REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 05 | 2019
   

De nuestra portada

Los Cervantes mexicanos


José Miguel Naranjo Ramírez

Desde el año 1996, el 23 de abril se festeja el día internacional del libro, para conmemorar las muertes de tres grandes escritores como lo son: William Shakespeare, Garcilaso de la Vega, el Inca, y Miguel de Cervantes Saavedra, fallecidos un 23 de abril de 1616. Por otra parte, en el presente año se están cumpliendo cuatrocientos años que se publicó la segunda parte del Quijote, titulada: El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615), por lo tanto, se puede decir que estamos festejando los cuatrocientos años del Quijote completo.
La novela moderna nació con Cervantes, sabemos que el Quijote de la Mancha es de los libros más leídos en el mundo y el principal referente de nuestra lengua castellana. Carlos Fuentes señaló, que Cervantes al igual que Cristóbal Colón, murieron sin saber lo que habían descubierto, en el caso particular de Cervantes, es nuestro genio de la novela, es por ello que el Ministerio de Cultura de España, desde 1976, cada año entrega el conocido y prestigiado Premio: Miguel de Cervantes Saavedra.
Cinco son los mexicanos que han recibido el Premio Cervantes de Literatura, los cuales son: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska. La mejor manera de festejar el día internacional del libro, los cuatrocientos años del Quijote y recordar a Cervantes, es leyendo una obra de nuestros cervantes mexicanos, y el turno es para el primer ganador del Premio en 1981, me refiero al poeta Octavio Paz.

Octavio Paz
La obra de Octavio Paz es abundante, resulta importante señalar que el escritor mexicano no cultivó el género novelístico, su obra está integrada por poesía, ensayos, y traducciones. El libro que en esta ocasión presentamos para su lectura, se titula: Hombres en su siglo y otros ensayos, publicado en el mes de abril de1984.
El primer ensayo que integra el libro es el discurso que dio Octavio Paz, el 23 de abril de 1982 en Alcalá de Henares, al momento de recibir el Premio Cervantes. El título del discurso es: “La tradición liberal”, y basado en ese espíritu liberal que siempre lo distinguió, Paz señaló: La palabra liberal aparece temprano en nuestra literatura. No como una idea o una filosofía sino como un temple y una disposición de ánimo; más que una ideología, era una virtud. Con Cervantes comienza la crítica de los absolutos: comienza la libertad. Y comienza con una sonrisa, no de placer sino de sabiduría. Cervantes sonríe: aprender a ser libre es aprender a sonreír.
A pesar de la rica variedad de temas que integra el libro: Hombres en su siglo y otros ensayos, el hilo conductor de la obra es una defensa a la pluralidad y libertad. En “Dostoievski: el diablo y el ideólogo”, Paz afirma: Dostoievski es nuestro contemporáneo porque adivinó cuáles iban a ser los dramas y conflictos de nuestra época. El mundo de Dostoievski es el de una sociedad enferma de esa corrupción de la religión llamada ideología. Su mundo es la prefiguración del nuestro.
Al momento que realizaba la lectura del libro en mención, para escribir el presente artículo, me resultaba difícil decidir qué hombre o qué ensayo iba a desarrollar, porque todos son de una enorme valía, nombres como Dostoievski, Ortega y Gasset, Sartre, Camus, Bretón, Joan Miró, Papaioannou, Ignacio Chávez, José Revueltas, y naturalmente el propio Cervantes, desfilan en la obra. Sin embargo, en el ensayo titulado: “Momento. Jean Paul Sartre”, me encontré con la siguiente afirmación del filósofo francés: El hombre no es hombre: es un proyecto de hombre. Ese proyecto es elección: estamos condenados a escoger y nuestra pena se llama libertad.
