REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
25 | 05 | 2019
   

Para la memoria hist贸rica - Encarte

La literatura mexicana del siglo XX a la luz de la Revoluci贸n


Ren茅 Avil茅s Fabila

Antecedentes
La literatura mexicana del siglo XX comienza con la Revoluci贸n de 1910, cuando al fin acaba de concluir el pesado siglo XIX, tan cargado de dificultades pol铆ticas y econ贸micas para el pa铆s, invasiones norteamericanas y francesas, luchas intestinas. Algo semejante ocurri贸 en Europa: el nuevo siglo surge lenta y brutalmente luego de la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918. Hasta ese momento, la belle 茅poque mantiene su hegemon铆a. Son los atroces sacudimientos militares los que cambian de una etapa a otra. No solamente cuenta el levantamiento en armas de Francisco I. Madero, todav铆a en plena dictadura, Justo Sierra funda la Universidad Nacional de M茅xico y el fil贸sofo Antonio Caso le da un golpe al positivismo que era el soporte filos贸fico del porfirismo. Aires anarquistas de los Flores Mag贸n se cuelan en el magno movimiento y en 1919 es fundado el Partido Comunista Mexicano bajo la influencia de la naciente Uni贸n Sovi茅tica. Es una suerte de crisol donde se funden nuevas corrientes de pensamiento pol铆tico que propician vertientes distintas en materia de cultura y literatura espec铆ficamente.
El M茅xico que lleg贸 a la gran rebeli贸n, a la revuelta que se transform贸, junto con la rusa, en una de las grandes revoluciones del siglo XX, tiene peculiaridades. Viene, en efecto, por razones internas, luego de una larga dictadura y de la entrega de recursos nacionales al extranjero, cuando los explotados sufren en el campo y en las ciudades se resiente la falta de libertad y democracia. Francisco I. Madero es la mecha del enorme movimiento que se desatara en pocos meses. Se han acumulado fuerzas incontenibles que brotan entre los campesinos y los ind铆genas y que tienen fuerte respaldo en las urbes donde intelectuales y profesionistas, unos cuantos obreros y masas de desarrapados exigen una serie de cambios radicales. Con la nueva reelecci贸n de Porfirio D铆az, se establece que s贸lo dejar谩 el poder por la fuerza de las armas, y as铆 se inicia la rebeli贸n a gran escala. Madero lanza el Plan de San Luis donde aparece la no reelecci贸n y hace un llamado a las armas para el 20 de noviembre. En Puebla, Aquiles Serd谩n resiste y finalmente es asesinado mientras que en Chihuahua estalla la Revoluci贸n. Muy pronto aparecen los dirigentes que dar谩n las grandes batallas contra las tropas gobiernistas, federales. Francisco Villa, Emiliano Zapata, Pascual Orozco, P谩nfilo Nateras, Venustiano Carranza, Felipe 脕ngeles, 脕lvaro Obreg贸n y otras figuras alimentan la imaginaci贸n popular y se traducen en corridos y leyendas, murales y novelas y cuentos que desbordan las fronteras nacionales. Zapata y Villa, por ejemplo, han sido llevados una y otra vez a la cinematograf铆a norteamericana. Vale la pena citar la mejor versi贸n que de Emiliano Zapata se ha hecho: el 隆Viva Zapata! con Marlon Brando y Anthony Quinn del cineasta Elia Kazan. Period铆stica e hist贸ricamente es el norteamericano John Reed con su obra M茅xico insurgente, uno de los mejores cronistas que la naciente revoluci贸n pudo tener. No s贸lo ello, tambi茅n dej贸 un libro notable de relatos (1927) que en M茅xico public贸 el Fondo de Cultura Econ贸mica en 1972, Hija de la Revoluci贸n.
La Revoluci贸n atrajo e influy贸 a narradores de la talla de D. H. Lawrence (La serpiente emplumada), Graham Grenne (El poder y la gloria), Valle Inclan (Tirano Banderas), Emmanuel Robles (Los cuchillos). M谩s adelante vendr谩 B. Traven a darle vigor a los temas sociales e indigenistas.
Pero si en la primera y segunda etapas de la literatura de la Revoluci贸n se trata de una novela de reflejos autobiogr谩ficos, de cuadros y de visiones epis贸dicas, de afirmaci贸n nacionalista y de esencia 茅pica, como indica Antonio Castro Leal, ya en la tercera (de la que apenas hemos hablado) aparecen la decepci贸n, un amplio sentimiento de frustraci贸n y, desde luego, una cr铆tica feroz que se hace notar con rasgos de iron铆a y buen humor en la novela de Jorge Ibarg眉engoitia Los rel谩mpagos de agosto (1964). El cine, a su vez, hab铆a regresado a los temas que la Revoluci贸n desech贸 de tajo y la literatura critic贸 con furia: elementos que despertaban nostalgias porfiristas: el hacendado y su bella hija, el cura de pueblo siempre generoso y cerca de Dios, los peones de perruna lealtad hacia el patr贸n y los valores conservadores. S贸lo algunas pel铆culas trataron de reflejar la grandeza 茅pica de la Revoluci贸n, con sus personajes complejos y su causa perdida. El compadre Mendoza, V谩monos con Pancho Villa de Fernando de Fuentes o tal vez alguno de los filmes de Emilio Fern谩ndez, para citar casos concretos. Ellos seguramente bajo la poderosa influencia de Einsestein, quien vio con ojos atentos el M茅xico que despertaba inquieto: su experiencia en la actividad revolucionaria de la Rusia de los soviets le ayudaba a mejor entender el fen贸meno mexicano. Su filme 隆Que viva M茅xico!, es una obra de belleza singular que desde el inicio, seg煤n cuenta el propio Eisenstein, encontr贸 obst谩culos y dificultades.
