REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

La Culta Polaca


Por Supuesto

El fino lenguaje de los aspirantes
Si de por sí el idioma español está muy deteriorado, los aspirantes a las candidaturas presidenciales y sus manejadores, están haciendo aportes que además de lastimar más al lenguaje, dan plena muestra de la cultura que los nutre.

Santiago Creel, el favorito del foxismo, que abandonó temporalmente su puesto de senador, con la esperanza de ser ungido candidato perdedor del PAN, el mismo neologista del sospechosismo (como si no existiera “suspicacia”), ahora se lanzó a acusar a Alonso Lujambio de cachuchero, término que tiene una connotación vulgar en el mundo de la prostitución.

Naturalmente, el muy culto Secretario de Educación Pública, sociólogo, Maestro y candidato a Doctor, respondió que esa palabra no figura en su diccionario, aunque sí en el de la Real Academia, con otro significado, desde luego (ni modo que el responsable -es un decir- de la educación nacional aceptara saber palabrotas de congal, burdel o casa non sancta).

Por su parte, el favorito sexenal, Ernesto Cordero, que se sabe delfín y casi seguro, recurrió a un refrán populachero, que lo debe haber aprendido en el rancho y no en el ITAM o la Universidad de Pensilvania, para descalificar a los priistas que quieren regresar a Los Pinos. Dijo, con la delicadeza y la fortuna que caracterizan sus expresiones: “Chango viejo no aprende maroma nueva”, sin percatarse de que en las analogías animales, él es muy vulnerable con el apellido que tiene. Si ya ha dicho cosas peores, como lo de los $6,000.00 que pueden alcanzar para todo, sabiéndolos administrar, ¿por qué no iba a soltar esta “monada”?

Otro ejemplar político de la maestría en el lenguaje, el exgobernador de Coahuila, que dejó el puesto al orgullo de su nepotismo, para dedicarse a pastorear el PRI en su retorno a la presidencia, Humberto Moreira, respondió a quienes lo acusan de haber endeudado al estado y de no rendir cuentas claras, que “a chillidos de marrano, oídos de matancero”, como para mostrar lo que ha aprendido en las porquerizas. Además de que dárselas de coahuilense matancero en un estado que sufre matanzas de civiles y migrantes, no parece “políticamente correcto”.

Frente a esta pobreza de lenguaje y frecuentamiento de frases hechas y manidos insultos, queda clara la urgencia de que el heterónimo Héctor Anaya publique ya su esperado libro El arte de insultar. Y es que si no van a dejar a un lado las insolencias los políticos y politiqueros, por lo menos que tomen los mejores modelos para seguir imprecándose. En el libro de Anaya podrán encontrar muestras del ingenio desplegado por autores de valía, de los griegos a nuestros días.

Como ya se anticipó el mes pasado pueden apartar, desde ahora, señores políticos, politiqueros y prosélitos, su ejemplar: no se vayan a quedar sin este útil prontuario, a abrapalabra@prodigy.net.mx

La estela da luz

No, se trata de un error, ni de usar la preposición italiana “da”, como en Da Vinci, para sustituir al castellano “de”, sino que da corresponde al verbo dar, porque la tal Estela emblemática le ha dado “luz” (y que no diga Lujambio que esa palabra no está en su diccionario, porque bien sabe que significa “lana”) a más de un funcionario, contratistas y arquitectos, pues ha sobrepasado su costo estimado.

Para comenzar cabe pensar que hubo malas artes en la decisión de premiar al arquitecto César Pérez Becerril, porque su proyecto nunca se ajustó a la convocatoria del “Arco Bicentenario” con que se iba a conmemorar el Bicentenario y el Centenario en 2010 y porque hubo muchos otros de mejores cualidades artísticas y de factura moderna. ¿Qué tienen que ver dos barras ornamentales con la idea original del “arco triunfal” que habían pensado con estrechez de miras los convocantes?
¿Por qué no se entregó a tiempo el monumento, por qué los cálculos fallaron, por qué no le quitaron el contrato y exigieron reparación del daño a la empresa contratada y desobligada?
¿Por qué el arquitecto Pérez Becerril se tardó tanto tiempo en revelar que lo estaba forzando el aspirante a candidato presidencial, para que no hablara? ¿Por qué el licenciado Calderón que anunció con bombo y platillo la construcción del “menumento”, no pidió castigo para quienes se burlaron de él y de toda la nación?

