viste tus enjutos pechos,
trillados por las pezuñas
cochambrosas de los cerdos.

En jaula del Santo Oficio,
embrujada y entre rezos,
viste tus campos ceñudos
al andar de bueyes lentos.

Por los caminos tus hijos,
dura ley la ley de hierro,
sus corazones llagados
ya no te reconocieron.

Te viste burla de grandes
y de chicos majaderos.
Sólo te cantaban gozos
por los montes los cabreros.

Volaste al cielo vendada
en alas de Clavileño;
eran tu cielo los páramos,
cuna del divino ensueño.

Y en Barcelona mediste
con tu corazón el suelo;
la mar susurraba endechas
de otro nuevo romancero.


UN SONETO A CERVANTES
Rubén Darío
(Nicaragua)
A Ricardo Calvo

Horas de pesadumbre y de tristeza
paso en mi soledad. Pero Cervantes
es buen amigo. Endulza mis instantes
ásperos, y reposa mi cabeza

El es la vida y la naturaleza,
regala un yelmo de oros y diamantes
a mis sueños errantes.
Es para mí: suspira, ríe y reza.

Cristiano y amoroso caballero
parla como un arroyo cristalino.
¡Así le admiro y quiero,

viendo cómo el destino
hace que regocije al mundo entero
la tristeza inmortal de ser divino!
en el fondo del pecho, las pasiones;
del cerebro en el fondo, las ideas.
Por boca de Platón habla Dios mismo,
porque Platón es sabio; y el Eterno
es foco de la gran sabiduría.

Paso al ingenio; con osada mano
una péñola tocas, que colgada
estuvo allí desde pasados siglos
Vuelve a sonar y conmover el mundo
la ruda carcajada de Cervantes.
Esta empresa, buen rey, ahora se sigue,
pues hay quien la acometa con denuedo.
Valga el ahínco, ayude la esperanza,
y el ingenio entre risa y entre llanto
el alma punce con espina de oro;
que ya lo hemos de ver al caballero
a la faz de este siglo diecinueve,
filósofo valiente, trastornado;
y el escudero fiel ha de enseñarse
como gran complemento al gran poema;
y el uno saque del obscuro seno
de la verdad, en la sonora burla
lágrimas convertidas en diamantes,
sollozos de la loca algarabía,
de la temeridad amarga pena;
y el otro en su estultez muestra la cara
llena de las arrugas de la risa,
y eche por esa boca áspera y ruda
sentencias cual montañas; su concepto
hiere con filos múltiples y duros;
porque tú sabes bien que ese bellaco
se ahoga en una brutal sabiduría;
sube por una alegre coyuntura
en torpeza sublime, y de repente
desplómase de lo alto, y alma y todo
caen al suelo, por el fuerte golpe
dominados, dolientes, confundidos.
Que es de ver el mutismo incomparable
de las ideas en variante augusta,
donde al par de los choques interiores
que conmueven de pronto las potencias,
el corazón se sale mal librado.
Batalla de sentidos, do en completa
transformación, ante el ideal grandioso
que hubo de conmover en vez alguna
la fuerza de una ánima inspirada
en la verdad, que firme se interroga
adónde lleva el mágico sendero
de la ilusión; la vaga fantasía
no soporta lo real con fuerza tanta;
y, tras lucha interior, se viene abajo
la idealidad con que la mente sueña
recrearse en delicias y portentos,
quedando de sus formas y perfiles
ruda frialdad que en lo real se filtra
gota a gota; y la musa de los suaves
contornos y las alas luminosas
al reflejo de incógnito idealismo,
desaparece de súbito y nos deja
frente a frente a la faz de Sancho Panza.
Con el ayuda de la amarga risa
también se baja a la ciudad doliente
del eterno dolor; también se miran
esas profundidades misteriosas
que, en su seno, moradas son internas
de espantosos pesares infinitos.
La llama que consume inacabable
arde allí, y el tormento allí se cierne;
águila negra de encendidas garras
que en todo corazón siempre las hinca.

