REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Confabulario

Adán


Eduardo Marbán

La vida de Pedro había sido lo que podemos llamar una vida de vicios, le gustaba beber hasta perder la razón, entonces gritaba y tiraba balazos por la calle, una vez, dicen que una bala perdida había caído en la cabeza de una niña y había muerto; esa pobre niña jugaba al avión saltando de un lado a otro, aventaba un pedazo de papel mojado para indicar el lugar en que no podía pisar, así que, con un pie saltaba de un lado a otro del avión pintado con gis en el suelo del patio de su casa, de pronto, cayó la pobre niña al suelo con los ojos en blanco y comenzó a moverse de un lado a otro, los padres al verla tirada la llevaron al centro de salud del lugar, pero les dijeron que no sabían qué tenía, que su muerte había sido al parecer un ataque al corazón, pero el médico más viejo del lugar, le dijo al padre que tenía una bala en el cráneo.
A pesar de que varios de los amigos le advirtieron a Pedro que las balas que tiraba cuando andaba borracho ya habían causado una desgracia, a Pedro no le interesaba, seguía saliendo de la cantina y tiraba balazos, la gente se espantaba y corría de un lado a otro cuando veían al tipo.
También le gustaba fumar yerba, lo hacía mientras bebía, se envalentonaba entonces y gustaba de soltar golpes y tirar patadas de un lado a otro al que se atravesaba en su camino.
Había logrado hacer mucho dinero con la mina que explotaba en San Juan, sus empleados lo rodeaban cuando se ponía “loco”, no dejaban que alguien lo tocara, cada vez que algún ser humano lo miraba “feo”, se levantaba de la silla y se lanzaba en contra del pobre hombre de mirada pesada, entonces, sus empleados que también iban armados lo protegían, y al pobre iluso lo inmovilizaban de brazos y piernas, mientras Pedro lo tupía a golpes de un lado a otro, convirtiendo la cabeza del pobre incauto en pera para boxear, hasta dejarlo inconsciente.
Las mujeres fueron otra de las debilidades en la vida de Pedro, nunca se casó, pero tuvo varios hijos, si le gustaba una mujer, así fuera casada, sus pistoleros se encargaban de robársela, primero la seguían por varios días, conociendo los movimientos de la víctima, hasta que encontraban el momento más propicio y solían entonces llevársela a su patrón.
Le gustaba abusar de ellas, hacerles el amor por la fuerza; a las secuestradas las encerraba en su recámara, le gustaba tenerlas durante tres días seguidos, después de ello, pedía nuevamente a sus hombres que la regresaran al lugar donde la habían raptado, pues decía que, ya en tres días la había conocido lo suficiente y que no las volvería a ver; dos mujeres que habían sido secuestradas habían perdido la vida en esa recámara, resistieron lo suficiente, una de ellas por los golpes que le soltó el desgraciado y la otra, encontró una daga y con ella se quitó la vida antes de ser violada.
Él dijo que ellas habían elegido su destino, pues podían haber sido regresadas como todas, al mismo lugar de donde inició su captura y seguirían con vida.
Las autoridades a pesar de conocer los delitos del cacique no hacían nada, ser el dueño de la mina lo hacía gozar de fuero, sabían que daba trabajo a buena parte del pueblo, así que cualquier denuncia en contra de Pedro, era archivada por el alcalde.
La burocracia se ponía en funcionamiento, le daban largas a los denunciantes, les pedían más pruebas, les decían que los testigos no eran creíbles, que las imputaciones no eran suficientes, por eso jamás prosperaba ninguna declaración en su contra.
Todo eso hacía que Pedro caminara con una mirada profunda y con una sonrisa malévola en la cara, nadie podía con él, era imparable.
Además, el alcalde sabía que sus tres policías no podrían hacerles algo a los cinco guardias que siempre acompañaban a Pedro a todos lados, por ello, si algún día se atrevía a ejecutar alguna detención, los hombres de Pedro podrían acabar con toda la guardia de San Juan.
En una ocasión el pueblo intentó levantarse en contra del Alcalde, ese día, los cinco guardias de Pedro se sumaron a los tres policías municipales y se creó un pequeño ejército que parecía invencible, gracias a las armas que tenía Pedro, pues además de contar con rifles, tenía un cañón, el único del pueblo, y los pobres habitantes que sólo contaban con espadas e instrumentos de trabajo fueron masacrados, después de ese día, nadie intentó nada, ni contra el Alcalde, ni en contra de Pedro.
