REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

¡Ah que Don Beltrone!
El fino, impecable, inimputable señor Manlio Fabio Beltrones Rivera, acaba de decidir que como el PRI perdió la Presidencia por andar jugando a la democracia, ya no se vale, de aquí en adelante y hasta que otro más Padrone lo decida, poner una sana distancia entre la Presidencia y el partido que él dirige.
Y no se crea que es inconsecuente el nuevo Padrino de la Mafia Política (PMF en lo sucesivo), ya que si su nombramiento surgió de un dedazo peñista, no hay porqué ni para qué fingir que su ascenso al poder priista se deba a una real elección de los seguidores de ese partido. A las masas y a los líderes, les dijeron: “Éste es el ungido” y a rendirle reverencia al nuevo pastor.
Entonces, ¿qué caso tiene negar la cruz de la parroquia? El Jefe es el Jefe. Él nunca se equivoca, porque si se equivoca vuelve a mandar y asunto arreglado. Así que hay que alinearse con el que manda y nada de que el Gobierno es uno y el Estado es otro. Los empleados federales (los burócratas, pues) le deben la chamba al Presidente y deben serle fieles a él. Y cuantimás el líder del PRI.
Cómo se va a poner roñoso con quien le dio la chamba. Así como Virgilio, el de los caireles, no el de la corona de laurel, supo de inmediato que aunque lo nombraran Secretario de la Función Pública, con la encomienda de averiguar qué político es honesto y quién no, jamás le debía cruzar por el cerebrito la idea de enjuiciar al Presidente ni a los políticos apegados al Preciso, ni siquiera permitir sembrar el pétalo de una duda sobre el conflicto de intereses de que él o su esposa le compren al proveedor consentido una casona de lujo, a precios de ganga y con unas facilidades de pago susceptibles de perderse en la desmemoria. De la misma manera, entonces, entiende Don Beltrone que el Partido debe disciplinarse ante el Presidente del país y no pretender que funcione por separado.
Espera así que desaparezcan los efluvios que lo relacionaron con la muerte de Colosio, que desaparezca el rumor de que tiene un juicio pendiente en Estados Unidos y sobre todo que no lo ubiquen como rival o contrincante de Peña Nieto, a ver si el Jefe-Jefe decide que para el 18 el país necesita alguien tan dócil como Beltrones.
Aunque luego esos en apariencia dóciles, flexibles y obedientes, en cuanto les dan el mando se revuelven contra el antiguo jefe. Recuérdese a Echeverría contra Díaz Ordaz, López Portillo contra Echeverría (y eso que eran amigazos casi casi desde prescolar o parvulitos) y luego el frentazo que le hizo Zedillo a Salinas, hasta el punto de meter a su hermano a la cárcel.
De todo eso espera Don Beltrone que se olvide Peña y que mejor se fije en el expediente de lealtades que ha acumulado el sonorense (que viene del estado de los ganadores de la Revolufia: De la Huerta, Obregón, Calles).

¿Y para eso quieren ser universitarios?
Hace años, el ameno y preciso maestro de redacción, Luis Adolfo Domínguez, que enseñó a escribir a muchos a través de sus cursos en Radio Universidad, al darse cuenta de que abundaban los manuales de bien escribir, pero ninguno de mal escribir, decidió divulgar uno que en unas cuantas lecciones redactó Paul W. Merrill, quien de manera sintética mostró las bases de una mala redacción, a fin de evitar a los autodidactas que pululan en el mundo.
Al parecer, Luis Adolfo no aró en el mar, ya que quien preparó los textos informativos del Museo del Chopo, dependiente de la UNAM, los practica con una obediencia que no hubieran supuesto ni Merrill ni Domínguez.
Y si no lo creen, basta con asomarse vía internet al enlace con el Museo del Chopo, para encontrarse con joyas de mal decir y peor escribir. No firma nadie esos textos, quien sabe si por modestia o por soberbia, por lo que habrá que acreditárselos a la doctora María Teresa Uriarte Castañeda, titular de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.
Juzguen, cultos polacos, si es que no mueren en el intento:
• El Museo Universitario del Chopo es el referente crítico y reflexivo para las nuevas tendencias dentro de las heterodoxias en las artes escénicas, visuales y la literatura.
• Conserva la memoria de la subterraneidad, y propicia el encuentro de las diversas culturas postsubterráneas de la actualidad global con la comunidad universitaria, y el público en general.
• El Museo Universitario del Chopo explora y activa la heterodoxia cultural creativa y crítica a través de iniciativas transdisciplinarias y multidisciplinarias.
• Genera atmósferas de experimentación y reflexión en diálogo con colectivos culturales emergentes y redes independientes, mediante programas transversales dirigidos a la comunidad universitaria y al público en general.