Elegir no es una opción, es una obligación, incluso quien no elige, ya eligió, y el ensayo que elegí para presentar este libro se titula: “Televisión: Cultura y Diversidad”, leído por Octavio Paz en el seminario “La Edad de la Televisión”, el 24 de julio de 1979, durante el Segundo Encuentro Mundial de la Comunicación, celebrado en Acapulco.
Los temas centrales que desarrolló Octavio Paz en este discurso fue cultura y civilización; el poeta nos enseña que comúnmente las dos palabras son utilizadas como sinónimos, pero Octavio Paz aclara que existe una oposición bastante profunda en ambas palabras. Cultura tiene un origen agrario, proviene de cultivar la tierra, y civilización se fundamenta en la ciudad, en las relaciones sociales, su origen es urbano.
Después de explicar la palabra cultura vista como una pluralidad, Octavio Paz realiza la siguiente pregunta, incluyendo su respuesta: ¿Qué le puede pedir la cultura, entendida como diversidad, hoy a la televisión, este poderoso y prodigioso medio de comunicación? Pues le podemos pedir solamente una cosa: que sea fiel a la vida, es decir, que sea plural, que sea abierta. No una televisión gobernada por un grupo de burócratas empeñados en hacer la unanimidad en torno al jefe y a la doctrina o en vender este o aquel producto. Le pedimos una variedad de canales de televisión que expresen la diversidad y pluralidad de la cultura mexicana; la llamada alta cultura y la cultura popular, la cultura central y la cultura periférica, la de la ciudad de México y la de la provincia, la de las mayorías pero también la de las minorías, la de los críticos disidentes y la de los artistas solitarios. No una televisión sino muchas televisiones, y todas en sentidos distintos.
Lo antes transcrito es la parte medular del discurso pronunciado en 1979, hace 35 años, y nada ha cambiado, la televisión pública o privada, sigue siendo un medio uniforme al servicio del poder, sin crítica, sin pluralidad, y por supuesto sin cultura.
Estimado lector, para no finalizar esta sección como la televisión, sin cultura, transcribiré la cita de Baltasar Gracián que utilizó Octavio Paz como epígrafe para fundamentar estos ensayos: Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos, aunque lo tuviesen, no acertaron a lograrle. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas a su vez, hasta las eminencias son al uso. Pero lleva una ventaja el sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, otros lo serán. (El subrayado es mío.)
Finalmente, Cervantes, Paz, y todos los hombres que aparecen en esta obra, son sabios de éste y todos los siglos.

Carlos Fuentes
El Premio Cervantes de Literatura es el máximo galardón que se otorga en lengua española, e incluso existen opiniones que después del Premio Nobel de Literatura, el Cervantes es el de mayor prestigio y reconocimiento a nivel mundial.
Carlos Fuentes fue el segundo escritor mexicano en recibir el prestigiado Premio en el año de 1987. Su abundante obra ha contribuido a enriquecer la literatura de nuestra lengua castellana y sus libros son leídos en cualquier parte del mundo. La presencia de Fuentes al igual que la de Cervantes, es permanente, porque son escritores clásicos y siempre tienen algo que decirnos, que enseñarnos, sus obras al igual que el Quijote siguen cabalgando, porque siguen siendo leídas.
En la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, Carlos Fuentes en su discurso manifestó: La información moderna, el privilegio pero también la carga de la mirada plural, nacen en el momento en que Sancho le dice a Don Quijote lo que el bachiller Sansón Carrasco le dijo a Sancho: estamos siendo escritos. Estamos siendo leídos. Estamos siendo vistos. Carecemos de impunidad, pero también de soledad. Nos rodea la mirada del otro. Somos un proyecto del otro. No hemos terminado nuestra aventura. No la terminaremos mientras seamos objeto de la lectura, de la imaginación, acaso del deseo de los demás. No moriremos -Quijote, Sancho- mientras exista un lector que abra nuestro libro.
