REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 08 | 2019
   

De nuestra portada

La novela de la guerrilla


Hugo Esteve Díaz

     “Es cierto que he violado la historia, pero le he procreado algunos hijos muy hermosos”
Alejandro Dumas (1802-1870)

Historia y novela
En el desarrollo literario el género de la novela histórica ha venido a representar un recurso que ha permitido a sus autores oscilar libremente entre lo verdadero y la ficción. Son pocas -por no decir que ninguna- las novelas históricas que logran apegarse de manera fiel a los acontecimientos tal cual y como realmente sucedieron, ya sea porque existe poca referencia sobre determinados hechos que facilitan su divagación; o ya sea porque el autor se permite la licencia de inventar ciertos pasajes o personajes que, sin apartarse de la Historia, los entrelaza en la trama, como sucede con los maravillosos monólogos que pronuncia doña Carlota en Noticias del Imperio, del galardonado Fernando del Paso.
Las referencias más comunes sobre este género las encontramos en Los Tres Mosqueteros (1824) de Alejandro Dumas y en Guerra y Paz (1869) de León Tolstoi, por citar sólo dos ejemplos arquetípicos. En la tradición hispanoamericana un referente inmediato es, desde luego, Benito Pérez Galdós, quien escribió un buen número de novelas históricas, que denominó Episodios Nacionales, en las que recrea diversos acontecimientos de la historia decimonónica de España, como Trafalgar (1873) o Doña Perfecta (1876), entre otras muchas.
En esa misma tradición, pero en el caso mexicano, los referentes indiscutibles son Juan Díaz Covarrubias con Gil Gómez, el insurgente (1850) y Juan Antonio Mateos con El cerro de las Campanas. Memorias de un guerrillero (1868).
No obstante, las glorias de la narrativa histórica mexicana se deben, sin lugar a dudas, a las novelas de la Revolución. De memoria, baste mencionar a Mariano Azuela con Los de abajo (1916); Martín Luis Guzmán con El águila y la serpiente (1928) y la excepcional La sombra del caudillo (1929); Francisco Luis Urquizo con Tropa vieja (1937); José Mancisidor con La asonada (1931); y Jorge Ibargüengoitia con Los relámpagos de agosto (1964), por citar no todas, sino las más representativas.
El movimiento cristero es una de las etapas menos estudiadas -al menos oficialmente- de nuestra historia, lo que contrasta con la relevancia histórica que ésta representó, si consideramos al menos la magnitud de este movimiento como el levantamiento armado más numeroso y mejor organizado que jamás haya existido -posterior a la Revolución- hasta ahora en nuestro país. Sin embargo, ello no impidió el surgimiento de una profusa literatura encargada de rescatar dicho pasaje histórico, no sólo desde la perspectiva historiográfica, como magistralmente lo hizo Jean Meyer con los tres tomos de La Cristiada (1973-1975), sino también a través de varias novelas, como: Héctor (1928) de Jorge Gram; La Virgen de los cristeros (1934) de Fernando Robles; Rescoldo (1961) de Antonio Estrada; Entre las patas de los caballos (1965) de Luis Rivero del Val; y más recientemente Sangre de Héroes (2012) de Gustavo Aguilera.
En nuestra historia más reciente -la que a muchos nos ha tocado vivir- existe una etapa de insurgencia armada que tuvo su eclosión a partir del intento de asalto al cuartel de ciudad Madera, en el estado de Chihuahua por parte de un grupo de guerrilleros encabezados por el profesor Arturo Gámiz García. A partir de ese momento, y en el transcurso de al menos las dos décadas siguientes, afloraron en distintas partes de nuestro país una amplia variedad de organizaciones guerrilleras que en su conjunto vinieron a constituir el amplio movimiento armado socialista, cuyo referente más significativo lo serían, en el terreno rural, el Partido de los Pobres que lideró en la sierra de Guerrero Lucio Cabañas Barrientos; y en las áreas urbanas, la Liga Comunista 23 de Septiembre, como la organización guerrillera que logró conjuntar y organizar a un amplio número de agrupaciones armadas –aunque no a todas- que se encontraban en ese entonces dispersas o desorganizadas.
Como sabemos, la respuesta del Estado fue brutal y despiadada. Sus características fueron el enfrentamiento desproporcionado, los arrestos ilegales, la incomunicación y la tortura, la extorsión y las violaciones, las ejecuciones sumarias, las desapariciones forzadas y todas las secuelas físicas, psicológicas y sociales que todo ello contrajo, dando origen con esto a una de las etapas más oscuras de nuestra historia reciente, y a la que eufemísticamente se le ha identificado como el de la Guerra Sucia.
Con estos antecedentes no resulta difícil adivinar el por qué hasta hace poco existía una literatura tan escasa sobre esta etapa. Pocos fueron los actores o autores que se animaron a escribir o a dar su testimonio; sería hacia finales de los años noventa, y aún más a partir del nuevo siglo, hasta cuando empezarían a emerger una buena cantidad de libros sobre esta gesta, muy a pesar de los intentos oficiales de borrarlo de nuestra memoria.
No obstante, resulta interesante descubrir cómo ya desde los inicios de esta etapa empiezan a surgir, aunque sea tímidamente, algunas publicaciones que se ocupan de este tema; no sólo desde la crónica o del análisis, sino también y notoriamente desde la novela, incorporando el tema histórico de la Guerra Sucia en el contexto de sus propias tramas. De donde surge lo que ahora podemos denominar como: La novela de la guerrilla.