Un an谩lisis riguroso de las letras mexicanas tendr铆a que remontarse, por una parte a la Espa帽a que vence a los primeros americanos en 1521, del otro lado, pese a la relativa presencia prehisp谩nica de la literatura mexicana, hay que considerar al menos la poes铆a y los mitos de mayas, aztecas, olmecas y otom铆es, principalmente. Es una s铆ntesis donde predomin贸 la parte castellana, pero donde todav铆a laten los restos de enormes culturas cortadas abruptamente de tajo. Carlos Fuentes con su relato 鈥淐hac Mol鈥 es un ejemplo. Otro podr铆a ser mi libro El bosque de los prodigios, donde por primera vez aparece una zoolog铆a propia de Am茅rica y previa a la llegada de los europeos en un bestiario que ciertamente tiene deudas con una larga tradici贸n de f谩bulas, textos b铆blicos, medievales y de animales fant谩sticos que Borges cultiv贸 con esmero.
Si bien la novela colonial es un comienzo, 茅sta tiene naturalmente ra铆ces en Espa帽a, son trescientos a帽os de presencia espa帽ola, imposible evitar esa enorme referencia. De tal suerte que la novela hist贸rica en M茅xico, en boga despu茅s de Noticias del imperio de Fernando del Paso, viene no solamente de Walter Scout (1771-1832) con obras de la talla de Ivanhoe y Quintin Durward, cuyo 茅xito y veloz traducci贸n al castellano fue impresionante, sino tambi茅n de m谩s lejos, con libros como Cr贸nica del rey don Rodrigo con la destrucci贸n de Espa帽a, de Pedro del Corral, escrita alrededor de 1403 y que da origen a infinidad de novelas 茅pico-hist贸ricas, cuyo eje son las batallas entre 谩rabes y espa帽oles.
Hay que aceptar que de muchas formas las letras nacionales comienzan con los textos de los vencidos y las cr贸nicas (que no novelas) de los vencedores. Imposible narrar en pocos p谩rrafos las deudas del M茅xico actual con Espa帽a, pero baste decir que entre nuestros antecedentes literarios, por obvias razones, se cuentan El Lazarillo de Tormes (1554) y Don Quijote de la Mancha (1604), el Amad铆s de Gaula y la novela picaresca. En plena lucha por la Independencia de Espa帽a (1816), Jos茅 Joaqu铆n Fern谩ndez de Lizardi escribe El periquillo sarniento, la que muchos clasifican como la primera novela mexicana y un libro que anticipa algunos de los males que han prevalecido hasta nuestros d铆as: la corrupci贸n, la riqueza del subsuelo y la p茅sima administraci贸n pol铆tica.
De muchas maneras, los a帽os que van de 1821 a 1910, menos de un siglo, son intensos para el mundo y para M茅xico. Este pa铆s reci茅n independizado recibe distintas invasiones, alguna implacables como la norteamericana de 1847, por la cual pierde m谩s de la mitad de su territorio, y la francesa de dura unos tres a帽os y establece un segundo imperio ahora con monarcas europeos. Lugar aparte est谩n las atroces luchas intestinas que desangran y dividen al pa铆s y cuya cumbre es la guerra entre liberales y conservadores. Grandes novelistas aparecen: Justo Sierra O鈥橰eilly, Jos茅 L贸pez Portillo y Rojas, Rafael Delgado, Emilio Rabasa, Heriberto Fr铆as. Manuel Payno, Guillermo Prieto y muchos m谩s que desarrollan y consolidan la literatura propiamente nacional.
En 1900 la literatura mexicana segu铆a anclada en el pasado inmediato. Federico Gamboa, digamos, y su naturalismo, pr茅stamo del franc茅s, se mantiene. No ha sido suficientemente valorada la aportaci贸n de voces propias como la de El periquillo sarniento de Lizardi y Tom贸chic de Heriberto Fr铆as, por s贸lo citar dos casos importantes. Pero est谩 por comenzar un proyecto literario de gran envergadura para M茅xico. En ese arranque de siglo ya hab铆an nacido los escritores fundamentales del XX: Jos茅 Vasconcelos, Julio Torri, Mart铆n Luis Guzm谩n, Alfonso Reyes, Enrique Gonz谩lez Mart铆nez y Mariano Azuela. Los cuatro primeros forman parte de una generaci贸n, El Ateneo de la Juventud, el 煤ltimo, ser谩 quien formalmente inaugure lo que conocemos como Novela de la Revoluci贸n, sin duda ruptura y arranque, porque con esta literatura se acaba la dependencia con las corrientes europeas dominantes y principia una tendencia propia y poderosa. La Revoluci贸n, es cierto, brinda una sana explosi贸n de nacionalismo, haciendo de lado al afrancesamiento que prevalec铆a en la cultura, sin embargo, al mismo tiempo le dio al pa铆s un sentido universal del que carec铆a. Quiz谩 esto se pueda apreciar m谩s en artistas pl谩sticos como Rivera y Siqueiros, aunque ambos ten铆an un definido proyecto est茅tico nacionalista, hab铆an tomado lo esencial de la cultura universal. Diego hab铆a pasado por diversas escuelas, en especial por el cubismo, Siqueiros, a su vez, ten铆a deudas con grandes muralistas renacentistas.
Antes de que iniciara la Revoluci贸n, alrededor de 1904 y 1905 nacen los integrantes de la generaci贸n que se llamar谩 Contempor谩neos, donde brillan Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Gilberto Owen, Celestino y Jos茅 Gorostiza. Cuando Francisco Villa daba las grandes batallas que acabar铆an con los restos feudales del M茅xico porfirista, 1914-1915, nacen los miembros de otra generaci贸n distinguida, donde Octavio Paz es la figura se帽era: Taller, a la que tambi茅n pertenecen Rafael Solana, Jos茅 Revueltas y Efra铆n Huerta. A Contempor谩neos le corresponde la b煤squeda de lo universal, algo que parec铆a haber quedado sepultado bajo toneladas de nacionalismo producto de la Revoluci贸n. A la discutible idea de no hay m谩s ruta que la nuestra, dicha en artes pl谩sticas por Siqueiros, y avalada por cientos de escritores e intelectuales, esta generaci贸n busca en James Joyce, Viriginia Wolf, Andr茅 Gide, por ejemplo, fuentes de inspiraci贸n. Son una protesta contra los excesos del nacionalismo revolucionario existente en M茅xico. No les interesa el Ulises criollo de Vasconcelos, les importa el Ulises de Joyce. La respuesta es brutal: Diego Rivera los ridiculiza en un muro de la Secretar铆a de Educaci贸n P煤blica con orejas de burro, con sus 鈥渋n煤tiles鈥 caballetes y los libros de Joyce siendo barridos por obreros y campesinos.
