REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

Gloria, ocaso y extinción del derecho vampiro


Héctor Nezahualcóyotl Luna Ruiz

Dábamos cuenta en el anterior número del doctor Bela Tepes, honra y prez del Derecho Vampiro, quien en sendas conferencias mostró los vericuetos y salidas de dicha disciplina humanista (es un decir) y que ahora continuamos…

Derecho Penal Hematófago.
A Taissia Cruz Parcero

“La dogmática penal vampira se reconoce irremediablemente de imputación objetiva porque, de entrada, si la teoría finalista no reconoce como perpetradores o víctimas a los vampiros, pues debe entonces otorgar forzosamente un criterio valorativo al tipo”, dijo el doctor Tepes a la estupefacta concurrencia y desapareció en una nube de humo. Pero como varios se quedaron como con cara de idiotas y hubo diversas manos levantadas, tuvo que reaparecer para aclarar (y explicar detenidamente a los más lerditos) su concepto. “En el Derecho Penal Hematófago, una supuesta conducta penal excluye a otra que en realidad es homicidio”, volvió a pontificar y luego, como quien se dirige a un auditorio de autistas dopados, detalló su tesis. Sin ir más lejos, comenzó con su famoso ejemplo del “condón de plata” o la “cota de malla de plata para el colgajo”, como la llama su paisano y colega (también borracho, no abogado) Igor Dodesangue en su “Compendio de Derecho Penal Vampiro”:
“…es sabido por todos, en tratándose de la conducta típica, es simple desfloración, cópula consentida, cuando de condón de látex se trata; si es condón de plata es inequívoco: hay dolo y de afectación jurídica mortal. Se entiende el resultado ineludible: el propósito no solo era llegar a la cópula, sino quitar la media vida”.

