REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

La peligrosa tentación del absolutismo político


Hugo Enrique Sáez A.

        “El poder tiende a corromper, y el poder
        absoluto corrompe absolutamente.”
        Lord Acton

Difícil de calificar y menos aún de definir el delirante sexenio por el que estamos atravesando. Un abigarrado grupo de cínicos en el poder político y económico cometen abusos monumentales con total impunidad. La ignorancia campea entre los funcionarios de las instituciones gubernamentales. La brecha de la desigualdad económica y social se ensancha sin límites. El crimen y la violencia arrojan cifras estratosféricas. Ser corrupto te abre las portadas de revistas cursis. Informar con objetividad puede conducirte a la cárcel. Educación es una palabra sin significado. Y no se trata de una visión catastrofista. Incluso los empresarios chinos han decidido no emprender negocios en México hasta que termine el mandato del actual presidente.
La elite que se ha apropiado del poder en México canceló la idea de que el Estado cumple una función universal, abarcadora del conjunto de la población. Así, Carlos Salinas de Gortari y sus secuaces -en español, “Secuaz: Que sigue al partido, doctrina u opinión de otro”- se imaginan a sí mismos y actúan como 'casta'; algunos empresarios que admiran y compiten con Slim aspiran a figurar como 'caballeros' de Forbes; la mayoría de los candidatos a “algo” creen que son heroicos asaltantes al estilo de 'Bonnie and Clyde'; a su vez, los narcotraficantes ensayan en su mente escenas de masacres peores que en la cinta El padrino. Cabe preguntar, entonces: ¿alguien en el bloque dominante piensa como nación?
En México es un dicho corriente 'quien no está en el presupuesto, está en el error'. Y esa inocua apreciación conforma la mentalidad de quienes se alimentan de la ubre estatal para que desprecien a los honestos, a los conscientes, a los excluidos, a los indígenas, a los que luchan en contra del corrupto sistema político y social. La hija de EPN debe de haber aprendido en su casa paterna la generalización despectiva que usó en twitter: los críticos son parte de la prole.
Pocos han escuchado la alarma que anuncia el resquebrajamiento del sistema político en el país, pese a la aparente inercia de las masas. Precisamente, asombra que un régimen cada vez más absolutista en su violación a las leyes para imponer decisiones e intereses de una oligarquía no haya despertado una reacción similar a la de los indignados de España o no haya desembocado en la conformación de un partido como Syriza en Grecia; al contrario, los partidos políticos como sistema continúan atravesados por una nauseabunda corrupción impune y no se vislumbra un movimiento que exprese el desconcierto, la rabia, el sufrimiento, la miseria, que padecen millones. En el siglo XVI ya escribía Etienne de la Boétie respecto de un tema afín:
¿Acaso no es vergonzoso ver a tantas y tantas personas, no tan sólo obedecer, sino arrastrarse? No ser gobernados, sino tiranizados, sin bienes, ni parientes, ni mujeres, ni hijos, ni vida propia. Soportar saqueos, asaltos y crueldades, no de un ejército, no de una horda descontrolada de bárbaros contra la que cada uno podría defender su vida a costa de su sangre, sino únicamente de uno solo. No de un Hércules o de un Sansón, sino de un único hombrecillo, las más de las veces el más cobarde de la nación, que no ha siquiera husmeado una sola vez la pólvora de los campos de batalla y que es incapaz no sólo de mandar a los hombres, ¡sino también de satisfacer a la más miserable mujerzuela!

La pregunta que Etienne de la Boétie se planteaba al interrogarse por qué las masas permanecen en la servidumbre voluntaria, se puede empezar a responder si se toma en cuenta el acceso a un tipo de goce perverso que posibilita la dominación, porque la atenúa. Una de las fuerzas del capitalismo para reproducir la ley del Amo se expone en un reciente libro de Jorge Alemán (En la frontera. Sujeto y capitalismo, Buenos Aires, Editorial Gedisa):

… es que ofrece el goce de modo inmediato, ya sea en la relación de adicción a los objetos tecnológicos, en la violencia gratuita y cruel de las identificaciones imaginarias, en los estragos del consumo, en las distintas enfermedades de la imagen y sus prácticas de goce epidémicas como la anorexia y la bulimia, en la construcción de fortalezas narcisistas de los ricos o en los campos de pobreza habitados por la pulsión de muerte durante el eclipse de lo simbólico. (Jorge Alemán, 2014: 107).

