REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

          Y eso que son académicos...‪‬‬
Los dos son gente de estudios. Presumen doctorados y maestrías, son académicos, catedráticos de universidades. Uno de ellos, Edmundo Jacobo Molina, fue rector de la UAM Azcapotzalco y ahora es Secretario Ejecutivo del INE y el otro, Lorenzo Córdova Vianello, es abogado, tiene un doctorado por la Universidad de Turín y preside en la actualidad el Instituto Nacional Electoral.
Y sin embargo, en lo privado, hablan como carretoneros, bueno, en realidad Lorenzo, ya que Edmundo se concretó a escucharlo, aunque sin llamarlo a la cordura (por lo que algunos maliciosos han aventurado que fue él quien lo grabó y difundió sus palabras). El Dr. Córdova es quien con un vocabulario soez, racista y burlón, se mofa de un marginado indígena, seguramente bilingüe, pues aparte de su idioma original intenta expresarse en español. El léxico del instruido rector de las elecciones, parece propio de gente de limitada educación. Aparte, demuestra su pobreza de vocabulario, al acudir al cabroñol.
Gracias a una grabación difundida por las redes sociales por alguien que lo quiso exhibir, el educado, perfumado y bien vestido, señor Córdova, hijo de Arnaldo, historiador y crítico del sistema –que al parecer no se llevaba bien con él–, el público se entera del verdadero sentimiento de quien va a regular las próximas elecciones. Y ante la sarta de “cabronerías” y “mamerías” que suelta Lorenzo, se puede entender por qué no actúa el INE contra los candidatos que a falta de ingenio basan sus campañas en majaderías sugeridas: “es como una patada en los hue...” o “se siente de la ching...”, “nos vamos a romper la madre”. En el fondo han de divertir a los señores consejeros electorales, para quienes esa forma de propaganda debe parecerles que “está de poca...”
Le pareció al muy atildado Lorenzo que un dirigente de grupos indígenas, Mauricio Mata Soria, hablaba como Toro Sentado, en alusión a la historieta de El Llanero solitario, en la que debe haber aprendido mucho de la Teoría Política, Derecho Constitucional y Derecho Electoral, que ahora le permiten ganar al mes cientos de miles de pesos, en parte pagados a la de a juerzas, por la vía de los impuestos y aranceles, por aquellos indígenas que le merecen burlas racistas.
Y todo, por lo que Córdova le chismea al otro académico: “Te voy a decir cómo hablaba ese cabrón (Mata Soria): Quiobo, jefe gran nación chichimeca. Vengo Guanajuato. Yo decir a ti: o diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones”. Las dificultades idiomáticas provocan las risas de los dos académicos, aunque habría que saber cómo le responderían a Mata Soria, si alguien les obligara a contestarle en lengua eza'r, o sea el chichimeca jonaz.
Se disculpó Lorenzo, por ser políticamente correcto hacerlo, pero de cualquier manera quedó exhibido en su real naturaleza y su exuberante léxico. Claro que como buen abogado de sí mismo, procedió a quejarse ante la Procuraduría General de la República –o Fiscalía– porque alguien invadió su intimidad y cometió el delito de grabar sus pláticas perdularias y sobre todo racistas. Cabe esperar que su denuncia sí prosperará, aunque la otra que se intentó ante Conapred (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) no procedió, según la autoridad, porque el testimonio se obtuvo ilícitamente.
El ciudadano tendrá que preguntarse si no tiene consecuencias políticas o legales para Lorenzo El bien pagao expresarse como lo hizo de electores, por los que debía abogar. ¿Y por qué a Luis Téllez sí lo corrieron de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, cuando se divulgó lo que dijo por celular: que Salinas de Gortari se había robado la partida secreta? ¿A poco es porque Mata Soria no tiene el peso político del Patoto (“todo orejas”) salido del Atari?
¿Bastará con un “usted disculpe”, o por el derecho de réplica podrá el gobernador indígena nacional Hipólito Arriaga grabar una conversación telefónica con Mauricio Mata Soria, en la que traten de hijos de la ch... para arriba a Lorenzo y al otro consejero electoral? Por lo menos, para que se note que lo que no es chipotudo sí es parejo.

A jugar al secuestro
Ya tienen nuevo juego los niños, para imitar a los adultos.
Si en algún momento pareció procaz a nuestros padres que jugáramos con las niñas al médico y las auscultáramos con más torpeza que malicia y si alguna canción expresaba nuestro candor: “Pero, mi hijito, por Dios,/ ¿qué hacías tanto en la cocina?/ Jugando, mamá, jugando,/ al gallo y a la gallina/ con la hija de la vecina”, un nuevo juego rebasa el morbo para ingresar francamente al terreno de lo criminal: “El secuestro de un niño”.
