REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 11 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Yolanda Massieu

Parajes

Yo he visto el dolor y el hambre
en el verdor de la Sierra de Cuetzalan
en el Valle del Mezquital, polvorientos caminos
con frío helado y andrajos llegar a la asamblea.

He visto mazorcas y café, riqueza generada por la tierra
en pocas manos, muy pocas
y de los que trabajan los callos,
languidecen, resisten

He visto el ganado comiéndose la selva
para engordar los bultosos vientres de sus dueños
mientras jaguares y tucanes
despavoridos huyen

Y he visto el agua envenenada
el maíz vendido a la avaricia
y las fértiles, entristecidas vegas

Yo he visto llamar a reunión con caracol en la Chinantla
y he teñido en la Cañadas
de verde las pupilas,
y en el Soconusco la papaya,
en Veracruz, ojos alegres, campesinos
y las flores en invernaderos enjauladas
y los tóxicos para que lleguen al florero,
las mujeres que las cortan
los registros del capataz ocultan a la vista

Y hablé con una mujer recién parida
la ropa lavando en Chiapas un río

Y los manantiales de la montaña de Texcoco
donde el rey poeta se bañaba
sus nombres en náhuatl, sus bosques y su música

Y he visto el desierto y sus sahuaros
y entre rezos la violencia enseñoreada
mezcalito y su peyote
enterrado entre las minas

Y en Tlaxcala un guiño en las tortillas
de los maíces de colores
Huamantla, el furor de La Malinche

De tanta marcha fatigada
de ver tanto, tanto
se cierra mi mirada
muerte, abierta herida
hambrienta infancia, hiriente luz

y mis ojos absorben como esponjas
el dolor y el grito de esta tierra

Progreso

Los monos saraguatos
atropellados en las carreteras
¿cómo puede ser bueno un mundo así?
cero escrúpulos
avasalla la avaricia

Aulladores y sus crías
carne de cañón
la extinción su destino
quedarnos sin su grito

Progreso le llaman
cuatro carriles de indiferencia

Por las tierras del sureste
Dios no pasa

Vileza

Cecil el león al amanecer despierta
observa a sus leonas y cachorros,
paisaje de Zimbabwe.

El día comienza,
resguarda a su especie y su manada,
terreno seguro, la reserva
imponente, negra la melena,
unos cuantos quedan, triste el planeta.

Su territorio recorre, majestuosos pasos,
atado a un auto, pedazo de carne fresca,
lo sigue, por el alimento se aleja,
los límites de la reserva cruza.

Ya de noche, luz que lo enceguece
un flechazo, dolor agudo
huye, camina, sufre por dos días,
los desalmados lo persiguen,
lo alcanzan,
todo termina con balazos.

Walter Palmer es dentista,
se aburre en Twin Cities, Minnesota,
saca y limpia dientes, buen dinero,
mira su rostro de gringo soberbio
ante el espejo,
comodidad, casa, consultorio dental,
pero no es suficiente,
animales mata por diversión
desde hace años,
pero no es suficiente,
una cabeza de león para su sala
de gringo aburrido,
trofeos les llaman.


Es legal, en su arrogancia dice,
50,000 dólares su capricho
¿alimentar a niños de Zimbabwe?,
no, sólo avaricia, mezquindad, crueldad,
al guía del asesino, 1,000 dólares de multa.

México, D.F., a pedradas matan
a tlacuaches que corren, despavoridos, de su hogar,
construcción de edificios en Tepepan.

Vileza y maldad sin límites,
oscuro el mundo en que vivimos,
asesinados los animales, morimos todos.


No fue, pero es

Qué importa no haber sido nunca amantes
importa que sigues siendo luminoso
y soy buñuelo ardiendo ante tu tacto

Importa que creas y ríes y odias,
resplandor que seguimos cuando pasas,
que es lo que no fue
y sin sentirlo los años han pasado
amistad que se da, a cambio nada
el día se me hace al buscarte y encontrarte
y a tus gentes, tu trabajo
y a la joven que fui sin conocerte
y no habernos descubierto hasta estas horas
y tus letras, tus palabras, tus novelas
y tu arte, tu humor y tus rencores

Frágil estupor, camino incierto


En la noche

¿Quién soy yo sin mi sangre que desdeñas?
En la noche deslunada tu desprecio
mis amigas que lloran, rodilla rota de mi madre
la distancia
y él que me busca y que se acerca
¿quién soy yo, con mis perras que me lamen?
mi pierna herida
y tú tan lejos

Con mis ecos
con tu ira
y con la noche deslunada,
gozosa
y tú tan lejos

Yolanda, enero 2010