REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 11 | 2019
   

Clave de sol

It was forty eight years ago today...


Salvador Quiauhtlazollin

No necesitamos buscarlo. Estaba ahí, disponible, parte integral de la discoteca de millones para los cuales fue el ruido de fondo de una alocadísima juventud, llena de algarabía estudiantil, represión gubernamental, descubrimientos amorosos y la sensación irrebatible de libertad. Mas para ellos esa libertad había quedado atrás, habían entrado de lleno a las crisis de edad y económicas, y nosotros, la generación siguiente, la del nuevo movimiento estudiantil y la respuesta ante los sismos, lo hacíamos nuestro de forma natural, pues parecía que siempre había sonado en nuestros añejos tocadiscos. En 1987 cumplía 20 años, era lanzado en CD, y todos, absolutamente todos los críticos de rock lo consideraban el álbum definitivo, la obra maestra que el ritmo del cuatro por cuatro legaba al orbe.
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, el octavo disco de los Beatles, les tomó a los cuatro de Liverpool 129 días de trabajo intenso en la monotonía del estudio. Vio la luz en Inglaterra el 1 de junio de 1967, al día siguiente fue lanzado en los Estados Unidos. 14610 días después, el mundo sigue embelesado. Ninguna obra musical hizo un uso tan eficiente, integral, revolucionario e iconoclasta de las técnicas de grabación disponibles en su tiempo. Mientras que otros estudios seguían confiando en micrófonos bien colocados y en la pericia de los músicos, para el Sargento los Beatles no dejaban nada a la improvisación, y demandaban frecuentes cargas de adrenalina a Geoff Emerick y Richard Lush, los ingenieros de los estudios Abbey Road, que sobre la marcha debían conjugar no solo instrumentación, sino también grabadoras de carrete, micrófonos dobles, entradas especiales directas a la consola y efectos adicionales, para lograr la magia que John Lennon, George Harrison y Paul McCartney ambicionaban, y que salía, junto a conejos psicodélicos, del sombrero de George Martin.

