REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

Sexenio peñista, los claroscuros


Benjamín Torres Uballe

Se vislumbra ya la mitad del sexenio encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto. El arribo del mexiquense a Los Pinos representó el regreso del “nuevo” PRI al poder luego de doce años infaustos del Partido Acción Nacional que desperdició la oportunidad de trascender en lo político y en la historia. Al final se convirtió en más de lo mismo e incurrió en lo que, como oposición, criticó férreamente: corrupción, opacidad, ineficacia, malas decisiones y demagogia al más puro estilo del priismo.
Una gestión peñista que tuvo un buen arranque con el llamado Pacto por México y las once reformas constitucionales, entre las que destacan la energética y la educativa, esta última considerada emblemática entre todas ellas. Luego de su aval en el Congreso, dichas modificaciones posicionaron al Presidente como un mandatario ejemplar según la comunidad internacional y no titubearon para entregarle cualquier premio por su “contundente” liderazgo. Todo indicaba que nos dirigíamos, ahora sí, al progreso, al ansiado desarrollo, al necesario bienestar social, a insertarnos en el primer mundo.
Pero -siempre el maldito pero- , llegó el abominable caso de Ayotzinapa y los 43 desaparecidos que exhibió la podredumbre de la política y los políticos, de la justicia y de quienes la “aplican”, de los nexos mafiosos entre las bandas criminales y el perredismo y, al mismo tiempo, la pobreza en la tarea de comunicación social que se desarrollaba en ese entonces en la oficina presidencial.
Ayotzinapa fue sólo el inicio de la noche que se le vino encima al titular del Ejecutivo federal; le siguieron los ejecutados en Tlatlaya, el escándalo de la Casa Blanca y la de Ixtapan, así como la de Malinalco de su secretario de Hacienda, la abrupta cancelación del proyecto para construir el tren de alta velocidad México-Querétaro, todo precedido por tropelías directas e indirectas de su equipo de trabajo en sucesos ominosos como el de la “Lady Profeco” y el de David Korenfeld con el helicóptero de la Conagua.
Para entonces la luna de miel con la población se había esfumado, los millones de pobres en el país demandaban empleos, alimentos, seguridad social, educación, mejores condiciones de vida. No bastaron los ineficaces y populistas programas clientelares para distraer tan impostergables y ancestrales necesidades.
Mientras tanto, la principal exigencia de la sociedad mexicana se hacía más intensa: el freno a la apocalíptica violencia, convertida en un cáncer mortal que no da tregua ni un instante: secuestros, cobros de piso, extorsiones, fosas clandestinas, balaceras en las calles y, por si fuera poco, hordas tomando las calles en la capital y en distintos estados de la república mexicana para amedrentar a un gobierno pusilánime que con miedo patológico evade aplicar la ley en detrimento de ciudadanos, comerciantes, industriales y las propias instituciones que ven con impotencia cómo destruyen propiedades y patrimonio que en más de las veces es producto de toda una vida de trabajo.
Luego, en algo que el gobierno del presidente Peña Nieto fue incapaz de vislumbrar, llegó la debacle en los precios del petróleo, lo que representa simplemente menores recursos y menor margen de maniobra, incluida la reducción en los indispensables programas sociales (léase clientelares) sobre todo en años electorales como lo fue este 2015 y lo será en el próximo 2016, sin pasar por alto el estratégico 2018.
Como si todo lo anterior no bastara para evaluar con hechos irrefutables la calidad de la gestión de Peña Nieto, recientemente se han sumado variables imposibles de obviar por su importancia: la devaluación del peso frente al dólar americano (cuando escribo esta colaboración ronda los 16.45 pesos), el aumento de 2 millones de pobres en el país, al pasar de 53.3 en 2012 a 55.3 en 2014, y la fuga del famoso narcotraficante El Chapo Guzmán del penal de “máxima seguridad” del Altiplano.
El panorama para la segunda parte del sexenio peñista no luce muy favorable de acuerdo a como se presentan las cosas tanto política, como económica y socialmente. El eje del gobierno actual fue construido sobre la base del supuesto éxito que tendrían las mencionadas reformas, sin embargo, varias de ellas no han sido implementadas y otras se han aplicado parcialmente como es el caso de la educativa.
Sin dejar de reconocer que el país ha avanzado en aspectos macroeconómicos, resulta evidente que dichos logros no se han reflejado en los bolsillos ni en las mesas de la enorme mayoría de los mexicanos, y es ahí precisamente donde debe calificarse rigurosamente la tarea hecha hasta hoy por el Presidente: en el bienestar social de la población, que, de acuerdo al informe del Coneval, se ha pauperizado todavía más, pues al inicio del mandato del priista en el 2012, había los referidos 53.3 millones de pobres que representaban el 45.5 % del total de habitantes; mientras al cierre del 2014 los 55.3 existentes son 46.2%, lo que significa que a pesar de la retórica oficial, hay más pobres.
Visto de una manera objetiva, el trabajo desempeñado por el presidente Peña Nieto ha sido de claroscuros en el primer trienio quedando a deber mucho y pareciera no querer modificar su estrategia ni a los integrantes de su gabinete, ojalá que la acción tomada en contra de la CNTE en Oaxaca no sea un caso aislado para tratar de compensar ante la opinión nacional e internacional los daños por la fuga de El Chapo y se decida por fin a aplicar el estado de derecho que tanta falta le hace a este México estoico.

©Benjamín Torres Uballe
@BTU15