La generaci贸n que se hizo llamar Estridentistas, con Arqueles Vela, Germ谩n List Arzubide鈥 permaneci贸 siempre como inalterable oposici贸n a Contempor谩neos y mantuvo hasta el fin una actitud irreverente y antiimperialista. Por aqu铆 se sumaban los aires del dada铆smo, del futurismo y del surrealismo y lo mezclaban con los de un aguerrido antiimperialismo sin omitir la presencia del nuevo mundo sovi茅tico. Fue un grupo con sentido del humor, de consignas graciosas e irreverentes que sesionaba en el Caf茅 de Nadie y en cuya carta destacaba Merde pour le burgoise y el grito era 隆Viva el mole de guajolote!
No es f谩cil resumir los m茅ritos de la literatura mexicana. El siglo XX la ve surgir como algo propio, y a lo largo de estos a帽os, menos de cien, si lo vemos arrancar tard铆amente y terminar de modo apresurado en medio de pesadillas sobre el rid铆culo fin del mundo y que en una apocal铆ptica transici贸n arrancar铆a con las computadoras enloquecidas, posee numerosos ejemplos, que muchos han olvidado por la ausencia de una cr铆tica torpe e incapaz o porque el pa铆s ha sido ego铆sta en sus balances y promociones. Visto desde el extranjero, M茅xico es due帽o de un pu帽ado de escritores, muy pocos, sobresalen algunos con m茅ritos propios, sobrados, y otros que han conseguido filtrarse utilizando como conducto al poder pol铆tico y sus instituciones. Cada nueva generaci贸n ha negado a la anterior. Un pu帽ado de intelectuales malintencionados, movi茅ndose con la t茅cnica que los mexicanos llamamos ninguneo, ha exaltado a un pu帽ado y denigrado o, incluso, negado a muchos m谩s. Aqu铆, los medios de comunicaci贸n han sido aliados estupendos. Algo parecido ofrece el mundo de la academia especializada, se empe帽a en trabajar con las figuras que oficialmente han sido reconocidas. El Estado se limita a dar por hecho lo que oye. Ello ha hecho estragos injustificables y llenado de confusiones el medio intelectual, particularmente el literario.
Con esta l贸gica de un pu帽ado de escritores sobre valorados, generacionalmente M茅xico tampoco impresiona, son tres o cuatro aquellos que lograron trascender la mediocridad. Analizado el pa铆s con frialdad por sus grandes figuras, oficializadas o no, la situaci贸n cambia: a las generaciones, grupos o tendencias como el Ateneo de la Juventud, Contempor谩neos, Taller, por ejemplo, hay que sumar a escritores que sin pertenecer a ninguna lograron hacer obras estupendas. Pienso en Francisco Monterde, Ermilo Abreu G贸mez, Juan de la Cabada, Rub茅n Salazar Mall茅n, Jes煤s Arellano, Andr茅s Henestrosa, Agust铆n Y谩帽ez, Al铆 Chumacero, Juan Rulfo, Juan Jos茅 Arreola, Rub茅n Bonifaz Nu帽o o Carlos Fuentes鈥
Volvamos al principio. La Revoluci贸n Mexicana es una descomunal tarea de la sociedad en su conjunto. Es un fen贸meno peculiar, no tiene a Enciclopedistas como antecedente en Francia ni a te贸ricos como Marx, Lenin y Trotsky igual que en Rusia. Es en efecto una chispa que enciende una enorme llamarada. Como se帽al贸 el escritor espa帽ol republicano, Max Aub, 鈥淓l inter茅s personal de los jefes priva sobre el ideol贸gico, por la sencilla raz贸n, como hemos visto, de que 茅ste no ten铆a formulaci贸n te贸rica. La gente se sacrific贸 por acabar con un r茅gimen injusto con una utop铆a por meta.鈥 (Aub, Max: Narradores de la Revoluci贸n Mexicana. Fondo de Cultura Econ贸mica, 1969. p. 13). Ello sin duda explica la hondura de los escritores de ese periodo, sus personajes sombr铆os, brutales e introvertidos. Es, pues, un comienzo original para las letras nacionales. A diferencia de otras corrientes literarias, la mexicana no es revolucionar铆a en s铆 mismo sino por su tema. Aunque en m谩s de un momento la novela o el cuento adquieren caracter铆sticas de asombrosa novedad. Tales son los casos de La sombra del caudillo en novela, de 鈥淗ombre, caballo y oro鈥 en cuento y de Felipe 脕ngeles en teatro.
Para el a帽o 2000, pol铆ticamente la Revoluci贸n Mexicana ha muerto. Para muchos su agon铆a comenz贸 al concluir el periodo del general L谩zaro C谩rdenas, momento estelar de un movimiento que dio extraordinarias figuras, conmovi贸 a todo el continente americano y atrajo figuras del orbe entero, incluida de la naciente Uni贸n Sovi茅tica. Entra, pues, en un hospital para desahuciados, cuando en 1940 el sucesor de C谩rdenas, Manuel 脕vila Camacho, se declara cat贸lico p煤blicamente sin importarle las largas luchas entre la reacci贸n y los liberales, los conservadores y las fuerzas progresistas; la guerra cristera (exacerbada por el asesinato de una figura como el general Obreg贸n a manos de un fan谩tico cat贸lico azuzado por la alta jerarqu铆a eclesi谩stica). Lentamente la Revoluci贸n desaparece, sus haza帽as quedan en las p谩ginas de los libros y en los acartonados discursos de la clase gobernante. Despu茅s del general C谩rdenas, cada presidente de la Rep煤blica se inclina m谩s a la derecha: cesan las pol铆ticas sociales, los logros pol铆ticos y econ贸micos. Para multitud de j贸venes, en 1968, con exactitud, el 2 de octubre, la Revoluci贸n muere violentamente cuando fuerzas militares y policiacas, en una maniobra conjunta, asesinan de golpe a m谩s de quinientos estudiantes. Me toc贸 estar en medio de aquella muchedumbre que corr铆a desesperada de un lado a otro huyendo de las balas, viendo a mis compa帽eros morir. En esos momentos, M茅xico abiertamente se hab铆a colocado al lado de Estados Unidos y s贸lo manten铆a relaciones con Cuba a causa de las tradiciones diplom谩ticas nacionales de no intervenci贸n y autodeterminaci贸n de los pueblos. De ello dej茅 constancia de mi modo de ver a M茅xico en una novela que originalmente apareci贸 publicada en Buenos Aires, en 1971: El gran solitario de Palacio.