El Genio Manco, admiración del mundo,
risueño Atlante con el pecho herido,
carga sobre sus hombros mole inmensa
que por mucho que es grande no le
agobia.
Al paso del coloso se estremece
toda una sucesión de muchedumbre;
de pasmo un siglo entero conmovido,
deja como una herencia sacrosanta
a todas las edades venideras
admiración para el crecido Genio.
Éste se para; el peso que conduce
pone sobre cimiento indestructible;
no para descansar, que la fatiga
no toca impertinente esa figura,
cuya fase se pierde entre fulgores,
afrenta del so1 mismo, por su lumbre
sino porque es preciso que ya ocupe
el lugar que le toca, y Dios le brinda,
junto a los escogidos inmortales.

Y la divina carga, ¿quién la toca?
Tiempos pasan y tiempos; mano osada
nunca llegó al tesoro venerando
si no fue atrevimiento para mengua.
Ahora tú: con brío; así, ¡adelante!;
ya tienes a la espalda el promontorio;
camina; bien, sin vacilar; seguro
está que no caerás; el fuego sobra:
es pecho americano ése que alienta;
la Gloria está esperando tu llegada
y Miguel de Cervantes es tu guía.
Ingenio: esculpe, labra, pinta, eleva.
En la región del arte, luz es todo;
gran artista, te sientes dominado
por esa claridad como encendida
por la mano de Dios. Oye, ya suena
ese vago, incesante clamoreo,
de una generación que se entusiasma
al ver la obra que brota de tu mente.
La emulación, llenando el pecho núbil,
da esperanza y deseo. Tu obra grande
es una voz que suena poderosa
dando aliento y vigor. Loor eterno
al hispano gigante celebrado
que creó la epopeya de la burla
mezclada con las lágrimas dolientes;
y gloria al de la América garrida
hijo osado, que el vuelo tiende ahora
hasta donde los astros resplandecen.
Mira, ya sobre ti flota la lumbre
y tú penetrarás su excelso arcano...
¿Cómo no has de acercarte hasta la
cumbre
si Cervantes te lleva de la mano?


LA MUJER MANCHEGA
Antonio Machado
. (España).

La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes,
Esquivias, Valdepeñas. La novia de Cervantes,
y del manchego heroico, el ama y la sobrina,
—el patio, la alacena, la cueva y la cocina,
la rueca y la costura, la cuna y la pitanza—,
la esposa de don Diego y la mujer de Panza,
la hija del ventero, y tantas como están
bajo la tierra, y tantas que son y que serán
encanto de manchegos y madre de españoles
por tierras de lagares, molinos y arreboles.

Es la mujer manchega garrida y bien plantada,
muy sobre sí doncella, perfecta de casada.

El sol de la caliente llanura vinariega
quemó su piel, más guarda frescura de bodega
su corazón. Devota, sabe rezar con fe
para que Dios nos libre de cuanto no se ve.
Su obra es la casa —menos celada que en Sevilla,
más gineceo y menos castillo que en Castilla—,
Y es del hogar manchego la musa ordenadora;
almea los vasares, los lienzos alcanfora;
las cuentas de la plaza anota en su diario,
cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.

¿Hay más? Por estos campos hubo un amor de
fuego.
Dos ojos abrasaron un corazón manchego.

¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea?
¿No es el Toboso patria de la mujer idea
del corazón, engendro e imán de corazones,
a quien varón no impregna y aún parirá varones?
Por esta Mancha —prados, viñedos y molinos—
que son el igual del cielo iguala sus caminos,
de cepas arrugadas en el tostado suelo
y mustios pastos como raído terciopelo;
por este seco llano de sol y lejanía,
en donde el ojo alcanza su pleno mediodía
—un diminuto bando de pájaros puntea
el índigo del cielo sobre la blanca aldea,
y allá se yergue un soto de verdes alamillos,
y tras leguas y más leguas de campos amarillos—,
por esta tierra, lejos del mar y la montaña,
el ancho reverbero del claro sol de España,
anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día
—amor nublóle el juicio; su corazón veía—,

Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano
eterna compañera y estrella de Quijano,
lozana labradora fincada en tus terrones
—¡oh madre de manchegos y numen de visiones!
viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera,
cuanto tu amante erguía su lanza justiciera,
y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.
Aquel amor de fuego era por ti y contigo.

Mujeres de la Mancha, con el sagrado mote
de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.



EL POETA PROMETEICO
León Felipe
. (España).

