REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

De nuestra portada

El Papa en México y en la literatura


José Miguel Naranjo Ramírez

El candidato de Dios
El pasado mes de febrero el Papa Francisco visitó por primera vez tierras mexicanas, será el tercer Pontífice en visitar a México, Juan Pablo II en 1979 fue el primer Papa en hacerlo. Sin duda alguna la visita fue un acontecimiento relevante, porque la figura del Papa representa poder político, económico, representa fe, esperanza, en general, el Papa es un personaje de influencia mundial del cual siempre hay mucho por saber, por lo tanto, es conveniente presentar cuatro obras literarias clásicas, que nos enseñarán momentos históricos del papado, y la primera es la obra de teatro titulada: El candidato de Dios.
La obra fue escrita por el gran dramaturgo Luis G. Basurto y publicada en 1986. El candidato de Dios, narra las últimas horas del breve pontificado de 33 días de Juan Pablo I. Antes de presentarles la obra, explicaré el contexto histórico en que se desarrolla. Juan XXIII fue Papa de 1958 a 1963, con Juan XXIII se llevó a cabo el Concilio Vaticano II de 1962-1965, en este Concilio se intentó Reformar a la Iglesia Católica Apostólica Romana. Juan XXIII no concluyó los trabajos porque murió en 1963, en ese mismo año fue electo Papa Pablo VI, quien murió en 1978 y el 26 de agosto del 78 el cónclave eligió como Papa a Albino Luciani, el cual pasaría a ser Juan Pablo I.
Albino Luciani utilizó Juan Pablo I como el nombre de su pontificado, porque fue muy cercano y admirador de los dos Papas que lo precedieron. El nuevo Pontífice una vez electo, estaba dispuesto a discutir y realizar reformas trascendentes en la Iglesia Católica, ejemplo de ellas eran la posibilidad del aborto, la vasectomía, además de iniciar juicios de corrupción y nexos con la mafia contra altos miembros del Vaticano, con estos temas en la agenda del Papa, 33 días después de asumir el pontificado lo encontraron muerto, y éste es el momento de abrir el telón y presentar parte esencial de la obra de teatro: El candidato de Dios.
La obra: El candidato de Dios, está compuesta de dos actos, el segundo acto está dividido en primera y segunda parte, los personajes centrales son: (En el orden de su aparición) El papa Juan Pablo I (Albino Luciani), La hermana Florencia, El Padre Valenti, Secretario del Papa, El Cardenal Marcel, Secretario de Estado, El Cardenal Benuti, El Cardenal Filipi, El Cardenal Lorry, Arzobispo de Chicago, El Obispo Kerensky, Presidente del Banco Vaticano, El Banquero, Representante del Presidente del Banco Ambrosiano.
La historia que desarrolla magistralmente Luis G. Basurto es fácil de comprender, por supuesto que como toda obra literaria algunos nombres son creados por el autor, pero de todos los personajes si investigamos detenidamente, podremos encontrar su nombre real y su papel en la obra, ejemplo es que la hermana del Papa en la obra es Florencia y en la vida real era Vincenza, el cómplice del asesinado en la obra es el Cardenal Marcel y puede que en la vida real haya sido John Magge, por ahora mejor dejemos a todos los personajes en la ficción y conozcamos un poco de la trama.
Valenti: ¿Sigue resuelto a reformar la Iglesia de Cristo haciéndola volver a sus fuentes evangélicas de pobreza, de amor, de justicia y libertad? Albino: Sí. Valenti: ¿Está decidido a arrojar a los mercaderes del templo? Albino: Sí. Valenti: ¿Está consciente de que dentro de estas paredes y fuera de ellas, hay muchos que lo califican hoy de revolucionario, y otros de loco, de iluso y hasta de farsante? Albino: Sí. Valenti: ¿Sabe que ese retorno al Evangelio puede dividir a la Iglesia? Albino: Ya está dividida. Trataré de purificarla, siguiendo las palabras de San Agustín: Unidad en lo esencial, pluralidad en lo accesorio, y amor en todo. Valenti: Conozco sus planes. Conozco sus decisiones, ¿Tendrá el valor de ejecutarlas? Albino: Mañana mismo. Por eso he citado hoy aquí a los Cardenales Filipi y Benuti, y a Lorry que estará llegando de Chicago. También al Obispo Kerensky.”