 La novela de la guerrilla
Existen dos referentes muy interesantes y muy bien elaborados a partir de los cuales se puede estudiar y analizar desde una perspectiva académica el surgimiento de la novela de la guerrilla. El primero se trata del texto titulado Con las armas de la ficción. El imaginario novelesco de la guerrilla en México (2015) 1, escrito por Patricia Cabrera López y Alba Teresa Estrada (publicado en dos tomos por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM). Y el otro, La novela de guerrilla en México y el arte de las buenas pasadas (2011) 2, escrito por Sandra Oceja Limón, que sirvió de base para su tesis de maestría en el Centro de Estudios Políticos y Sociales en la UNAM en el 2013, pero que lamentablemente parece ser que al día de hoy no se ha editado públicamente.
En ambos trabajos las autoras se encargan de recopilar y analizar no sólo algunas de las novelas más emblemáticas de esta fase histórica, sino que además se adentran en el estudio historiográfico, sociológico, político y, en cierta medida, psicológico del contexto de que se dan esas obras; ya sea escritas por sus protagonistas, por sus familiares o por simples escritores interesados en el tema. La debilidad de estos trabajos -si se ve desde otra perspectiva- es que no realizan sus observaciones desde la óptica literaria, lo que seguramente no era su propósito.
Resulta pertinente destacar cómo desde los inicios del conflicto, en los sótanos del oficialismo se mandaron elaborar precisamente algunas novelas con la intención de desacreditar al movimiento armado; como fue el caso de ¡Que poca ma … dera! (1968) de un tal Prudencio Godínez, o El guerrillero (editado en dos episodios) a mediados de los años setenta para desacreditar al Partido de los Pobres y a Lucio Cabañas.
Con todo, las obras pioneras de la novela de la guerrilla en México serían: Cadáver lleno de mundo (1971) de Jorge Aguilar Mora; La fórmula (1971), Si tienes miedo (1973) de Juan Miguel de Mora; y El infierno de todos tan temido (1975) de Luis Carrión Beltrán; obras en las que los autores aún no se adentran de manera directa en el contexto del tema de la guerrilla como un elemento histórico, como sí lo logra René Avilés Fabila con la espléndida cuento-novela Nueva utopía (y los guerrilleros) (1973), de modo que ésta vendría a representar la obra más acabada de este periodo -y que continuaría con De secuestros y uno que otro sabotaje (1978)-, tal vez porque el maestro además ha sido protagonista indirecto de la referida etapa histórica, pero sobre todo porque cuenta con un mejor oficio literario.
A esta misma etapa pertenecen dos obras completamente dispares una de la otra: Réquiem por un ideal. La Liga Comunista 23 de Septiembre (1977) de José Pérez Chowell y Al cielo por asalto (1979) de Agustín Ramos. Contrastan la una de la otra debido a que la segunda es muy superior a la primera. En la de Pérez Chowell se recurre al sensacionalismo un tanto amarillista, mientras que en la segunda existe una construcción más literaria, de prosa más acabada, pero no menos romántica.

