REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

De nuestra portada

Siempre con Francia


Martha Chapa

El terrorismo es una espantosa y aborrecible enfermedad social que no hemos podido erradicar. Por el contrario, pareciera que se extiende cada día más y con más vigor en nuestro planeta.
Apareció desde hace siglos y ha permanecido entre nosotros; a veces lo olvidamos pero ahí está, latente, y cuando menos lo esperamos toma fuerza y nos deja azorados por sus saldos funestos. Se dice, incluso, que fue causa y pretexto del inicio de la sangrienta Primera Guerra Mundial, con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, cometido en Sarajevo por un terrorista serbio en 1914.
Ahora, con los terribles crímenes del pasado viernes 13 en París por parte de extremistas musulmanes, de nueva cuenta el terrorismo marca trágicamente nuestra época.
Peor aún, pues además de que perpetrar esos atentados que provocaron la absurda pérdida de casi 130 vidas humanas –la mayoría jóvenes– e infundir un profundo dolor a sus familias, a sus amigos y al mundo entero, la apuesta de estos cobardes terroristas, que usan a la religión como pretexto, es destruir la noción y práctica de la concordia, la paz, la libertad, la tolerancia, los derechos humanos y la prosperidad común. Es decir, acabar con la evolución civilizatoria.
En ese tan lamentable y estrujante escenario que atestiguamos horrorizados, Francia nos da de nueva cuenta un elevado ejemplo de valor y entereza. Lejos de acobardarse o permitir que el miedo se convierta en una histeria inmovilizadora, los parisinos retomaron de inmediato las calles y los lugares de reunión pública, desatendiendo incluso la recomendación de sus gobernantes de que se encerraran en sus casas.
La comunidad internacional se volcó igualmente en apoyo y solidaridad, no sólo en el discurso diplomático, sino con una indignación tal que ya se encauza hacia estrategias y acciones para combatir juntos esa plaga perniciosa y criminal.
México, desde luego, apuntó en esa misma dirección y hasta fue más allá, hay que reconocerlo, cuando en voz del presidente Peña Nieto aludió no sólo a la reprobación de lo ocurrido y a sus efectos. Abarcó también las causas estructurales que prohíjan el fundamentalismo, y que es preciso analizar y combatir a fondo.
En todo caso, nos queda claro que estos actos criminales conllevan el despropósito de un fanatismo demencial contra Occidente. ¿Por qué Francia?, nos hemos preguntado desde el terrible viernes 13. Por ser esa nación un gran símbolo de las libertades y la fraternidad, valores que esos retrógrados fanáticos y criminales aborrecen.
Por eso es tan importante –para Francia y para todo el mundo civilizado– ponerse de pie y refrendar esos valores que deberían ser universales, y que junto a la democracia y el humanismo son el camino deseable para nuestros pueblos, hoy y mañana.
Por eso, Francia y el resto del mundo democrático no pueden permitir que los terroristas islámicos logren su propósito de amedrentar e intimidar.
Por eso, hoy todos somos Francia.
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