REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 08 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Hotel Pánico, de Odette Alonso


Félix Luis Viera

Ya es hora de que comencemos a valorar las bondades, como narradora, de Odette Alonso (Santiago de Cuba, 1964, y hace más de 20 años radicada en la ciudad de México), junto a sus excelencias como poeta, amén de su labor de promoción cultural y su labor de antóloga.
Ella recientemente ha publicado otro libro de cuentos, Hotel Pánico —16 narraciones divididas en dos partes, 121 páginas—, por la editorial de la Universidad Veracruzana, un buen libro, pero que en mi opinión pudo ser mejor.
El volumen se desarrolla en dos localizaciones: la ciudad de México y Cuba.
Aún hoy algunas editoriales hacen el real trabajo de edición; es decir, alguno de sus especialistas en la materia, discuten el libro de tú a tú, palabra por palabra, con el autor. Éste, por mucho que haya puesto su obra a consideración de colegas y amigos talentosos, sin duda recibirá del editor, cuyo ojo y experiencia están aptos para ver lo que otros posiblemente no vieron, propuestas certeras.
Hotel Pánico nos llega en dos vertientes, una que podríamos calificar como “realista” y otra que se sitúa en lo que suelen llamar paranormal; en ésta, Alonso brilla muy alto en ciertos cuentos.
Alonso decide, en los cuentos que se desarrollan en México, por regionalismos, a veces lenguaje de jerga, modismos que serán comprensibles, quizás, para la mayoría de los mexicanos. Pero no para el lector de otras latitudes. Y un libro, sin renunciar a las esencias de las que componen su entorno, lenguaje incluido, se supone que debe escribirse para el mundo todo y para siempre. Claro, tampoco me estoy refiriendo a la utilización de un lenguaje neutral, muerto.
En la novela, cuando el autor introduce vocablos y giros muy pertenecientes a su país de origen, cuenta con la defensa de, para un lector extraño, ir marcando aquí y allá, mejor tangencialmente, lo que significa o lo que quiso decir en la página anterior. En el cuento, no.
De los relatos que se desarrollan en Cuba, algunos solo podemos ubicarlos en lugar y tiempo los que somos cubanos; y cubanos que hayamos vivido el asunto que abordan dichos cuentos.
Del párrafo anterior se infiere que este libro necesitaba un prólogo. Otra resultado que un buen editor sabe diagnosticar.
Los cuentos:
“Bajo la jacaranda”. La consabida historia del hombre despechado, o el macho. Resulta un poco esquemático. Su anécdota, en mi opinión, se salva al final cuando Daniel toma una decisión algo inesperada a partir de las acciones de la pizpireta, pero valiente Lucía.
“La casa vieja”, (qué falta haría el prólogo que antes decía). Esperanza Cabrales, quien se marchara a Estados Unidos hace más de 40 años, vuelve a Cuba después de tanto tiempo con el propósito fijo de visitar lo que antes fuera su mansión, hoy no más que un caserón, dividido en habitaciones donde viven varias familias, todas muy pobres. El miedo consecuencia de la represión existente en Cuba, es uno de los buenos factores tratados en este relato. Sabia, la autora se va por un excelente final, que nos deja en vilo.
“Desde el pasado” también se desarrolla en Cuba. De asunto lésbico (que tema es otra cosa), no es lo más representativo del libro. El relato se hace un poquito laxo con la intervención de demasiados personajes, y asimismo porque, como sí ocurre en otras piezas del libro, no hay aquí un nudo de verdadera intensidad.
“Que se vaya la gusanera”. (Qué falta nos haría ese prólogo.) Trata del terror implantado en la Isla en 1980, cuando un grupo de personas penetró en la embajada de Perú, lo cual produjo el llamado Éxodo del Mariel. La humillación, la traición, la manipulación son elementos fundamentales de este cuento; ambas condiciones manejadas de efectiva manera por Alonso.
“Nube de polvo” se desarrolla en México, se utiliza la jerga aludida en las líneas que dan inicio a esta nota. Uno de los escenarios resulta una vecindad (en Cuba se le llamaría “solar”; es decir, una mansión antigua convertida en varias viviendas). Este cuento, que aborda el ánimo de violencia ambiente, en mi opinión se queda un poco en la superficie; no se adentra necesariamente en la enjundia humana, quiero decir.
“Tan amigos” se desarrolla en Cuba. Narrado en primera persona, tiene como propósito fundamental mostrar la malevolencia del varón en cuanto a la manipulación de la hembra, el convite. Waldo resulta lo que en Cuba llamamos un “cabroncito de la vida”. Si bien se presentía, la trampa que éste arma para Karina está muy bien trabajada en el texto. El final es muy bueno.