Sin embargo, la palabrer铆a 鈥渞evolucionaria鈥 no acabar铆a hasta el periodo de Miguel de la Madrid, en 1984. Con 茅l, escuchar hablar de revoluci贸n y mirar alrededor resultaba ir贸nico y ofensivo para aquellos que por miles murieron en la gran gesta, mucho m谩s para la memoria de intelectuales y artistas que, como David Alfaro Siqueiros y Jos茅 Revueltas, sufrieron c谩rceles y persecuciones. Ya con Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo no existe ni siquiera el recuerdo de la Revoluci贸n, ha comenzado el total retroceso o ha concluido una larga etapa pol铆tica y econ贸mica del pa铆s. Ellos abren formalmente las puertas del Partido Acci贸n Nacional, partido fundado en 1939, por un intelectual de derecha, Manuel G贸mez Mor铆n, parte de la generaci贸n llamada Los siete sabios, donde estuvo tambi茅n el marxista Vicente Lombardo Toledano, impulsor de luchas sociales. M茅xico entra de lleno al mundo del conservadurismo, en lo que los marxistas han llamado el reflujo; triunfa la globalizaci贸n, el modelo neoliberal impulsado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan se extiende sin importar si coincide o no con las historias patrias y los valores de tantas naciones pobres. Sin el mundo del socialismo real, derrumbado de forma estrepitosa por sus propios defectos y errores, comienza la era de las privatizaciones a ultranza, de la entrega de los recursos nacionales a empresarios extranjeros. En suma, las viejas pol铆ticas sociales y el papel del Estado rector en M茅xico se vienen abajo. De nueva cuenta padecemos una enferma relaci贸n entre un pu帽ado de familias multimillonarias y millones de miserables, de mexicanos en condiciones de extrema pobreza.
Pero si M茅xico tiene cifras de miseria pol铆tica y econ贸mica y social, como si la Revoluci贸n no hubiera existido, en literatura, m煤sica y pintura, dej贸 huellas profundas de su intensidad. Carlos Ch谩vez, Silvestre Revueltas y Pablo Moncayo plasman musicalmente la transformaci贸n nacional. En pintura, la Escuela Mexicana, presidida por Diego Rivera, Jos茅 Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, le concede al pa铆s prestigio internacional y exalta los valores revolucionarios. En materia de literatura, los nombres de Mariano Azuela, Jos茅 Vasconcelos, Mart铆n Luis Guzm谩n, Nellie Campobello, Rafael F. Mu帽oz, Mauricio Magdaleno, Gregorio L贸pez y Fuentes y Francisco L. Urquizo, le dan una fisonom铆a distinta a las letras nacionales. Si a finales del siglo XIX e inicios del XX prevalec铆a el esp铆ritu afrancesado, con el movimiento armado casi de inmediato comienzan las repercusiones culturales. Los artistas mexicanos dejan de observar como modelo al continente europeo y comienzan la b煤squeda afanosa de temas y tratamientos mexicanos. Muy pronto arranca la literatura de la Revoluci贸n con Los de abajo de Mariano Azuela. Se trata de una obra fundamental porque ha dejado atr谩s los valores del siglo XIX y es una propuesta con caracter铆sticas nacionales. Su personaje principal, Demetrio Mac铆as va a quedar dentro de la literatura mexicana como una met谩fora del futuro fracaso del movimiento, de su par谩lisis y muerte: 鈥淵 al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa como p贸rtico de vieja catedral, Demetrio Mac铆as, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el ca帽贸n de su fusil...鈥1 El ciclo parece cerrarse perfectamente cuando aparecen no s贸lo las parodias como la de Jorge Ibarg眉engoitia, Los rel谩mpagos de agosto, sino tambi茅n las violentas cr铆ticas a los resultados del movimiento revolucionario de 1910, ya en manos de una burgues铆a 谩vida de riquezas y con un partido, el PRI, proclive a la corrupci贸n y al autoritarismo, que cada d铆a traiciona los principios revolucionarios sin ning煤n pudor, modifica a placer la Constituci贸n y que, por 煤ltimo, concluye cuando el PAN, organismo fundado justo para contrarrestar las acciones cardenistas de 1936-1940, gana las elecciones en julio de 2000. Ciertamente no es el mismo PAN de 1939, pero tampoco ofrece una salida a las dificultades y desaf铆os del pa铆s. Jos茅 Luis Mart铆nez precisa: 鈥淎gotados los temas que proporcionaba la Revoluci贸n o perdido el inter茅s por ellos, casi todos los novelistas que participaron en esta tendencia derivaron a la novela rural y de la ciudad, cuando no a la novela de tesis o de contenido social. En ambos casos, los autores contin煤an preocupados con las consecuencias de aquellas luchas y tratan de mantener el esp铆ritu que las origin贸 o de patentizar su desencanto. Fue, pues, fundamentalmente, un llamado a la tierra y a la justicia social lo que vinieron a significar las obras de este g茅nero.鈥 Mart铆nez, Jos茅 Luis. 鈥淟a literatura鈥, M茅xico, 50 a帽os de Revoluci贸n. La cultura. Fondo de Cultura Econ贸mica, M茅xico, 1962. De entre ellos destacan Jos茅 Revueltas, Francisco Rojas Gonz谩lez y鈥
A la novela inicial, Los de abajo, obra de gran empuje tard铆amente descubierta por el hombre de letras Francisco Monterde (茅l mismo autor de libros sobre el tema: Lencho y El mayor Fidel Garc铆a), le siguen otras, todas ellas basadas en la realidad inmediata. Mart铆n Luis Guzm谩n y Jos茅 Vasconcelos escriben obras memorables. Todos los narradores son protagonistas, hombres y mujeres que participan del movimiento armado. Son, pues, autobiogr谩ficas. Para estudiar el fen贸meno de la literatura de la Revoluci贸n Mexicana, no hay duda de que es necesario acudir a la edici贸n de Aguilar La novela de la Revoluci贸n Mexicana, en dos vol煤menes, realizados por Antonio Castro Leal, y seguramente continuar con Los protagonistas de la literatura mexicana del siglo XX, de Emmanuel Carballo, independientemente de acudir a otras fuentes. Castro Leal es quien primero estudia, agrupa y ordena a los autores de la Revoluci贸n. Lo hace de forma que no haya equ铆vocos: en principio est谩n aquellos que fueron testigos directos, que, como Azuela, m茅dico de las tropas villistas y Mart铆n Luis Guzm谩n cercano a Villa, toman las escenas y los personajes de primera mano. Ellos son parte del movimiento armado, igual que Jos茅 Vasconcelos, quien narra en libros formidables, como el Ulises criollo, su propia experiencia, su memoria de los d铆as violentos y soberbios de la gesta revolucionaria.