Este diálogo es fundamental en la trama, porque nos da una idea clara de la posición del Papa y los riesgos que iba a vivir con las reformas pretendidas. Quería reformar la Curia Romana, no le gustaban los protocolos tan exagerados, le gustaba que su hermana y sus más cercanos colaboradores le dijeran sólo Albino y no eminencia, majestad, etc. Pretendía vender bienes de la Iglesia que sólo representaban lujos para ayudar a los pobres del mundo, en la lectura completa de la obra: El candidato de Dios encontrará una rica variedad de temas que ayudarán a forjarse una imagen más clara de Juan Pablo I.
En el segundo acto de la obra, Luis G. Basurto desarrolla el inicio de las reformas del Papa Juan Pablo I con el juicio que le inició a: “El Cardenal Lorry, Arzobispo de Chicago, a El Obispo Kerensky, Presidente del Banco Vaticano, y al Presidente del Banco Ambrosiano”, de los presidentes de los bancos solicitaba el Papa la renuncia, cosa que no aceptaron, en el juicio con pruebas los representantes del Papa señalaron los desvíos de recursos, los nexos con la mafia, el desprestigio de la Iglesia por sus amoríos, etc. al final los acusados aparentemente aceptaron que renunciarían a sus cargos, horas después del juicio el Cardenal Marcel hacía la siguiente llamada dando una instrucción precisa:
¿Padre Meller? el Papa ha muerto. Vos diréis que lo encontrasteis sin vida, a las cinco y media. (Pausa) Sí, ya sé que estáis enfermo Afirmaréis más tarde, cuando os pregunten, que así sucedió, que me avisasteis, y que viéndoos indispuesto, os ordené recluiros en vuestra habitación. (Pausa) Os lo explicaré más tarde antes de visitaros en vuestra alcoba, no habléis con nadie. ¿Entendéis bien? ¡Con nadie! es por el bien de la Iglesia”.
La historia completa es cautivante, lo que resultaba un hecho es que Juan Pablo I estaba muerto y su papado vendría a ser remplazado en ese 1978, por un Papa Eslavo llamado Karol Wojtyla, acontecimiento que había sido presagiado en una estupenda obra literaria publicada en 1963.

Las sandalias del pescador
1978 fue un año histórico para el Papado, en ese año murieron dos Papas y como sucesor del trono de San Pedro resultó electo Karol Wojtyla, quien llevaría por nombre Juan Pablo II. Este carismático Pontífice se convirtió en el primer Papa polaco, sin dejar de mencionar que tuvieron que pasar 455 años para que el Cónclave eligiera a un Papa no italiano.
Quince años antes de la llegada de Juan Pablo II al trono, el escritor australiano Morris West, escribió la novela: Las sandalias del pescador, en la cual de manera brillante presagia la llegada de un Papa no italiano, joven, carismático, futuro viajero, de origen Eslavo, llamado Cirilo Lakota.
Morris Wets fue un fecundo escritor perteneciente a una familia católica, quien lo indujo desde niño a tomar los hábitos de sacerdote. La educación primaria y secundaria la recibió en el colegio de los hermanos de la doctrina cristiana, pero cuando estaba a punto de ordenarse sacerdote, abandonó la orden religiosa y se inscribió a la Universidad para estudiar arte y humanidades.
Siendo muy joven, Morris West fue obligado a participar en la Segunda Guerra Mundial, logró el grado de teniente y por su capacidad lo incorporaron al servicio de inteligencia, actividad que le serviría mucho para la redacción de sus futuras novelas, con el transcurso de los años el escritor australiano conoció desde adentro la vida del Vaticano, sus jerarquías, protocolos, hombres poderosos, información que será fundamental para escribir Las sandalias del pescador.
