REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2019
   

De nuestra portada

Elecciones presidenciales en Argentina 2015


Hugo Enrique Sáez A.

Como siempre, es difícil entender lo que ocurre en un país cuando no se vive en él, aunque no todo el mundo comparte esta opinión tan sensata. Así, este obstáculo “epistemológico” (para vestirlo de seriedad) no incomoda a los expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI), como nos lo recuerda Joseph Stiglitz: llegan en misión a cualquier capital del planeta, se hospedan en hoteles de lujo, se entrevistan con el gobernador del banco central, con el ministro de economía y con empresarios multimillonarios, recogen información durante una semana y regresan a Washington a preparar sus recomendaciones de política para el gobierno de esa nación que a veces no identifican en un mapa. Aunque respeto a multitud de buenos economistas, el modus operandi de los expertos mencionados me recordó aquel chiste en el que se afirma “hay dos clases de economistas, los que hacen planes de desarrollo y los que se dedican a explicar por qué los planes de desarrollo no funcionaron”.
Haciendo la salvedad previa, deseo exponer mis impresiones de un viaje a Argentina que realicé durante casi tres semanas en el mes de agosto pasado. Mi única ventaja respecto de los misioneros del FMI es que nací y viví en Mendoza buena parte de mi vida, donde tengo familia y amigos que siempre me reciben con cordialidad. Además, por razones políticas nunca me divorcié del terruño nativo y por profesión me inclino a la observación de campo como fuente informativa. En consecuencia, quiero desglosar con tintes impresionistas el panorama social y cultural previo a las elecciones presidenciales del 25 de octubre de 2015.
En mi breve estadía me llevé muchas sorpresas y me quedaron incógnitas sin resolver. Nunca había visto tanta prosperidad y libertad en sus calles y plazas, que parecen estar en ebullición aun con cierto rigor del invierno austral. Pese a la tranquilidad con que pude pasear, mucha gente me advertía de la inseguridad reinante. En cambio, yo acababa de revisar una información estadística del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en las que Argentina, Chile y Uruguay figuraban como los países menos violentos de América Latina. En el caso de Argentina, la desmesurada sensación de inseguridad se genera a partir de los medios de comunicación, principalmente la televisión y la prensa escrita vinculada al monopolio del diario Clarín. Por supuesto, yo era consciente de que no andaba circulando por algún cantón de Suiza, y sí hay violencia en las calles y en las familias, pero su impacto se sobredimensiona en los noticiarios. Por ejemplo, en esos días se registró un crimen en un country (léase, condominio de lujo). Un empresario acudió con su abogado a su antiguo domicilio con objeto de acordar los términos de divorcio con su esposa, y sin mediar palabras la acuchilló. Los canales que transmiten informativos 18 horas al día escogieron como tema estrella los detalles del crimen y posterior detención del asesino. El mayor rating televisivo corresponde a programas estúpidos y frívolos como el de la nonagenaria Mirta Legrand, que reúne a comer en su mesa a deportistas, vedettes, periodistas, políticos, y una variopinta fauna de especímenes, como un turco que no habla español y que emigró de su país con la fama de “galán de telenovelas”. Las opiniones predominantes en esos grupos se inclinan hacia el conservadurismo. Inclusive, fue echada del programa una persona que se manifestó a favor del gobierno. En otra onda, Tinelli es un hábil comunicador que reúne en su programa de baile a mujeres que incluso han llegado a desnudarse frente a las cámaras. Un porno soft que atrae a millones de televidentes y distrae de los problemas candentes por los que atraviesa el ensayo de una economía autónoma del FMI.
En distintos municipios de la provincia de Mendoza se aprecia un parque automotriz renovado como nunca antes y esa proliferación de carros en la capital causa problemas de embotellamientos y de estacionamiento, desconocidos en el pasado. La juventud marcha feliz y despreocupada al salir de sus escuelas. Hay una intensa actividad en las calles y se percibe un ambiente de libertad. En la plaza España de Mendoza se reúnen grupos de adolescentes con sus patinetas y al respirar el aire se percibe un inconfundible olor a marihuana. Ningún policía se acerca a reprimirlos. Y no se trata de chicos desocupados, son estudiantes que gozan de educación pública gratuita. Es obvio que no estoy aplaudiendo el uso de estupefacientes, sólo deseo resaltar el ambiente de moderación en que se practica el consumo de marihuana.
Visité, entre otros, a unos amigos que después de la dictadura militar vivían en una villa de emergencia y ahora pueden enviar a sus hijas a la universidad. La cartelera cultural es amplia y diversa. Después de ver una obra de teatro de Ernesto Suárez puedes escoger uno de los múltiples cafés que permanecen abiertos hasta después de la medianoche, donde numerosos parroquianos beben sin exaltarse y platican con énfasis sobre temas diversos.
Para viajar en avión de Mendoza a Buenos Aires no se conseguía pasaje. Tuvimos que abordar un cómodo autobús con camas. Los reaccionarios de siempre argumentan que los aviones van repletos de funcionarios de la estatal empresa Aerolíneas Argentinas. Por supuesto, cuando les pides datos duros de esa afirmación se callan, además de que no toman en cuenta que la empresa chilena LAN tampoco tiene asientos disponibles. No sólo nosotros tuvimos esa experiencia, también les sucedió a pasajeros del ómnibus en que nos trasladamos a Buenos Aires. En horas de la noche, caminar por la calle Corrientes significa toparse con los teatros atestados de público y las banquetas, de transeúntes. En los restaurantes se conseguía mesa con cierta dificultad. Frente al emblemático obelisco se halla un campamento de indios tobas provenientes de Formosa que solicitan a la presidenta devolución de tierras apropiadas por empresas extranjeras. Platiqué con sus rostros curtidos y serenos. Reconocían que hay políticas a favor de ellos, pero se inmiscuyen empresas extranjeras para expulsarlos de su territorio histórico.