La gente se encuentra horrorizada por lo ocurrido en Ciudad Juárez, Chihuahua, que supera la criminalidad infantil de quienes en Estados Unidos llegan con el arma de su papá y les disparan a sus condiscípulos. No se sabe si el puñal con el que atacaron al niño, con una ferocidad que se supondría impensable en una niña de 13 años era propiedad de sus padres y si había escuchado en casa que era preferible matar a un secuestrado para que no tuviera la policía pistas que investigar, ya sea en palabras de sus progenitores o de los autores de las series policiacas de la televisión.
El niño víctima, tenía 6 años, se llamaba Christopher Raymundo Márquez Mora y era primo de dos de sus atacantes, en total 5: dos de 15 años a los que se podrá procesar y encarcelar de 15 a 20 años, dos muchachas de 13 años, una de ellas le clavó el puñal 29 veces, para asegurarse de que estuviera muerto, aunque ya lo habían golpeado con palos en el rostro, lo habían envarado para asfixiarlo y ya lo iban a enterrar, pero la jovencita prefirió apuñalarlo para evitar que el niño tuviera el mínimo vestigio de vida que le sirviera para denunciar a los de la pequeña banda.
Lamentablemente y por lo publicado en la prensa, el Fiscal de Ciudad Juárez, Chihuahua, Sergio Almaraz, quiso aprovecharse de la desgracia, al informar que una labor de inteligencia de la policía dirigida por él fue la que llevó a conocer el lugar en el que la pandilla de Los Cinco había sepultado el cadáver para que no sospecharan de ellos. ¿Quién les dio este consejo? Pues algunas de las series de televisión que los niños ven, al lado de sus padres o en ausencia de ellos.
Almaraz quedó mal, pues luego se supo que fue la madre de uno de estos pequeños la que horrorizada (en una ciudad que con los feminicidios causó el terror en las mujeres), en cuanto supo que su hijo había participado en este crimen, lo denunció y lo presentó ante la policía, al darse cuenta de que había parido (o criado) a un pequeño monstruo, pues hasta a su hermano había querido atacar.
También se vio mal la funesta conductora de morbosos programas, Laura Bozzo, que intentó sacar provecho de la tragedia, pues tras su aparente filantropía de enviar un abogado que auxiliara a la madre de la víctima, Tania Mora, ocultó el propósito de ganarse la exclusiva amarillista de entrevistar a la señora, quien tampoco se mostró ajena a la posibilidad de los 15 minutos de fama televisiva.
Como es sabido, la sociedad ha reaccionado contra esta pandilla de precoces criminales; contra el fiscal, por querer adjudicarse glorias ajenas; contra Laura Bozzo, por sus conocidas marrullerías de conductora y desde luego han surgido voces que reclaman castigo ejemplar incluso contra los menores de 14 años, a los que las leyes protegen.
Pero ¿qué los papás de estos niños no tienen responsabilidad? Los vecinos, con buenas o malas intenciones han denunciado que los integrantes de la pequeña banda eran antisociales, tal vez sociópatas, que ya habían atacado a animales, incluso que mataron a un perro y que agredieron a los adultos, pero desde luego que no nacieron así, sino que fueron entrenados –voluntariamente o no– por sus padres, que tal vez los dejaron al arbitrio de la tele o del cine violento o de la prensa amarillista, sin matizarles la información u orientarlos para compensar la falta de vigilancia del Estado, so pretexto de respetar la libre empresa, que no respeta nada.
El caso de estos niños debería servir para hacer reflexionar a los medios sobre el daño que pueden hacer sus trasmisiones o la publicación de noticias; para recordar a los padres que no pueden dejarle a la escuela la responsabilidad de formar a sus hijos y al propio Estado para recuperar su condición rectora de los bienes de la sociedad, ya que la autorregulación de los medios, tan exigida por los particulares, ha demostrado que los dueños de estos negocios tan sólo se orientan por el lucro.
¿Las autoridades van a ir más allá de las formalidades de un proceso? ¿Alguien llamará la atención sobre la descomposición familiar y social y se atreverá a regular la información criminal que se disemina cotidianamente y se apodera de la atención de niños abandonados por sus padres que o trabajan demasiado o buscan estar suficientemente lejos de sus hijos?
Y no es que de pronto La Culta Polaca se contagie de moralina, sino que estas expresiones son simple muestra de una sensata preocupación.