Enseguida vienen aquellos que nacieron durante los a帽os revolucionarios, los que plasman sus recuerdos infantiles o cuentan historias que escucharon durante sus a帽os iniciales o de formaci贸n. Sin embargo, el tema que propone la Revoluci贸n, que bien podr铆a ir de 1910 a 1920, a帽o en que muere asesinado en Tlaxcalaltongo Venustiano Carranza, se ha estirado enormemente. No olvidemos que en 1962, Fernando Ben铆tez escribe El rey viejo, historia novelada de la muerte violenta del constitucionalista. M谩s adelante, Agust铆n Y谩帽ez (1904-) retoma el tema en su obra Al filo del agua, novela que introduce t茅cnicas modernas y cuenta la historia de un modesto poblado que vive al margen de la gran tormenta revolucionaria: la gesta no pasa por all铆, da un rodeo, lo deja pr谩cticamente igual. No importa que las poderosas tropas de generales formados en la lucha guerrera, sacudan a la naci贸n y destruyan el feudalismo que el r茅gimen de Porfirio D铆az permit铆a. Tambi茅n Jos茅 Revueltas recurre al tema o, mejor dicho, a la secuela que ha dejado. M谩s adelante, cuando los cr铆ticos supon铆an agotado el tema de la Revoluci贸n, Carlos Fuentes escribe dos obras fundamentales: La regi贸n m谩s transparente y La muerte de Artemio Cruz, en ambos casos presenciamos la muerte simb贸lica de la Revoluci贸n, su ca铆da en cuerpos corruptos que se beneficiaron con los logros de quienes quedaron en los campos de batalla. Ello significa que bien podr铆amos hablar de una tercera etapa de la literatura de la Revoluci贸n, una literatura ya no de corte 茅pico sino m谩s bien de cr铆tica 谩spera a los resultados de la gesta libertaria, su total decadencia convertida en PRI, la corrupci贸n a gran escala, el autoritarismo llevado a extremos brutales como lo prueban las represiones frecuentes a electricistas, maestros, m茅dicos, estudiantes, y, por 煤ltimo, una pobreza que repite la situaci贸n de 1910. El pa铆s de nueva cuenta ha quedado en manos de ricos y de banqueros y empresarios extranjeros que revierten la obra revolucionaria cuyo momento de m谩ximo esplendor llega con L谩zaro C谩rdenas, entre 1936 y 1940.
Como si lo anterior fuese poco, Carlos Fuentes, nacido en 1928, vuelve al tema utilizando la desaparici贸n, en pleno movimiento revolucionario, del escritor sat铆rico norteamericano Ambrose Bierce, quien se interna en tierras mexicanas siguiendo a las tropas villistas. Otra vez, en Gringo viejo, est谩 presente la Revoluci贸n Mexicana, en algo que en efecto podr铆amos llamar tercera etapa: una donde lo que prevalecen son los resultados, la traici贸n al movimiento, el nacimiento de una nueva burgues铆a, seguramente m谩s 谩vida de fortuna que las clases pudientes porfiristas.
La literatura de la Revoluci贸n Mexicana no fue ciertamente una literatura revolucionaria, un movimiento est茅tico de gran envergadura, pero a nivel mexicano consigui贸 grandes cambios de corte est茅tico. Su tem谩tica fue nacional. Como en el caso de la pintura, se volvieron los ojos hacia lo propio y apareci贸 una gran preocupaci贸n por la forma. La naciente literatura hizo que los escritores se fijaran en los indios, en los campesinos, en los grandes problemas nacionales, lo cual le dio a la novela y al cuento una preocupaci贸n pol铆tica desconocida hasta entonces y un impulso art铆stico avanzado. Recordemos, por ejemplo, el c茅lebre cuento de Rafael F. Mu帽oz, 鈥淗ombre, caballo y oro鈥, as铆 como el cap铆tulo del libro de estampas de Mart铆n Luis Guzm谩n, 鈥淟a fiesta de las balas鈥, o la novela de este mismo narrador La sombra del caudillo. Todos ellos son trabajos memorables que dejan una profunda huella en los mexicanos y que, de no haber sido escritas en castellano, ser铆an obras de alcance internacional. Todav铆a en los a帽os cincuenta, los escritores se mov铆an pensando en funci贸n de ese movimiento, fuera para elogiarlo o para vituperarlo. Sin duda lo que produjo fatiga no fue tanto el tiempo pasado como la insistencia pol铆tica de hablar de ella cuando ya agonizaba y le entregaba a la burgues铆a los recursos por los que las masas campesinas hab铆an luchado y muerto.