 Sus protagonistas
En la década de los ochenta irrumpe una novela que se convertirá en emblemática del género guerrillero: ¿Por qué no dijiste todo? (1980) de Salvador Castañeda, quien escribe desde su experiencia personal como militante guerrillero con un estilo que nos recuerda a José Revueltas y que destaca maravillosamente por su crudeza y simplicidad. De esta etapa pertenece también Manuscrito hallado en un portafolio (1981) de Fernando Curiel, única novela en la que el autor se permite la licencia de plantear como trama la insurrección de un sector del Ejército que se levanta en armas y se suma al movimiento guerrillero. Y finalmente Dientes de perro (1986) de Ramón Gil Olivo, que no es propiamente una novela, sino una colección de cuentos, entre los que destaca de manera desgarradora el cuento que lleva el título del libro, y cuya segunda edición fue muy bien lograda por El Taller Editorial La Casa del Mago 3 la editorial con más textos publicados sobre el tema de la guerrilla en México.
En el género de cuento cabe destacar la breve pero extraordinaria obra del gran dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda, que con el título de Los guerrilleros (1992) nos obsequió una pieza irónicamente realista.
En 1981 aparece Ejercicio de guerrillero, escrito por el sacerdote Carlos Bonilla Chamorro, en donde narra con un estilo novelesco la historia que él mismo vivió muy cercana de Lucio Cabañas, sobre el secuestro, negociaciones y rescate del entonces gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa; cuyo caso arrojaría uno de los pasajes más críticos y oscuros del Partido Comunista Mexicano, y que tendría como última consecuencia el secuestro en 1985 de Arnoldo Martínez Verdugo por parte de un presunto grupo guerrillero 4.
Salvador Castañeda es uno de los autores más prolíficos en este género de novela (lo que no lo limita para incursionar en otros géneros, como la crónica y la poesía), mismo que publica con una fuerte carga autobiográfica en 1991 Los diques del tiempo: Diario de la cárcel; y continua en 1992 con La patria celestial, esta última en donde reconstruye -y rememora- los periplos en el accionar de la guerrilla urbana y uno de sus destinos menos calamitosos, como lo fue la cárcel.
A principios de los años noventa surgen dos obras emblemáticas de la novela histórica en México, no sólo sobre el contexto de la guerrilla, sino de la literatura en general. Nos estamos refiriendo a La guerra de Galio (1991) de Héctor Aguilar Camín y a Guerra en el paraíso (1991) de Carlos Montemayor, quien se convertiría en el novelista de la guerrilla por excelencia. En la primera el autor involucra las vicisitudes de un guerrillero en una trama de complots que recuerdan el golpe contra Excélsior en 1976 y los entretejidos que se urden en los sótanos del poder. Mientras que en la segunda, se nos lleva de la mano tanto a las montañas de la sierra de Guerrero para conocer a Lucio Cabañas, como también al despacho de los militares para escuchar sus razonamientos sobre el conflicto, y a final de cuentas, al escenario de confrontación en donde se gestó uno de los capítulos más desgarradores de la Guerra Sucia.
En 1995 uno de los protagonistas de la incipiente guerrilla en Nuevo León como parte de los Procesos -principal grupo promotor que daría origen a la Liga Comunista 23 de Septiembre-, Ricardo Morales Pinal, publicaría una novela testimonial con un extraordinario acento conmovedor y profundamente reflexivo que llevaría por título Un poco más.
Ese mismo año Jorge Volpi publicaría La paz de los sepulcros (1995), un entramado de corrupción moral y política en el que se involucra la figura de un guerrillero como la expresión de un idealismo desgastado pero auténtico. Una referencia -entre la realidad y la ficción- a la que regresaría el autor, y a la manera de una gran parodia, varios años después con El fin de la locura (2003) en donde el protagonista descubre en la figura del Subcomandante Marcos la representación concreta de las grandes contradicciones nacionales.
Mención aparte merece Memoria de la guerra de los justos (1996), fascinante obra escrita por Gustavo Hirales Morán -un protagonista clave en la historia del movimiento armado- en la que por primera vez se narra con un realismo connotativo el surgimiento y accionar de la Liga Comunista 23 de Septiembre, desde sus orígenes hasta la caída de su primer y principal dirigente, y en la que el autor se atreve a develar el proceso de descomposición y las contradicciones internas que desde su origen ya se empezaban a manifestar en el seno de la organización guerrillera; aunque es verdad que la novela de Hirales vendría a resultar un tanto críptica por el uso indiscriminado de seudónimos y de referencias en clave no propia para legos en la materia.
A ésta le seguiría otra obra valiente y a la vez desgarradora: Veinte de cobre. Memoria de la clandestinidad (1996) novela de Fritz Glockner en la que rescata uno de los pasajes más oscuros de la guerrilla en México, como lo fue el caso de ejecución -aún no debidamente aclarada- de su padre, Napoleón Glockner Carreto y de su compañera Nora Rivera Rodríguez, ambos militantes de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) 5.
Sobre las FLN también escribió Ignacio Retes en su novela Por supuesto (2000), en la que retrata la vida de una de las heroínas de la guerrilla en México: Deni Prieto Stock. Tema que, por cierto, ya había sido explorado varios años atrás en otra y temprana novela: Guerra y sueño (1977), escrita por Salvador Mendiola y cuya errática edición la ha convertido en una de las más difíciles de conseguir.