El diálogo antes transcrito por Carlos Fuentes, lo realizaron los personajes ficticios creados por Cervantes en el año de (1615), cuando salió publicada la segunda parte del Quijote, hoy cuatrocientos años después, por supuesto que Cervantes, Don Quijote, Sancho, viven, y a ellos se les une Carlos Fuentes, y en esta ocasión el libro que abrimos para su lectura se titula: Aura.
Aura es considerada una de las novelas más importantes de Fuentes, fue publicada en el año de 1962. Es una novela corta donde los temas centrales son el amor, la belleza, la juventud, la obsesión, el erotismo, la brujería, la reencarnación, y la eternidad. La técnica narrativa es maravillosa, porque es narrada la historia en la segunda persona del singular. En Aura convive lo natural con lo sobrenatural, es por ello que es considerada pionera del género fantástico en México.
Antes de hacer una breve presentación de la historia de la novela, quiero hacer mención que la obra que posiblemente inspiró a Carlos Fuentes para escribir Aura, es la pequeña novela de Henry James: Los papeles de Aspern, publicada en el año de (1899). En la novela de James, la historia es narrada en primera persona por el protagonista principal, quien es un crítico literario del cual nunca sabemos el nombre, todo el relato se desarrolla en la ciudad de Venecia.
El crítico literario es un admirador del finado poeta Jeffrey Aspern, y realiza el viaje a la ciudad italiana, con el propósito de conseguir las cartas que el poeta Aspern escribió a su amada Juliana Bordereau. La señorita Bordereau es una anciana con más de cien años de edad quien vive con su sobrina Tita Bordereau, y tiene en el cajón de los recuerdos los valiosos papeles de su amado poeta, sobre estos tres personajes gira toda la historia, de investigación literaria, recuerdos, pasión y ¿amor?
Inspirado Carlos Fuentes en la estructura de Los papeles de Aspern, con su propia imaginación, magia y temática, escribió Aura. El personaje central se llama Felipe Montero, es un joven historiador quien había estudiado becado en la Sorbona de París, Francia. Un día leyendo el periódico se enteró de la oferta de un empleo: “Se solicita historiador joven. Ordenado. Escrupuloso. Conocedor de la lengua francesa. Conocimiento perfecto, coloquial. Capaz de desempeñar labores de secretario. Juventud, conocimiento del francés, preferible si ha vivido en Francia algún tiempo. Tres mil pesos mensuales, comida y recámara cómoda, asoleada, apropiado estudio.”
Felipe Montero acudió a la casa donde se ofrecía el empleo, ubicada en la calle Donceles en el centro histórico de la ciudad de México, una casa permanentemente oscura donde se desarrollará toda la historia. Montero se entrevistó con la señora Consuelo, quien era una anciana de 109 años de edad y dueña de la casa: -Felipe Montero. Leí su anuncio. -Sí ya sé. -Voy al grano. No me quedan muchos años por delante, señor Montero. -Se trata de los papeles de mi marido, el general Llorente. Deben ser ordenados antes de que muera. Deben ser publicados. Lo he decidido hace poco. -Y el propio general, ¿no se encuentra capacitado para…? -Murió hace sesenta años, señor. Son sus memorias inconclusas. Deben ser completadas. Antes de que yo muera.
En lo que Felipe Montero estaba si aceptaba o no el empleo, apareció Aura, quien era compañera y sobrina de Consuelo. Aura entre las muchas gracias que tenía, poseía unos hermosos ojos verdes muy parecidos a los de la señora Consuelo, una vez que Felipe la vio sólo dijo: -Sí. Voy a vivir con ustedes.