Pero hay muchos m谩s grandes escritores que se dejan influir por la Revoluci贸n Mexicana y una secuela directa, para muchos una contrarrevoluci贸n, para otros una revuelta reaccionaria, lo que han llamado la cristiada o la guerra cristera y que de muchas formas entronca como pariente pobre con la novela de esa 茅poca. Elena Garro no s贸lo escribi贸 su memorable obra dram谩tica Felipe 脕ngeles, sino que en Los recuerdos del porvenir deline贸 a muchas figuras cristeras. En esta tesitura, dentro de la literatura que produce la lucha de los que se alzaron en nombre de Cristo Rey contra los gobiernos revolucionarios, destaca entre muchos libros poco conocidos, una novela intensa y muy bien lograda de Manuel Estrada: Rescoldo, publicada en 1961. Esta literatura, la que produjo la guerra cristera, merecer铆a un mayor estudio.
No es sino hasta 1968 cuando la literatura recupera un impulso de cr铆tica pol铆tica. Es ella quien juzga a los asesinos de Tlatelolco, a trav茅s de una serie de novelas y poemas. El arte en general asume una vez m谩s cercan铆a con la pol铆tica. S贸lo que el gran personaje de 1910-1920 est谩 ausente: ahora se lucha contra sus magros resultados. En nombre de la Revoluci贸n Mexicana el ej茅rcito (al que la burocracia considera como una gran herencia del movimiento revolucionario) y la polic铆a disparan sus balas contra estudiantes inermes, los pol铆ticos condenan el movimiento estudiantil como si fuera obra de provocadores y dementes, de anarquistas, dir铆a el viejo marxista pro sovi茅tico Vicente Lombardo Toledano (un acabado producto intelectual de los a帽os revolucionarios y un hombre que est谩 cerca de C谩rdenas fundando organizaciones obreras y teorizando sobre las expropiaciones, quiz谩 buscando seriamente el camino mexicano hacia el socialismo).
La literatura de 1968, principalmente con novelas y poemas, sirve de memoria, para que los mexicanos no olviden la represi贸n y las muertes, que juzga a los responsables y, seguramente, es de inmensa utilidad para que el pa铆s sufra transformaciones positivas. Esa literatura, sin personajes memorables, m谩s bien an贸nimos, con algunos autores de significado cultural importante, hace que cada 2 de octubre se reaviven los impulsos democr谩ticos y libertarios por los cuales los j贸venes lucharon y fueron masacrados. Luego de la matanza, muchos iniciaron el camino de la guerrilla. En los inicios de la d茅cada de los 70 el ej茅rcito y la polic铆a masacran a estos combatientes, es una guerra sin cronistas y sin memoria, olvidada, perdida en el recuerdo de uno o dos ensayistas y de un novelista, Salvador Casta帽eda, que la vive y padece prisi贸n. Hoy de nueva cuenta existe una serie de guerrillas como el EZLN y el EPR, que comienzan a contar con sus narradores. La literatura de 68 est谩 bien representada por Luis Gonz谩lez de Alba, Los d铆as y los a帽os, Mar铆a Luisa Mendoza, Con 茅l, conmigo, con nosotros tres, Fernando del Paso, Palinuro de M茅xico.
Sobre la situaci贸n cultural de 1910-1920, Antonio Castro Leal se帽ala que 鈥渓a Revoluci贸n Mexicana, momento de honda crisis hist贸rica, nos hizo pensar en nuestra patria, en nuestro pasado, en nuestros problemas; nos oblig贸 a movernos dentro de nuestro territorio. A reflexionar sobre nuestro modo de ser. A estar en contacto con nuestras tradiciones y costumbres. Nos hizo apreciar lo nacional como en una revelaci贸n.鈥2 El cr铆tico literario Jos茅 Luis Mart铆nez, en el 煤ltimo libro que pretende glorificar oficialmente a la Revoluci贸n, M茅xico, cincuenta a帽os de Revoluci贸n, editado por el Fondo de Cultura Econ贸mica en 1962 por instrucciones del presidente Adolfo L贸pez Mateos, indica que 鈥渁s铆 como la 茅poca del Modernismo se sustent贸 en el hecho pol铆tico y social del gobierno de Porfirio D铆az, el periodo contempor谩neo de nuestra literatura nace y se apoya en la realidad de otro acontecimiento hist贸rico: la Revoluci贸n Mexicana.鈥 Y lo mismo es posible se帽alar para la m煤sica, el teatro y, sobre todo, para la pintura. Es cierto, no todo se centra en el tema revolucionario, surgen una multitud de tendencias: Alfonso Reyes y Julio Torri, por ejemplo, ambos miembros de la generaci贸n del Ateneo de la Juventud, camaradas de Vasconcelos y Guzm谩n, jam谩s escriben una l铆nea sobre las acciones revolucionarias, sus obras se centran en temas y tratamientos universales. El primero mira hacia Europa, principalmente hacia la Grecia cl谩sica, el segundo opta por escribir peque帽os poemas en prosa, relatos peque帽os llenos de agudeza y hermosura. Los dos son hombres de talento singular y con obras perfectas. No obstante, no se trata de una cultura o un arte, nacido de forma espont谩nea. 鈥淟a novela de la Revoluci贸n 鈭抏xplica Jos茅 Luis Mart铆nez鈭 tuvo sus antecedentes en algunas obras aparecidas a fines del siglo XIX o a principios del XX. Se recuerdan al respecto La bola (1887), de Emilio Rabasa; Tom贸chic (1892), de Heriberto Fr铆as; La parcela (1898), de Jos茅 L贸pez Portillo y Rojas, y una pieza de teatro de Federico Gamboa, La venganza de la gleba (1905). Pero si tales son las obras precursoras, otras muy curiosas fueron adem谩s de la base hist贸rica, las causas de la aparici贸n del g茅nero. Mariano Azuela hab铆a publicado desde 1915 su novela Los de abajo en un oscuro follet贸n de El Paso, Texas, y nadie hab铆a advertido con suficiente publicidad su significaci贸n y su importancia hasta que en 1924 y en el curso de una pol茅mica relacionada con el asunto, Francisco Monterde se帽al贸 la existencia de aquella obra que recurr铆a por primera vez al tema de la Revoluci贸n. A帽os m谩s tarde, interesados nuestros novelistas en la veta tan rica que se les propon铆a, comenzaron a publicar, casi ininterrumpidamente desde 1928 hasta una d茅cada m谩s tarde, una abundante serie de obras narrativas a las que vino a denominarse 鈥榥ovelas de la Revoluci贸n鈥欌3