 La nueva perspectiva
A la luz del cambio de siglo Carlos Montemayor nos obsequió todavía antes de dejarnos en esta vida tres novelas más sobre la guerrilla: Los informes secretos (1999) -así fuera tangencialmente abordado el tema-, Las armas del alba (2003), sobre el asalto al cuartel de Madera y que sería llevada a la pantalla con el título de Las armas (2014), dirigida por José Luis Urquieta; además de su obra póstuma sobre la visión de las mujeres de Madera con el título de Las mujeres del alba (2010).
Para finalizar citaremos dos obras más: Canuteros de plomo (2003) de Juan Manuel Negrete y Guerra de Guerrillas (2015) de Marxitania Ortega. La primera, una vasta novela cuyo escenario y protagonista es, a la vez, la ciudad de Guadalajara, como espacio y actor en donde se gestó uno de los movimientos estudiantiles -y posteriormente armados- más importantes del país. Mientras que en la segunda, la autora nos involucra de manera paralela en dos vidas que se mueven libremente en el tiempo y casi independiente la una de la otra: la de un dirigente guerrillero mexicano que viaja a Paris con el propósito de definir alianzas y fijar una línea estratégica; y la de su hija que, víctima de las andanzas de su padre, tiempo después logra obtener una beca para estudiar en Paris, en donde da rienda suelta a todos sus traumas y a la frivolidad de sus afanes.
Con toda seguridad la veta de la guerrilla como trama de la novela aún no se ha agotado y por ello es muy presumible que en el futuro inmediato se concreten nuevos intentos; ahora mismo existen algunos proyectos que en breve podrían ver la luz. No se trata del caso de quien esto escribe, porque a prueba de esfuerzos infructuosos y de intentos inacabados, terriblemente ha podido comprobar que no es lo mismo redactar ensayos, crónicas o trabajos de investigación, que escribir una novela, cuyo arte pareciera estar no sólo reservado para quienes han sido tocados por la musa Clío, sino también un poco por la inspiración de Virgilio o de Homero. O que, cuando menos, cuentan con la osadía de atrapar a la Historia y engendrarle el hijo.

