REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 09 | 2019
   

Confabulario

Claudia


Eduardo Marbán

Me gusta afeitarme por las mañanas mientras me baño, disfruto cómo pasa la navaja en mis mejillas y van cortando todo el bello que sale día a día, lleno de champú mi cara y luego afeito todo, solo lo dejo crecer el domingo, recuerdo que en la Universidad una vez lo dejé crecer durante seis meses, fue un periodo de libertad, estudiaba derecho, quería ser abogado penalista, siempre me vi en tribunales sacando a los peores criminales de la cárcel, la verdad, me veía en el espejo con barba y no me reconocía, fue raro, acudí con mi padre a visitar a mi abuela y ella nos presentó con un amigo, y dijo: –mi hijo y mi nieto.
El hombre se puso a hablar conmigo, ya al final de la reunión se despidió:
-despídame de su hijo.
Y yo me quedé pensando. ¡No tengo hijos! y de pronto recordé. La barba; creyó seguramente que tenía 50 años, siendo que mi edad era de 20 y mi padre se había cortado el bigote y con el cabello negro en ese entonces, pues encaneció tarde, seguro pensó que era de 30, fue rara esa situación, la barba engañó a mi interlocutor, después el acné cubrió mis mejillas y mi padre me dijo:
-O te afeitas esa barba y te pones un tratamiento para el acné o te la dejas para siempre y tu rostro cacarizo no se notará.
Al día siguiente la recorté toda, el rastrillo no podía, tuve que recortarla primero con tijeras, luego con el rastrillo, se atoraba, no podía penetrar, hasta que quedé limpio de cabello, pero mi rostro rojizo, me puse un tratamiento y en un mes volví a ser el mismo.
En esas fechas mi tío me dio trabajo, ya antes en la preparatoria había sido mensajero en su despacho y me gustaba, pero a los 20 años decidí trabajar formalmente con él; mi padre me dijo que si me ponía a trabajar ya no me daría mi mesada, yo le dije que no la necesitaba, que me dedicaría ya a trabajar y cumplió su amenaza, a partir de los 20 años me hice responsable de mí mismo, yo debía pagar mis libros, mi comida en la calle, solo en las noches mi madre me hacía de cenar y dormía en casa, pero yo era responsable de mi persona, de hecho mi madre me pidió que pagara el teléfono y así lo hice.
El despacho de mi tío estaba al lado de la PGR, muchos de los judiciales lo conocían y lo respetaban, a pesar de que mi tío era un hombre de 50 años, aparentaba mucho más edad, su barba era blanca, sus lentes con mucho aumento, tenía mucho parecido al procurador del Distrito Federal y tal vez por eso a donde llegaba le abrían paso:
-Pase Usted Licenciado, le decían los Ministerios Públicos y con los jueces.
En el ambiente penal debes hacerte respetar, a mi tío la gente lo conocía y lo apreciaba, a muchos defendió por homicidio, violación, lesiones, fraude y hasta por delitos contra la salud.
Yo sabía que el derecho criminal era una forma de hacerme rico rápido y aunque no eran personas fáciles, todos los criminales tenían derecho a una defensa y mi tío se las daba; el problema de todo abogado con el cliente siempre son los honorarios, si pueden robar a cualquiera, también pueden robar a su abogado. Así que, mientras estaban tras las rejas había que aprovechar para cobrarles.
-Son doscientos mil pesos.
-No los tengo.
-¿No los tienes?
-No.
-¿Qué bienes tienes? ¿Una casa?, ¿un auto? Ya hablaste con tu esposa, que los venda para conseguir dinero y poderte sacar.
-No, todavía no le he dicho.
-Si no consigues dinero rápido, te quedarás muchos años dentro, hay que pagar peritos, hay que pagar policías, hay que pagarle al M.P. para que afloje la investigación, hay que ofrecer testigos que digan que estuviste en otro lado, tenemos que conseguir cartas de buena conducta, para que te pongan una pena baja, hay que moverse.