La noveleta va narrando las vivencias y convivencias de Felipe Montero con Aura y su tía Consuelo. Felipe Montero se enamora de Aura y es correspondido, en una de las tres noches de pasión que narra la novela entre Aura y Felipe, es descrita de la siguiente manera:
-Siéntate en la cama, Felipe. -Sí. -Vamos a jugar. Tú no hagas nada. Déjame hacerlo todo a mí. Te quitará los zapatos, los calcetines, y acariciará tus pies desnudos. Tú sientes el agua tibia que baña tus plantas, las alivia, mientras ella te lava con tela gruesa, dirige miradas furtivas al Cristo de madera negra, se aparta por fin de tus pies, te toma de la mano, se prende unos capullos de violeta al pelo suelto, te toma entre los brazos y canturrea esa melodía, ese vals que tú bailas con ella, prendido al susurro de su voz, girando al ritmo lentísimo, solemne que ella te impone, ajeno a los movimientos ligeros de sus manos, que te desabotonan la camisa, te acarician el pecho, buscan tu espalda, se clavan en ella. Aura, de cuclillas sobre la cama, coloca ese objeto contra los muslos cerrados, lo acaricia, te llama con la mano. Acaricia ese trozo de harina delgada, lo quiebra sobre sus muslos: caes sobre el cuerpo desnudo de Aura, sobre sus brazos abiertos, extendidos de un extremo al otro de la cama, igual que el Cristo negro que cuelga del muro con su faldón de seda escarlata, sus rodillas abiertas, su costado herido, su corona de brezos montada sobre la peluca negra, enmarañada, entreverada con lentejuela de plata. Aura se abrirá como un altar. Murmuras el nombre de Aura al oído de Aura. Sientes los brazos llenos de la mujer contra tu espalda. Escuchas su voz tibia en tu oreja: -¿Me querrás siempre? -Siempre, Aura, te amaré para siempre. -¿Siempre? ¿Me lo juras? -Te lo juro. -¿Aunque envejezca? ¿Aunque pierda mi belleza? ¿Aunque tenga el pelo blanco? -Siempre, mi amor, siempre. -¿Aunque muera, Felipe? ¿Me amarás siempre, aunque muera? -Siempre, siempre. Te lo juro. Nada puede separarme de ti.
Estimado lector, quiero decirles que Felipe Montero, sí se enamoró e hizo el amor, pero no precisamente con Aura, porque, tal vez, en esa casa sólo vivía la anciana Consuelo, entonces la pregunta final sería ¿existió Aura? O solo fue un engendro de la anciana para perpetuar sus deseos, su pasado, su amor y a través de Aura lograr la eterna juventud.
Todo lo antes señalado es una posibilidad, cuando Usted lea la novela, podrá realizar su propia interpretación, en lo que si no hay ninguna duda es que Cervantes y Fuentes, siguen vigentes, porque se cumple el presagio que Sancho le dijo a su amo Don Quijote: No moriremos, mientras exista un lector que abra nuestro libro.

Sergio Pitol
Una de las características particulares que tiene el Premio Cervantes de Literatura, consiste en que se otorga a un escritor español en los años pares y a cualquier escritor de Hispanoamérica en los años impares, esta regla explica por qué España es el país que más Premios ha obtenido. Después de España, México ha sido el país en donde más escritores han ganado el Premio Cervantes, y el tercer escritor premiado en el año 2005, fue Sergio Pitol Demeneghi (1933- ), a quien me permitiré presentar con un párrafo autobiográfico que se encuentra en su libro El arte de la fuga:
Vivo en Xalapa, una capital de provincia rodeada por paisajes de excepción. Por las mañanas salgo al campo, donde tengo una cabaña, y dedico varias horas a escribir y oír música. De cuando en cuando hago alguna pausa para jugar en el jardín con mi perro. Regreso a la ciudad a la hora de comer y por la tarde vuelvo a escribir, a oír música, a leer, a veces a ver algún viejo filme en videocasetera. Me comunico con amigos por medio del teléfono. A partir de las seis de la tarde, salvo casos extraordinarios, no hay poder que me haga salir de casa. Este ritmo de vida que a muchos podría parecer desesperante es lo único que me resulta apetecible.