Tanto en la parte meramente pol铆tica y econ贸mica como en la superestructura art铆stica, la Revoluci贸n Mexicana dej贸 una profunda huella. La primera parte, se ha diluido, se convirti贸 en una historia llena de haza帽as b茅licas que provocaron algunos cambios y una nueva Constituci贸n. Esos cambios y esa Constituci贸n fueron gast谩ndose por la usurpaci贸n de los verdaderos triunfadores, una nueva clase social que se apropi贸 de los beneficios del gran movimiento social, mientras que los campesinos siguen padeciendo las miserias de sus ancestros, por m谩s que hayan cambiado el rostro del pa铆s y lo hayan hecho transitar del feudalismo hacia cierta modernidad a trav茅s de un movimiento democr谩tico burgu茅s, como lo ha indicado el historiador Jes煤s Silva Herzog en su libro Breve historia de la Revoluci贸n Mexicana. No obstante, en el arte la huella fue m谩s sensible. Sigue all铆, en los murales de Siqueiros, Orozco y Rivera, en la m煤sica de Carlos Ch谩vez y de Pablo Moncayo, en las novelas perdurables de Azuela, Mart铆n Luis, Vasconcelos y Rafael F. Mu帽oz, todas ellas convertidas en cl谩sicos de la literatura mexicana del siglo XX: donde la epopeya es mejor recordada y sus figuras se agigantan con el paso de los a帽os en las mentes de los nuevos lectores cautivados por las historias y leyendas de un pueblo en armas, pese a los cambios que estamos presenciando y a la fuerte p茅rdida de la identidad nacional producto de la subcultura norteamericana que hoy domina al orbe y que a M茅xico ha ingresado sobre todo a trav茅s de los medios televisivos.
Las mujeres escritoras no parecen pertenecer con precisi贸n a una generaci贸n determinada, aparecen con fuerte independencia de los grupos. Los mejores ejemplos de esto son Sor Juana In茅s de la Cruz y Elena Garro. Si a Rosario Castellanos y a In茅s Arredondo se les puede incluir en grupos generacionales, no a Sor Juana y a Garro. Esta 煤ltima nos abruma con su historia de desamores y desencuentros con Octavio Paz, ello la ha marcado e impedido disfrutar del sitio que en las letras mexicanas le corresponde. Su periodismo cr铆tico y sus recriminaciones a las intelectuales durante el 68, aunado a un mal matrimonio, la hacen detestable a sus pares. Su fuga de M茅xico la oculta de las miradas, pero no la defiende del terror gubernamental y de la aversi贸n de aquellos que toman partido por Octavio Paz en la pugna de la pareja. Por fortuna, sus obras magn铆ficas que merecieran los comentarios elogiosos de Bioy Casares y Borges, se imponen gradualmente. Novelas como Los recuerdos del porvenir, obras dram谩ticas como Felipe 脕ngeles y cuentos como los que est谩n en La semana de colores sobresalen con fuerza y prueban que fue la mejor escritora del siglo XX mexicano.
La novela de la Revoluci贸n Mexicana, con sus logros y carencias, con sus autores hondamente preocupados por los problemas nacionales del pa铆s, supo mejor que la historia presentar un movimiento grandioso que cambi贸 el rostro de la naci贸n y le ayud贸 a levantarse de una postraci贸n de siglos. Hoy, para hacer un nuevo intento de adentrarse plenamente en la modernidad, M茅xico no invoca m谩s a la Revoluci贸n, no obstante, nadie podr铆a negarle los luminosos m茅ritos de todos aquellos que por una raz贸n u otra tuvieron la fortaleza de llevarla a cabo y que, por 煤ltimo, le dieron a la literatura mexicana la posibilidad de mostrar h茅roes y villanos de peculiares caracter铆sticas, de grandeza y miseria.
Sin embargo, el tema no se agota, adquiere otras formas y tratamientos. Carlos Fuentes (Panam谩, 1928-Ciudad de M茅xico 2012), por ejemplo, la retoma o mejor dicho retoma la herencia de corrupci贸n que dej贸 y en libros como La regi贸n m谩s transparente y La muerte de Artemio Cruz toca esa triste secuela. M谩s adelante, Fuentes entra de lleno a las nostalgias del tema con Gringo viejo, en esta obra, de alguna manera recupera a muchos de aquellos personajes, la mayor铆a poco conocidos, extranjeros que vinieron a M茅xico a pelear o a morir, por una causa ajena y poco comprensible. Como Mina, aquel soldado espa帽ol que luch贸 y muri贸 por la Independencia y que Mart铆n Luis Guzm谩n le rindi贸 un c谩lido homenaje en Mina el mozo.
Quiz谩 lo m谩s interesante de La regi贸n m谩s transparente, una de las novelas que le permite a M茅xico ingresar en las naciones que poseen una acabada literatura urbana. Es evidente la influencia de Manhattan Transfer de John Dos Passos, cuyo personaje central es la ciudad de Nueva York. Casi simult谩neamente aparecen dos m谩s: de Rafael Solana, El sol de octubre y de Luis Spota, Casi el para铆so, lo que contribuye a reforzar una tem谩tica que aparece tard铆amente en M茅xico.