Misterios de la grilla nacional…

El discurso del psicólogo más joven

Como se anunció en la entrega anterior de La culta Polaca, Andrew Almazán Anaya, se graduó finalmente el 18 de agosto de licenciado en Psicología, con lo que se convirtió, según registro de la World Records Academy, en el psicólogo más joven del mundo.

Al recibir en la Universidad del Valle de México, el documento que lo acredita, habló a nombre de todos los graduados y lo hizo con un discurso que muestra la profundidad de su pensamiento y debiera ser ejemplo del otro sector de la población adolescente, que no es nini, pero tampoco está al servicio de los narcotraficantes.

Con su permiso, se reproduce a continuación:


Tengo el privilegio de hablar a nombre de y para… los privilegiados.

Somos pocos, muy pocos, en un país tan vastamente poblado, los que tenemos no sólo el privilegio de ingresar a instituciones de educación superior, sino los que llegamos a graduarnos.

Nos encontramos en la punta de esa pirámide de los sacrificios que es la educación. De los millones que se inscriben en la primaria a los pocos miles que alcanzamos a titularnos, hay una larga carrera de obstáculos que debe recorrerse para llegar a esta meta hoy alcanzada y que a-penas y apenas, es punto de partida.

Hay muchas razones para extraviarse del camino: algunas se refieren a cuestiones socioeconómicas, otras a una falta de vocación que se descubre tardíamente y no pocas al hecho de no haber encontrado estímulos para proseguir la marcha ante el primer impedimento o de no haber hallado en sus maestros el incentivo de haberlos inducido al estudio, en vez de contentarse con instruirlos.

En ese sentido yo me siento muy privilegiado y creo que ustedes compañeros graduados, deben sentirse también afortunados. Nuestros padres, nuestros mayores, nuestros primeros profesores, deben haber apoyado los primeros intereses que manifestamos por el conocimiento. Decía Aristóteles que lo natural en el ser humano es querer saber, pero hay tantos que pierden el camino y se internan en una senda oscura, como escribe Dante en su Divina Comedia y tan sólo porque alguien les hizo sentir áspera e inaccesible la ruta del conocimiento.

Yo hallé pronto que el estudio era una forma de la felicidad, aunque no con esa frase que he tomado prestada de Borges y de Cortázar, porque desde pequeño encontré profesores que fieles a Cicerón entendieron que se debe enseñar divirtiendo y así, como jugando jugando aprendí geografía, anatomía, astronomía, biología, filosofía, psicología, literatura, redacción, música y no es que sea ducho en todas esas disciplinas, pero de entrada ninguna me es indiferente, aunque a lo mejor yo les soy indiferente a ellas

Pero no me habría estimulado en ese sentido, si no me topo a tiempo con maestros que más apegados a don Simón Rodríguez, el famoso maestro de Bolívar, entendieron que su labor, más que trasmitirme conocimientos, consistía en enseñarme a pensar, enseñarnos a pensar a todos, porque creo que ése es el verdadero privilegio del que podemos presumir: el haber tenido verdaderos mentores, a la manera del guía, el asesor, que figura en la Odisea de Homero, alguien que no quiere sucesores, discípulos ni secuaces, sino seres libres, independientes, pensantes, que se labren un camino propio.

