REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Con el espejo enfrente, de Mario Saavedra


María Eugenia Merino

El ensayo, según dice Ignacio Trejo Fuentes en el prólogo de Con el espejo enfrente, de Mario Saavedra, es una “guía sin la cual un sinfín de obras se perderían en la oscuridad de lo incomprensible”, un “baluarte imprescindible de la literatura” en donde la interpretación y la exégesis “encuentran su mayor expresión”. Dice muchas más cosas —es un experto en el tema—, por supuesto, todas interesantes, para comprender este género que a veces pareciera que no es muy popular.
Y no lo es porque, como bien dice René Avilés Fabila, “el crítico mexicano suele ser un escritor que padece una larga serie de aversiones que le restan objetividad y lo hacen dañino…”, y que aun cuando “la crítica literaria es vital para el desarrollo de la poesía, la novela, el cuento, el ensayo y la dramaturgia, ha sido en México la gran ausente”.
Bien dicen ambos. Yo encuentro en el ensayo el doble placer que da la relectura, con el añadido del análisis y los puntos de vista de quien ha dedicado su tiempo a leer, releer, estudiar, comparar… en fin, de todo un exegeta como es, en este caso, Mario Saavedra, y sus grandes revelaciones. Porque en el caso de que uno no haya leído de primera mano a determinado autor, Mario se encarga de dejarnos con la sensación de que es imperioso ir a comprar la novela —o cuentos, poesía, dramaturgia— porque ya estamos, como quien dice, picados por el gusanillo de encontrar esa cualidad, ese detalle que Mario apunta.
Y por otro lado, en los casos donde sí hemos leído a tal o cual autor, descubrir cosas que no habíamos percibido, o percatarnos de que teníamos la impresión correcta, o encontrar afinidades, nos da ese otro placer que los lectores, no digo profesionales sino más bien viciosos, siempre buscamos en la literatura.
De ahí que el subtítulo del libro de Mario Saavedra —Interlineados de la escritura— sea un total acierto, porque es en ese espacio casi subliminal de la interlínea donde se esconde la verdadera esencia de una obra, lo que el escritor quiere decirnos con una anécdota, una metáfora. Y son también esas interlíneas las que conectan a un autor con otro, aun cuando ni siquiera hayan compartido una geografía o determinada temporalidad, pues, a final de cuentas, la literatura es así, como una gran cinta de Moebius: “el gusto literario establece —cita Mario a Levin Schücking— un tácito romance entre el autor de la obra admirada y el lector seducido por ella”; y el crítico, o estudioso que es Mario —valdría agregar que entre sus “monerías” está el ser escritor, periodista, editor, catedrático, promotor cultural y crítico especializado en diversas artes (me encantan sus críticas de cine)—; además, nos seduce a nosotros, lectores indirectos de su objeto de estudio, y encuentra en sus antologados esas interlíneas, todo lo cual forma un círculo perfecto, o la banda de Moebius, o la serpiente que se muerde la cola, o el signo del infinito, escoja usted la metáfora que prefiera.
Tenemos, en Con el espejo enfrente, una treintena de ensayos —29, en aras de la precisión— que no son una antología de escritores latinoamericanos o europeos, o contemporáneos o de tal y cual corriente, sino simplemente de escritores, sin ninguna etiqueta y en el mejor de los arbitrios, que lo han encantado desde sus muy tempranas lecturas, sin otro concierto que tratarse de improntas en el lector insaciable que ha sido Saavedra desde temprana edad.
Es casi imposible adivinar el porqué de las afinidades que encontramos en las lecturas o por qué privilegiamos unas sobre otras, y no sabemos de antemano qué libro o novela nos va a gustar o los motivos por los que nos va a impresionar. Mario no parece tener ese problema. Así, por ejemplo, nos dice que “no me canso de confesar mi más sincera y perdurable admiración por cuanto envuelve la escritura lopezvelardeana, complejo de maravillosas reminiscencias que se hacen sublime canto en la pluma de un ser excepcional.
“Todavía adolescente me enfrenté a una obra monumental y esa lectura cambiaría mi vida y mi concepción sobre el mundo”, nos dice de entrada en “El Tolstoi de mis recuerdos” al referirse a La guerra y la paz. “Pocas novelas han dejado tan profunda huella en mí como La montaña mágica”, de Thomas Mann. En otros casos no lo dice expresamente, pero uno puede leer las interlíneas y ver su admiración por Paul Auster, por ejemplo, o por Kafka.
O por Elena Garro, “mujer que muy a tiempo pudo reconocerse a sí misma y dejar de ser apéndice” de Octavio Paz, ruptura que “acabó de reafirmar su talento”; su obra refleja la “realidad mexicana cotidianamente enloquecida…”; aquí Saavedra nos recuerda que la invención de su Ixtepec la hermana con el Macondo de García Márquez y la Santa María de Onetti —y, agregaría yo, el Yoknapatowpha de Faulkner, autor que, por cierto, hubiera querido encontrar en estas interlíneas.
Tampoco lo dice, pero sabemos que alguna vez Mario Saavedra fue actor —protagonizó la primera película del escritor Fernando Vallejo, Crónica roja, haciéndose acreedor a una Diosa de Plata— y quizá, podría adivinar, ahí comenzó a gestarse su admiración por la obra de este escritor colombiano, la cual considera “entre las obras narrativas mejor escritas y más pertinaces de la actual literatura latinoamericana”.
Cierra esta antología el más extenso de sus ensayos, “Milan Kundera: Búsqueda obsesiva de la esencia del ser”, donde nuestro autor disecciona la obra de la “segunda K de Praga” (como lo llamó Carlos Fuentes), donde la primera es Kafka, y de quien dice es “ilustre…” e “irredento heredero”, “kafkiano por herencia y por vocación”.
Este ensayo es extenso no sólo por el número de páginas sino por la amplitud de las novelas analizadas, los conceptos revisitados, así como la parte biográfica, y podría constituir per se un solo libro. No me detengo en citas porque hay tanto de dónde escoger que cualquier elección sería más arbitraria de lo que ya he sido en estas líneas donde, al igual que Mario al escoger a sus antologados, yo he seleccionado aquéllos que me son más afines.

Con el espejo enfrente. Interlineados de la escritura, Mario Saavedra, Universidad Autónoma Metropolitana/Fundación René Avilés Fabila, México, 2013.