Tengo que repetir unas palabras que ya
he dicho otra vez. Importa repetir.
Porque hay que aprender nuevas
definiciones. Los antiguos preceptores
nos habrían engañado. Los viejos
preceptistas retóricos habían definido mal.

El genio poético prometeico es aquella
fuerza humana y esencial que, en los
momentos fervorosos de la historia,
pueden levantar al hombre rápidamente.

de lo doméstico a lo épico,
de lo contingente a lo esencial,
de lo euclidiano a los místicos,
de lo sórdido a lo limpiamente ético.

Tiene esta virtud en la hora de las
grandes revoluciones humanas. De
ordinario es una fuerza general, latente,
pero aun dormida va ganando a los
hombres y a los pueblos para las grandes
metáforas, para los grandes trasbordos de
la historia. Suele existir como un símbolo
y es comúnmente la conciencia de un
grupo de hombres personificada en un
héroe imaginario, nacional o universal.
El poeta no es aquél que juega
habilidosamente con las pequeñas
metáforas verbales, sino aquél a quien su
genio prometeico despierto lo lleva a
originar las grandes metáforas:

sociales,
humanas,
históricas,
siderales…

Don Quijote es un poeta de esta clase.
Es un poeta activo y de trasbordo. Y se
diferencia de todos los demás poetas
ordinarios del mundo en que quiere
escribir sus poemas no con la punta de la
pluma, sino con la punta de la lanza.
Allí donde esté la imaginación ha de
estar la voluntad en seguida:

con la espada,
con la carne,
con la vida,

con el sacrificio,
con el ridículo,
con la pantomima,
con el heroísmo,
con la muerte...

La metáfora poética desemboca entonces
en la gran metáfora social.
Cuando el hombre doméstico, egoísta y
tramposo, degrada al mundo y todo lo
rebaja; cuando las cosas no son lo que
deben ser, lo que pueden ser, el
mecanismo metafórico del poeta es el
primer signo revolucionario. Y antes
denuncia nuestras miserias el poeta que
el moralista.
La primera aventura de Don Quijote no
es ni la de Puerto Lápice ni la de los
molinos como quieren algunos. La
primera aventura surge cuando el poeta
se encuentra con la realidad sórdida del
mundo, después de salir de su casa,
llevando en la mano la Justicia. Cuando
llega a la venta. No es verdad que nada
épico sucediese allí. Allí comienza la
hazaña primera y única que se ha de
repetir a través de todo el peregrinaje del
poeta. Porque no hay más que una
hazaña en toda la crónica: el trastrueque,
el trasbordo de un mundo a otro mundo;
de un mundo ruin a un mundo noble.
Aparentemente no es más que una
hazaña poética, una metáfora. Pero es
una hazaña revolucionaria también,
porque ¿qué es una revolución más que
una metáfora social?

Don Quijote se encuentra en la venta
con un albergue sucio e incómodo, con
un hombre grosero y ladrón, con unas
prostitutas descaradas, con una comida
escasa y rancia y con el pito estridente de
un castrador de puercos. Y dice en
seguida: Pero esto no puede ser el
mundo; esto no es la realidad, esto es un
sueño malo, una pesadilla terrible… esto
es un encantamiento. Mis enemigos, los
malos encantadores que me persiguen,
me lo han cambiado todo. Entonces su
genio poético despierta, la realidad de su
imaginación tiene más fuerza y puede
más que la realidad transitoria de los
malos encantadores, y sus ojos y su
conciencia ven y organizan el mundo no
como es sino como debe ser. Se produce
entonces la gran metáfora poética que
anuncia ya la gran metáfora social.
Porque cuando Don Quijote toma al
ventero ladrón por un caballero cortés y
hospitalario a las prostitutas descaradas
por doncellas hermosísimas. La venta por
un albergue decoroso, el pan negro
por pan candeal y el silbo del capador por
una música acogedora, dice que en el
mundo no debe haber ni hombres
ladrones ni amor mercenario ni comida
escasa ni albergue oscuro ni música
horrible, y que nada de esto habría si no
fuese por los malos encantadores. Estos
encantadores se llaman de otra manera.
Don Quijote sabe muy bien cuál es su
nombre exacto, pero para denunciarlos
se vale también de una metáfora.