-Sí, licenciado.
-Si no hay dinero, nadie se moverá por ti ¿entendiste?
-Sí licenciado, lo conseguiremos.
-En este lío te metiste tú sólo, yo no hago milagros, hago trámites y cada trámite cuesta dinero, si lo tienes: sales, si no lo tienes: te quedas adentro, así funciona esto, yo no lo voy a cambiar.
A Claudia nunca le gustó el ambiente en el que yo me desenvolvía, me dijo que algún día me matarían, así que prefería pintarme una raya, era mi mejor amiga y yo, estaba locamente enamorado de ella, ella siempre fue muy aplicada, estudiaba en la facultad de contabilidad y siempre sacaba las mejores calificaciones.
Ella se graduó con honores, y yo apenas salí con poco más de 7.
La diferencia, ella no tuvo un mal puesto en PEMEX, llegó a tener una dirección, y yo, diez años después de haberme graduado me independicé, mi tío falleció de un ataque cardiaco, a penas de cincuenta y dos años; hizo una pequeña fortuna, pero entre sus tres mujeres con hijos se diluyó rápido.
Todos llegaron al velorio y los veía pelear por el despacho, yo por eso no quise problemas, les anuncié a los clientes que mi tío había muerto y que el despacho cerraría sus puertas, algunos me pidieron mi teléfono celular y me siguieron.
Varios de los familiares de los delincuentes me aseguraban que ya habían cubierto en su totalidad los honorarios a mi tío, les dije que buscaran otro abogado, que yo les cobraría desde el principio, muchos se disgustaron, en cambio otros me siguieron.
Como la banda de clonadores de tarjetas de crédito, ellos me decían que sus robos eran de terciopelo, no mataban, ni secuestraban, ni siquiera amenazaban a alguien, sólo clonaban tarjetas bancarias, cuando los atrapaban contrataban entre todos un buen abogado, que por supuesto, era yo, negociaba con los ministerios públicos, los trataba de sacar rápido, les decía que dijeran que la tarjeta la habían encontrado en un taxi dentro de una cartera, que no habían anotado las placas del taxi y no conocían el nombre del propietario, que se les hizo fácil gastar la tarjeta, que nunca habían hecho algo así.
Saqué a varios de esa forma, me respetaban y yo cumplía en sacar una condena baja y sacarlos rápido del problema.
La verdad me casé con Amaranta, tuve dos hijos con ella, el matrimonio no fue fácil, terminé divorciado, a mis hijos los veía uno que otro fin de semana, hasta que se casaron, desde entonces los veo sólo ocasionalmente, en alguna fiesta de la familia, no me frecuentan ellos a mí, ni yo a ellos, cada quien tiene su vida.
Amaranta regresó a su tierra, Hermosillo, aunque alguien me dijo que se había vuelto a casar con un americano y vivía en los Ángeles, la verdad, si es cierto qué bueno que haya encontrado el amor, es una mujer guapa, inteligente y siempre quiso vivir allá.
El amor es un tema que tengo vetado en mi vida, creo que no nací para él.
Muchas mujeres con las que tuve una relación amorosa querían tener hijos o casarse y yo la verdad amé la soltería, sin compromiso, me gustaba irme con ellas de luna de miel a Can Cún, a Miami, a Las Vegas, a Los Cabos, a Nuevo Vallarta y cuando regresábamos a esta bendita Ciudad de México, libre, otra vez libre, sin tener que soportar el mal humor de ellas, sin tener que aguantar sus depresiones y sus quejas por todo, vivo solo, toda la casa para mí.
En verdad amo la libertad, es algo mágico, el compromiso es una forma de estar preso, como mis clientes a los que veo detrás de las rejas, con una cara de tristeza, así me sentía yo, no quería ser un hombre que deba dar explicaciones:
-¿Dónde pasaste la noche ayer?