Es obvio que no pretendo dar una imagen bucólica y de falsa armonía de la situación por la que atraviesa Argentina. Hay problemas y hay responsables de esos problemas. Sin embargo, los medios en manos de la oligarquía nacional distraen al público con asuntos menores y siempre terminan responsabilizando a la jefa del poder ejecutivo. Por ejemplo, murió por inanición un niño indígena, y de inmediato ametrallan de cargos penales a Cristina Fernández de Kirchner. ¡Qué diferente actitud respecto de la obediencia que guardaban frente a los gobiernos conservadores y dictatoriales! Fueron 30 mil muertos y desaparecidos de la dictadura cívico-militar que no se mencionaban en el diario La Nación, y sólo se promocionaba la “música” de Palito Ortega. Los Kirchner se animaron a juzgar a los responsables civiles y militares que habían sido amnistiados por los gobiernos anteriores. Seguramente, muchos me responderán que es necesario sepultar el pasado. En mi caso, lo voy a sepultar el día que pueda sepultar a mi hermana arrebatada de su hija en medio de la espantosa noche de los milicos ignorantes y brutales. En octubre se inicia en Salta el juicio a la cúpula de represores que ejecutó su secuestro y posterior desaparición.
La principal mácula social que encontré es el antiguo odio de la oligarquía hacia el pueblo. Se preguntan: ¿cómo es que los cabecitas negras sigan apoyando a la “yegua” (léase, Excelentísima Señora Presidenta de la República)? Y también sucede que si se resfría la presidenta, hay 'gente decente' que le desea la muerte. La misma conducta de aquellos que cuando en 1951 se enfermó Evita pintaron las paredes con la consigna 'viva el cáncer'. En los aeropuertos te topas con inconformes por la política social al tiempo que necesitan dos carritos para empujar sus valijas y las compras en el duty free. En lo personal y familiar, a los empresarios y a los profesionales en general no les ha ido mal. Siguen disfrutando de su dinero, que yo sepa a nadie les ha molestado y muestran un nivel socioeconómico más que desahogado. A nadie se ha expropiado y vacacionan cuando y donde les da la gana. Y todo eso bajo un gobierno 'peronista', al que mencionan con términos despectivos como “peronchos”.
No hay represión política y se arman casos con información falsa que no derivan en detenciones de opositores. El suicidio-crimen del fiscal Nisman detonó una manifestación encabezada por las elegantes señoras de Barrio Norte, quienes incriminaban a la presidenta porque su gobierno era investigado sobre un atentado realizado por iraníes durante el período del inefable e innombrable doctor Méndez. El juez desestimó las presuntas pruebas y la investigación de la muerte por un balazo descubrió que la víctima no podría haber explicado por su sueldo el origen de dinero depositado a su nombre en bancos de Estados Unidos, que en vida aquél utilizaba para pasear con despampanantes mujeres en Cancún y otros destinos turísticos.
En octubre se celebran elecciones presidenciales en Argentina. Se enfrentan dos concepciones de la política y, al mismo tiempo, dos políticas económicas. Por un lado, el peronismo kirchnerista con el candidato Scioli y por el otro, el neoliberalismo de Macri. El eje de la disputa es la política económica implantada por el actual régimen, que ha dado lugar a la existencia de un mercado de divisas paralelo que cotiza el dólar a 14 pesos, frente a los 9.20 de la moneda oficial. Como ha afirmado el economista Aldo Ferrer en contra de quienes defienden a capa y espada el ingreso de financiamiento externo: “cómo va a tener una economía chica un país que es el octavo del mundo en extensión territorial, que tiene un mercado interno que ya era importante en el siglo anterior, y una tasa de ahorro interno cercana al 30 por ciento del PBI. El problema no es la falta de ahorro, el problema de Argentina es la fuga”. (Página 12, 20 de septiembre de 2015)
En efecto, la fuga de divisas es el gran negocio del dólar paralelo, mientras que el modelo oficial se apoya con éxito en fomentar el mercado interno al que se refiere Ferrer. Se genera un miedo en la economía cuyo foco de irradiación se halla en las empresas monopolísticas y en los grandes terratenientes, sectores acostumbrados a evadir al fisco que ahora tienen que pagar impuestos y respetar los aranceles de exportación. La ofensiva nacional en contra de esa política se complementa con la ofensiva del juez estadunidense Thomas Griesa que pretende cobrar al banco central de Argentina deudas indexadas de entidades que no llegaron a un arreglo obtenido en 2003. El monto de la extorsión podría vaciar las arcas de las reservas nacionales, mediante una tramposa medida de especuladores. Hay datos fehacientes de que se trata de inversionistas nacionales los que en países dependientes depositan su patrimonio en entidades financieras del extranjero, que luego lo “prestan” para el “desarrollo” de la economía de origen. En algunos casos, los depósitos de capitalistas nacionales en el extranjero superan el monto de las reservas del banco central del país de origen. Así sucede tanto en Argentina como en México.
Por último, comparto la opinión expresada por el cantante y autor León Gieco: “no soy kirchnerista, pero mucho menos de la oposición”.