ANEXO
NOVELAS DE LA GUERRILLA
• Aguilar Camín, Héctor (1991), La guerra de Galio; Cal y Arena, México
• Aguilar Mora, Jorge (1971), Cadáver lleno de mundo; Joaquín Mortiz Editores; México.
• Almanza, Héctor Raúl (1986), Ya despunta la aurora; Claves Latinoamericanas, México.
• Avilés Fabila, René (1973), Nueva utopía (y los guerrilleros); El Caballito, México
• Avilés Fabila, René (1978) De secuestros y uno que otro sabotaje; Gernika, México.
• Bonilla Machorro, Carlos (1981), Ejercicio de guerrillero; Gaceta Editores, México
• Carrión Beltrán, Luis (1975), El infierno de todos tan temido; Fondo de Cultura Editores, México..
• Castañeda, Salvador (1980), ¿Por qué no dijiste todo?; Grijalbo, México.
• Castañeda, Salvador (1991), Los diques del tiempo (diario de la cárcel); UNAM, México.
• Castañeda, Salvador (1992), La patria celestial; Cal y Arena, México
• Castañeda, Salvador (1996), El de ayer es él; El Espejo Concéntrico, México
• Castañeda, Salvador (2001), Papel revolución; Dirección Municipal de Cultura, Torreón, Coah. México.
• Curiel, Fernando (1981), Manuscrito hallado en un portafolio; Oasis. Lecturas del Milenio, México
• Escobar, Miguel (1989), Tiempo de morir; Diana, México.
• Gil Olivo, R. (1986), Dientes de perro; 2ª Edición, Taller Editorial La Casa del Mago, México.
• Glockner, Fritz. (1996), Veinte de cobre. Memoria de la clandestinidad; Joaquín Mortiz, México
• Glockner, Fritz (2004), Cementerio de papel; Ediciones B. México.
• Godínez, Prudencio (1968), ¡Qué poca ma... dera!, s. p. i. (versión gubernamental).
• Hirales Morán, Gustavo (1996), Memoria de la guerra de los justos; Cal y Arena, México
• Íñigo, Alejandro (1982). La revolución invisible; Grijalbo, México:
• Mendiola, Salvador (1977), Guerra y sueño, México: Colección Plan Joven, México.
• Montemayor, Carlos (1991), Guerra en el paraíso; Diana, México
• Montemayor, Carlos (1999), Los informes secretos; Joaquín Mortiz, México
• Montemayor, Carlos (2003), Las armas del alba; Joaquín Mortiz, México
• Montemayor, Carlos (2010), Las mujeres del alba; Grijalbo Mondadori, México
• Mora, Juan Miguel de (1971), La fórmula; Grijalbo, México
• Mora Juan Miguel de (1973), Si tienes miedo; Editores Asociados Mexicanos, México
• Mora Juan Miguel de (1975), Gallo rojo; Grijalbo, México.
• Morales Pinal, Ricardo (1995), Un poco más; Oficio Editores, México.
• Ortega, Marxitania (2015), Guerra de guerrillas; Editorial Jus, México.
• Negrete, Juan Manuel (2003), Canuteros de plomo; Editorial Porrúa, México.
• Pérez Arce, Francisco (2010), Septiembre; México: Ítaca, México.
• Pérez Chowell, José (1977), Réquiem por un ideal. La Liga Comunista 23 de Septiembre. Editorial V Siglo, Mexico.
• Ramos, Agustín (1979), Al cielo por asalto; ERA/SEP, México
• Ramos, Agustín (1982), La vida no vale nada; Martín Casillas Editores. México
• Ramos, Agustín (1985), Ahora que me acuerdo; Grijalbo, México.
• Rascón Banda, Víctor Hugo (X), Los guerrilleros, México.
• Retes, Ignacio (2000), Por supuesto; Océano, México
• Salazar Mallén, Raúl (1982), La sangre vacía; Oasis. México:
• Volpi, Jorge (1995), La paz de los sepulcros; Alreves, México.
• Volpi, Jorge (2003), El fin de la locura; Seix Barral, México.

1 http://computo.ceiich.unam.mx/webceiich/docs/libro/Con%20las%20armas%20ficcion_web.pdf
2 http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=62819892005
3 http://tallereditoriallacasadelmago.com/
4 Sobre este caso véase: El secuestro de Lucio Cabañas de Arturo Martínez Nateras; editorial Altalena, España 1986; y Política y delito y delirio. Historia de 3 secuestros de José Woldenberg; editorial Cal y Arena, México 2013.
5 Asunto sobre el que, por cierto, ni Fernando Yáñez Muñoz, ni Rafael Sebastián Guillén Vicente (identificado como el Subcomandante Marcos) se han pronunciado al respecto.