La novela fue un best-seller, si bien la parte sorprendente es el vaticinio de la llegada de un Papa Eslavo, la obra va mucho más allá del mencionado presagió, el lector podrá adentrarse al mundo del Vaticano de una manera clara y sencilla. Morris West inicia la obra anunciando la muerte del Papa, y, luego, luego, inicia el debate, la intriga, de quien iba a ser el sucesor: “Había también un polaco y dos alemanes, y un ucraniano al cual nadie conocía porque su nombre había permanecido oculto en el pecho del último Papa, proclamándose sólo algunos días antes de su muerte. En total eran ochenta y cinco hombres, el mayor de los cuales tenía noventa y dos años, y el menor, el ucraniano, cincuenta.
Dos personajes importantes en toda la historia son Valerio Rinaldi y Leone, ambos eran Cardenales y no tan sólo con su voto elegían al nuevo Papa, además, ellos tenían el poder de influir de manera decisiva en la mayoría de los Cardenales al momento de la elección. Estos dos personajes querían que el nuevo Papa fuera joven, para que hubiera un proyecto de continuidad, el análisis y discusión no era fácil porque la elección del Papa representa poder político y económico, una mala decisión podría afectar incluso la paz de mundo, el ejemplo es cuando discutían de qué nacionalidad debía ser el nuevo Pontífice.
“La nacionalidad era un problema vital. Era imposible elegir a un norteamericano sin que la Iglesia pareciese dividir aún más el Este y el Oeste. Un Papa negro podría parecer un símbolo espectacular de las nuevas naciones revolucionarias, así como un japonés podría ser un útil eslabón entre Asia y Europa. Pero los príncipes de la Iglesia eran hombres viejos y desconfiaban de los gestos espectaculares, así como desconfiaban de los legados de la Historia. Un Papa alemán podría enajenar las simpatías de aquellos que sufrieron en la Segunda Guerra Mundial. Un francés, haría recordar los tiempos de Aviñón y de las rebeliones tramontanas. En las actuales circunstancias, un Papa ibérico significaría una indiscreción diplomática.”
Otra de las preocupaciones centrales de los jerarcas eclesiásticos consistía en la enorme pérdida de creyentes que estaba sufriendo la Iglesia, por eso la decisión era importante, el nuevo Papa debía ser alguien que con el transcurso de su pontificado fuera amado, admirado, que su imagen representara ternura, compasión, que fuera un Papa del pueblo. Todas estas características eran difíciles de encontrar en los Cardenales elegibles, fue en este contexto donde la figura de Cirilo Lakota empezó a crecer, era el Cardenal más joven, había estado injustamente 17 años en prisión, siendo torturado por comunistas, al final mediante elección por aclamación, Cirilo Lakota se convirtió en Cirilo I.
A partir de la elección de Cirilo I, la novela desarrolla varias historias de intriga, de poder, de hechos admirables y nobles. En la obra Morris West hace que un capítulo sea para la historia general de la novela, y el siguiente es dedicado a las memorias personales de Cirilo I. En sus memorias Cirilo I una vez en el trono escribió: “Tengo una ventaja; por supuesto nadie sabe con certeza hacia dónde iré; ni siquiera lo sé yo. Soy el primer Eslavo que ha ocupado el trono de San Pedro, y el primer Pontífice extranjero desde hace cuatro siglos y medio. La Curia me observará con cautela. Los Cardenales pueden haberse sentido inspirados al elegirme, pero ya deben de estar preguntándose qué especie de tártaro han ungido, y en qué forma alteraré sus nombramientos y sus esferas de influencia.”
Toda la historia es apasionante, iniciarán grandes discusiones sobre temas relevantes para el interior de la Iglesia, y hacia el exterior el Papa Eslavo será clave para evitar el estallido de la Tercera Guerra Mundial, Cirilo I se convierte en el intermediario de paz entre Rusia y Estados Unidos, conforme va avanzando su pontificado está planeando convertirse en el primer gran Papa viajero de la historia. En la novela hay historias de amor, de divorcios, la llegada de un inmoral personaje como Primer Ministro italiano, en general, Las sandalias del pescador, es una novela atrapante, donde Morris West desnuda el enorme poder del Vaticano y su forma jerárquica de ejercerlo.