Odio tener que explicarles, a veces inventarles una verdad, odio que me exijan fidelidad, que me exijan dinero para pagar cualquier servicio, a veces me subo en un avión y voy a ver un partido de futbol a Chile, a Argentina, a Brasil o aquí a Guadalajara.
Muchas veces me meto a bares o antros de insurgentes, escucho música y más de una vez salía con alguna mujer ocasional, que nunca más volvía a ver, ni sus nombres recuerdo, eso es vivir libre, libre.
Entonces, ocurrió, te encontré Claudia, ibas con tu marido, salías de un restaurante, a él lo conocía bien, fue compañero de la universidad, era abogado.
-¿Qué tal Raúl? -Lo vi primero y él respondió.
-¿Cómo te va Jorge?
-Bien -fue lo primero que se me ocurrió, la verdad voltee varias veces de un lado a otro, no te veía, creí por un momento que Raúl venía con otra persona, pero antes de preguntar por ti, saliste, siempre con la cabeza en alto, delgada, con tu sonrisa, de vestido ¡como me gustas!, de tacones y sonriendo.
-¿Qué milagro? -y me abrazaste, pensé no soltarte nunca en ese momento, recordé la universidad, ¿cuántas veces fuimos al cine?, ¿cuántas veces me platicaste de tus hermanos, de tu padre muerto y de tu madre viuda?, de tus ambiciones por ir a Europa a hacer una maestría, ¿cuántas veces pensé que tú serías mi esposa?, pero, cuando supe que te casabas con Raúl, fue en ese momento que decidí casarme con Amaranta, para que tú te enteraras y pensaras que a mí no me dolía tu boda, pero la verdad me moría de rabia, quería salir a la calle gritar a los cuatro vientos que la vida me había jugado una mala pasada, que el amor de mi vida se casaba con otro hombre que no era yo, que estaba equivocado ese libreto, que el que lo había escrito estaba en un error.
Recuerdo que me fui con Roberto a su casa, compré una botella de brandy 501 y la bebí hasta terminarla, recuerdo que Roberto y Pablo, más bien, de eso no me acuerdo, ellos me contaron, que me sacaron cargando de la casa, que me llevaron al Jarocho en Coyoacán, a beber café, que no sabían cómo bajarme la borrachera y que intenté al día siguiente suicidarme con una cuerda, pero que no lo hice, pensé que si lo hacía, tú te sentirías culpable de mi muerte, pero reflexioné y terminé pensando que la verdad, dirías que fui un estúpido. Todo eso pasó en unos segundos por mi cabeza, cuando te abracé y te besé la mejilla, muy cerca de tus labios y te dije.
-Si, que gusto verte de nuevo, sacaste una tarjeta de tu bolso, me la diste y leí, Directora de Finanzas de PEMEX Refinación.
Yo saqué mi cartera y torpemente intenté sacar mi tarjeta, pero Dios, no tenía ninguna tarjeta, recordé que en la última reunión atendí a 10 personas y se agotaron y había olvidado poner más, ya Raúl recibía el auto y te abría la puerta y yo, yo me quedé mirando tu sonrisa, tus piernas que entraban al auto y me quedé pensando, definitivamente Dios se equivocó al escribir este libreto, ella, Claudia, debió ser mi esposa y yo, yo sufro a causa de ese error, no he podido ser feliz, aunque salgo con mujeres veinte años más jóvenes, aunque vi muchas canas en tu cabeza, aunque vi las arrugas alrededor de los ojos, aunque vi que la edad, cincuenta años, no te habían pegado tan fuerte como a mí; yo con un abdomen pronunciado, con canas en mi cabello, con arrugas en los ojos, eso sí, con un mercedes deportivo que me traían después de tu auto, pensé alcanzar a tu marido, cerrarle el paso, abrir la puerta del auto, subirte a ti y acelerar y no parar hasta que estuviéramos lejos y nadie, en ese momento, nadie nos alcanzara, solo tú y yo, y olvidar mis cuentas bancarias, olvidar mi mercedes, llevarte a una isla desierta y decirte, ahora sí, tú y yo viviremos por siempre, en el paraíso que Dios creo, éste es el libreto correcto, no el que escribiste para nosotros; pero la verdad, subí al auto, no aceleré, ya no manejo rápido, di vuelta en sentido contrario al que tu marido guio el auto y pensé lanzar tu tarjeta por la ventana, es mejor cerrar círculos, pensé, pero no me atreví, sólo manejé a casa y me acosté a dormir solo, en mi cama inmensa, solo, sin tu cuerpo a mi lado, sin escuchar tu respiración, sin ver tu sonrisa en la mañana al despertar, sin escuchar tus pasos y sin poder tocar tu cabello, ese cabello que sentí cuando te despediste de mí y que olí por un instante y que quise tomar y volver a sentirlo en mis mejillas, pero, esa noche dormí solo.