Por supuesto, existen resistencias para incorporarse a la visión unidimensional del discurso oficial; no obstante, al mismo tiempo el discurso hegemónico encuentra su apoyo en sectores beneficiados por los favores del poder, en clientelas paupérrimas sujetas a control por los programas sociales y en gandayas de oficio. En gran medida es lo que Nietzsche criticaba de la dominación: un jefe que abusa de un subordinado cómplice del sometimiento.
La fuerza del discurso estriba en su capacidad de generar una ilusión atractiva para el espectador de los medios de programación de masas. Ahora bien, no se entienda ilusión en el sentido de percepción falsa, de mentira. La ilusión, en su sentido latino original, es un juego que fascina, que atrapa, como ocurre en el amor. Una telenovela puede ejercer esa fascinación y el individuo preso de la ilusión se desentiende de cómo se produce ese efecto. Muy pocos se interrogan sobre los trucos de un mago, la mayoría se entrega a la ilusión porque genera placer episódico. Los medios de programación de masas, al servicio de las oligarquías plutocráticas, controlan y determinan la percepción de la opinión pública mediante el simulacro de los hechos reales convertidos en narración audiovisual. Y la hegemonía se logra con la propaganda que convierte las opiniones adversas, cuando representan una mayoría estadística, en opiniones favorables, sin que la justicia se imponga ni la violencia se atempere. La realidad virtual por encima de los hechos, que son ignorados o sublimados. En definitiva, la sociedad del espectáculo produce material audiovisual que aporta una identidad apolítica a amplios sectores sociales.
Con miras a comprender el fenómeno, Gramsci afirmaba que “todos somos filósofos”, sentencia que se entiende como la universal necesidad de tener una cierta conciencia de nuestra posición en el mundo, es decir, una identidad. En toda sociedad capitalista la conciencia de sus miembros se produce mediante un ejército invisible de expertos en cibernética, técnicos de los medios audiovisuales, artistas del espectáculo, militares, funcionarios de gobierno, especialistas en campañas políticas, grupos ideológicos. Son los nuevos sofistas, especializados en imponer una hipótesis aunque sea falsa. A las distintas instituciones en que se desenvuelven los individuos (familia, escuela, iglesia, oficina, fábrica, sindicato, clubes, medios de programación de masas, y otros) se les llama aparatos de hegemonía cultural. En la actualidad sorprende que figuras francamente simplonas del espectáculo, como Carmen Salinas y Cuauhtémoc Blanco, entre otros, aspiren a cargos de elección popular sin el más mínimo conocimiento ni experiencia en la tarea de gobernar. Por otro lado, su conducta es el resultado natural de que la sociedad del espectáculo ha colonizado a otros aparatos de hegemonía cultural. Un niño delira por jugar algún día en el equipo de futbol Barcelona y saca pésimas calificaciones en la escuela, donde su docente sólo enfoca su preocupación a adquirir la camioneta más cara a su alcance, deseo que lo conduce a la corrupción.
Ahora bien, la filosofía se dice de muchas maneras, parafraseando a Aristóteles. Desde su origen la disciplina era un oficio que requería utilizar un lenguaje comprensible para el común de los mortales, tal como la practicaba Sócrates por las calles de Atenas, y no le importaba si su interlocutor era un esclavo analfabeto, como ocurrió con el sirviente de Menón, a quien le enseñó a duplicar un cuadrado mediante un diálogo muy bien conducido. En cambio, ahora se la identifica con tratados oscuros y voluminosos que se comentan en las altas casas de estudio, cerradas a la mayoría de la población de un país, cuyo consumo se concentra en productos del espectáculo. Por esa unilateral comprensión de la filosofía, el estudiante de preparatoria suele huir de sus clases, que a menudo sólo ejercitan la memoria. Sin embargo, la filosofía no sólo se construye en los manuales o bien leyendo libros clásicos.
De acuerdo con Hans Georg Gadamer, la filosofía occidental llegó a su fin con Hegel y su posterior colapso a partir de mediados del siglo XIX. “No poca evidencia de esto se encuentra en el hecho de que la filosofía ha sido, desde entonces, una cuestión puramente académica, o dicho de otra manera, que sólo autores de fuera de la academia, tales como Schopenhauer y Kierkegaard, Marx y Nietzsche, junto con los grandes novelistas del siglo XIX y XX, han logrado ampliar la conciencia de la época y satisfacer la necesidad de una visión filosófica del mundo.” Un par de decenios atrás, se leía en México a autores que proporcionaban una cosmovisión, una idea de lo que significa pertenecer a una historia y habitar un paisaje que se ama. José Revueltas, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, y muchos más, como René Avilés con su solitario de palacio, Octavio Paz en su Laberinto de la soledad, o las crónicas de Monsiváis. Y quedan varios por mencionar. Ahora se lee mucho menos. Vemos las librerías repletas de libros “subversivos”: desde Marx y Engels, el Marqués de Sade, Nietzsche, Freud, o bien Mao Tse Tung y Lenin; en fin, el título que quieran. Las dictaduras sudamericanas quemaban esos libros porque formaban “guerrilleros”. El dedo flamígero de la censura se ha desplazado al contenido que difunden los “medios”. En este sentido, Carmen Aristegui enseña más filosofía de liberación con su modo de informar que cualquier doctor universitario, cuya tarea académica es diferente. Y la callan, ¡por ahora! Considérese, asimismo, que las aulas universitarias acogen la filosofía cuando un profesor de cualquier materia estimula preguntas en el estudiante.
La tendencia hacia el absolutismo es alarmante. Se pretende ejercer la dominación apoyándose en producir un discurso absoluto, cuya interpretación absoluta no admita contradicciones ni requiera de pruebas empíricas. Así, el mismo día en que el Instituto Nacional Electoral (INE) prohibía la difusión de un spot de la oposición en que se informaba sobre el suntuoso viaje del presidente a Londres con 200 invitados a cuenta del presupuesto público, Peña Nieto se ufanaba que la libertad de expresión era una conquista irrenunciable. Quienes están hipnotizados por ese discurso consideran que el despido de Carmen Aristegui de su noticiario radial fue por razones laborales.
El absolutismo es un sistema político que aniquila la expresión de la sociedad civil mediante alianzas con fuerzas afines y el impulso de redes de corrupción e impunidad. En consecuencia, el valor central del absolutismo es la práctica de la corrupción, que se legitima con una especie de silogismo. “Si otros aprovechan las oportunidades que se les presentan para su propio beneficio, cualquiera en su situación lo haría. Luego, todos tenemos el derecho de hurtar, extorsionar, manipular, controlar a los mediocres cobrándoles cuota ilegales, aprovecharse de los que no tienen carácter ni ambiciones negándoles el pago de sus servicios. Hacerse rico es el camino a la felicidad. Sólo los débiles y honestos están enamorados del fracaso.” Quizá les espera lo que más temen: el fracaso.