Una mañana, Pedro caminaba en los jardines de su mansión, sólo que ese día lo hizo sin su guardia, se ejercitaba en pijama cuando vio a una hermosa doncella de nombre Sandra, era una niña que vivía cerca de su propiedad, la vio tan hermosa que pensó regresar a su casa y pedirle a sus hombres que se la llevaran a sus habitaciones; pero Sandra estaba sola, llenaba un cántaro de agua en el río que pasaba cerca de su propiedad, la vio tan indefensa que en ese momento pensó que él solo podría lograr su propósito, así que se acercó sin que la pequeña lo pudiera ver, se fue acercando poco a poco, ya cerca del río, se escondió detrás de unos matorrales, Sandra estaba despreocupada, miraba su reflejo en el agua, y ya cuando estaba preparándose para regresar, Pedro se lanzó sobre ella tirándola al suelo, la golpeó dos veces en la cara y ella desesperada, luchaba para tratar de zafarse de los brazos de su captor, éste la apretó lo más fuerte que pudo, jamás se imaginó Pedro que la pequeña tuviera una daga escondida en su cinto, de pronto, ella, tomó la daga y la hundió en el abdomen de Pedro, éste sintió cómo se calentaba su cuerpo, sintió que salía la sangre del estómago, sus manos se vieron mojadas de rojo rápidamente, Pedro intentaba sacar la daga, pero sus fuerzas flaqueaban, dio varios pasos con dificultad y cayó al suelo, se incorporó, quiso correr a casa para llamar al médico, dio otros dos pasos, trató de detenerse luego de un árbol y ya sin fuerza, fue perdiendo la respiración y de pronto cayó, pero no cayó al suelo, sino a un agujero, parecía no tener fin, era un pozo, -¿nadie sabrá dónde estoy? -pensó -seguro moriré, es mi castigo por llevar una vida de vicios. Cerró los ojos y se envolvió en un sueño oscuro, un sueño de noche, un sueño de tinieblas.
El pueblo se libró del cacique, del hombre adinerado odiado por todos; la pequeña Susana jamás reveló el incidente, así que en el pueblo todos inventaron historias que después fueron leyendas sobre la desaparición de Pedro, dijeron que ese hombre en realidad fue un demonio que regresó al infierno, otros decían que Dios lo desapareció de un rayo, la pequeña fue una tumba, nadie le creería que ella sola había acabado con ese maldito ser; sus guardias nunca se enteraron. Ese día que salió de sus aposentos, cuando lo buscaron, no lo encontraron por ningún lado, así que ellos creyeron que el demonio se lo llevó de cuerpo entero.
El alcalde se apropió de la mina después de 30 días de no aparecer Pedro por ningún lado, se convirtió en el nuevo cacique y tirano del lugar, aunque nunca abusó de las mujeres, se dedicó a explotar las minas y a hacerse rico.
Pasaron quizá cientos de años, nadie lo sabe, pero en San Juan pasó una catástrofe, ya que el mundo conocido fue destruido, unos mencionan que llegó un cometa y cayó sobre el pueblo, la verdad, no quedó nada de él.
Después de “el final”, viene nuevamente el principio dicen los aztecas, otros hablan del big ban, otros de la creación universal, otros simplemente mencionan que la tierra desapareció, lo cierto, es que en San Juan no quedaron más que piedras que se movían en un constante avance al infinito universo.
Un día, Dios bajó, y con él vino también un viento terrible, un huracán que levantaba todo a su paso, dañaba lo que encontraba en su camino, era, “El viento de Dios”, un viento que era capaz de mover mundos de un lado a otro, era un huracán universal que tragaba galaxias a su paso.
Fue cuando Pedro salió de su escondite, en realidad nunca había muerto, yacía enterrado en estado latente, en el pozo que llegaba al centro de la tierra, o más bien, al centro de San Juan, el viento lo arrastraba de un lado a otro, ese viento lo sacó del agujero en el que había estado.
Antes, cuando estuvo dentro de la tierra, se fue purificando, su cuerpo fue llenándose de raíces de plantas, de animales, que fueron comiéndose todo lo que él fue, en ese proceso se limpió de todos los pecados que había cometido en su vida anterior. Pedro dejó su cuerpo y ahora solo subsistía dentro de una pequeña piedra que quedó sepultada en ese pozo.