Al día siguiente fui a trabajar a la oficina como siempre, antes la señora Conchita preparó el desayuno, solo en una casa gigante, vi los jardines, sin niños que jugaran, vi la alberca, tapada, sin usarse, fumé un habano en el jardín y recordé tu olor, el olor de tu pelo tocando mi nariz.
Saqué tu tarjeta, estuve a punto de tirarla al bote de basura, pero no lo hice, la metí en un tarjetero y no volví a tocarla en años, hasta que escuché sobre las leyes energéticas, mucho personal de PEMEX sería liquidado, pensé en ti, no sabía en cuanto tiempo te pensionarían, me preocupó saber de tu situación, fue cuando te invité a comer y me dijiste que sí.
Creo fue el peor error, me sentí joven, como en la universidad nuevamente, saldría contigo y algo me frenaba, eras una mujer casada, y yo, un hombre libre, pero tu marido se veía un caballero, en fin, nos reunimos con el pretexto de que liquidarían a mucho personal de PEMEX, por un momento pensé que me dirías que ya tendrías asegurada tu pensión, que no tendrías ningún problema, que tu marido tenía un buen empleo y todo estaba resuelto, pero mi sorpresa fue contraria, tu nombre apareció en la lista de trabajadores recortados, tenías 20 años de antigüedad y no entrabas en ningún plan de pensión, te pagarían una buena liquidación, fue cuando metí el tema de tu marido.
-Lo bueno es que tu esposo es abogado, así que tú puedes pedirle ahora a él que te mantenga.
Ella me dijo su cruda realidad, su marido era un completo inútil, nunca había trabajado como abogado, sólo tenía trabajos temporales con salarios de hambre, lo peor, nunca se había titulado.
Sentí cómo caía sobre mi cabeza un cubo de agua fría, me cambió por un inútil al que había mantenido durante 20 años, pagaba las colegiaturas de dos hijas en universidades privadas y nadie le ayudaba, ella sola había logrado sacar a su familia adelante, pagaba un departamento en Coyoacán y todavía debía diez años de hipoteca, es más, la liquidación le podía servir para liquidar la hipoteca, pero se quedaría sin un centavo.
-No te preocupes, eres una profesionista muy competente y varios pelearán por tenerte entre sus filas.
-Eso espero -me dijo.
La verdad la sabíamos, ella había sido servidor público mucho tiempo, sus relaciones con profesionistas eran en la misma área que sería recortada, nadie la contrataría en la iniciativa privada.
Pasó un año y me llamó angustiada, me pedía que le diera trabajo a su marido, aunque fuera de chofer, la situación era muy lastimosa, a sus hijas las habían sacado de la universidad por falta de pagos, la habían demandado por las hipotecas que debía, no paraban las llamadas de los bancos por no pagar las tarjetas, estaba desesperada.