Sergio Pitol es una de las glorias literarias que tiene México y el mundo. Gran novelista, cuentista, ensayista, tradujo obras clásicas de la literatura de varios idiomas, entre ellos, del ruso, polaco, inglés, de igual manera su obra ha sido traducida a más de quince idiomas entre los que se encuentran, el francés, italiano, alemán, inglés, húngaro, checo, polaco, ruso, entre otros. Por todo lo antes mencionado, Sergio Pitol es un referente obligado para todo amante de la buena literatura, y esta ocasión el libro que presentamos para su lectura se titula: El arte de la fuga, publicado en el año de 1996.
De la abundante obra de Sergio Pitol, existen dos trípticos muy conocidos y leídos, el primero se llama la trilogía El Carnaval la cual está integrada por los siguientes libros: El desfile del amor, Domar a la divina garza, La vida conyugal. Y el segundo es la trilogía De la memoria integrada por: El Arte de la fuga, El viaje, El mago de Viena.
Leer El arte de la fuga es un verdadero disfrute. Sergio Pitol en esta maravillosa obra evoca y escribe de todo, memorias, crónicas, relatos, ciudades, viajes, libros, personajes, películas, escritores, amigos, familia, niñez, todo esto y mucho más podrá encontrarse en la obra, porque para Pitol: Todo está en todas las cosas.
La obra está dividida en tres secciones: “Memoria, Escritura y Lecturas”, y concluye con una crónica sobre un viaje a Chiapas, derivado del levantamiento del ejército zapatista de liberación nacional en enero de 1994. La lectura de El arte de la fuga, es una experiencia enriquecedora, culta, universal, y lo mejor es que a pesar de toda la erudición que se va encontrando en el libro, su lectura es sencilla, comprensible, esclarecedora, y motivadora, porque una vez concluida la obra, uno quiere leer lo que no ha leído de Thomas Mann, ir a las memorias de Casanova, o concluir Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.
Con Sergio Pitol a través de El arte de la fuga, podrá viajar y conocer distintas capitales del mundo: Durante mi estancia en Varsovia era dueño de mí tiempo, de mi cuerpo y de mi pluma. Y si bien es cierto que en Polonia la libertad distaba de ser absoluta, también lo es que los polacos aprovechaban de la mejor manera y con una intensidad que rayaba en frenesí los espacios creados durante la desestalinizacion, sobre todo los artísticos. Le debo a aquel periodo el disfrute de lecturas que con toda seguridad hubieran sido diferentes de haber vivido en mi país o en alguna de las metrópolis culturales.
De Venecia Pitol escribió lo siguiente: Después de la primera “visión”, volví a Venecia por lo menos una docena de veces. La he recorrido con detenimiento y he leído con interés y placer parte de lo mucho que se ha escrito, sobre su historia, su arte y sus costumbres. Existe, además, una amplia narrativa situada en Venecia. En casi todas las novelas no se le considera como un mero escenario, sino que se convierte en personaje; a veces es ella la auténtica protagonista. Quien tenga una mínima propensión a la sensualidad se sentirá en la Serenísima como en el templo de Venus. No por nada Casanova es el hijo universalmente conocido de Venecia. Venecia es inabarcable. Siempre queda algo para ver en el próximo viaje.
Sergio Pitol vivió aproximadamente treinta años en distintas ciudades del mundo, es un escritor de una cultura universal, sin embargo, nunca olvidó a su país, porque él siempre escribió que su patria es su lenguaje, es por ello que en esta misma obra: El arte de la fuga, manifestó: A finales de 1988, regresé definitivamente a México. Durante mi ausencia publiqué varios libros; algunos se tradujeron a otras lenguas, recibí premios, ¡todas esas cosas! Volví al país con el propósito de emplear mi tiempo y mis energías sólo en la escritura. Sentía una necesidad casi física de convivir con el lenguaje, de escuchar a toda hora el castellano.