Dentro de la tierra Pedro había reflexionado sobre la vida que había llevado de vicios, había sido un error todo lo que había hecho en ese pueblo, las muertes que había causado, las violaciones a las mujeres, sus bravuconerías con los hombres, el haber explotado a los habitantes del pueblo en las minas, donde trabajaban dieciséis horas diarias a cambio de un mísero salario que no alcanzaba ni para comer, una mina donde trabajaban niños y mujeres y las personas morían muy jóvenes, antes de los 25 años sus cuerpos estaban ya muy gastados y entonces la enfermedad los consumía.
El estar enterrado tantos años le habían demostrado a Pedro que estuvo equivocado, que todos aquellos vicios sólo le habían traído la desgracia, que nunca había sido feliz, que toda su vida había sido un error, que había tenido una vida vacía.
Dentro del pozo Pedro hizo su testamento, y se dio cuenta que no dejaba nada a la humanidad, sólo dolor a las familias de San Juan, solo dolor a los padres de la niña que asesinó, solo dolor a los hombres que golpeó, solo odio a los esposos y novios de las mujeres que violó, su vida de hombre fue un asco, nunca le había dado nada bueno a Dios, al Gran Creador del Universo no le dejó algo que pudiera enorgullecerlo, no podría considerar siquiera que era uno de sus hijos, ningún padre se sentiría alagado de tener un delincuente de hijo, pero el peor de los juicios fue el suyo, pues el peor juez, al que no se puede engañar con ninguna argucia legaloide, al que no se le puede comprar con ninguna moneda, al que no se le pueden dar lágrimas de cocodrilo para que se apiade de uno, el juez que conoce el verdadero ser y actuar de los hombres, el yo interno, a ese Juez se enfrentó Pedro, desnudo, sin zapatos, hincado, y cada vez que intentaba mentir, recibía un golpe que destruía parte de su alma, la comprimía en el suelo, por eso su alma quedó guardada en una piedra, a punto de desintegrarse, porque el peor juez es uno mismo, que sabe que todo lo hizo con un sólo fin, un egoísmo que le provocaba disfrute del dolor ajeno, destruyó el pueblo de San Juan y hoy, todos se vieron libres del tirano, la alegría del pueblo se dio tras su desaparición, sus hijos, nunca supieron que lo fueron, los educaron padres cariñosos que los amaron y él, sólo recibió odio de parte de todos, le temían, nadie lo amó ni siquiera un poco.
Ahora que era revolcada esa piedra por el huracán, ahora que fue desenterrada su alma del centro de la tierra y que veía el caos, le daba pena poner su rostro frente al creador, su nombre era Pedro, porque siempre había sido una piedra, una piedra en bruto que nunca se pulió, todo en él era un error, nunca hizo algo por mejorarse, ese cuerpo que llevó su alma durante su vida era sólo un vehículo de odio.
El viento de Dios lo llevaba de un lado a otro y era implacable con él, lo hacía chocar de un lado a otro, era un átomo en la inmensidad, y su alma había perdido en esa cueva la vista, por lo menos él creía eso, porque no podía ver nada, sólo sentía ese viento muy fuerte que chocaba con él, dentro de la tierra pudo beber agua del pozo y comer raíces de los árboles y de las plantas, no había tenido más alimento que ese pan que alguien tiró en el pozo por equivocación, el hombre más rico de San Juan comió peor que un pordiosero, recordaba eso ahora mientras era lanzado por el viento.
De pronto, Dios terminó con el caos, creo un fuego enorme, a ese fuego le llamó Sol, entonces Dios creó el día, él no lo podía ver, pero sentía el calor sentía algo que lo quemaba.
Y Dios vio que era bueno y a la luz le llamó día y a la oscuridad la llamó noche y ese fue el primer día.
Tanto tiempo en el centro de la tierra, hizo que Pedro sólo sentiera lo húmedo del pozo, pero ahora, en vez del calor, empezó a sentir agua, mucha agua por todas partes, se hundía era el mar, era el mar de bronce, pues Dios separó el firmamento y creo el cielo y el océano, por eso la piedra se hundía en un mar inmenso, seguía siendo un microbio en esa inmensidad, seguía sin ver, sólo se hundía, ya no sentía aire, quedaría sepultado en el fondo del agua para siempre, pero ahora ya no en el pozo, sino en el fondo del océano. Y ése fue el segundo día.