Cómo no publicar en Conaculta
Conaculta tiene en internet un vínculo, enlace o link contradictorio, porque propone a los incautos “Cómo publicar con nosotros”, para luego indicar en cuanto el interesado se interna en sus textos, que en realidad se trata de informar cómo no publicar.
Para comenzar, el solicitante de una edición debe aceptar que entregará su obra a quienes no saben redactar, puesto que se asienta en la primera línea de su información que “La Dirección General de Publicaciones (DGP) (coma), que es la instancia (que en rigor es 'insistencia') mediante la cual el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) desarrolla (?), publica (¡qué raro! ¿Seguro que Publicaciones publica?) y difunde una oferta editorial enfocada (¿Las ofertas se enfocan o se dirigen?) a satisfacer las necesidades e intereses de los múltiples públicos mexicanos (los de otros países ¿no?), así como incentivar la creación literaria en todo el territorio nacional (¿Quién va a estimular a los autores: la DGP o la oferta editorial?), tanto de jóvenes autores como de escritores consagrados”. ¿Y...? Evidentemente el parrafote está incompleto, porque le sobra el primer “que”; aparte de que su construcción equívoca está plagada de frases subordinadas.
Y sigue la parrafada, porque el tagarote a quien encargaron pergeñar el texto, no sabe que ya se inventó el punto y aparte. Apunta el escribidor: “Si piensa publicar en el Conaculta, éste (ésta, en realidad, pronombre demostrativo, femenino) es el área indicada para ello”. La frase, aparte de fallida es innecesaria y por tanto prescindible.
La palabrería sigue y es insufrible, por lo que para evitar la intoxicación farragosa, sólo comentará Por Supuesto lo siguiente: “Por otra parte, la DGP recibe Propuestas para Publicación (PAP) de particulares (sic y recontra sic por las siglas y por las propuestas, que en realidad son proposiciones), esta guía está diseñada para este tipo de propuesta (¡y dale!)”. Lo que hay que leer para enterarse de que un pergeño es en realidad una guía.
Pero si el presunto autor sigue interesado en que lo califiquen y acepten quienes evidentemente no saben escribir, y aun así quiere que lo edite la DGP, todavía tendrá que enfrentarse a obstáculos, trampas, asechanzas oficiales. Primero, la edad: deben ser mayores de 35 años, porque a los menores se les asigna una editorial menor, la de Tierra adentro. (Con lo que se cancela aquello de “tanto de jóvenes autores como de escritores consagrados”)
Luego, los géneros: sólo recibe la DGP proposiciones para sus colecciones de poesía (Práctica Mortal), cuento (El Guardagujas) y ensayo literario (El Centauro). Historiadores, absténganse; dramaturgos, fuera; novelistas, ni se acerquen; los de varia invención, fúchila; lingüistas, biógrafos, memoriosos: la Patria y la DGP pueden prescindir de ustedes.
Eso no es todo. Ahora viene la verdadera Guía, así titulada. Primero, se ocupa la DGP en definir lo que debe entenderse por original, porque a lo mejor el autor, que no será novicio, se supone a los 35 años o más, pero tal vez ignore.
Luego viene la explicación de cómo debe entregarse la obra: en formato electrónico, aunque vuelve a hacerse bolas el redactor, pues indica que deben entregarse dos copias, una de ellas engargolada. ¿Y cómo se engargola un documento electrónico? ¿Se le hacen hoyitos al CD y al DVD? El formato debe ser Word (Windows 2000 para arriba) No “2000 en adelante” sino para arriba.
Y en seguida, las amenazas, disfrazadas de advertencias:
1.- Documentos Word (doc). Cualquier otro formato será rechazado.
2.- Fuente: courier de 12 puntos (es importante no usar fuentes tipográficas de fantasía o distintas a 'courier').
Así que “fantasiosos” o renovadores y experimentadores del libro, ni se atrevan a cruzar el umbral de la DGP, que debe tener un letrero parecido al que Dante puso en El Infierno: “Aquí se pierde toda esperanza”. ¿A alguien se le ha ocurrido introducir cambios en la caja, la tipografía o el diseño del libro impreso para hacerlo más atractivo, ahora que se enfrenta a la competencia con el electrónico? Tan bonitos que son los libros, todos igualitos, parecidos en su mediocridad de diseño e impresión, ¿verdad, señores de la DGP?
Los requisitos, restricciones, limitaciones, advertencias, exigencias, instrucciones de la DGP, abundan en el texto de título engañoso: “Cómo publicar con nosotros”. Y para rematar, una exigencia ilegal: presentar el Certificado de Derechos de Autor (Indautor) relativo a la propuesta, con lo que un derecho –así denominado, además– lo convierte la DGP en obligación, porque pasa por alto que un derecho se puede ejercer o no y así un autor no necesita registrar una obra para protegerla.

