REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Confabulario

Carta de amor: jodido


Rafael Martínez de la Borbolla

    “Una vez que una mujer te da la espalda, olvídala:
   te aman y de repente algo se da la vuelta. Te pueden
   ver muriéndote en una cuneta, atropellado por un
   coche y pasarán a tu lado escupiéndote”
   Charles Bukowski

Te deseo un insomnio lleno de recuerdos míos, he pensado en mil cosas y en nada, en hubieras, en acasos y en oportunidades, a veces se nos dificulta obtener lo que queremos, lo que necesitamos, imaginándonos que lo merecemos, aunque sea nada. Quizá te escribo para llenar vacíos, me sincero; no sólo pienso en ti, más veces pienso en las mujeres de mi vida que aún recuerdo, no son demasiadas, la realidad es que me han amado pocas, de algunas tengo buenos recuerdos de otras no tanto, al final el impacto real que permanece en la mente sólo lo crean algunas y desconozco si sea mutuo. El amor no es un sentimiento fácil de reconocer, pero es como el viento, cuando llega se siente, la magia no surge espontáneamente, es ella la que nos encuentra, por eso la emoción surge al conocer a alguien con quien nos imaginamos espejo, solo para que al final se convierta en espejismo.
A veces te extraño; pero no a ti. Sino a la versión que se encargó de enamorarme una vez, estoy tratando de olvidarte, pero también estoy esperando tu regreso. Un día dejaré de quererte, aunque siga extrañándote. Me intriga tu día a día, estoy jodido: amo tu recuerdo en silencio pero te reclamo a gritos. La vida es un constante querer apagarse y encenderse.
Qué borroso se ve cuando miras con los sentimientos; enterramos el pasado pero le seguimos llevando flores, así es, el futuro está en el presente y el pasado en todas partes. No hay pensador que no sea triste, solitario o suicida, volviéndote adicto a cierta clase de tristeza. La realidad es que nunca sabremos el valor de una persona hasta que se convierte en recuerdo. Ya casi es hora de que me extrañes aunque no me lo digas. La vida es una ilusión, en la realidad se puede perder lo imperdible, romper lo irrompible y olvidar lo inolvidable, somos lo que somos y cada quien clasifica sus prioridades según su historia de vida. Confío en la intuición, dos ojos vendados ven mucho más claro que una mente ciega.
Me da rabia el sentimiento que tengo por ti, reconociendo que la mayoría de las relaciones están hechas de personas abandonadas, que se encuentran y juntas engañan sus pesares. ¿Seré tonto como tú lo afirmabas? Soy una anécdota en tu vida, uno de los que sin pena ni gloria han pasado por ella, ¿pero será así? sé que tú estás conforme en tus propios infiernos.
Claro que no soy el primero en sentirme apabullado por un amor no correspondido y juzgado por las circunstancias. No hay cura para ello mientras no encuentres a alguien que comprenda cómo te sientes y sepa cómo ayudarte, alguien que te acepte con tus fuerzas y debilidades. Nuestras vidas no son tan diferentes, aunque nos guste pensar lo contrario. Al final todos tenemos que pagar una cuota de sufrimiento y cada quien escoge cómo y si no, es el destino quien determina el purgatorio personal, me supongo es el pago por vivir.
A veces nos derrumbamos hasta tal punto que incluso la idea de la felicidad nos asusta. Quizá nunca me amaste, pero siempre me recordarás; represento para ti todos los pecados que habías soñado, te enseñé a tocar el cielo y te demostré que la verdad es más valiosa que cualquier simulación, qué bueno que esas cosas no se cuentan y que estoy en el baúl del olvido, porque jamás te creerían. Pensarían que exageras, que te pasaste con tus depresivos, que nada pudo haber sido tan verdadero ni tan cierto.
Necesitas más del drama para aparecer como víctima que del oxígeno para sobrevivir, todo un arte es fingir ingenuidad para justificar nuestra equívoca conducta, irónicamente envidio tu frivolidad, impulsividad, irresponsabilidad y coquetería; actúas sin pensar en las consecuencias construyendo con una traicionera sonrisa una narrativa repleta de excusas, que repetidas mil veces la has hecho real en tu mente, te refieres mal de todos los que te rodean, no has comprendido que la vida es un eco; lo que envías regresa.
Dices que sin el peso de la ansiedad por el futuro y la carga de los dolores del pasado, la vida se vuelve más liviana, siendo así si lastimaste ni modo, son gajes del oficio, buscas el compromiso pero sólo en el lado amable, alejándote de la responsabilidad para abandonar cuando te convenga.
Tienes que volver a aprender a querer desde cero, porque olvidaste cómo hacerlo. Pronta como eres, ya has de estar con alguien ¿le habrás regalado la loción que me robaste? ¿Estarás tan entusiasmada como cuando me conociste? ¿Te tomarán en serio? ¿Tendrá el dinero que a ti te interesa? ¿Ahora sí te llevaran a Europa? ¿Soñarás con alguien de tu pasado cuando lo abrazas? ¿Si es así seré yo? ¿Continuarás con tu doble vida? ¿Aún tendrás en tu celular las fotos de tu ex amante? ¿Las mías? Cuando te preguntan ¿seguirás refiriéndote mal de mí?
Tengo que concentrarme en reconstruirme, me fastidia la conversación de la primera cita; aunque el primer beso, la primera vez que se hace el amor, tengan algo de interesante, como la luna solo mostramos nuestro lado brillante. Al final solo lloramos cuando la tristeza ya no nos cabe en el pecho.
Todos somos interesantes al principio y nos presentamos como quisiéramos ser, luego más tarde, lenta pero firmemente, aparece nuestro verdadero yo; conjunto de luces y sombras muy oscuras, los miedos del pasado despiertan y los demonios comienzan el ritual de lo que debería ser, aparecen los celos y las exigencias, conforme ganamos terreno confundiendo la bondad con debilidad, inicia imperceptiblemente la manipulación sobre el otro, los reclamos, convirtiéndonos en su narrativa, no en lo que somos sino en lo que quisieran que fuéramos, empezando a significar menos y menos para ellas; mientras ellas te agotan más y más.
Para acabarla de fregar descubrí que el tiempo es la única certeza, quema los rostros, nos envejece y hace cenizas el alma y que al final solo la ilusión del recuerdo te dirá que no estuviste, en aquel beso, solo. La única mujer que quiero acariciar, la que necesito conquistar, la que es una Señora en toda la definición de la palabra, la que me conoció cuando no tenía que pretender y que sólo con su mirada puede derrumbar mis muros de ansía, dolor y soledad, sin que me sirva de consuelo, sino de inspiración y soporte para reemprender el vuelo, está lejos en un lugar llamado Cabo Coral, necesito verla, ¿Me esperará? Las peores distancias no son las que se miden en kilómetros sino en silencios. También se vale imaginar lo precioso que puede ser arriesgar y que todo salga bien, pasará lo que tenga que pasar, que aunque suele ser una buena frase no consuela a nadie. Hoy entiendo que no todas las pesadillas se viven durmiendo, no cabe duda: estoy jodido.
Te mando un frío saludo.

Twitter: @rafaborbolla