Luego Dios, separó lo seco del agua, y Pedro volvió a secarse, esa piedra estaba ya seca, ése fue el tercer día.
Dios continuó con la creación, creó bosques, creó criaturas voladoras, que surcaron los vientos, creó animales dentro de la tierra y del agua.
Dios volvió a crear el mundo que había sido destruido, volvió a crear el hogar de Pedro, sólo que ahora no había ningún hombre, por eso Dios quiso rescatarlo nuevamente, entonces, tomó la tierra, tomó la piedra de Pedro la molió e hizo barro, de ese barro fue haciéndolo a su imagen y semejanza, Dios volvió a hacer un hombre, era un hombre seco, una estatua, inanimada, de barro, un muñeco, entonces Dios sopló en su nariz y revivió el alma de Pedro, esa alma que sufrió los tres viajes misteriosos, el alma que regresó a la vida, y a ese nuevo hombre lo llamó Adán.
Adán se movía de un lado a otro, miraba muy pobremente, como si tuviera los ojos vendados, pero con esa mirada torpe, alcanzaba a ver sus dedos, sus manos, sus pies, sus piernas; empezó a caminar, se incorporó, caminaba encorvado, como un primate, recargando su cuerpo en las manos, se levantó y fue a comer frutos de los árboles, estaba solo.
Ese hombre era sumamente torpe, no tenía inteligencia, era como cualquier animal, Dios le hablaba y difícilmente Adán, el nuevo nombre de Pedro, contestaba palabra, sólo emitía sonidos guturales, como cualquier bestia, entonces, jugaba con las demás bestias y corría de un lado a otro del paraíso, pero Dios lo veía triste, no podía ser feliz solo, sin una compañera de su especie que lo acompañara.
Un día, Dios tomó una costilla de Adán y con ella hizo a una mujer a la que llamó Eva y le dijo a Adán que ya no estaría sólo, que Eva siempre lo acompañaría.
Eva era sumamente torpe, caminaba con los dedos en la tierra, jugaba con Adán y con los animales del bosque, pero no eran muy inteligentes, un día Dios los miró y se acercó a ellos y les dijo, ustedes pueden comer de todos los árboles del paraíso, pero escúchenme bien, no pueden comer del árbol del bien y del mal, del árbol de la ciencia, ya que ese árbol les está prohibido, ellos, entendieron la lección porque penetró en sus mentes y les quedó grabado.
Adán, vivía feliz con Eva, su compañera, comían de todos los frutos de los árboles, menos del que Dios les prohibió, jugaban, como juegan todos los primates, a corretearse entre los árboles, emitían sonidos guturales con los animales del bosque, quienes los respetaban, pues Dios les había prohibido comer de la carne de los únicos hombres, por eso ellos tenían una vida infinita en ese paraíso, la tierra estaba llena de animales e insectos, de aves el cielo y el mar, estaba lleno de criaturas, era una creación maravillosa.
Pedro había salido pues, del centro de la Tierra, había viajado por el Viento de Dios, había conocido el calor del Sol y había sido bañado por el mar de bronce, y ahora Adán, quien fue hecho de lodo de la piedra, quien nació entre los dos árboles del paraíso, entre el árbol de la ciencia y el árbol de la vida, el hombre que ahora vivía en el paraíso con una pareja, a la que amaba, la que lo acompañaba y que no podía imaginar un mundo sin ella, porque Eva, era y sería su compañera para siempre, no se imaginó que esa vida de confort llegaría a su fin.
Un día Eva quiso conocer la luz, pues una venda que tenía puesta en los ojos no le permitía conocer todas las maravillas de la Tierra, no le permitía conocer las leyes universales de la ciencia, de las artes, aunque había aprendido en el bosque, y convivía rodeada de animales, con agua dulce, con peses y aves, Eva, inició un camino prohibido por Dios, el camino del conocimiento.