Y ésa es la incertidumbre a que nos lanzamos a partir de hoy, aunque provistos de buenas herramientas. Porque certezas hay muy pocas en la vida –como que hasta los inmortales se mueren– y son, como ha dicho Edgar Morin, “la dinamita francesa de la inteligencia”, así lo llamaron, y son, repito, “un pequeño archipiélago en medio del océano que representan las incertidumbres”.

Gracias, profesores, maestros, padres, familiares, amigos, compañeros, que nos han ayudado a superar las primeras incertidumbres que tuvimos en la vida, al contestar con serenidad y sabiduría las iniciales interrogantes que se nos ocurrieron. Esperamos haber aprendido de ustedes, porque las otras que se nos crucen en la existencia, tendremos que responderlas nosotros mismos y más nos vale que bien. Gracias.

Mi Lucha y Mi Guerra

Por Supuesto se declara ignaro en la materia y por ello solicita a politólogos, analistas, historiadores, sociólogos, psicólogos, lingüistas, que le aclaren a él y a los lectores, a la Historia, al país, al mundo, qué relación se puede encontrar entre dos obcecaciones.

En 1925, un político alemán nacional socialista, líder nazi, el que sería el Führer, Adolfo Hitler dio a conocer el primer tomo, «Retrospección» de Mi Lucha o Mein Kampf y en el 2007 un político mexicano, expuso ante la opinión pública no un libro sino un plan personal que se ha convertido en su obsesión: «Mi Guerra», que podría ser «My War», por el apoyo que recibe del vecino anglosajón.

Las dos parecen decisiones muy personales, como revelan los adjetivos posesivos utilizados: Mein y Mi, pero los expertos que solicita La Culta Polaca podrán dilucidar si existe o no vinculación entre ambos planes o sólo hay una coincidencia fatal.


Leer a los clásicos

“Leer a los clásicos”, es una de las recomendaciones más comunes expresadas por escritores y académicos, cuando se les pregunta “qué hay que leer”, que se impone, inclusive, a la más socorrida objeción de los presuntos lectores sobre los precios onerosos, ya que como dijo alguna vez Tito Monterroso, “los mejores libros son los más baratos”.

Pero los autores clásicos, que no necesariamente son antiguos, sino “los que tienen clase”, según los griegos, no son fáciles de leer. Algunos precisamente por su antigüedad: El Cid data de hace unos 800 años, El lazarillo de Tormes tiene más de 450 años, El Quijote 400, eso por lo que hace a los escritos en castellano. Los universales tienen más edad: la Ilíada y la Odisea pueden remontarse al siglo VIII a.C., en tanto que la Eneida apenas tendría unos 2040 años, suficiente distancia del tiempo para que muchos de sus referentes culturales y lexicográficos constituyan un obstáculo para la comprensión de las obras, sin una guía que permita situarlas histórica, política y geográficamente, además de darles el contexto lingüístico y sintáctico en que fueron escritas, porque las palabras evolucionaron y algunas hoy tienen diferentes significados, lo que se vuelve especialmente complejo cuando se trata de traducciones.

El encuentro con los autores clásicos, aun los más recientes, puede ser traumático y alejar al presunto lector de la afición a leer, que sólo se produce por contagio, si considera que se trata de lectura para iniciados. Por el contrario, si los descubre amenos, divertidos, trascendentes, plenos de ideas y de historias y personajes que traspasan el tiempo y conservan su actualidad, el trato con autores como Homero, Cervantes, Virgilio, Dante, Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, Sor Juana, Rabelais, Shakespeare, Manrique, Goethe, López Velarde, Kafka, Martín Luis Guzmán, Rulfo, puede ser el comienzo de una larga amistad con la lectura de esos y otros autores.

Con la convicción de que hay que “entender para que leer sea un placer”, el escritor, editor y docente, Héctor Anaya, autor de más de una veintena de libros de una amplia gama creativa: novela, cuento, ensayo, teatro, guión de cine, de radio y de televisión, así como obras didácticas y cuentos para niños, imparte en trimestres de 13 sesiones cursos de Lectura de Clásicos Castellanos y Universales, en los que proporciona a los alumnos el encuadre lexicográfico, etimológico, retórico, histórico y geo-político y responde a las dudas que la lectura genere, a fin de hacer plenamente comprensibles las grandes obras de la literatura.

