REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 12 | 2019
   

Confabulario

Un desafío jurídico


Nezahualcóyotl Luna

Nada más entró Totoquihuatzin a la sala del Senado tlaxcalteca y se topó con la burlona mirada de sorna de Axolotzin. “¡Trágame, Coatlicue! Ahí está este pendejo”, pensó y fingió no darle importancia, inclinó su cerviz saludando y como si nada pasó a su asiento. Se hizo un pesado silencio de unos segundos, pero antes de que fueran rotos por el senador convocante, fueron destrozados por el molesto cacareo de Axolotzin de Quiahuiztlán:
-¿Para qué nos has llamado, mi señor pluma de quetzal? ¡Espero que, lo que sea, no tenga relación con el chisme que devasta las casas y palacios de los cuatro señoríos!
Un murmullo de asombro burlón recorrió la estancia. Ni Tonatiuh hubiera enrojecido como Totoquihuatzin lo hizo, teniendo pese a todo el ánimo para responder prontamente:
-Sólo devasta lo que no se entiende, primo Axolotzin, y no creo que tú, con tanta sabiduría, puedas ignorar algo o valerte de la canalla para forjar y normar tu criterio y opinión.
-¿Y por qué tengo que valerme de lo que opine la gente -repuso Axolotzin- si en todo momento supe lo que iba a pasar si no me hacías caso? Desafortunadamente, de lo que menos puedes quejarte es de desinformado, príncipe chichimeca, pues no te lo dije una vez sino un chingo de veces.
Decía verdad: la vez que le presumió por primera vez a su nueva manceba, una mozuela de bajos padres que le pareció bien, y a quienes pidió se la diesen por mujer, ya que otra condición no podía prometerles y estos accedieron, Axolotzin de inmediato la olisqueó:
-Huele a agrio…
-¿Cómo a agrio?
-A agrio… como a hombre…
-¡Uf! ¿Eso se te hace de hombre? -dijo Totoquihuatzin señalando las desnudas y redondas nalgas de la mozuela, que se agitaban en la estera de adornos de plumas y filos de chalchihui.
-De eso no digo nada, pero… ¿Por qué tanto pelo? No sé cómo puedes meterte ahí…
-Eso lo veré en estos momentos, primo, con tu permiso. Dijo y se dispuso a gozarla, mientras Axolotzin se retiraba pensativo.
Su mente regresó a la sala del Senado. Su primo continuaba esperando su respuesta, con los brazos en jarras y la sonrisa burlona en el rostro.
-Nadie podía saberlo. Mandé examinarla con mis médicos más autorizados y dedujeron que mientras contaba con un breve prepucio que escondía muy bien en su mata anterior, contaba con vagina que…
-Logró engañarte de cabo a rabo, -completó Axolotzin entre las risas de los senadores. -Pero no nos has dicho para qué precisas nuestro consejo, es claro que debes hacer justicia, entonces… ¿Por qué no has dicho nada?
-Porque en un acto de elemental justicia, considero que estaría mal si digo y aplico la Ley a rajatabla.
-¿Quieres explicarte?
-Bien. Escuchadme, hermanos tlaxcaltecas: sin duda ya todos sabéis, y para mi pesar y vergüenza, del grave escándalo en que me vi envuelto, a causa de la mujer que, con la natura de hombre agregada a su condición de hembra, vino a tamaño atrevimiento en mi propia casa. Que sabiendo que siendo mujer también tenía natura de hombre y nunca lo informó, induciendo al error y la comisión de delitos, preñando a más de veinte de mis mujeres…
Otro murmullo, pero ahora mezcla de estupor y miedo abofeteó el salón del Senado.
-Y bueno, sabéis que estuve muy ocupado acompañando primero a mi padre y luego yo solo encabezando batallones para nuestras guerras floridas, que me ausenté cosa de un año y mes, sin enterarme de lo que en mi petate acontecía, lo cual no deja de mortificarme en gran manera…
-¿Y cómo te diste cuenta de la infamia, hijo de Xicoténcatl?
-Pues obviamente cuando regresé y no me querían dar la cara, hasta que las mandé llamar, presentándose ellas y mirando sus vientres abultados, señal de que Tlazoltéotl, les envía un mensajero…
Axolotzin y otros estallaron en carcajadas, mientras Totoquihuatzin alzaba la voz tratando de sobresalir al jolgorio.
-Me puse a preguntarles quién era el culpable que había mancillado mi honor, conociéndolas y enamorándolas, a lo que contestaron que ningún hombre las había conocido, sino que la misma última moza que yo había llevado las consolaba de esa manera ante mis prolongadas faltas…
El ambiente en el Senado llegó a ser de tal manera, que sin verse hubiese podido decirse que se trataba de un mercado: gritos de aprobación y de rechazo, carcajadas, chiflidos, pandemónium verbal.
-Ejem, considero de muy mal gusto y poca seriedad estas manifestaciones indignas del honorable recinto y órgano que representamos… sobre todo las molestas carcajadas a boca abierta de Axolotzin… ¡Ya cállate, pendejo!
-¡Jajajajaja! Es que… ¡Jajajajajajaja! Perdona, caballero señor, pero… ¡Jaja! No puedes impedirnos así como así que no nos regocijemos de tus desventuras… Hace mucho que no me reía tanto… Sobre todo recordando los aforismos…