Reza el evangelio de San Juan que: En el principio era el verbo, es decir, la palabra, con la palabra se construyó y construye todo, y si bien la palabra no resuelve todo, por lo menos lo explica, porque, tal vez, a la hora final, sólo nos queda preguntarnos como lo hace Sergio Pitol en El arte de la fuga: ¿Qué es uno y qué es el universo? ¿Qué es uno en el universo? Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinidad de restas.
Sergio Pitol es un escritor que siempre ha amado el lenguaje, y particularmente la lengua española, sin duda alguna, la mejor manera de homenajearlo fue entregándole el mayor reconocimiento que puede recibir un escritor en lengua castellana, como lo es el Premio Cervantes de Literatura.

José Emilio Pacheco
José Emilio Pacheco fue el cuarto escritor mexicano en recibir el Premio Cervantes de Literatura en el año (2009). Es de los escritores pilares de la literatura mexicana, destacado poeta, novelista, ensayista, cuentista, traductor y periodista. Los temas más recurrentes en su obra son la niñez, adolescencia, vejez, sexualidad, la corrupción, la ciudad de México como escenario central y el tiempo.
La maravillosa obra narrativa de José Emilio, está impregnada de imaginación y recuerdos, es por ello que en el discurso que pronunció al momento de recibir el Premio Cervantes, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, manifestó: Tal vez la memoria inventa lo que evoca y la imaginación ilumina la densa cotidianeidad. El párrafo antes transcrito describe claramente el pensamiento y contenido de la obra de José Emilio. Se inventa porque se extraña, se escriben ficciones para iluminar la vida, para tratar de llenar ese espacio que la vida cotidiana no llena, tal vez, en este pensamiento esté el verdadero principio del placer.
De la abundante obra que escribió José Emilio, el libro elegido que en esta ocasión recomiendo para su lectura se titula: El principio del placer, publicado en su edición original por Joaquín Mortiz en el año 1972. Esta magistral obra se integra por cinco cuentos los cuales son: “La zarpa”, “La fiesta brava”, “Langerhaus”, “Tenga para que se entretenga”, “Cuando salí de La Habana, válgame Dios”, y una pequeña novela la cual lleva el título del libro: El principio del placer.
A través de estos pequeños relatos, José Emilio nos hace realizar un recorrido por las distintas etapas que hemos vivido, no importa la edad que tenga, en este libro todas las edades se encuentran descritas. Si iniciamos con El principio del placer, se encontrará en la lectura a un joven llamado Jorge, el cual es un estudiante de aproximadamente catorce años, quien vive en el puerto de Veracruz con su familia integrada por su mamá y dos hermanas, su papá es jefe de la zona militar.
Jorge se enamoró a sus catorce años perdidamente de Ana Luisa, quien al principio era amiga de sus hermanas. Se envían cartas y Ana Luisa acepta el amor de Jorge. Una vez que se empieza a descubrir el noviazgo, a Jorge le llegan los clásicos chismes que Ana Luisa era “ligerita” y se acostaba con medio mundo.
Por supuesto que al imberbe Jorge le dolía cómo se expresaban de Ana Luisa sus hermanas, un día Durán quien era chofer del papá de Jorge, se las ingenió y se llevó a su novia Candelaria, a Jorge y Ana Luisa a la playa, estando allí Durán le dice a Jorge: Si no te la coges ahora es que de plano eres muy pendejo. Ésta ya anda más rota que la puta madre. Durán nunca me había hablado así. No me pude aguantar y le contesté: -Mejor te callas ¿no? A ti que chingados te importa, carajo.
Después de esa pequeña discusión, ambas parejas de novios se quedaron solos: Ana Luisa, quiero hacerte varias preguntas. -No tengo ganas de hablar. Además ¿no que ya te andaba por quedarte a solas conmigo? Bueno, aquí me tienes, aprovecha, no perdamos el tiempo. -Sí pero quisiera saber… -Ay, hombre, seguramente ya te llegaron con chismes. No hagas caso. Te amo, te amo, te amo. Me gustas mucho me decía con un apasionamiento desconocido. Y sin saber cómo ya era de noche, ya estábamos rodando por la arena sin dejar de besarnos, le metía la mano por debajo de la blusa, le acariciaba las piernas y estuve a punto de quitarle la falda.”