No se esmeren en tratar de entender lo que quiso decir este pergeñador, más bien pregúntense si tiene una formación universitaria, porque en todo caso cabría preguntarse si el escribidor fue uno de los tantos que pugnaron por ingresar a la UNAM y si aprobó el examen de admisión o fue uno de los que intentaron dar portazo para ingresar sin merecerlo.
O reflexione el culto polaco que estas líneas lee, si al darle cabida a este individuo en las aulas universitarias, que se sostienen con los impuestos del ciudadano, se está gastado bien nuestro dinero.

El tamaño del miedo
Rubén Figueroa Figueroa, autodenominado Tigre de Huitzuco, aunque todos lo conocían como El cacique de Guerrero, luego de ser secuestrado en 1974 por la gente de Lucio Cabañas, en plena campaña por la gubernatura de su estado, mostraba en su cinturón una enorme pistola, cuya descomunal dimensión sus críticos llegaron a comparar con el tamaño del miedo, que le habían imbuido sus captores.
Algo parecido ocurre ahora que se empieza a dar cuenta, mediante sondeos, de la simpatía que parece haber despertado la posibilidad de que para las elecciones presidenciales de 2018 se postule por tercera vez Andrés Manuel López Obrador.
La encuesta periodística del diario Reforma, demasiado anticipada para ser creíble, tal vez fue publicada malévolamente con la intención de alarmar a los sectores más conservadores, a fin de que cierren filas junto a la clase gobernante contraria y también para dar la orden de arranque a los igualmente autodenominados “analistas políticos”, para que prevengan a la población del “riesgo” de que un personaje tan nefasto como AMLO llegue a la Presidencia y ponga de cabeza al país, hoy que marcha tan civilizadamente y sin populismos hacia el real progreso y el verdadero bienestar... Hay que alertar a las clases medias y al bien pagado sector de altos ingresos de los peligros que el populismo de AMLO-Morena pueden significar.
Es lícito y deseable, en una democracia, manifestar una opinión, oponer ideas y cuestionamientos, contra los que no sean de la preferencia de quien escribe o externa su predilección, ¿pero hasta qué punto es válido -y no constituye delito- calumniar, lanzar denuestos, manejar suposiciones y revivir calificativos de “deshonesto”, “divisionista”, “mesiánico”?
Quienes lo insertan en el “mesianismo”, ¿tendrán conciencia del real significado de este término? El Diccionario de la Academia Española, consigna “mesianismo” como “la confianza inmotivada o desmedida en un agente bienhechor que se espera”. El de María Moliner es más claro: “confianza desmedida en un bienhechor, cuya intervención se espera”.
En todo caso y puesto que a Andrés Manuel no se le ha permitido poner en práctica sus proyectos para el país (uno que auspició en el DF, el de la pensión para adultos mayores, que al principio fue cuestionado por “populista”, luego fue copiado por su acérrimo enemigo, Vicente Fox, continuado por Calderón y refrendado por Peña Nieto, aunque disminuido mezquinamente por estos tres políticos), quien sí podría merecer el calificativo sería Peña Nieto, que se presentó como bienhechor y reclamó pleno apoyo para “cambiar a México” y ya es evidente que el progreso prometido no se produjo con sus “Reformas”. Las condiciones socio-económicas desastrosas que se viven, son prueba plena que no necesita demostración.
¿Tanto miedo le tienen a AMLO que se unen los partidos del Pacto por México para embestir al enemigo común? Porque Ricardito el del PAN (por respeto al heterónimo de esta sección, Héctor Anaya, no se consigna su apellido, para no desdorarlo), los Chuchos del PRD y Don Beltrone del PRI, coinciden en que deben prepararse para que el populismo (léase AMLO-Morena) no llegue al poder en 2018.
¿El miedo no anda en burro, sino en urnas?

