REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 08 | 2019
   

De nuestra portada

Camino al muro


Beatriz Espejo

Tal vez anoche —o hace un mes— lo escuchaste
en la concisa voz del mÈdico, —¿o era la de tu hijo?,
[no importa.
El tiempo es polvo invisible
en estos casos.

El pronÛstico, claro e inmenso
como el anuncio de un desvÌo en la carretera, decÌa:
“Sólo queda esperar,
hicimos todo lo posible”.
E imagino que se miraron entre ellos.
En el cine esas escenas
estremecen a la buena gente.

Como el viejo rezongón que soy,
por puro amor al arte,
pensé en reclamarles con mis últimas palabras:
“Busquen del lado de los imposibles”.

Amo las antítesis
y el reto eterno de las paradojas.

Mas la tibia mano de Inés y su caricia
me condujeron por distintos corredores,
entre la tristeza de su lejana infancia
(las pocas ocasiones que anduvimos de la mano);
sus pericias y destrezas, por los jardines;
y las mañanas en pijama, con música, papel,
lápices y plumiles de colores.

Discretas me recorren un par de lágrimas de Julia
[por la frente
imposible olvidar el contorno de sus labios y la fina
caída de la bruna cascada de sus cabellos.
Algo murmura —no lo distingo— pero sé que reafirma
su cariño eterno.

Hora en que se despiden, no estaré para ellas, para ellos
[en sus sucesivos días,
repetirán mi nombre, en busca de algún consuelo,
para sus horas fatigadas o resquebrajaduras,
y Pablo o Pato citarán alguna de nuestras ocurrencias.

Así ha sido siempre.

El gran lugar común de las criaturas es su término.
Lo dice Gina con la voz quebrada.
Lo cual no lleva a ningún consuelo.
Esto no es nuevo.

Como las galaxias y las constelaciones,
toda luz y sombra llega a su término.
Uno aprende a decirlo con las palabras propias.
Ése es el secreto.

Uno atraviesa todo límite e intensidad
a alguna hora.
El de los golpes y las cicatrices,
el del ya sabido umbral del dolor
hasta el agotamiento,
o el de alguna pasión.

El resto es mero desinterés o apatía:
en la ensoñación de los medicamentos,
ni hambre, ni proyectos
saben a nada.
Y me pregunto cómo podría hablar del deseo
mientras abordo la cápsula
mientras desciende al subterráneo
y cobra impulso en su trayecto hacia la nada

El viaje final es el camino.

Una serie de corrientes terminan por insensibilizar
el tacto todo.
Hecho o ilusión final de lo que resta
en el tímido diálogo de la consciencia y sus cómplices
[profundos,
pareciera que se escuchan los cruces de los caminos
entre lo vivido y lo ignorado,
entre el hecho, lo ilusorio, lo probable, lo posible
[y lo imposible.

Es el último eco de cada nombre amado,
el punto de partida hacia el silencio último.
Con él, uno es parte del vacío.

Y nada.