Los cursos se impartirán a partir del 3 de septiembre, los sábados por la tarde: de 16:00 a 18:00 los Clásicos castellanos y de 18:10 a 20:10 los Clásicos universales. El Taller Abrapalabra está ubicado en la colonia Condesa, Pachuca 133, 1er. Piso.

Más información: 5553-2525 y abrapalabra@prodigy.net.mx

Falsas frases quijotescas

Como si no hubiera escrito Miguel de Cervantes Saavedra en El Quijote suficientes frases recordables y citables, se le han agregado al genio del idioma español palabras que no figuran en la obra o intenciones que ni les dio Cervantes ni podría haberlo hecho con impunidad dada la vigilancia del Santo Oficio.

Que los ignorantes como Vicente Fox divulguen que en el Quijote Cervantes le hizo decir al Caballero de la Triste Figura: “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”, se entiende porque el expresidente jamás leyó ni leerá la obra, pero que nuestro Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, se haya hecho eco de una conseja popular, parece increíble.

La frase “-Con la Iglesia hemos topado, Sancho”, no figura en la novela, sino “-Con la iglesia hemos dado, Sancho”, que no tiene un sentido de enfrentamiento con la institución, como han entendido por siglos quienes no han leído la obra cumbre de Cervantes, sino tan sólo es una manera de corregir el equívoco que había tenido al observar en la penumbra nocturna una figura que le había parecido el castillo de su amada, pero que al tenerla cerca se da cuenta de que es un templo, o sea una iglesia, pero no La Iglesia, o sea la estructura eclesiástica, lo que habría sido imposible en tiempos de la Inquisición. ¿Quién hubiera osado desafiar a la Iglesia por antonomasia, la católica, escribirlo en una obra muy divulgada y vivir impunemente?

Bueno, pues el sentido de enfrentamiento y tropiezo que le da Octavio Paz al episodio de la iglesia (“En un momento o en otro, como don Quijote y Sancho con la Iglesia, el intelectual tropieza con el poder”) en su entrevista con Julio Scherer García, de noviembre de 1977, que con el título “Suma y sigue” recogió el Nobel en la página 368 del volumen 8 de sus Obras completas (FCE), publicadas años después y revisadas por el autor, quien tuvo tiempo de corregir el texto si se hubiera tratado de una mala transcripción de lo que dijo.

Los pochos y Tablada

Por décadas se adelantó el poeta José Juan Tablada a denunciar, con gran sentido del humor, la invención del angloñol, que ya se gestaba al principio del siglo XX y que a mediados de la misma centuria cobraría importancia con el retorno a México de los millones de braceros que Estados Unidos solicitó, mientras mandaba a sus jóvenes a la guerra.
Con sorna se burló de estos esfuerzos por combinar el español y el inglés, en sus epigramas punzantes, que sólo tienen el inconveniente en otros casos de haber servido para exaltar a Porfirio Díaz y en cambio atacar la naciente democracia de Francisco I. Madero.

Ejemplifica con un personaje –no se sabe si real o ficticio– la intención de amalgamar los idiomas y le hace decir a Domingo Fuentes serios disparates.

For water llama al paraguas.
Y nadie lo deja atrás.
En la lengua de Lord Byron
llama a un pambazo bread glass.

Mas Domingo tuvo un golpe
que me causó escalofrío.
Llamó syrup cover uncle,
al jarabe tapatío.

De agringado entre las gentes
justo renombre alcanzó.
Y al cabo, Domingo Fuentes
Sunday Fountains se llamó…

Mas si sigue en su manía,
¡Ay del pocho!, ¡Ay del fifí!
Al face garlic cualquier día
lo mandarán por C.O.D.