Finalmente Jorge no le pudo quitar la falda, porque llegó un autobús con un grupo de muchachas acompañadas por dos monjas. Días después de ese intenso momento de pasión, Jorge estaba desesperado por otro encuentro, de pronto le llegó una carta de Ana Luisa donde se disculpaba con él, pero le decía que la relación había terminado. Jorge sufrió, lloró, pensaba que Ana Luisa sería su amor para toda la vida, en fin, qué más puedo escribir si todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido Jorges.
Cuando la pequeña novela El principio del placer está por concluir, Jorge se va un día sólo a la playa y ve a dos parejas besándose, ella estaba en traje de baño tomada de la mano por su acompañante, eran Ana Luisa y Durán. Por supuesto que la historia tiene más personajes y mensajes, pero considero que lo esencial son las palabras que pronuncia Jorge al final: Pero quién sabe. Sí, en opinión de mi mamá, ésta que vivo es la etapa más feliz de la vida, cómo estarán las otras carajo.
Con la escritura se crean mundos, visiones, ficciones, pero es importante nunca perder de vista, que por más fantásticas y geniales que sean las historias, todas o casi todas son tomadas de la realidad y las que no parten de la realidad, son hechas para ella. No significa que la literatura busque las repuesta de cómo serán las otras etapas que nos tocarán vivir, pero no olvidemos una de las máximas que escribió Cervantes en el Quijote: El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.
Los libros cambian y hacen mejor nuestras vidas, José Emilio Pacheco nos cuenta que tenía ocho años de edad cuando tuvo su primer contacto con el Quijote: En aquella mañana tan remota descubro que hay otra realidad llamada ficción. Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario. La historia del Quijote tiene el don de volar como aquel Clavileño. He entrado sin saberlo en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo.
José Emilio Pacheco nunca abandonó el territorio de La Mancha, porque desde muy joven aprendió y comprendió que es en el arte donde está el verdadero principio del placer.

Elena Poniatowska

Con la escritora y periodista Elena Poniatowska, se concluye, hasta el momento, la lista de los mexicanos que han ganado el Premio Cervantes de Literatura. Al momento de recibir el premio en el año 2013, Poniatowska señaló: Soy la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes, creado en 1976. (Los hombres son treinta y cinco.) María Zambrano fue la primera.
Poniatowska es de las escritoras vigentes más leída y apreciada por la juventud mexicana. Elena es una de las figuras públicas que en México no se callan, su postura crítica y de denuncia es permanente, gran parte de su obra lleva el sello aguerrido de la escritora, por eso es tan querida, apreciada y reconocida. Sin embargo, una voz crítica ayuda mucho, pero lamentablemente no alcanza, necesitamos voces como la de Elena, que denuncien la corrupción, la barbarie, las injusticias, y la mejor manera de presentar un ejemplo de lo antes señalado, es leyendo una de las obras más importantes de Poniatowska titulada: La noche de Tlatelolco, publicada en 1971.
La obra antes citada es una crónica de voces, es por ello que en la contraportada del libro, es presentado de la siguiente manera: No bastaba una sola voz, por dolida y sincera que fuese, para dar el sonido, la significación, la dimensión misma de los trágicos días vividos por muchos mexicanos en octubre de 1968. Éste es un libro que será oído más que leído. Un libro que no podemos dejar de oír.
Las voces de testimonios que integran el libro La noche de Tlatelolco, son más confiables que cualquier periódico que informó sobre los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968. Son voces que vivieron esa masacre desde diferentes trincheras, hay testimonios de estudiantes, actores, escritores, madres que perdieron a sus hijos, extranjeros que presenciaron la masacre, presos políticos, pero hay algo más en esta valiosa obra, Poniatowska también en su libro le da cabida a las voces oficialistas, integrada por autoridades y tristemente tengo que decir que a gran parte de la prensa.