Días antes de su coronación, Cirilo Lakota en sus memorias apuntó: “Dentro de dos días seré coronado. No es cosa de importancia, probablemente, pero me perturba tanta ceremonia. El Maestro entró en Jerusalén cabalgando en un asno. Y a mí me llevarán sobre los hombros de algunos hombres, entre los abanicos de plumas de los emperadores romanos. Por todo el mundo hay hombres descalzos y con el estómago vacío. A mí me coronarán con oro, y millones de luces iluminarán mi triunfo. Me avergüenza que el sucesor del Carpintero reciba el trato de un rey. Me gustaría cambiar esto. –Potocki sonrió débilmente y sacudió la cabeza: No le permitirán hacerlo, Santidad. –Lo sé, dijo Cirilo.”

El Taller del Orfebre
Karol Wojtyla quien a partir del mes de octubre de 1978 se convirtió en el Papa Juan Pablo II, hasta el 2005 año de su muerte, de joven fue un amante del teatro y la poesía, según datos biográficos sobre Wojtyla, a los 19 años de edad debutó como actor de teatro, y con el transcurso del tiempo escribió varias obras de teatro entre las que destaca la titulada: El Taller Del Orfebre.
La obra El Taller Del Orfebre, fue publicada en el año 1960, el titulo va acompañado de el subtítulo: “Meditación sobre el sacramento del matrimonio, expresada a veces en forma de drama”. Desde el momento en que se lee el subtítulo, queda muy clara la temática que desarrollará la obra, por supuesto que Wojtyla en este libro nos enseña su talento como poeta y dramaturgo, pero al mismo tiempo aprovecha el contexto de la obra para enviar su mensaje católico sobre el Matrimonio y el Amor.
La obra está dividida en tres actos con la siguiente estructura: “Primer Acto: Los Signos, Segundo acto: El Esposo, Tercer Acto: Los Hijos.” Con esta estructura de tres temas, Wojtyla creó tres parejas donde al final todos los personajes estarán relacionados, Teresa y Andrés desarrollan el Primer Acto, Ana y Esteban el Segundo Acto, Mónica y Cristóbal el Tercer Acto. Existen más personajes y casi todos ellos son simbólicos, ejemplos son: Adán, el Esposo, las Vírgenes, sin embargo, el personaje clave en toda la trama es el viejo y sabio Orfebre, porque él será el viejo sabio que en su tienda les venderá a las parejas los anillos que los une, los enlaza, los hace una misma persona, y para tratar de ser más claro y concreto, desarrollaré brevemente la historia central de los tres Actos.
En el Primer Acto, Andrés le pide a Teresa sea la compañera de su vida, a ella le pareció muy profundo que no le haya dicho, si quería ser su mujer. Andrés prefirió utilizar el término compañera, Teresa contestó que sí. A partir de esta proposición, ambos personajes empiezan a contar la historia de su amor, Andrés narra que el amor que sentía por Teresa no fue algo rápido e incluso por bastante tiempo pretendió eliminarlo, bloquearlo, porque él andaba buscando su alter ego.
Andrés: En aquella época pensaba mucho en mi alter ego. Teresa era todo un mundo tan distante como cualquier otro hombre, como cualquier otra mujer. –Sin embargo, algo permitía pensar en tender un puente. Decidí, por tanto, buscar una mujer que fuera realmente mi alter ego, y que el puente tendido entre los dos no fuera frágil pasarela entre nenúfares y cañas. Quería considerar el amor como una pasión y como un sentimiento que prevalece sobre todo lo demás. –Creía en lo absoluto del sentimiento.”
Sí buscamos el amor en nuestro alter ego, existen muchas posibilidades que terminemos solos y frustrados, porque puede ser que el amor se encuentre en las diferencias o incluso en los pequeños detalles, donde si somos atentos ahí están los grandes mensajes de un te amo, me importas, quiero ser parte de ti, entregarme a ti y deseo que tú a mí, el ejemplo de esta entrega sencilla pero profunda, es cuando Teresa andaba de compras días antes de casarse.
