REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

De nuestra portada

Matar en nombre de un dios


Hugo Enrique Sáez A.

En todas las culturas que yo conozco han sido los dioses quienes por boca de los sacerdotes en turno exigen sacrificios, en algunos casos son éticos, y criminales en otros. Que corra la sangre y se convierta en un caudaloso río de purificación. Que te auto flageles hasta el límite de tus fuerzas para borrar la culpa que te atormenta. Que produzcas más bienes para honrar al Señor. ¿Quién emite esos mensajes de destrucción del diferente o de la conversión del sí mismo? Precisamente, los que se arrogan la administración de lo sagrado, y en esta fase histórica de predominio empresarial el dinero se erige en sagrado, razón que convierte al sistema capitalista en una religión de masas. El dinero y la ambición son dioses que no necesitan templos en el sentido tradicional porque su devoción se estimula desde impenetrables oficinas de gobierno o desde la propiedad de los bancos, y se practica en catedrales del consumismo.
'Ya lo expresó Pascal de un modo insuperable, el hombre es una simple mota de polvo en el universo infinito, pero está consciente de su nulidad, y eso hace toda la diferencia.' Slavov Žižek en Visión de paralaje

La NADA que somos se revela a los ojos de un sujeto absoluto que mira nuestros dramas como una 'divina comedia' vacía de contenido. En la mente de las potencias que controlan recursos económicos y armas, suprimir esa insignificante mota de polvo se convierte en una tarea que las imbuye de un sentimiento de poder. De hecho, los que gobiernan el planeta se han dado cuenta de que enfrente de la globalización de arriba se está manifestando la globalización desde abajo. Y temen, tanto Trump como Merkel, que sus seguras mansiones sean invadidas por migrantes desesperados. En ese contexto, los más peligrosos son los hombres de poder que con su imaginación se aposentan en el lugar de ese hipotético Dios y miran con desprecio las vidas humanas como vanidades sin sentido sobre las que pueden descargar las violencias más mortíferas. Ellos son los autores de discursos que atribuyen a alguna deidad celestial de la cual aseguran ser sus mensajeros.
Y a la mente de muchos acudirá la memoria de Hitler; sin embargo, la ausencia de escrúpulos no sólo se manifiesta en monstruos con nombre y apellido sino también en fanáticos terroristas anónimos dispuestos a exterminar personas como si fueran insectos. Nunca se filtra completamente hasta qué punto los terroristas del llano se hallan vinculados con los terroristas de las cumbres. De inmediato, tras el atentado de París, el presidente francés Hollande ordenó actuar sin piedad, al igual que Bush cuando ordenó bombardear -acción exhibida por televisión- la ciudad de Bagdad.
Sumida en el terror que genera el exterminio por el fuego que desciende sobre seres indefensos, la multitud en Francia busca refugio en nuevos dioses que le ofrezcan protección. Más de uno pide a gritos una mano fuerte, sin advertir que están creando un nuevo dios que exigirá más víctimas. Se repite así la misma tragedia que divierte a los que manejan los complicados hilos de la violencia.
¿Y qué podemos decir de los mensajeros de los dioses encaramados en el FMI, en la OCDE, en la compañía JP Morgan, en Monsanto, y demás organismos y empresas que hacen planes de inversión -de apariencia inocuos- en los que se contempla el incremento de sus enormes riquezas a costa de expandir la pobreza entre la población, además de que indirecta y secretamente provocan la desaparición de millones de seres humanos por enfermedad o por hambre?
Ante las tragedias, hay quienes viven todos los escenarios como si fueran un partido de futbol: a favor o en contra. A otros les seducen las películas de cowboys: vaqueros buenos versus indios malos. Peor aún la subordinación a la lógica de las telenovelas: sólo existe la alternativa del amor o del odio. ¿Podremos liberarnos de la contradicción excluyente? El vínculo de amor -que está opacado por el odio en esta sociedad- nos incorpora a una comunidad; disfrutamos lo que disfruta el/la otro/otra, nos duele lo que le duele. En contraste, el vínculo con un objeto se fundamenta en la propiedad; nos enorgullece su obediencia, sufrimos si nos lo arrebatan. La masa anónima que se autodenomina apolítica cuida más su pantalla de plasma que a los propios hijos.
En cambio, ¿qué sucede mirando las cosas desde una posición existencial, excluyendo la visión absoluta desde el Olimpo? Mañana tengo que reclamar al seguro médico los gastos que realicé con unos análisis de sangre. No estoy en París ni estoy en Siria, no conozco a los anónimos dueños del Estado Islámico. Estoy en México preocupado por el cariz que están tomando las cosas en Argentina así como por la carnicería que ordena Netanyahu, y por los incontables incendios en el planisferio. Mientras que aquí, en el Distrito Federal, ya operan cinco cárteles, y a unas cuadras de mi casa mandan los narcos, y el país entero se desangra con el beneplácito gubernamental. Las masacres se suceden con impunidad en diversos estados de la república. Sin el respaldo del dinero obtenido por la venta de drogas, los delincuentes no tendrían las armas sofisticadas que emplean en sus fechorías. Combatir el lavado de dinero sería un camino más efectivo que involucrar al ejército en actividades expuestas a la complicidad con criminales. ¿Dónde se depositan y cómo se movilizan los 40 mil millones de dólares que cada año obtienen los cárteles de la droga en México?
En la guerra yo siempre estaré del lado de la paz. Más armas, más muertes. Estoy en contra del terrorismo de Estado; estoy en contra de la matanza de civiles en nombre de cualquier causa presuntamente divina, sea religiosa o pagana. Estoy con las familias de los refugiados que abandonan sus países con lo que llevan puesto. Estoy con los deudos de los que mueren víctimas de una violencia que está instrumentada por las grandes mafias políticas y económicas que se disputan el control del mundo con fines totalitarios. También me opongo a las especulaciones que intentan exculpar a unos para favorecer a otros. La violencia criminal es violencia criminal, no hay una buena y otra mala. Sin información, mejor no armen escenarios salidos de una imaginación raquítica. Mis contactos y yo no pertenecemos a las élites que mueven armas de destrucción masiva y dinero a raudales. Por consiguiente, marchemos unidos los de abajo; el Estado totalitario mundial ya es una amenaza palpable que asesina la libertad.