El libro está estructurado en dos partes, la primera parte titulada: “Ganar la calle”, la cual a través de los testimonios de diversos actores y comentarios de Poniatowska, narra todos los sucesos previos al 2 de octubre, y en la segunda parte: “La noche de Tlatelolco”, conoceremos la noche trágica y las narraciones posteriores a ella.
El primer testimonio que quiero compartir es el del escritor Luis Gonzales de Alba: Yo no soy el mismo; todos somos otros. Hay un México antes del Movimiento Estudiantil y otro después de 1968. Tlatelolco es la escisión entre los dos Méxicos. En este libro Poniatowska nos presenta las diversas posturas de importantes escritores sobre el movimiento estudiantil, tal es el siguiente ejemplo: -¿Y su conferencia? -No señor Acevedo Escobedo, yo me voy a la silenciosa… -Pero usted tiene que dar su conferencia. Ya hay público esperándolo. Mírelos en las butacas… -No señor. Invito al público a la manifestación… ésa que sea mi conferencia. La del silencio, ésa sí que es buena onda… -Pero esto no es posible. El público vino a la conferencia no a una manifestación… -Mire señor Acevedo Escobedo, a los que no quieran irse, mejor cuénteles usted una de vaqueros… ¡Yo me pelo! Ésta fue una conversación entre el escritor José Agustín y Antonio Acevedo, el 13 de septiembre de 1968, durante la serie “Los narradores en el público”.
En el mero día de la matanza, hay testimonios narrados como si fueran de películas de guerra y no de la vida real, ejemplo es el que compartió Diana Salmerón de Contreras: Jalé el brazo de mi hermano: “Julio, ¿qué te pasa? Lo volví a jalar, sus ojos estaban muy tristes y entreabiertos y pude oír sus palabras: “… Es que…” No pude pensar en nada. El tremendo apretujamiento de la gente hacía difícil oír. Después pensé que si hubiera sabido, si me hubiera dado cuenta de que Julio ya estaba muriéndose, hubiera hecho algo descabellado en ese mismo momento y lugar.
Más tarde algunos de los soldados que habían disparado a los edificios que rodeaban la plaza se nos acercaron. El olor a pólvora era insoportable. Poco a poco la gente nos hizo un lugar para que me pudiera acercar a Julio: “Hermano, contéstame.” -Debe estar herido -Me dijo una mujer. Afloje su cinturón. Cuando aflojé su cinturón, mi mano me hundió en una herida. Después en el hospital supe que había sido tocado tres veces; una en el estómago, otra en el cuello y otra en la pierna. Estaba muriéndose.
Por supuesto que el 2 de octubre en México nunca se olvidará, el Estado tiene la facultad de mantener el orden y evitar la ingobernabilidad, el caos, el desorden, pero por ningún motivo se justificará semejante barbarie como la del 2 de octubre, porque asesinar a la juventud, es asesinar el futuro de México. Diana Salmerón de Contreras al final de la trágica muerte de su hermano nos cuenta: Julio tenía 15 años, estudiaba en la Vocacional número 1 que está cerca de la Unidad Tlatelolco. Era la segunda vez que asistía a un mitin político. Él me invitó a ir ese día. La primera vez, fuimos los dos juntos a la gran manifestación silenciosa. Julio era mi único hermano.
Finalmente, aunque Luis González de Alba tiene mucha razón, al declarar que hay un México antes del 68 y otro después, a pesar de ello, yo veo los mismos rostros, los mismos estilos, la misma corrupción, solo que un poco disfrazada, diría el maestro René Avilés Fabila: Yo sigo viendo al mismo solitario en Palacio de Gobierno, sólo que ahora tiene un copete.

miguel_naranjo@hotmail.com