Toda violación o cópula consentida con condón de plata, por tanto, tiene el propósito de privar de la media vida y así debe ser castigada, como si de vampiricidio se tratase. La cosa se agrava cuando exista “uxoricidio vampiro”, esto es, el homicidio de vampira o vampiro (los vampiros nunca han tenido problema con ni son homófobos) cónyuge. Recordó de pronto el doctor Tepes un atípico asunto que le tocó atender el año de 1991, donde no sólo se aprecia un uxoricidio involuntario, sino una seria advertencia sobre los riesgos de la falta de higiene y del desaseo, y que pasamos a relatar:
Una pareja se casó y formalizó legalmente su situación civil, pero el cónyuge (humano) no sabía que su esposa era hematófaga, a pesar de su singular pericia en ciertas técnicas de las dotes amatorias, propias de las capacidades fisiológicas de las vampiras. Sucedió entonces que el sujeto trabajaba en una tlapalería, donde pintaba, mezclaba, dosificaba, diluía y demás usos de las pinturas; un día llegó un cliente con un bote de pintura de plata pura, esto es, pintura hecha con el metal, para que en la tlapalería la diluyeran un poco, lista para retocar el barandal de cierta mansión. A pesar de que ya había contratado pintores, el señor de la casa no quiso encargarles la preciosa pintura de plata a los de brocha gorda, por miedo al desperdicio, y se encargó personalmente. Obvio, trabajó toda la tarde y sólo terminó hasta la noche, quedándole las manos completamente pintadas de plata; viendo que la pintura había secado, decidió irse a la cama tal cual y asearse al día siguiente. Fue a la cama a las nueve y media y a las diez y media se apareció su mujer, después de cazar parejitas en las islas de C.U., con la barriga llena de sangre, pero con un apetito sexual que superaba al de Niurka. Comenzó las insinuaciones y los besos en la oreja, siguiendo con lo que mejor sabía hacer. El señor se levantó como de rayo y, en su turno, comenzó a explorar digitalmente la intimidad de su cónyuge, siendo grande su sorpresa cuando la señora se agitó convulsivamente y desapareció entre cenizas que el viento de abril diluyó por la ventana de su cuarto. Dos horas después llegaron agentes de la Procuraduría Vampira a las indagatorias, seguidos del notificador judicial del Tribunal Superior Vampiro, explicándole todo al mismo tiempo: que su mujer era hematófaga; que la había asesinado dolosamente; que el juicio comenzaría en tres días (sesiones nocturnas, but of course); y que debería contratar los servicios de un abogado vampiro, pues la Corte Penal Vampira no contaba con abogados vampiros de oficio para la especie humana. De una lista extendida por el notificador, el primer nombre que leyó fue el del doctor Tepes, alcanzó a llamarlo por teléfono antes de que los policías hematófagos lo condujeran a prisión y adelantó sus honorarios: cuatro bolsas de sangre tipo “O” positivo y una botella de vodka. Llegó el día de la audiencia penal; el fiscal vampiro, al leer el acta de consignación, agregó al homicidio doloso las agravantes de ventaja y traición, pero como el siniestro fue de noche, no pudo probar que la víctima estuviera dormida, como puerilmente supuso. Tampoco pudo probar que el presunto responsable conociera la calidad vampira de su cónyuge y fue más convincente para los jueces la cara de imbécil del acusado al absolver estúpidamente las posiciones. Obvio es inferir que el doctor Tepes, de manera brillante, jamás entró en consideraciones baladís o tratar de negar los hechos: los aceptó todos, excluyendo el delito de homicidio, toda vez que, si bien al embadurnarse los dedos de plata el señor se había convertido en una amenaza para la integridad de su esposa, no era responsable, pues, a) no sabía que era vampira y por tanto expuesta al riesgo; b) no sabía que su conducta era peligrosa; y c) no quiso ni aceptó su conducta criminal, pues ignoraba que lo fuera. “Hasta la ‘teoría del incremento’ del riesgo podríamos invocar, si así lo desea el fiscal hematófago; expandamos la responsabilidad de mi cliente, desvaloremos globalmente su comportamiento, pero la gama de probanzas que muestre la defensa no alcanzará la tipicidad que pretende con la realidad que se desprende de las actuaciones”. Ante la brillante disertación del doctor Vlad Tepes, los miembros de la Corte Penal Vampira despertaron, se quitaron las lagañas de los ojos y, entre bostezos, declararon el homicidio imprudencial (ya dijimos que el Derecho Vampiro es de rabiosa imputación objetiva) y sólo lo condenaron al pago de costas y a trabajos para la comunidad vampira, consistentes en la eliminación periódica de cuanto ajo encontrara en un radio de un kilómetro de su domicilio.
Propone en obvio de conclusiones la tipificación de vampiricidio: “Comete delito de vampiricidio el que priva de la media vida a otro”. Luego continúa, distinguiendo sin mencionarlos, a vampiros y vampiras:
“Para la aplicación de las sanciones que correspondan al que infrinja el artículo anterior, no se tendrá como mortal un disparo o una desfloración, sino cuando se verifiquen las tres circunstancias siguientes:
I. Que la muerte se deba a las alteraciones causadas por la bala o el condón de plata en el órgano u órganos interesados, alguna de sus consecuencias inmediatas o alguna complicación determinada por la misma lesión y que no pudo combatirse, ya sea por ser incurable, ya por no tenerse al alcance los recursos necesarios;
II. Derogado.

III. Que si se encuentra el cadáver del occiso (a), declaren dos peritos ocultistas después de hacer la autopsia, cuando ésta sea necesaria, que la penetración con condón de plata o el disparo con bala de plata fue mortal, sujetándose para ello a las reglas contenidas en este artículo, en los dos siguientes y en el Código de Procedimientos Penales.
Cuando el cadáver no se encuentre, o se encuentre hecho cenizas, o por otro motivo no se haga la autopsia, bastará que los peritos ocultistas, en vista de los datos que obren en la causa, declaren que la muerte fue resultado del disparo o de la penetración inferida.


Ante la pregunta de por qué no incluía la muerte por estaca en el corazón, medio ad hoc para el vampiricidio, hecho una furia, el doctor Tepes aclaró que, de cometerse, se trataba de una “conducta vampiricida agravada” y como tal debía calificarse judicialmente, pues:
a) La víctima no tiene conciencia de lo que va a ocurrirle y nunca podrá repeler la agresión;
b) La víctima es violentada en su domicilio y en su domicilio básico, sin mencionar también la intimidad;
c) Es una forma tumultuaria de vampiricidio (uno debe abrir el ataúd, otro colocar la estaca, otro dar el golpe con el martillo… ¡Una lata!) y por lo tanto nunca habrá la capacidad de repelerla.