La invité a comer y me enteré de todo, primero había vendido el auto y luego la camioneta, pero ahora ya no tenía qué vender y su marido, pues era un perfecto inútil, sin trabajo, ya no le quedaba dinero ni para comer.
Yo sabía que el paso siguiente sería un movimiento en mi favor, le dije que para él no tenía trabajo, en cambio, para ella sí, que necesitaba una asistente, que me acompañara en las audiencias, lo cual, desde luego era falso, pero sería la forma de tenerla cerca, le ofrecí un salario medio, no el que ganaban mis mejores abogados, ni el salario bajo de un pasante, sino un salario suficiente que le permitiera pagar sus compromisos inmediatos, sabría que aceptaría, sabía que en ese momento mi vida cambiaría, ella estaría a mi lado.
Ella llegaba a la oficina perfectamente vestida y yo, la llevaba a los Ministerios Públicos, a los reclusorios y aunque no le gustaba mucho ser dama de compañía, no le quedaba de otra, las primeras veces su marido iba a recogerla al trabajo, pero cuando se dio cuenta que yo no pretendía nada con su esposa se fue alejando.
Luego me enteré, porque así me lo manifestó Claudia, había conseguido entrar de guardia a una bodega, por eso ya no venía a recogerla, no tenía tiempo para eso.
Yo nunca lo critiqué, aunque me moría de celos por dentro, pensaba decirle a Claudia que lo dejara, que se mudara a mi casa y se convirtiera en mi esposa, pero la verdad no me atrevía, llegué a pensar que el día que se lo dijera, correría espantada y abandonaría el trabajo, me miraría como a un tipo nefasto, como a un tipo que en realidad estaba loco por ella y había buscado un pretexto para tenerla cerca, lo cual, era cierto, pero no podía yo demostrarlo.
Así pasamos dos años, Claudia conoció mi casa de Coyoacán, me criticó:
-Esta casa es muy grande para un hombre solo.
-Que te puedo decir, me hubiera gustado encontrar a la persona correcta, pero creo que moriré así, soltero y solo.
-No te creo, debes tener muchas novias.
-No soy un santo, admito que varias veces he viajado con algunas noviecitas que a veces me acompañan, pero no tengo nada serio con nadie, pienso que moriré soltero.
-¿A dónde las llevas? -en esa pregunta noté que su sonrisa era diferente, noté cierto coqueteo.
-Ellas escogen el lugar, yo lo pago todo, pago por acompañamiento, estoy acostumbrado a ello, ellas vacacionan y yo, no viajo solo.
-¿Nunca has viajado con alguien que te ame?
-Con mi esposa, creo que al principio me amó, luego, ya no quería saber nada de mí, creo que era muy feliz cuando me iba a provincia a trabajar y tenía que dejarla, terminamos felices cuando nos separamos.
-¿Conmigo viajarías?
Cuando dijo eso me acerqué a ella la tomé de la cintura, la besé una, dos, tres, no sé cuántas veces y después le dije:
-Contigo iría al fin del mundo.
-¿De veras?
-Tú sabes que sí, si a alguien he amado desde que éramos estudiantes, fue a ti, creo eres la mujer de mi vida, mi fantasía más grande, siempre he pensado que sería la única mujer con la que reharía mi vida, creo que mi felicidad está a tu lado y creo que sin ti, no puedo ser feliz.
Ese día hicimos el amor en mi casa, fue grandioso, me acerqué al Cristo de mi capilla y le dije, Dios, nunca te equivocas, el libreto decía que debía ser paciente, que Claudia llegaría a mi algún día, pero que debía tener paciencia, que mi felicidad sería más grande de lo que yo había imaginado.
Ocurrió lo que debía ocurrir, Claudia le pidió el divorcio a Raúl y me casé con ella.
La llevé al fin del mundo, como ella me lo pidió, así que fuimos a la Patagonia, visitamos Argentina y Chile, fue una luna de miel asombrosa, sus hijas regresaron a la Universidad, obvio, yo la pagué y todo parecía felicidad.
