REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 10 | 2019
   

Confabulario

Salmos primarios


Roberto López Moreno

Hay un sonido haciendo el mundo
desde el verbo de cal que nos da forma,
se enreda hacia la patria de los pájaros,
verdad con alas
que nada y que se arrastra.
Hay un sonido en el mundo que nos crece.
Hay un sonido… el mundo…


Iguana
Mantarraya
Cenzontle
Salamandra
Hay un sonido que nos une desde el molusco y
la espuma.
Desde la arcilla del principio
hasta el líquido principio de la llama en el aire.
El eco nos asigna un olifante,
río ardiendo de girasoles.
Hay un sonido que danza, danza,
gira sobre su forma y huye, huye,
y aquí entre nosotros derramándose,
formándonos de nuevo.
Ah, la vieja canción de los ausentes,
de los que están de vuelta
sobre esta costra palpitante
que nos congrega y alza,
que nos devora firme
y nos vuelve a fundir en el sonido.
Hay un sonido en el mundo
que nos ata a la vida y nos devuelve.
Suena.


Irrumpe en nuestra piel.
Nos aniquila.
Nos rehace al son de la mañana.
El corazón golpea su música hacia afuera.
Hay un sonido de piedra
que nos relata la epidermis de los siglos.
Hay un sonido de sal izada.
Allí estamos,
sistro de lumbre somos.
Hay un sonido que es una corriente
y nosotros en él,
por él,
con él.
Hay un sonido que danza en nuestros ojos.


Hay un sonido iguana.
Hay un sonido iguana sobre la noche,
hay una piel que repta
sobre los cíngulos de la música.
Es sangre áspera,
rompiendo la monotonía de la yerba.
Suenan sus patas desde la memoria.
Es como una cuerda tensa
que viene y va
sobre la vía sin nombre de los infinitos.
Sube la esencia de la caña
por los tubos de su sueño,
la sustancia del día revienta entre las sombras.
Ya todo es rojo, árboles y latidos
y la piel de esta iguana
piedra arrastrándose verdemente.
En sus cuatro torres camina su distancia.
Y allí está el inicio,
frente a los golpes rotundos de la savia,
en la tierra que late en nuestros poros.


Rondan acales en sus venas.
Ah, el latido.


Hay un sonido mantarraya.
Hay un sonido mantarraya en celo,
golpea con su vientre
el zumo de las rutas movedizas
y nos habla con la vasta humedad
de su mirada.
Siente.
Crece.
Muerde la abundancia.
Cuerpo con las dimensiones de las cosas
repta también entre las ondas
en su firme sentido de su oficio.
El nado nos dibuja cuerpo adentro,
nos agarra.
¿Qué masa líquida contiene el canto
en sus entrañas?
La mantarraya lo sabe
y ejecuta su conocimiento cristalino,
lo estable en el cerebro del tiempo.
Ya todo es agua.
Ya todo es agua en esta hora.


Hay un sonido cenzontle.
Hay un sonido cenzontle en giro pleno,
cuatrocientos costados del que canta
coronando el corazón del aire.
Ahí puño de plumas.
Así, golpe de adentro.
Así.
En sí.
Herida clave en alto.
El aleteo habla del espacio,
en su azul está el mundo,
en su mundo está el tiempo,
carnal horario,
cifra del viento;
en el viento está el viento,
en su nudo sonoro de raíces.
Palabra aérea.
Aletazo de ayer, de luz, de siempre.


Hay un sonido salamandra.
Hay un sonido salamandra que arde.
Confabulación del fuego
para relatarnos.
Brasa hacia el oído,
como un batracio deshilado
en lumbre a toda prueba,
enhiesta contra el sol,
combate a sangre fría,
ahí,
donde el quehacer de la célula
levanta el resplandor de las arquitecturas.
Aliento que nos marca crepitando,
víscera de la llama,
rito,
en el centro estás tú irradiando en sonido.
Ah, el chisporroteo de tu movimiento.
Latido de la memoria.
Cuando los hombres hicieron el fuego
te estaban dando ritmo y promontorio.
Ah, la música de tu música
¡Quema!


Las caras de la verdad bailan en círculos,
espalda contra espalda.
Hay un sonido en el mundo
y un encantamiento de cascabeles
que cuelga de su cuello y sus tobillos.
Todo fue convocado hacia esta pira
de ecos que se retuercen
en las encordaduras del viento.
Atabales.
Ríos.
Girasoles.
Lermando de la tinta vital de la memoria.
Ah, la serpiente sobre mi cabeza.
Música.
El corazón golpea su música hacia afuera.
El vuelo se desata de la tierra del cielo
y el espejismo asciende su pupila de agua;
en el centro de todas las distancias
se juntan en la chispa
Iguana
Mantarraya
Cenzontle
Salamandra.


¡Cuánta verdad danzando!
Desciende una estrella verde.
Un felino devora una paloma.
El recuerdo es tiempo erguido.
Hay un sonido en el mundo.
Hay un sonido, el mundo.
Hay un sonido
multiplicándose en las ondas,
flechador del cielo.

* Este es el poema que escribí para la chiapaneca Gloria Contreras. El Taller Coreográfico de la UNAM lo bailó en la sala Miguel Covarrubias. La dirección de la maestra fue única. Al término del estreno el éxito fue arrollador.