¿Queréis que el poeta prometeico hable
más alto y más claro? ¿Que se exprese
de una manera dialéctica? Pero el poeta
prometeico no es un orador de mitin. Y
no es urgente, no es necesario todavía
extenderle un carnet. Nadie debe decir:
este poeta es marxista, porque entonces
la Poesía perdería elevación. El poeta
prometeico está con vosotros ¿qué más
queréis? Vuestra pequeña revolución
económica y social de hoy cae, se
defiende y se prolonga bajo la curva
infinita de su vuelo.

LA MAYOR AVENTURA DE D. QUIJOTE
Dámaso Alonso
. (España).

A Eulalio y Rafaela

Sancho su burro y sueño. Noche helada
¿Es que hay música?
Mira Sancho y ¡oh asombro!: en el aire
mil ángeles
trenzan danzas frenéticas en un punto en
que rompe
el cielo su negrura en luces fulgurantes.

Impávido y dispuesto, don Quijote lo ha
visto.
Espolea al rocín en ardoroso avance
hacia esa luz-misterio ¡sin duda es la
aventura
mayor que nunca pudo la vida
presentarle!
Crece la luz. Ya llegan. En el suelo hay
un niño
desnudito, entre pajas. Toda la luz de él
nace.
Una mula y un buey lo templan con su
aliento.
Detrás está un anciano. Junto al niño, su
madre.
Todo el campo está quieto, callado, de
rodillas.
De los cielos desciende un aviso inefable.
¡Oh la hermosa aventura! Ya don Quijote
adora
al niño; Sancho intenta un lindo pie
besarle.

Cuatro animales dulces en su vaho lo
envuelven:
con la mula y el buey, el asno
y Rocinante...



LA ÚLTIMA NOCHE DEL AÑO DE DON QUIJOTE
Germán List Arzubide
. (México).

A Eulalio Ferrer, quijotesco Señor

Cabalga don Quijote por la llanura
escueta,
mientras la noche vierte sobre él su pesadumbre.
Recorta la distancia la violenta silueta
de un gigante, el molino que domina la
cumbre.

Es la última noche del año, y don
Quijote,
sabe que nuevas luchas le depara el
destino.
Pero él no se amilana, Rocinante va al
trote,
mientras bate sus aspas desafiante el
molino.

La vida ofrece un amplio camino hacia la
vida,
y el alma con un dulce ensueño se
recrea.
Al fin de la distancia espera Dulcinea
que el noble caballero a un dulce amor
convida.
y allá, por el camino avanza don Quijote,
presto a dar la batalla sin miedo y sin
borlote


SUEÑA ALONSO QUIJANO
Jorge Luis Borges
. (Argentina).

El hombre se despierta de un incierto
Sueno de alfanjes y de campo llano
Y se toca la barba con la mano
Y se pregunta si está herido o muerto.
¿No lo perseguirán los hechiceros
Que han jurado su mal bajo la luna?
Nada. Apenas el frío. Apenas una
Dolencia de sus años postrimeros.
El hidalgo fue un sueño de Cervantes
Y don Quijote un sueño del hidalgo.
El doble sueño los confunde y algo
Está pasando que pasó mucho antes.
Quijano duerme y sueña. Una batalla:
Los mares de Lepanto y la metralla.


LA DULCINEA
DE MARCEL DUCHAMP
Octavio Paz
. (México).

A Eulalio Ferrer

—Metafísica estáis. —Hago Striptease

Ardua pero plausible, la pintura
vuelve la tela blanca en ocre llano
del que brota, en el polvo castellano,
Aldonza, corporal arquitectura.

Transeúnte de París, es su figura
molino de ficciones, inhumano
rigor y geometría: Eros tirano
desnuda en cinco chorros su estatura.

Mujer en rotación que se disgrega
en surtidor de formas y reflejos:
mientras más se desviste, más se niega.

La mente es una cámara de espejos;
invisible en el cuadro, Dulcinea
perdura: fue mujer y ya es idea.


SONETOS CERVANTINOS
Alfredo Cardona Peña
. (Costa Rica).

Escritos para continuar la tradición literaria y
artística de mi ilustre amigo don Eulalio Ferrer

I A don Quijote
En este fin de año, de acuerdo a lo
previsto, el varón recordemos de quien se ha
hablado tanto
que parece el envío de un espíritu santo:
Don Alonso Quijano, por cuya lengua
existo.