¿Se está hundiendo el barco y el capitán
sólo quiere controlar a los marineros?
Las noticias no pueden ser más desalentadoras: los alumnos del Colegio de Bachilleres y del Conalep, conforme a la nueva prueba Planea (Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes), están muy por debajo de lo que se podría esperar de un estudiante del nivel medio superior, pues apenas un 2.8% de los Bachilleres tiene capacidades de lenguaje y comunicación (en términos llanos: saber redactar y entender en verdad lo que leen) y entre los alumnos del Colegio de Bachilleres menos del 4% se puede considerar que alcanza una competencia matemática propia de su nivel de edad y de educación. Los porcentajes son parecidos en el Conalep.
La disgnesia (pérdida de genes intelectivos, de neuronas), ya es manifiesta entre estos alumnos de entidades de la educación pública, pero en vez de dedicarse el gobierno de Peña Nieto a modificar los planes de estudio, enderezar el rumbo de los programas para educar a los niños y jóvenes, a fin de que aprendan a pensar e imaginar, prepararlos en un sistema interdisciplinario, que les permita contextualizar la vida y no sólo recibir instrucciones para manejar los aparatos y las máquinas que requiere el capitalismo salvaje, concentrador de la riqueza. Lo que hace falta es educar para humanizar y no para robotizar.
Se habla insistentemente de que la evaluación de los profesores permitirá una educación de calidad, pero los resultados de esta nueva prueba Planea, confirma el dictamen de la OCDE, en el sentido de que México tiene un rezago de 65 años en Lectura y Escritura y muestra que por muy controlados que se tenga a los maestros y por muy exigente que se ponga el gobierno para que los maestros no reprueben alumnos aunque no estén capacitados, los profesores no podrán impartir educación de calidad, porque los planes de estudios no fueron creados con esa intención. Y ni la Ley General de Educación, ni menos aun la mesiánica Reforma Educativa tomaron en consideración ese propósito.
El barco se está hundiendo, cada vez los alumnos están menos preparados, pero el señor capitán que se presentó como el salvador del país (otra manera de significar al Mesías), sólo se interesa en someter a los marineros rebeldes, al forzarlos a aceptar que se les evalúe y se les subyugue a las directrices gubernamentales. Que los alumnos no entiendan lo que leen y que no sepan escribir, no importa. Si los políticos están demostrando que se puede llegar a la Presidencia, sin haber leído libros y sin saber escribir (ya ven que algunos, en su afán de presumir cualidades de escritores que no tienen, siempre encuentran amanuenses bien pagados, que escriban por ellos).
En esas condiciones, qué niño o joven va a esforzarse por ser culto o medianamente ilustrado. Si en principio está seguro de que no lo van a reprobar, sepa o no lo que le enseñan, para qué esforzarse en la educación básica. De esa manera llegará ignorante a la educación media del bachillerato, para descubrir que cerca de 975 de cada mil alumnos han perdido el tiempo hasta entonces, aunque ya posean certificado de primaria y de secundaria.
El barco no tiene porqué hundirse, sólo por la impericia del capitán. Si navegó bien antes y en otros países la educación es liberadora, esos modelos hay que adoptarlos para evitar el naufragio y no persistir en las formas esclavizadoras que sólo automatizan.
No es difícil cambiar el modelo enajenante y detener la disgenesia. En los cursos de Redacción y Lecturas de los Clásicos del heterónimo de esta sección, Héctor Anaya (abrapalabra@prodigy.net.mx y 5553-2525) se propicia enseñar a pensar e imaginar, entender lo que se lee y hacer entendible lo que se escribe.

