REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 08 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
Abrí la ventana de mi estudio que mira oronda a lontananza y en lontananza veo las copas de los pinos y de los encinos que se mueven con un ritmo lento pero profundo. La chimenea abriga el lugar y su fuego y su crepitar me llevan a una calma chicha, me conduce ese ruido hacia un lugar al que yo sólo tengo acceso: mi mundo, el mundo al que los libros me llevan, al que la lectura de ellos me conduce. Y como la vida es corta y el coraje mucho, la copa con el vino tinto, que siempre me guiña el ojo, lo tomo y gozo endiabladamente con esos instantes lúdicos. Y trato de no perder más tiempo, trato, a estas alturas de la vida, de ir con paso firme y no distraer mi atención por cosas que pueden ser superfluas y vanas o vacías en algunos casos, en mi escritorio están presentes, Alan Poe, Chejov, López Velarde, Rulfo, Torri, Dante… y no es que no me interesen los autores nuevos, no, de ninguna manera, lo que hago, por necesidad extrema, es darle una preferencia sustancial a los clásicos. Sí, leo y vuelvo a leer Macbeth, y Ricardo II y Ricardo III, sí, diablo de Shakespeare tan sutil, tan violento, tan profundo, tan ligero: enorme. Y claro, cuando abro el libro y me solazo con el verbo inimaginable de Dostoyevsky, y cuando Raskolnikov aparece y deambula por ese su mundo de crisis y de hundimientos morales, de ello tomo nota, y bebo vino y fumo mi puro, y veo los árboles y contemplo las nubes que pasan raudas, y para poder seguir con la lectura de su crimen y antes de que llegue el castigo, le doy otro gran trago al tinto para tratar de entender mejor a este personaje singular y créanme que lo entiendo. Luego en otra larga y fría noche tomo a Tolstoi y las clases que recibo de este viejo memorable, son únicas; vaya forma de describir los lugares y los entornos y la manera prodigiosa de, con una frase, describirnos el alma de sus personajes, y llevarnos de la mano para sumergirnos en el ambiente en que se desenvuelve la trama de cada una de sus novelas. Genial.
Pero lo que hoy de él leía me hizo llegar o mejor decir, pisar en la tierra: Máximo Gorki. Desde aquí, desde este México violento y lleno de sangre, desde este México de pobreza moral y material, de este México que tiene en su clase política a los más míseros de los personajes, hombres y mujeres que desde las cumbres del poder, hacen y deshacen a su antojo, no lo hacen como en los discursos “maravillosos” propios de ellos que sueltan una vez y otra, no la moral republicana, para ellos y para ellas no existe. Existen sus propios valores, sus puestos, sus canonjías. Viven con una plenitud rozagante la cultura del fraude y de la irresponsabilidad. Y propician la bárbara impunidad.
Pues Gorki, me llevó con sus Bajos Fondos, a husmear, a vivir, a entrar con más profundidad a los bajos fondos mexicanos. Pareciera que Gorki hubiera estado aquí, hoy, y vivido unos cuántos años en esta otrora república mexicana y hubiera tomado nota y apuntado en su diario el pleno comportamiento de los políticos y haber captado la rudeza de la vida mexicana. Al tomar su libro que habla sobre su infancia, una infancia de carencias, de golpes, de engaños, de tragedias, de hambre, de sinsabores, me hizo ver la infancia de millones de niñas y de niños mexicanos que deben soportar la violencia familiar, que sufren el hambre de cada día, que para poder llevar algún pan tienen que prostituirse o robar o en el mejor de los casos morir. Claro la ley de la clase en el poder los hará talco, los hará papilla, los reducirá a la nada. Ante cualquier amago de los jóvenes por liberarse del yugo opresor, ante cualquier grito de libertad, la cárcel, los garrotes se abatirán sobre sus cuerpos. Sí, la clase en el poder para sostenerse tiene a su servicio a soldados, a jueces, a policías, a funcionarios de cualquier nivel, y las leyes de esa clase son benévolas para cualquier violación que los grandes cometan. Basta ver la historia de cada día y allí estará escrita la realidad: presidentes que violan la Constitución o que gastan fortunas en sus mansiones, son absueltos, no son culpables de nada.
Ah, pero un cartero, un campesino, un estudiante, un ama de casa, un obrero, un indígena que hagan algo que desagrade a la clase en el poder, el riguroso peso de la ley caerá como espada vibrante, como roca de fuego y las mazmorras serán los dormitorios de los ilusos que creían en la paz y en la libertad mexicana. La clase dominada, dominada está. ¿Hasta cuándo será así?
Vale. Abur.