REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Ciento cincuenta años de un país de maravillas. La literatura sólo describe la absurda realidad


José Miguel Naranjo Ramírez

Alicia en el país de las maravillas es una de las obras más leídas de la literatura universal, normalmente es visto como un libro de lectura infantil, sin embargo, este magistral relato debería de ser una lectura canónica para todas las edades. Sobre lo antes señalado, el Premio Cervantes de Literatura Sergio Pitol, apuntó: “El éxito de Alicia en el país de las maravillas fue inmediato, aunque no consagratorio. Lo leyeron no sólo los niños de Inglaterra; ya en vida del autor abundaban las ediciones en otros idiomas. El público adulto se fue volviendo más y más numeroso. Entre los entusiastas del libro se contaba la propia reina Victoria, a quien muchos lectores identificaban con la despótica reina de baraja tan entusiasta de las decapitaciones.”
La obra fue publicada en el año (1865), por lo tanto, en el presente año estamos festejando ciento cincuenta años de contar con esta maravillosa obra literaria, escrita por Charles Dodgson y publicada bajo el seudónimo de Lewis Carroll. La historia de cómo surgió el relato es muy singular, Charles Dodgson quien era maestro de matemáticas y lógica, fue un hombre tímido, alejado de la sociedad, su pasión fue convivir con las niñas, a ellas las sacaba a pasear, les platicaba aventuras, relatos, fueron muchas las amistades infantiles que tuvo, pero una de sus favoritas y con la que se inmortalizó fue con Alicia Lidell.
Para todas las niñas, su amigo siempre fue Lewis Carroll, por supuesto que para Charles Dogson no fue fácil convivir con las niñas, sobre este punto se ha especulado de todo, pero no hay un sólo testimonio que haga pensar algo negativo sobre la conducta del escritor. Dogson además de ser amigo de los padres de las niñas, estos naturalmente permitían la convivencia de sus hijas con él, es importante señalar que Dogson era un respetado diácono, maestro y tenía varias obras publicadas de matemáticas.
Un día Charles Dogson junto con un amigo llamado Duckworth, llevó a pasear a las hermanas Lidell y les contó una aventura en la que el personaje central era Alicia Lidell, la historia maravilló a las niñas y Alicia le pidió a su amigo que la escribiera, todo esto sucedió en el año de 1862, tuvieron que pasar tres años para que la historia fuera escrita, ilustrada, publicada y prácticamente universalizada.
Estimado lector, la historia del relato es demasiado conocida, es por ello que no la platicaré, sólo intentaré comentar puntos esenciales, por supuesto que todo desde una visión personal. Los temas que aborda Alicia en el país de las maravillas, son muy amplios, pero hay varios puntos claves donde se pueden hacer reflexiones puntuales.
El primer ejemplo es cuando se lee el capítulo II titulado: “Una laguna de lágrimas”, en él Alicia tiene un fuerte problema de identidad, duda de su existencia, sabe que la tiene, pero no sabe quién es, y derivado de esa duda realiza la siguiente pregunta: “¿Quién pues, soy? Dígame primero esto, y luego, si me gusta ser esa persona, subiré; si no, me quedaré aquí, hasta que me transforme en otra.” Todos en algún momento nos enfrentamos con este problema existencial, y si no logramos enfrentarlo y darle esencia a nuestra existencia, podemos caer en un caos y como Lewis Carroll señala en esta obra: “Este será, creo, mi castigo; me ahogaré en mis propias lágrimas:”
A la eterna y complicada pregunta existencial ¿Quién soy? que se tiene en todas las edades, por supuesto que más en la adolescencia, en el capítulo V titulado: “Los consejos de una Oruga” el autor en este relato a través de la Oruga nos da el siguiente consejo: “Conserva el dominio de ti misma -dijo la Oruga.
Si conservamos nuestra esencia y le damos orden a nuestra presencia en este mundo, no sólo sabremos quiénes somos, también definiremos a dónde queremos ir, porque si no es así, nos sucederá como a la pobre Alicia le sucedió, cuando tuvo la conocida conversación con el Gato de Cheshire, que a continuación transcribiré: ¿Quieres decirme, por favor, qué camino debo tomar para salir de aquí? -Eso depende mucho de a dónde quieres ir -respondió el Gato. -Poco me preocupa a dónde ir -dijo Alicia. -Entonces, poco importa el camino que tomes -replicó el Gato.”
Uno de los temas centrales de la obra en comento es el absurdo, pues además de ser una verdadera guía de vida para los lectores como lo pudimos ver en los consejos anteriormente señalados, también es un relato de crítica política y social. Porque cuando se crean mundos maravillosos, es porque el mundo real en el que vivimos no nos satisface, y aunque ¡aparentemente! lo que se inventa es un absurdo, una ficción, una fantasía, tristemente puedo decir, que no lo es, que al contrario, la literatura sólo describe la absurda realidad, porque el maestro Sergio Pitol en el prólogo de esta maravillosa obra nos cuenta lo siguiente:
“Cuenta una de sus amigas de entonces, la niña Mendossen-Dry, que pocas cosas recuerda que impresionaran tanto a Lewis Carroll en los años en que lo trató como la lectura del “Informe de la Comisión creada por el Parlamento sobre el empleo de los niños en el comercio y en las industrias aún no reglamentadas por la ley”. Carroll enfermó de horror. Aquel informe, de manera trágica le revelaba que el mundo que había creado no era del todo fantástico, sino que podría ser también producto de la inhumanidad del hombre. La Comisión descubrió que en catorce ramas de la industria los niños trabajaban desde las primeras horas de la mañana hasta bien entrada la noche, en condiciones higiénicas inenarrables. Cuando se interrogó a algunos de los niños de entre ocho y diez años de edad, revelaron un desconocimiento absoluto del mundo. Londres era un país; las violetas eran una especie de pájaros, la primavera era un rosa roja; los lirios eran animales parecido a los gatos. Frente a esos males a los que no veía solución, no quedaba otro remedio que sumergirse de lleno en un mundo paralelo, el del absurdo.
Finalmente, es fácil comprender por qué Lewis Carroll les creó a las hermanas Lidell, un mundo maravilloso, porque ese mundo que se crea a través de la literatura es mejor que la vida, en la ficción es el único lugar donde se puede soñar y vivir, en la realidad todo es invivible y cruel. ¡Imagínese! estimado lector, si hoy a su hijo le cuenta un cuento, donde unos niños juegan al secuestro y asesinan a otro niño de seis años, ése no sería un mundo maravilloso, claro está, es el mundo real y cruel, el que usted conoce y vive día a día, sin embargo, no hay que ser pesimistas, porque hoy a través de Lewis Carroll ya conocimos otro mundo y éste sí que es maravilloso.

miguel_naranjo@hotmail.com