REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
No quería recordar nada. No tenía ganas de escarbar en el pasado ni pensar más en lo que sucedió aquellos años. Aunque, claro, el tiempo pasa, pero por más esfuerzos que hago por no traer a la mente los sucesos de aquella noche, ésta aparece con toda su fuerza negativa, sale, salta a mi memoria la brutal represión de las fuerzas del gobierno: soldados, judiciales, policías, granaderos que contra los jóvenes, contra los estudiantes ejercieron con saña inaudita. El ruido de las tanquetas todavía repercute en mis oídos, el bazukazo contra la puerta centenaria está más presente que nunca. Las torturas que sufrieron los compañeros en el Campo Militar No.1 siguen grabadas en las páginas de la historia, son hechos imborrables, hechos que permanecen en la impunidad, dado que la impunidad es el común denominador del Estado mexicano. Sí, la clase en el poder se sostiene y se ha sostenido contando con el apoyo del Ejército, de una Iglesia burguesa, de banqueros, de industriales, de policías, de jueces y de políticos. Con estos apoyos con los que cuenta el presidente de la república, por ejemplo, éste viola la Constitución, comete toda clase de tropelías administrativas y gobierna como un Sultán. Si alguien de la clase dominada: campesinos, indígenas, obreros, estudiantes, amas de casa, maestros, si algunos de estos grupos se atreve a protestar, a exigir justicia, a pedir pan, a tratar de impedir la tala de sus bosques, a defender las playas y los ríos y las aguas y sus riquezas naturales, el Estado, con el apoyo de las fuerzas citadas, aniquilan cualquier intento libertario, llenan de metralla a los hombres y mujeres del campo, meten a la cárcel y asesinan a los estudiantes que piden un reparto justo de la riqueza, y los jueces protegerán, con las leyes hechas a la medida por esa clase dominante, cualquier acto bárbaro. Sí, sus leyes permitirán a esa clase dominante hacer y deshacer a su antojo, y con ellas castigarán sin consideración a cualquier hombre o mujer de la clase dominada.
Sí, todo esto, toda esta inequidad, todas estas injusticias, todo este asalto a la razón y a la inteligencia, todo esta enorme cauda que deja la represión, el crimen, los fraudes, me hizo decir lo que arriba digo. Pero ese ayer, ese año de 1968, ese Tlatelolco mortal, esa Lecumberri mortífera, ese Campo Militar, que permanecen, por desgracia, en mi mente, no los puedo borrar. Y menos el día de hoy, menos en este año de 2015 porque hoy más que nunca priva en este Mexicalpan de las Ingratas la cultura del fraude, de la represión, de la impunidad. Hoy, con las reformas de Peña Nieto, se consolida la traición a la Revolución Mexicana. Hoy no somos dueños del petróleo, México no es dueño de sus minas, ahora mineros mexicanos son esclavos de empresarios canadienses y chinos, las playas pertenecen a consorcios hoteleros de capital extranjero en su mayoría, los bancos pertenecen a los dueños de la charola del dinero que hablan en lengua extranjera o en español de España, todo se compra en dólares, y los anuncios espectaculares de compra venta de algo son de productos de marca extranjera. Y proteste usted, diga algo en contra, y las balas, los toletes, la tortura, la cárcel será el precio que pague por tamaño “desacato”. Y si los estudiantes claman y gritan por tener los apoyos necesarios para un mejor futuro, por hacer esa humillante protesta serán asesinados, desaparecidos. Jueces y policías y soldados se echarán la bolita de uno a otro en un juego macabro. Juego que es su manera de ser. No hemos visto otra forma a lo largo de la historia. Esto que escribo al desgaire está en los libros de historia, está en la pintura y en los grabados de Mexiac, está en las canciones de protesta de José de Molina, está en la memoria colectiva, está en algunos diarios, está en el dolor de los padres de los desaparecidos, está en el dolor inmenso de las madres que han visto cómo sus hijos son vapuleados, zarandeados, muertos por las fuerzas del orden –sí, le atinó, del orden establecido, o sea, la fuerza de la clase en el poder, así de sencillo. Así que si usted tiene problemas con sus tierras o ha sido víctima de un fraude, o tenido algún diferendo con un político encumbrado, o ha sido golpeado por policías y granaderos, no diga nada, no se atreva a levantar la voz, no proteste, no diga su verdad, no implore compasión, no cite a la Constitución, menos hable de Juárez para su defensa, no cite a Morelos y menos, mucho menos a Zapata, le recomiendo callarse, hincarse, besar las botas militares, decir maravillas del sistema en el que vive y la paz será con su merced, la vida no le será quitada, con esa actitud no visitará ninguna cárcel, con ese sometimiento los honorables jueces mexicas lo liberarán de cualquier culpa y usted será tan libre como el viento.
Yo, cansado de protestar, y contando en mi haber innumerables amenazas de muerte, y dado que no me voy a callar y dado que puedo ser víctima fatal de las balas asesinas de las fuerzas del orden de la Clase en el Poder, mejor, huyo, sí, huyo de la barbarie citadina y corro, vuelo a meterme a Mi Oficina, y sí, amiga insumisa, le atinó su merced, veré, abrazaré a María, la besaré y ella me pondrá, como siempre lo hace, en mi mesa que mira a la calle por donde pasan los maestros y los indígenas y los campesinos y los estudiantes que protestan, una ringlera de caballitos de mi tequila blanco, del que raspa, y en la rocola pondrá a Chava Flores para escuchar su: “A qué le tiras cuando sueñas mexicano…” y luego le entraré con singular alegría a mi guacamole que está radiante en el molcajete que luce adornado también con unas rebanadas majestuosas de queso Cotija, y en un molote cinco tortillas de maíz azul, calientes, esperan indolentes a que mi diente las muerda y mi paladar las goce, y claro, habrá unos chilitos toreados, unos frijoles bayos refritos, unas garnachas con su cebollita picada y su jitomate bailando en ese apetitoso nicho, y después de escuchar a Chava, poner raudo y veloz a cantar a Jorge Negrete y a Javier Solís, sí, vale la pena. Esto sí vale la pena recordar, recordar con nostalgia a ese México que se fue por el desfiladero de la corrupción, recordar a Tongolele, añorar a Tin-Tan, suspirar por María Félix, mandarle besos en donde esté a Dolores del Río. Sí, prefiero estos ayeres al hoy cimbrado por el crimen y el robo. Digo ¿no? Pues bien, vale. Abur.