Hasta que me di cuenta que Claudia no era la mujer que yo quería.
Me hablaba cada hora, al principio pensé que era parte del amor que nos teníamos, pero había veces que estaba con clientes y le decía que me reportaba en un momento.
No habían pasado quince minutos cuando me volvía a marcar y a preguntarme ¿qué hacía?, ¿dónde estaba?, ¿con quién?
-En reclusorio con unos clientes, te marco luego.
Llegaron a ser tan insistentes las llamadas que me sentía acosado.
-Claudia, estoy trabajando.
-Yo trabajé contigo y te conozco, ¿crees que no veía cómo se te iban los ojos por varias de tus clientas?
-Eso no es cierto.
-Recuerda que me tenías de dama de compañía, ahora no quieres que vaya contigo al trabajo.
-Ahora eres mi esposa.
-Pero no pensabas igual cuando estaba casada, querías seducirme, ése era tu plan, tu plan de Don Juan, sé que a muchas mujeres las traías a tu casa, sé que tenías sexo con tus abogadas, no soy tonta.
-¿Claudia de dónde sacas esas cosas?
-Trabajé contigo, platiqué con varias abogadas y con tus clientas, sé que algunas te pagaron con sexo.
-Eso no es cierto.
-Entonces soy mentirosa.
-Voy a colgar, estoy trabajando.
-Debes estar con alguna esposa de tus delincuentes en un hotel y por eso quieres colgarme.
-Tienes que ir a ver al psicólogo Claudia.
-¿Ahora crees que estoy loca?
Después de las llamadas telefónicas, a Claudia le dio por seguirme, un día me di cuenta que la camioneta iba de tras de mí, la verdad por mi profesión suelo ser cauteloso y siempre estoy espejeando, así que pude reconocerla; la verdad me hice tonto hasta que llegué al restaurante donde vería a la esposa de un político que había sido detenido por peculado; y mientras la señora me contaba cómo habían incautado todos los bienes que estaban a nombre de su esposo y de ella, estaba desesperada, me abrazó llorando, yo sentí que la señora me coqueteaba para que bajara mis honorarios y sabía que esa técnica conmigo no funcionaba, de pronto frente a mi Claudia se presentó:
-Mira qué casualidad, vine a comer a este restaurante y te encuentro en una situación muy incómoda. ¿Quién es ella?
-Claudia, la señora es esposa del exsenador.
-Pues no viste apropiadamente, mira como trae el vestido de corto, ¿señora qué quiere con mi marido?
-Te me vas a la casa -dije furioso y estuve a punto de lanzarla, pero me contuve - señora, perdone a mi esposa.
-No se preocupe licenciado, así reaccionamos muchas mujeres cuando vemos a nuestros esposos con mujeres llorando.
-Te me vas a casa Claudia o no respondo.
-¿Me vas a pegar como los hombres machos?
-No, no te voy a pegar, pero no quiero que te metas en mi trabajo.
-Tu trabajo es estar en tribunales, no comiendo con mujeres.
-Claudia, mi trabajo es como yo quiera desarrollarlo.
Llegando a casa me contuve, le pedí que no se metiera con mis actividades y ella me pidió perdón, pero sus celos fueron demasiado lejos.
No sabía que mi celular y el de ella estaban conectados, de esa forma de pronto se aparecía en restaurantes, cantinas, en oficinas de otros abogados y las escenas en caso de que estuviera con alguna mujer eran siempre terribles, una vez jaló a una mujer que era mi clienta, muy atractiva, se dedicaba a estafar a hombres en bares y fue acusada de robo. Yo logré sacarla de la cárcel y ella estaba muy agradecida, me llevó una botella a mi oficina, cuando Claudia se apareció y le dijo que estaba destruyendo a una familia, que era un hombre casado, que me dejara en paz, casi se agarro a golpes con ella.