¿Es difícil escribir?
A la pregunta concreta qué hacen quienes se inscriben en cursos de redacción o de creación literaria, hay que responder con la verdad: Sí.
Si se pretende ser un autor literario, a la altura de Cervantes, Shakespeare, Molière, Goethe, Sor Juana, García Márquez, Paz, claro que es difícil.
Pero escribir para expresar un deseo, una solicitud, una orden, una instrucción, comunicar un sentimiento o un pensamiento elemental, no es tan difícil como hacen creer algunos profesores de Español, de Lengua Nacional, de Gramática o como se le llame a la disciplina o materia, quienes en vez de atraer a los alumnos hacia la escritura, los aterrorizan con el despliegue de reglas, de prácticas rutinarias y de rarificación de térmnos relacionados con las letras.
Cuando al estudiante se le plantea en la educación básica que para escribir hay que dominar la Gramática Sincrónica y la Diacrónica, la Analogía, la Morfología, la Sintaxis, la Fonología, la Etimología y que se debe saber todo de la Semiótica, la Lingüística, la Semántica y en consecuencia distinguir los fonemas de los morfemas, los lexemas de los sememas, pues claro que el alumno le dice a la Literatura: “Si sabes contar, no cuentes conmigo”.
Pero ni el futbolista, ni el beisbolista, el tenista o cualquiera otro deportista, empiezan por aprenderse las reglas, antes que a practicar aquello que le gusta. Ya que se interesó y empezó a dominar su afición, se encuentra con la necesidad de conocer las limitaciones que cualquier deporte impone. Entonces, lo que debiera hacer el profesor es facilitarle al niño la comunicación por medio de la palabra, estimular su encuentro con las letras y no propiciar su alejamiento. El niño aprendió a hablar, sin saber si usaba un sustantivo, un verbo simple o compuesto, una conjunción, una preposición. Después fue corrigiendo sus expresiones, al tiempo que ampliaba su vocabulario y entendía el real significado de las palabras.
Lo primero que tendría que hacer el profesor en la escuela y los padres en la casa, sería descubrirle al pequeño la magia que tienen las palabras, mostrarle de qué manera se puede divertir con ellas. Pero en la casa se ha abandonado al lenguaje como elemento de juegos. ¿Juegan los papás con los niños a las adivinanzas, los trabalenguas, las preguntas capciosas? ¿Les enseñan siquiera lo que son los anagramas, acrósticos, palindromas? ¿O a resolver crucigramas, acertijos, “basta”?
¿Cómo van a averiguar los niños que hay palabras pentavocálicas, que contienen todas las vocales: murciélago, abuelito, eucalipto? ¿Que hay otras, como reconocer, que leídas de izquierda a derecha o a la inversa, significan lo mismo: palindromas? ¿Que una verdadera palabrota es electroencefalografista, que tiene 23 letras y que da nombre a un técnico que hace los electroencefalogramas, que sirven para averiguar si alguien que se pegó en la cabeza no se dañó el cerebro? ¿Y quién le va a aclarar que hay otra palabra que todavía es más grande, pues tiene 29 letras: nasofaringolaringofibroscopía, y que también tiene que ver con la medicina, pues se trata de una exploración que se hace con un aparato para indagar los problemas que pueda haber en la nariz, la laringe y la faringe?
¿Y quién le va descubrir que la palabra cinco es la única que tiene las letras que anuncia su nombre, pues dos tiene tres, cuatro tiene seis y seis tiene cuatro y ya no se diga otras, como diez, cien o mil? Pero mil es la única palabra que designa números, que no tiene ni “o” ni “e”. En todas las demás sí aparecen estas letras: uno, dos, tres, veinte, cincuenta, cien, millón...
¿Como va a hacer tautogramas, si nadie le explica que armar una frase con palabras que empiecen con la misma letra es precisamente hacer un tautograma, como Pedro Paredes, pintor portugués, pinta paisajes para poder pasear por París? ¿Y que en cambio se llaman lipogramas las construcciones en que sólo se usan palabras con la misma vocal: Mamá va las mañanas a la plaza para pagar las manzanas aplastadas. Las traslada a la casa para mandarlas a Amanda hasta Alaska?
Una vez atrapado en el juego de las palabras, ese niño querrá seguir practicando y eventualmente podría interesarse en escribir si no se le ponen trabas y en cambio se le brindan estímulos, con ejemplos de la manera como otros han hallado motivos de entretenimiento.