-¿Qué? ¿Cuáles aforismos?
-Pues los que profusamente recorren triunfales los cuatro señoríos… ¿No los has escuchado? ¡Son muy buenos!
Totoquihuatzin no volvió a insistir, con la esperanza de que el taimado guerrero senador olvidara el tema y ni un ejemplo se le ocurriera citar. Vana esperanza.
-“¿Por qué Totoquihuatzin ya no necesita dar más que la mitad del tributo de su señorío? Porque, ya por naturaleza, es doblemente agradecido”.
Totoquihuatzin enrojeció cual jitomate de temporada, mientras dos macehuales de por el rumbo de Huamantla se carcajeaban.
-“¿Por qué Totoquihuatzin va a llenar de hombres sus aposentos? Para saber qué se siente hacer el amor de manera normal.
El señor de Tizatlán volvió a enrojecer, mientras todos reían y los dos macehuales se desternillaban de lo lindo con molestas risotadas, recargados en el muro de tezontle. Sin que se disiparan las risas, interrumpió para pedir un descanso y salió como chinampina. Regresó a los quince minutos, como si nada, y urgiendo ya la determinación del consejo que pedía.
-¿Y en qué sentido quieres nuestro diagnóstico, ilustre caballero águila? La Ley de tu tío abuelo es muy clara: es adulterio y amancebamiento y deben morir apedreados tanto el responsable como todas ellas.
-Es que no dejo de pensar, primo, que yo tuve que ver en mi desgracia. Yo les puse los límites, yo les prohibí y les exigí una conducta virtuosa, pero yo también llevé a esa mujer monstruosa y se las presenté como una persona confiable y normal. Paréceme que no son tan culpables, pues fui yo quien la metí entre ellas, y por eso no creo que me hayan procurado a propósito el dolor, el daño y el deshonor que ahora reclamo.
Los senadores guardaron absoluto silencio; varios se quedaron en actitud reflexiva y otros se reunieron en un círculo unos minutos, hasta que algo se cuchichearon y por fin, callados, se adelantó entre ellos Axolotzin.
-Nuestro señor pájaro de turquesa, estamos muy orgullosos. Vemos que las enseñanzas que varios te hemos dado no han caído en tierra magra y han fertilizado en tu palabra clara y tu pensamiento justo. Apreciamos tu sentido de proporcionalidad en tu juicio, pues exoneras de la pena de muerte a tus mujeres tomando en cuenta las circunstancias y la causa del ilícito, pero no debes dejar de aplicar severamente el castigo a quienes te engañaron.
-Ya lo había pensado, primo, las voy a repudiar y colocaré en otras casas donde puedan ser útiles y buenas mujeres. Creo que de todos modos no es poco este castigo para ellas.
-Claro, no son culpables pero tampoco inocentes, pues ni te alertaron ni te dijeron la verdad, y sí quisieron y aceptaron la conducta con tan singular pareja. Pero a esa “caracol” sí la debes castigar: su acción e intención es inequívoca y dolosa porque sabiendo del castigo y lo que se espera de ella, cometió la acción sin el menor cuidado, queriendo y aceptando el resultado, pues primero debió convencer o amenazar a las concubinas que no la delataran. Recuerda que el lado izquierdo es la fuerza sobrenatural de los seres humanos señalados por los dioses; así como el brazo izquierdo o los dedos de la mano izquierda se cuentan como trofeos cercenados al enemigo para los hechiceros y guerreros.1 Pero, al mismo tiempo, recuerda la “yuhualécatl”, aquella entidad maligna que hay que expulsar del cuerpo, sajando la carne con pedernal. 2 El dolo es su enfermedad.
-Ahora otro dilema me atormenta, Axolotzin, en cuanto a la “caracol”, como dices… ¿Debe también pagar su culpa, cuando fui yo el que la procuré y la traje de casa de sus padres?
-Nunca te dijo nada, -repuso Axolotzin despreocupadamente, retirándose -paga por su engaño, no por su natura.
Los que quedaban comentaron un rato la lección del viejo, luego se llevaron el dedo a los labios y tocaron el suelo, retirándose de inmediato. En cuanto a la desdichada hermafrodita, la

“mandaron sacar en público en un sacrificadero que estaba dedicado al castigo de los malhechores, manifestando la gran traición que había cometido contra su Señor amo y marido, y ansí vivo y desnudo en vivas de carnes, le abrieron el costado siniestro con un pedernal muy agudo, y herido y abierto le soltaron para que fuese donde quisiese y su ventura le guiase, y de esta manera se fue huyendo y desangrando por las calles y caminos, y los muchachos le fueron corriendo y apedreando más de un cuarto de legua, hasta que el desventurado cayó muerto y las aves del cielo le comieron, y este fué el castigo que se le dió, y ansí después andaba el refrán entre los principales Señores: Guardaos del que empreñó las mujeres de Xicotencatl y mirad por vuestras mujeres; si usan de los dos sexos, guardaos de ellas no os empreñen”.

1 López Austin, Alfredo. Cuerpo humano e ideología, UNAM, México, pp. 175 y 176.
2 López Austin, Alfredo. Cuerpo humano e ideología, UNAM, México, p. 257.