Teresa: Andrés es más alto que yo, así que necesito aumentar un poco mi estatura. –Pensaba, por tanto, en Andrés, en Andrés y en mi misma. Ahora ya siempre pensaba en los dos, y a él seguramente le ocurría lo mismo. –Se hubiera alegrado de haberlo sabido. Iniciamos entonces una conversación acerca de mil detalles relacionados con nuestra boda. Yo le hablaba de aquella corbata suya que tanto me gusta, y de aquel traje oscuro, que le sienta tan bien. Andrés lo escuchaba complacido, no por vanidad, sino porque quería gustarme y deseaba complacerme en todo.”
En el Segundo Acto, Ana estaba dolida y el amor que un día existió entre ella y Esteban, o se había acabado o se encontraba en grave crisis, en este momento de confusión, dolor, desinterés, orgullo, silencio, abandono, ofensas, etc. Ana buscó encontrar el amor en otro hombre, al final no lo hizo, ya sea porque no se atrevió o porque dudó, lo que era un hecho es que su relación era invivible, un día pasó por la tienda del viejo Orfebre y le quiso vender su anillo que por muchos años la había unido a Esteban, el viejo lo pesó y le dijo:
“Esta alianza no pesa nada, la balanza siempre indica cero y no puedo obtener nada de aquélla ni siquiera un miligramo. Sin duda alguna su marido aún vive –ninguna alianza, por separado, pesa nada– sólo pesan las dos juntas. Mi balanza de orfebre tiene la particularidad de que no pesa el metal, sino toda la existencia del hombre y su destino.”
En el Tercer Acto, Cristóbal y Mónica estaban enamorados y el mismo viejo orfebre haría sus anillos de bodas. La mamá de Cristóbal pensaba mucho en la decisión de su hijo, Mónica si bien era una buena mujer, sentía que no se abría por completo al amor de su hijo. Cristóbal no tan solo estaba plenamente enamorado de Mónica, creía que a una persona no sólo se le ama por su carácter, que el amor hace que transcienda todo.
Por supuesto que las conductas de estos jóvenes enamorados, tenían sus orígenes en la historia de sus familias, Mónica era hija de Ana y Esteban, Cristóbal resultó ser hijo de Teresa y Andrés, por lo tanto, Mónica creció en un ambiente de desconfianza, desamor, incomunicación, etc. y Cristóbal no conoció a su padre.
Por todo lo antes señalado, Mónica hacía las siguientes reflexiones previo a su boda: “¿Te alejarás algún día, como mi padre, que es un extraño en su propia casa? ¿Me iré yo como mi madre, que también se ha vuelto otra extraña? ¿Puede el amor humano perdurar a lo largo de toda la vida? Lo que ahora me invade es sentimiento de amor, -pero me invade también una cierta aprensión del futuro, y es el miedo.”

El Sueño de Inocencio
En el año 2006 salió publicada la novela histórica: El Sueño de Inocencio, escrita por Gerardo Laveaga. Cuando inicié la lectura de la obra me encontré con un personaje que desde su aparición en la historia, su personalidad y vida es atrapante. El personaje protagonista se llama Lotario, quien es un joven estudioso de aproximadamente 30 años de edad, había estudiado Teología en Paris y cuando se empieza a leer la novela, Lotario vive en Bolonia, partiendo de esta ciudad italiana, Gerardo Laveaga nos contará la singular y muy original vida de Lotario.
La novela inicia con una interesante discusión entre Hugoccio de Pisa y Lotario, Hugoccio era un destacado maestro de Teología, su alumno más brillante y por lo tanto el consentido era Lotario, la discusión central en ese momento consistía en responder: “¿Quién era más importante?, ¿El Emperador o el Papa?” A esta pregunta Hugoccio respondió: “Cada uno de ellos lo es en sus respectivos ámbitos –respondió al fin–. Son poderes distintos e iguales ante Dios, aunque el Papa deba prevalecer en defensa de la moral o para restablecer la paz entre los cristianos”. A la respuesta de su maestro Lotario contestó: “Pero eso, ciertamente, no explicaba por qué el Papa Gregorio VII había fracasado después de proclamar que él era el único cuyos pies besaban los príncipes, que podía deponer emperadores y no debía ser juzgado por nadie. El joven sonrió burlón. También disfrutaba a Huggocio de Pisa. Eruditos como él eran los que explicaban el prestigio de la Universidad de Bolonia”
El diálogo antes platicado se encuentra en la primera página de la novela, lo primero que vino a mi mente al momento de leer lo antes transcrito, era que estaba enfrente de una novela con muchos datos históricos, y pensé que sería una obra interesante, pero muy técnica y especializada. Conforme fui avanzando hoja tras hoja, me fui encontrando con una historia fascinante, donde si bien Lotario, por supuesto que es un Teólogo erudito, también es un personaje que ama y vive la vida de una manera apasionada, entregada, y esto se percibe cuando Lotario se enamoró de Bruna.