Anticastristas en la tele
Desde que Barack Obama y Raúl Castro anunciaron en diciembre que Cuba y Estados Unidos reanudarían relaciones diplomáticas, los anticastristas, especialmente los de Miami, incrementaron su propaganda para poder demostrar que no era una buena acción la emprendida por ese singular afroamericano que habita la Casa Blanca (la original).
Hay una serie televisiva de investigadores de la escena criminal, llamada CSI Miami, que como todas las de su tipo antes daba a conocer historias de muertos y heridos, en las que aparecían involucrados criminales de todo tipo, incluso “hispánicos”. Las actuaciones son notoriamente buenas, sobre todo la de David Caruso, a pesar de sus tics y ademanes repetitivos, a la manera del legendario Peter Falk y su famoso Columbo. Junto a él, por algo que debe ser alguna obligación de equidad racial o nacional, aparecen personajes latinos, afroamericanos y a veces uno que otro oriental. Los villanos de las series, antes de diciembre provenían de cualquier parte del mundo y con bastante frecuencia eran wasp (blanquitos, anglosajones y protestantes), pero de diciembre a esta parte le ponen el acento a los malvados cubanos, comeniños, abusadores, expropiadores, que tienen encerrado al pueblo cubano, “obligado a soportar la tiranía de los Castro”.
Tiro por viaje, en los episodios se habla de la falta de respeto a los derechos humanos en Cuba y se presenta a muchos cubanos, que ya viven en Miami, como adictos a las apuestas, hijos bastardos de madres que fueron violadas por rusos que vivían en Cuba y gozaban de total impunidad. Se le ha dado un giro anticastrista a la serie con escenarios en Miami, pero también a otras de la misma productora (CSI Nueva York, CSI Los Ángeles).
No hay críticas, desde luego, contra las medidas yanquis de bloqueo, ni se menciona la extraterritorialidad de Guantánamo, ni los diferentes atentados que organizó Estados Unidos contra Fidel Castro y otros personajes cubanos.Todo se centra en la falta de respeto a los derechos humanos en Cuba, discurso que repiten Obama y el vicepresidente Kerry, quienes han declarado que su misión diplomática tendrá por objetivo alentar en Cuba (entremeterse) el respeto a tales derechos, como si los estadunidenses fuesen paradigma mundial de tales derechos, ya que ni siquiera sus policías respetan la vida de los latinoamericanos, a los que matan impunemente en las calles. ¿Y acaso respetan los derechos humanos de todos los prisioneros que han tomado en Iraq, Afganistán, Irán y otros países y a los que refunden en Guantánamo?
Pero si Obama y Kerry asumen que desde su embajada instalada en La Habana tienen derecho a tratar de convencer a los cubanos castristas de que el capitalismo es una mejor opción para ellos, tendrán que aceptar que en justa correspondencia los cubanos ejerzan también la opción de querer llevar a los gringos a aceptar el socialismo como una mejor oferta de vida.

Presentación que no se olvida
El 2 de octubre (que no se olvida), habrá en Casa Gabilondo, de Cuernavaca (Comonfort 5, a media cuadra de Catedral), una presentación del libro más reciente de Héctor Anaya (heterónimo de esta sección) Gente con nombre de calle (La Historia está en la calle), a las 18:00 horas, llueva, truene o relampaguee.
El escritor, historiador de la cultura, periodista y editor, Fernando Díez de Urdanivia, acompañará al autor en esta presentación del libro editado por la Coordinación de Extensión Universitaria, de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, a cargo del escritor René Avilés Fabila.
La obra, explora por una parte la idea de la Historia en sus dos vertientes principales: ¿quién la hace, el personaje o el acontecimiento? y por la otra, al dar cuenta de los personajes que hoy son más conocidos porque dan nombre a una calle que por lo que hicieron, aprovecha la anecdótica (otra discusión crucial entre los historiadores) para señalar la relevancia del personaje, en lo que el escritor John Updike estableció que es lo que diferencia al homo sapiens del arborícola: “el momento de decisión”, cuando alguien tomó la determinación de ir contra la corriente, de exponer sus descubrimientos, de dar a conocer sus invenciones o contrariar al poder de cualquier orden.
Gente con nombre de calle, asegura el autor, no es una recopilación de fichas enciclopédicas de personajes de renombre, sino viñetas literarias de esas vidas que reunieron los méritos necesarios para identificar una avenida, una calle, una calzada. No están todos los que son, pero todos los que están sí son.
No van a encontrar en el libro a Comonfort, pero sí está Nezahualcoyotl, Juan Ruiz de Alarcón, Gutenberg, José de la Borda, Las Casas, Clavijero, Motolinia, los imprescindibles Hidalgo y Juárez, pero pocos héroes de la patria y muy escasos militares, entre otras razones porque el autor consideró que el mérito de un general para ser más recordable que otro fue el número de muertos que causó. Y en esas condiciones prefirió privilegiar a seres dadores de vida, como los científicos, los escritores, los filósofos, músicos y pintores, seres que aplicaron su talento a la creación y no a la destrucción.