Fue cuando decidí terminar el matrimonio, era una verdadera pesadilla. La mujer de mis sueños se convirtió en la mujer de mis pesadillas.
Sucedió que me separé de Claudia, ya soltero nuevamente, vi a la mujer estafadora, era muy atractiva por cierto, me citó en un bar, yo accedí, le quité la pila al teléfono, para que no me siguiera mi expareja, tomamos unas copas y antes de salir me dijo que la llevara al Motel.
Me gustó la idea, así que fuimos cerca del bar, ahí pedimos varias bebidas y la pasamos un rato muy ameno, esta mujer se llamaba Mónica, era joven tenía 25 años y 2 hijos, me contó sus penas, su marido se había ido a USA y en 5 años nunca le mandó dinero para sus hijos, por eso había tenido que ingeniárselas para alimentarlos, cuando salimos del motel, apareció Claudia en la camioneta, la reconocí enseguida, traté de esquivarla, pero ella lanzó el auto a gran velocidad, tratando de no estrellar el suyo, yo me estampé con un poste.
Llamé al seguro y mientras llegaba, Claudia llamó incontables veces a mi teléfono, una vez contesté y me preguntó qué me había ocurrido.
-Tú lo sabes.
-No mi amor, te lo juro que te he buscado, ¿por qué pensé que algo te había ocurrido?
-Choqué con un poste.
-Voy por ti, ¿dime dónde estás?
-No es necesario.
A pesar de ello, Claudia llegó muy rápido, insultó a Mónica, le dijo que era una piruja, que sabía que se había acostando conmigo, que ella era mi esposa todavía, que no estábamos divorciados, que destruiría un hogar.
No pasaba una hora cuando recibía un mensaje de Claudia con reproches. No me dices que me amas, así son todos los hombres, sólo piensan en sexo, pero lo tienen y ya se les olvida el amor, nos usan, la verdad somos unas tontas al creer en ustedes, y cosas así por el estilo.
Opté por ya no contestar sus llamadas, ni sus mensajes, opté por borrarla de mi vida, pero ella se seguía apareciendo a donde fuera, era una obsesión, me sentía observado todo el tiempo, y si no era así, sus llamadas, una tras otra, hasta que contestaba y si no contestaba, los mensajes de texto.
Llamé a Raúl y le pedí verlo en un restaurante para platicar de Claudia, al principio Raúl no quiso verme, pero le dije que pensaba que Claudia estaba enferma y que necesitaba ayuda.
Le conté cómo había sido Claudia, cómo me perseguía por todos lados, cómo me hacía escenas de celos y Raúl solo se reía, me dijo que ésa era la causa por la que no trabajaba, que se había convertido en su chofer, que llevaba a las niñas a la escuela y luego estaba todo el día al pendiente de ella, de lo que le faltara. Que todo el tiempo le marcaba para saber ¿qué hacía?, ¿dónde estaba?, que debía estarse reportando constantemente y le pregunté a Raúl:
-Y cómo soportaste todo eso?
-Por amor -respondió.
-Yo no puedo amar a una persona así.
Así que idee un plan. Le daría una pensión mensual a Raúl, éste le diría a Claudia que consiguió trabajo, le pediría que regresara con él, y yo, yo le diría a Claudia que estaba enamorado de otra mujer, que la verdad no la amaba a ella y que pronto me casaría de nuevo, que quería el divorcio.
Creo que fue lo mejor para los dos, ahora valoro mi soledad, aunque a veces me siento perseguido, reviso el retrovisor, miro antes de llegar a casa, doy dos vueltas y abro la puerta, suelo quitarle la pila al celular constantemente, después de Claudia, mi vida ya no es la misma. Pienso que alguien me vigila todo el tiempo.
Dios nunca se equivocó de libreto, Claudia nunca fue para mí, Claudia era para Raúl, sólo un tipo que se dedique todo el día a ella podría hacerla feliz, yo moriré sólo.
Más vale solo, que mal acompañado.