Bruna era una joven guapa y atractiva de origen campesino, Lotario no tan sólo era un respetado erudito en Teología, además pertenecía a una de las grandes familias italianas, de hecho, Lotario era Conde de Segni, sin embargo, Lotario pensó que eso no le impediría amar y vivir con Bruna, realmente él estaba enamorado y defendería el amor ante su madre e incluso no se ordenaría sacerdote si Bruna aceptaba casarse con él.
Gerardo Laveaga nos cuenta cómo al momento de conocerse Lotario y Bruna, nació una fuerte pasión y amor entre los jóvenes: “Fue entonces cuando sus miradas se encontraron. Ambos descubrieron que eran idénticas en intensidad. A él le llamó la atención esa mezcla de fuerza y debilidad que explicaba la magia de la joven. A ella, la confianza en sí mismo que él irradiaba. Ella debía ser una campesina de la región, dedujo él. Él debía ser uno de los estudiantes de la Universitas, resolvió ella. Acertaron y se equivocaron.
“El mismo día que se conocieron, él la condujo a su casa y, mientras subían a la recámara, incapaz de contenerse, le alzó la falda y la penetró en la escalera. Descubrió que nunca antes en su vida había tenido unas nalgas tan firmes entre las manos; un vientre tan plano, unos senos tan apretados. Ella advirtió, complacida, la capacidad que tenía para excitar a Lotario. Se movió con destreza, susurrando lo primero que le vino a la cabeza: Obscenidades. Cuando cayeron sobre la cama, se echaron a reír. La vida es para esto, resolló él, para agotarla. Por eso, pasadas algunas semanas, después de que ella le dejó marcados sus dientes en el hombro, él le propuso matrimonio.”
En pleno ambiente de amor, felicidad y con la esperanza de que Bruna se casara con él, Lotario recibió la noticia que el Papa Urbano III había muerto y el nuevo Pontífice electo era Gregorio VIII, Gregorio era un Papa viejo, tenía 87 años de edad al momento de la elección. La Iglesia Católica pasaba por momentos muy complicados, se rumoraba fuertemente que el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I, mejor conocido como Barbarroja, había logrado imponer a Gregorio VIII para acrecentar su poder y dominios.
Es importante señalar que todos los acontecimientos que narra la novela están situados a finales del siglo XII e inicios del XIII, por estas fechas la Iglesia Católica luchaba contra los Musulmanes, promovió y llevó acabo las históricas y crueles cruzadas, se disputaba el poder contra el Emperador, varios Reyes y Príncipes, y como era de esperarse en este contexto de lucha absoluta por el poder, la Iglesia Católica necesitaba a un Papa fuerte, capaz, brillante, diplomático, ágil, y la elección de Gregorio VIII representaba una verdadera crisis, que seguramente arruinaría el futuro de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
A los dos meses de haber sido electo Papa, Gregorio VIII murió, y fue electo Papa Celestino III, quien era tío de Lotario. Un poco antes de este hecho, Bruna muy dolida había dejado a Lotario, porque ella se sintió engañada y humillada al vivir con un hombre que pertenecía a las familias más ricas y poderosas, que habían sido las causantes de las muertes de su familia por considerarlas herejes, Lotario le dijo que él la amaba y no debía juzgarlo por el pasado de su familia, que renunciaba a todo por el amor que sentía por ella.
¿Cuál será el final de esta historia? por ahora lo que puedo anticiparles, es que un 8 de enero de 1198 fue electo Papa, Lotario Conde de Segni, el cual utilizó el nombre para su pontificado de Inocencio III, considerado por Hans Küng: “Tal vez el Papa más brillante de todos los tiempos”