Fuentes adem谩s de darle firmeza a la literatura urbana, retoma la Revoluci贸n y sus resultados, de La muerte de Artemio Cruz hasta Gringo viejo. Las generaciones siguientes, aqu茅llas que nacieron despu茅s de 1950, muestran un pa铆s que recupera la epopeya revolucionaria y aprecia la gesta social como pura nostalgia. As铆 tenemos libros de autores j贸venes como Paco Ignacio Taibo II y Pedro 脕ngel Palou, que ven a Villa y a Zapata con ojos de admiraci贸n y novelan sus respectivas historias. Los corridos populares que exaltaban a los revolucionarios, son sustituidos por sus fotograf铆as puestas en bares distinguidos para j贸venes metrosexuales o para una multitud de personajes que se divierten y beben fr铆volamente. Una contradicci贸n aterradora. La tragedia qued贸 atr谩s.
Para la mitad de la d茅cada de 1950, aparecen dos autores espectaculares: Juan Rulfo y Juan Jos茅 Arreola, el primero, sigue en los temas rurales, pero los corona con obras irrepetibles: El llano en llamas y Pedro P谩ramo. Arreola, por su parte, se asume, luego de Julio Torri, como el gran escritor de literatura fant谩stica, su huella es portentosa, orientada por la obra de Jorge Luis Borges, sus propias admiraciones como Kafka y Schwob.
En 1960, junto con la consolidaci贸n de la m煤sica de rock and roll, la Revoluci贸n Cubana, la lucha de Ernesto Guevara en diversos pa铆ses del mundo, la revuelta estudiantil de mayo 1968, el autoritarismo creciente de los gobiernos mexicanos, la guerra de Vietnam, el desmedido crecimiento de la Ciudad de M茅xico, el hast铆o que produce en los j贸venes el nacionalismo oficial, son algunos elementos nacionales e internacionales que permiten la aparici贸n de una generaci贸n sui g茅neris: la que Margo Glantz llam贸 鈥淟a Onda鈥. En ella, los nacidos alrededor de 1940, ten铆an como caracter铆stica principal la de escribir sobre la ciudad capital, el Distrito Federal. Pero no a la manera de Fuentes, pensando en ella como un s贸lo ser, un individuo, el DF es ya enorme y dej贸 atr谩s los aires rom谩nticos y provincianos, est谩 a punto de ser una megal贸polis casi demencial. Las historias de estos j贸venes escritores, Jos茅 Agust铆n, Parm茅nides Garc铆a Salda帽a, Gustavo S谩inz鈥, dividen a la ciudad en zonas. Jos茅 Agust铆n toma la colonia Narvarte, una zona al sur del DF. Los libros de estos narradores tienen otras caracter铆sticas y ellas son formales: el uso de la puntuaci贸n, el lenguaje coloquial, sus alocados personajes juveniles. La influencia de esta generaci贸n no ha sido debidamente analizada, pero su influencia entre los j贸venes que le siguen es considerable, en especial la de Jos茅 Agust铆n.
Sin embargo, la nueva literatura mexicana tiene multitud de presencias, fatigada 鈥淟a Onda鈥, Borges sobresale como el autor m谩s influyente del siglo en espa帽ol, no es el autor de un libro archifamoso como puede serlo Garc铆a M谩rquez con Cien a帽os de soledad, es una aut茅ntica revoluci贸n en las letras. En M茅xico es f谩cil detectar su ben茅fica presencia. A los cl谩sicos se llega a trav茅s del escritor argentino, sus recomendaciones reaparecen una y otra vez, es multicitado y su prosa deslumbrante imitada y su ingenio repetido. Atr谩s quedaron las prohibiciones cubanas de no leerlo, de suponer que s贸lo faltaba la biograf铆a de Borges para que quedara completa La historia universal de la infamia. El porte帽o muerto en Suiza se impone de modo avasallador.
Hoy las letras mexicanas gozan de buena salud, se desarrollan en un mundo de mayores desaf铆os debido a la globalizaci贸n, en especial de los medios de comunicaci贸n que permiten que los descubrimientos literarios y en general culturales sean m谩s eficaces. El gran ausente sigue siendo la cr铆tica literaria. Carecemos de ella. No me refiero al an谩lisis de figuras, 茅sas las hemos tenido en escritores como Paz y Torres Bodet. Lo que no tenemos es el cuerpo cr铆tico, de origen acad茅mico, que analice cotidianamente las obras que aparecen a diario y nos permitan saber qu茅 son, cu谩les son sus m茅ritos o sus defectos. Si Fuentes o Paz han hallado en otros pa铆ses las cr铆ticas necesarias para valorar su obra, los que permanecemos en M茅xico tenemos ese enorme e infranqueable problema. No sabemos con precisi贸n qu茅 escribimos, cu谩l es su valor. Sin embargo, pese a estas dificultades, los narradores, poetas y dramaturgos hacen puntualmente su trabajo en pos de una grandeza que puede ser individual pero que enriquece a una naci贸n, a un continente y desde luego, a un idioma: el castellano. El pa铆s ha puesto distancia con la Revoluci贸n que ahora cumple cien a帽os de edad. Los homenajes que con tal motivo se preparan son un r茅quiem de escasa dignidad. Mejor conmemor贸 la dictadura de Porfirio D铆az el centenario de la Independencia, meses despu茅s el longevo gobierno cay贸 bajo el 铆mpetu revolucionario. Las artes de M茅xico quedaron con una deuda profunda con el movimiento pol铆tico-militar. Sobre la literatura Max Aub hizo un se帽alamiento aclarando su importante influencia a finales del siglo XX: 鈥渆stamos ya en otro mundo, el de nuestros d铆as; sin la narrativa de la Revoluci贸n ser铆an otros.鈥 Ten铆a raz贸n. (Aub, Max: Narradores de la Revoluci贸n Mexicana. P. 64.

NOTAS
1 Azuela, Mariano, Los de abajo, M茅xico, 1972. Aguilar. p. 112.
2 Castro Leal, Antonio, La novela de la Revoluci贸n Mexicana, dos vol煤menes. M茅xico, 1972. Aguilar. p. 29.
3 Mart铆nez, Jos茅 Luis, M茅xico, cincuenta a帽os de Revoluci贸n. Tomo IV, La cultura. M茅xico, 1962. Fondo de Cultura Econ贸mica. p.336.