Bajo el sol de La Mancha jamás se había
visto
cambiar oro por verbos y razón por
encanto:
por eso el caballero vertió gozo en
quebranto
y su mágica historia fue tocada por
Cristo.

Mirad lo que sucede cuando al alba
leemos
y sale Don Quijote —lucero militante—
de la aldea hacia el mundo donde todos
nos vemos:

rumor de siglos lleva, épico polvo, altura,
y en los labios del héroe, como un rocío
andante,
la lengua castellana su esplendor
inaugura.

II A Sancho Panza
Ahora Sancho Panza viene al retablo.
Insisto en decir que sin él habría para el
llanto.
Sus juicios ejercitan un sutil esperanto
y en cada pensamiento se nos pasa de
listo.

Si a sus ojos no existen Dulcinea y
Calixto, el pueblo está en su boca tal el mar en el
canto
y el refrán es la honda que guarda bajo
el manto:
Sabed en Sancho Panza me confieso y
asisto.

Una escena terrible con temor
evoquemos:
al ver que se moría quien fuera su
Almirante,
Sancho díjole a gritos: “¡Luchad, o perecemos!”

Pero ya su maestro no le oía: pavura
nos causa consignar que postróse delante
del Misterio, y temblando recibió la
Cordura.

SONETO DEL VENCIDO
Rubén Bonifaz Nuño
. (México).

A Eulalio Ferrer Rodríguez


Miserable acabó, murió desnudo.
Mas qué lujo vistió mientras vivía:
Para el sin ojos, puertas fue del día;
boca y orejas, para el sordo y mudo.

Quiso el amor y la victoria, y pudo
vencer y amar, en armas y armonía.
Y concilió vejez y valentía,
y con la espada ennobleció el escudo.

Hoy, opaco y desnudo, aquí reposa.
Pasión, batallas; todo queda en poco:
una cama de enfermo, un mal recuerdo.

Es, pero no es él mismo. Triste cosa.
Perdió el lujo de haber vivido loco,
en la miseria de morirse cuerdo.


CITA
Álvaro Mutis
. (Colombia).

Para Eulalio y Rafaela
Camino de Salamanca. El verano
establece sobre Castilla su luz abrasadora.
El autobús espera para arreglar una
avería en un pueblo cuyo nombre ya he
olvidado.

Me interno por callejas donde el tórrido
silencio deshace el tiempo en un atónito
polvo que cruza el aire con mansa
parsimonia.
El empedrado corredor de una fonda me
invita con su sombra a refugiarme en sus
arcadas. Entro. La sala está vacía, nadie
en el pequeño jardín cuya frescura se
esparce desde el tazón de piedra de la
fuente hasta la humilde penumbra de los
aposentos. Por un estrecho pasillo
desemboco en un corral ruinoso que me
devuelve al tiempo de las diligencias.
Entre la tierra del piso sobresale lo que
antes fuera el brocal de un pozo.

De repente, en medio del silencio, bajo
el resplandor intacto del verano, lo veo
velar sus armas, meditar abstraído y de
sus ojos tristes demorar la mirada en este
intruso que, sin medir sus pasos, ha
llegado hasta él desde esas Indias de las
que tiene una vaga noticia.

Por el camino he venido recordando,
recreando sus hechos mientras
cruzábamos las tierras labrantías.
Lo tuve tan presente, tan cercano, que
ahora que lo encuentro me parece que
se trata de una cita urdida con minuciosa
paciencia en tantos años de fervor sin
tregua por este Caballero de la Triste
Figura, por su lección que ha de durar lo
que duren los hombres, por su vigilia
poblada de improbables hazañas que son
nuestro pan de cada día.

No debo interrumpir su dolorido velar en
este pozo cegado por la mísera incuria de
los hombres. Me retiro. Recorro una vez
más las callejas de este pueblo castellano
y a nadie participo del encuentro.
En una hora estaremos en Alba de
Tormes.

¿Cómo hace España para albergar tanta
impaciente savia que sostiene el desolado
insistir de nuestra vida, tanta obstinada
sangre para amar y morir según enseña
el rendido amador de Dulcinea?

*Poemas tomados de Antología poética sobre el Quijote, Fundación Cervantina Eulalio Ferrer, A.C. México, D.F. 1989.