Eva aprendió varias cosas, aprendió a dominar el fuego, con él inició a cocinar sus propio alimentos, la serpiente le enseñó cómo hacerlo, así se facilitaba comerlos, le enseñó a comer carne de las bestias y de las aves; le enseñó a protegerse de la lluvia que caía implacable en el paraíso, pues con las palmas inició a construir una cabaña y ya no tenía que correr a la montaña y resguardarse en la cueva, luego, le enseñó a vestirse con la piel de animales que comía, y evitaba el frío y le dijo el secreto para aprender más.
-Eva, sabes porqué Dios no quiere que comas del fruto del árbol del bien y del mal.
-No, no lo sé.
-Porque el día que comas serás tan inteligente como Dios, serás una diosa, la primera Diosa entre los hombres, pídele a tu esposo Adán que coma del fruto, para que los dos sean tan inteligentes como Dios.
Ese día, Adán y Eva comieron del fruto prohibido, ese día, sus cerebros de monos dejaron de serlo, los dos ya eran seres inteligentes, la serpiente robó, al igual que Prometo, el fuego de Dios, el fuego que da luz del conocimiento, el fuego que permite ver claramente el funcionamiento de las ciencias y de las artes, aprendieron el lenguaje, luego las matemáticas, la física, la química, aprendieron sobre las plantas y el comportamiento de los astros, aprendieron a construir un hogar seguro del viento y de la lluvia, aprendieron a cazar, con arcos y lanzas, a conservar la carne con sal, aprendieron los ciclos de reproducción de los animales, sus vidas, la vida de las criaturas del mar, Adán y Eva pasaron de una columna a otra.
Adán pasó de columna gracias al fruto que le dio Eva, ese fruto que la serpiente le pidió que comiera, el fruto del conocimiento, esa serpiente se llamaba Quetzalcoatl, era un maestro, un maestro que logró la evolución del hombre, una serpiente emplumada que logró que el hombre fuera el principal ser en la cadena alimenticia.
Ya los dos humanos sabían cocer sus alimentos, ya sabían cubrir sus cuerpos con pieles de animales, para protegerse del frío, ya sabían vivir dentro de las casas para resguardarse de la lluvia, sabían del movimiento de la tierra, del movimiento de los astros, conocían las estaciones del año, conocían las fases de la luna, y por eso, cuando Dios regresó al paraíso y vio su creación, vio que los hombres tenían su conocimiento, se disgustó, les dijo que serían expulsados del paraíso, que trabajarían, para ganar su salario, que el trabajo redimiría a ese pecado, el pecado de querer conocer las leyes de Dios, que eran las leyes de la naturaleza, los castigó por querer ser dioses en la tierra.
Y les dijo que morirían, como antes había muerto Pedro, que fue sepultado en el centro de la Tierra, que ellos también serían sepultados por la tierra y se volverían polvo, como antes de su creación.
Les dijo que jamás podrían comer del otro árbol, del árbol de la inmortalidad, del árbol de la vida que era una acacia siempre viva, entonces, puso a un arcángel a cuidarlo con una espada flamígera, la verdad, Dios sabía que para alcanzar la inmortalidad, sólo se lograría con trabajo, con mucho trabajo espiritual, hasta que Adán y Eva, lograran ser uno con él.
Pedro, era una piedra en bruto, ahora Adán lograba pulirse, con el conocimiento, que derrotaba a los vicios de Pedro, esa piedra en bruto se convirtió en una piedra pulida, en una piedra cúbica de punta.
La misión de Adán era ésa, pulir esa piedra, esos vicios que vivió siendo Pedro, tallar todas esas imperfecciones y lograr cambiar los vicios a virtudes, el amor de Eva lograba elevarlo, el amor que Eva le enseñó, era el amor al conocimiento de todo, era la forma de platicar con Dios, verlo en toda su grandeza, en realidad Dios sabía que ése era el destino de Adán y Eva, los hijos se transforman en el padre, pero antes deben traicionarlo, ésa es una de las leyes de la vida, por eso debía comer del fruto prohibido, pues era parte de su aprendizaje, el compañero traiciona al maestro, a veces hasta matarlo para obtener el conocimiento, Adán y Eva comieron primero del árbol de la ciencia y con la inteligencia que le dio el árbol prohibido que se llamaba jackin.
Solo trabajando podrían convertir esas almas de animales, esas piedras en bruto en unas piedras pulidas y entonces, Adán, podría algún día comer del otro árbol, del árbol de la inmortalidad y así convertirse como su padre en un creador, en un arquitecto, en el Gran Arquitecto del Universo.