La Culta Polaca seguirá dando ejemplos que les serán de utilidad a los padres y a los profesores, a quienes ciertamente no les enseñan a interesar a sus alumnos en el lenguaje, sino tan sólo les exigen que los conduzcan a armar correctamente una frase.
Son ejemplos que tomará, con su permiso, del heterónimo de esta sección, Héctor Anaya, que está preparando un libro para auxiliar de veras a los profesores: Español para pensar e imaginar.

Palabras fallidas
Los señores que gobiernan el país –o simulan hacerlo–, se sienten agraviados si se les dice que éste es un Estado fallido, aunque no puedan negar que ya hay en la República muchos estados fallidos, que de uno en uno irán integrados finalmente al gran Estado fallido, que no quieren reconocer.
Pero además de seguridad fallida, de economía fallida, de política fallida, ya no se diga igualdad, fraternidad y libertad, aspiraciones republicanas fallidas, también hay palabras fallidas, como la tal “verdad histórica” que quiso presentar como certeza jurídica el presunto experto en leyes y fallido procurador Murillo Karam, que de haber tenido cultura literaria, habría encontrado en William James el apoyo erudito de quien llegó a considerar que dicha “verdad histórica” no es lo que sucedió sino lo que juzgamos que sucedió. Hubiera quedado como un príncipe de la justicia y como un mandarín de la cultura, pero Murillo estaba muy lejos de merecer tales títulos.
Palabra fallida y repetida hasta el cansancio por gente ignorante, como los políticos, los legisladores, los jueces y hasta personajes de la cultura, que ni siquiera le echan un ojo al Diccionario, es Pronunciamiento, que utilizan como “declaración, manifiesto o expresión de un grupo”, pero que el Lexicón sólo tiene una definición para tal vocablo, políticamente riesgoso, pues únicamente quiere decir “levantamiento armado”.
Otra es reclamo, que nada tiene que ver con reclamación, reproche o demanda, que por cercanía homofónica creen esos mismos protagonistas sociales o políticos. Pero no, reclamo se refiere a las voces o los gestos del cortejo de los animales, a los señuelos de los cazadores que ponen un pato de madera en el lago para atraer a las aves, la imitación de los sonidos de animales y en última instancia, pero sólo como expresión de abogados, las objeciones que se hacen a un planteamiento del litigante contrario.
Una palabreja mal entendida es deshuesadero, que se aplica al lugar en que van a parar los autos desvencijados o chocados, y en general el cementerio de todo tipo de vehículos. Pero ocurre que los autos, camiones, camionetas y demás medios de transporte terrestre, marino o fluvial, no tienen huesos, por lo que ni el más hábil mecánico, puede deshuesarlo. Y es que lo correcto es desguazar, y por tanto desguazadero que derivan del italianismo sguazzare, que significa “deshacer o desbaratar algo”, conforme a la explicación del Diccionario.
Contingente, que repiten los comentaristas de radio y televisión y los periodistas de letra impresa, que se supone saben escribir, es otra palabra que confunden al reseñar desfiles. La contingencia (bien aplicada cuando se trata de alteraciones atmosféricas) se relaciona con lo azaroso, lo que puede suceder o no, según el DRAE. Deriva del latín contingěre, tocar, suceder.
Ciertamente a los grupos que desfilan se les puede aplicar el nombre, siempre y cuando no se trate de grupos profesionales (militares, deportistas, trabajadores sindicalizados, que voluntariamente marchan en manifestación o en exhibición). El término proviene de la manera como las tropas regulares españolas se incrementaban con la incorporación forzada y aleatoria (una especie de leva) de jóvenes en edad militar que reclutaban de una manera azarosa entre los pueblos vencidos: “Tú si, tú no”, por lo que al llegar a otros pueblos se distinguían de las tropas entrenadas y disciplinadas y con toda razón la gente podría calificar de contingentes (azarosos) a los hombres forzados a darse de alta, que no se parecían ni en su forma de marchar a los profesionales de las armas.
Finalmente y por lo pronto, a reserva de enlistar otras palabras, hay que tomar como fallida, aunque ya figura en el DRAE, la palabra instancia como sinónimo de organismo, dependencia, oficina, porque en realidad deriva del verbo instar y sustantivada significaría, nada más, insistencia. El Diccionario registra la acepción de institución u organismo, lo que no significa que lo autorice, porque el DRAE simplemente consigna que se está utilizando, aunque pudiera pasar de moda el significado y volver a sus orígenes etimológicos.