Marchando…
Como documento histórico, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band es inconmovible. Quedan plasmados ahí los anhelos de una juventud producto del baby boom de la posguerra que quería el mundo y lo quería ahora. La vanguardia, el concepto, el pop, el rock, y la experimentación psicodélica no son parte integral del álbum, SON el álbum. Especialmente los alucinógenos hacen su puntual aparición en las canciones y explotan junto a Lucy en el cielo de diamantes; la excusa lennoniana de que la canción se inspiraba en un dibujo de su hijo Julian es pueril. El Sargento nos invita a marchar a su ritmo y en cada canción nos sumerge en su concepto dividido en dos lados:
LADO UNO
1- “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”. El guiño al pasado y la invitación al concierto. Los instrumentos se afinan y la banda hace su aparición, y nos invita a cantar junto con el auténtico y único Billy Shears, quien interpreta fuera de tono:
2- “With a Little Help from My Friends”. Una ayudita es suficiente. Y nunca está de más para volar alto, junto a
3- “Lucy in The Sky with Diamonds”. Sólo con LSD se podía conocer a la chica con los ojos de calidoscopio en medio de un cielo de mermelada, en el que sólo aquél que estaba fuera de onda no se sentía…
4- “Getting Better”. Un mantra optimista apropiado para una época de reencuentro personal que permitía…
5- “Fixing a Hole”. Ése que estaba en nuestra mente, divagando, y que no permitía percatarnos de que…
6 – “She's Leaving Home”. Porque todos tenemos derecho a abandonar la jaula de oro en aras de una libertad inalcanzable, mientras asistimos a una fiesta.
7- “Being for The Benefit of Mr. Kite!” Y por supuesto, Henry el caballo bailaba el vals para que pasáramos al
LADO DOS
1- “Within You Without You”. Muy, muy arriba, cercanos a los glaciares del Himalaya, volábamos pletóricos de ese amor digno del Nirvana que nos ponía a pensar qué pasaría.
2- “When I'm Sixty-Four”. Una edad que, cuatro décadas después, es el inicio de una segunda etapa en la vida adulta en los que muchos se divorcian de su segunda y veleidosa esposa, una
3- “Lovely Rita”. Una chica a la que le dedicamos una miradita al pasar, y a la que soñamos decirle diariamente en el lecho
4- “Good Morning Good Morning”. Porque hasta el cereal para el desayuno es un buen punto de arranque para 24 horas que pueden ser una vida, y una despedida a la
5- “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band” (Reprise). Que se va muy agradecida, queriéndonos llevar a casa, aunque todavía nos falta por vivir…
6- “A Day in The Life”. El resumen en cinco minutos de la sensación generalizada de apatía que el álbum nos conminaba a combatir con una sucesión de crescendos, que terminaban abruptamente en una sola nota tocada simultáneamente en tres pianos. Finalmente, como un regalo que volvió a escucharse en el CD, nos encontramos una serie de sonidos ininteligibles, una pista falsa más para aquellos que pensaban que la morsa era Paul.
Todos en un mismo lugar y en un mismo tiempo…
Pero si la música era un diamante, el estuche no podía ser menos. Muy probablemente, la portada del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band creada por Robert Fraser y diseñada por Sir Peter Blake, es el icono pop más homenajeado, parodiado, vilipendiado y glorificado de las últimas cuatro décadas. Todos los fotografiados automáticamente unen a sus propios méritos o defectos el hecho de ser parte de una leyenda, el estar situados en el aleph de la contracultura. W. C. Fields, Carl Gustav Jung, Edgar Allan Poe, Fred Astaire, Mae West, Bob Dylan, Marilyn Monroe, William S. Burroughs, Stan Laurel, Oliver Hardy, Carlos Marx, H.G. Wells, Sigmund Freud, Marlene Dietrich, Albert Einstein, Lewis Carroll, Lawrence de Arabia, Marlon Brando, Tom Mix, Oscar Wilde, Tyrone Power, Johnny Weissmuller, James Dean, George Bernard Shaw, Albert Stubbins, Aldous Huxley, Sonny Liston, Dylan Thomas, Diana Dors, Shirley Temple, Dion y Tony Curtis eran figuras fácilmente reconocibles. Aleister Crowley, Lenny Bruce, Karlheinz Stockhausen, Huntz Hall, David Livingstone y el primer bajista beatle, Stuart Sutcliffe, eran más difíciles de ubicar. Sri Yukteswar Giri, Richard Merkin, Leo Gorcey, Simon Rodia, Aubrey Beardsley, Sir Robert Peel, Terry Southern, Wallace Berman, Bobby Breen, Tommy Handley, Sri Mahavatar Babaji, Richard Lindner, Sri Paramahansa Yogananda, Max Miller, Larry Bell, Stephen Crane, Issy Bonn, H.C. Westermann y Sri Lahiri Masaya quedaban fuera del ojo y el reconocimiento de una inmensa mayoría, que prefería centrar la vista en las figuras de cera y en los brillantes y multicolores uniformes de George Harrison, John Lennon, Ringo Starr y Paul McCartney, que en la contraportada daba la espalda al respetable, confirmando las sospechas de los que pensaban que era un fantasma, pues había muerto un miércoles a las cinco de la mañana, cuando el día comienza. Claro, no murió, y el día de hoy tiene 64 años.
Pero igual de importantes que los que aparecieron, estaban los que, aún siendo invitados, no asistieron al festejo. Los ausentes fueron Jesucristo (por razones obvias), Adolfo Hitler (por razones aún más obvias, aunque se dice que está oculto por la banda), Gandhi (por el temor de los ejecutivo de EMI a ser ofensivos con el basto mercado hindú), Leo Gorcey (exigió pago), Elvis Presley y Germán Valdés Tin Tan, quien le pidió personalmente a Ringo que en su lugar colocara un objeto mexicano. Para deleite del comprador del álbum, además de una bienvenida a los Rolling Stones, el álbum incluía los recortables del Sargento, que muy pocos se atrevieron a profanar. Lástima que la idea original, de incluir pins, plumas y otra memorabilia, fuera impracticable por incosteable.

La banda de carne y hueso.
Los Beatles aceptaron que consumían ingentes cantidades de drogas durante la grabación del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, pues a veces no es tan malo atascarse. Además, se peleaban constantemente entre ellos. Paul McCartney veía crecer su ego frente a un John Lennon que se mantenía a la defensiva, mientras George Harrison se concentraba en el trabajo y Ringo nada más miraba, aunque siempre lo hacía con simpatía. Cuatro muchachos que querían someter a presión las reglas no se percataban en ese momento hasta dónde las romperían: crearían un paradigma y le darían sustento musical al Verano del Amor, que vería su repercusión mundial un año después, el 1968 que se constituye como el año señero del siglo 20.
Hoy el escepticismo es la regla y vemos con displicencia lo que en su momento considerábamos definitivo. Estamos convencidos que los Sex Pistols fueron la gran estafa rocanrolera, que Bono se vería mejor anunciando lentes y que disgregado, Pink Floyd perdió su corazón atómico. Pero cuando el Sargento da la señal y la banda inicia la marcha, volvemos a ese momento mágico cuando oímos las notas por primera vez. No nos tocó en su época… ¿y qué? Sin proponérselo, los Beatles consiguieron lo que la megalomanía anhela: ser intemporales. Hoy recordamos que su obra magna vio la luz hace 40 años y sigue siendo una propuesta optimista. Y seguramente, su vitalidad asegura que alguien recordará en el futuro: “It was a thousand years ago today…”