“Cuentas para su padre” se desarrolla en México y también apela a los mexicanismos. Es una historia donde descuella la desconfianza. Güicho, candoroso, vs el pragmático, deshumanizado casi, Julio, nos llevan a lo largo de una historia sazonada con la malicia, o la picardía, o la perversidad. La sorpresa que nos trae, al final del cuento, Xóchitl, nos parará del asiento, nos hará preguntarnos: ¿en quién creer?
“Papa podrida”, de asunto lésbico y narrado en primera persona, se desarrolla en Cuba, en una escuela de becarios, quizás en la década de 1970. Los personajes principales de este texto son lesbianas. Aquí constatamos la impiedad y el favoritismo de las autoridades “revolucionarias” del centro de estudios (que podrían tomarse por la de toda Cuba). Una trampa, “un “operativo”, es armado por éstas para sorprender en el acto a Tamara, Moraima es el anzuelo. Este cuento se resiente un poco, en mi opinión, por el exceso de diálogos crudos, porque no ahonda, como otros, en el porqué.
“La ciudad perdida”, que da inicio a la segunda parte del libro y está relatado fundamentalmente mediante un narrador omnisciente para un personaje femenino, pica en lo onírico, un cuento breve de suma intensidad, de notable polisemia. Una luz que pasa, literalmente; todo ocurre durante un minuto.
“Hotel Pánico”, que da título al libro y se desarrolla en México, reafirma lo que decíamos al inicio de estas líneas sobre las extraordinarias ganancias literarias que obtiene Odette Alonso cuando aborda lo paranormal. Un hombre muerto, “colgado con la cuerda de su propia mochila”, es hallado, previa denuncia, por el jactancioso teniente Cañizares. Además de la efectiva crónica sobre un hotel de paso, de los peores, vale aclarar, que pululan en la ciudad de México, el factor preponderante en el relato es una escurridiza mujer vestida de rojo que anda por el hotel, pero más bien según evocaciones de varios personajes. ¿Será ella la culpable de algo, o de todo?
“Como un ángel”, que tiene su localización en el metro de la ciudad de México, es otro excelente cuento que expresa una sintetizada, pero justa crónica sobre este “agresivo” medio de transporte. “El metro es otra dimensión. Un inframundo. La gente parece distinta, el tiempo no transcurre igual que arriba”. Mas, lo fundamental de este relato es que logra algo poco frecuente: ahondar en ese sentimiento de arrobo, de ternura, de deslumbramiento, esa suerte de “enamoramiento” candoroso, intenso, que siente una lesbiana por una mujer desconocida que aparece en su ámbito. Digo algo poco frecuente porque esto muchas veces lo hemos leído, pero de varón hacia la hembra. Un cuento excelente en fin.
“Animal nocturno”. Narrado en primera persona, se desarrolla también en la ciudad de México y tiene el hándicap, como apuntaba antes, de que hay giros que solo serían legibles para los mexicanos. Claudio, el tipo sabelotodo, “mamón”, dirían en México, intenta demostrarles a los demás personajes que, realmente, la ciudad no es tan peligrosa en las noches. Para ello, convoca a visitar ciertos cabarés y discotecas (“antros”, les dicen aquí a todo lo que se parezca). Este cuento pone al descubierto cierto segmento de la corrupción antológica del Distrito Federal. La víctima de las balandronadas de Claudio es la candorosa Carolina, puesta por la insistencia de aquél en un medio que no es el suyo, lo cual no le trae muy buenas consecuencias. Este relato, de cierta extensión (8 páginas), sin embargo no resulta laxo en ningún momento; por otra parte, los diálogos están trabajados con mayor eficacia que en otros.
“Ellos” se desarrolla en Cuba, tal vez en la década de 1980. La “conga” cubana (creo que santiaguera propiamente) resuena aquí y allá y es a la vez descrita en todos sus matices. En medio de una conga, Mariano, que anda atribulado por diversos motivos, hallará su desenlace. Éste es un cuento intenso, sin nada sobrante, una anécdota excelentemente narrada.
“El último convoy” tiene como escenario la ciudad de México, justamente el metro y como protagonista al periodista René, quien sufre una serie de estadios “raros” una de esas noches en que debe tomar el último convoy, luego de terminar su labor. Como en otros de este corte, lo onírico, lo paranormal, permite a Odette Alonso lucirse con un cuento excelente, tenso e intenso.
“Nunca más” tiene a Cuba como escenario, sus carnavales, creo que específicamente los de Santiago de Cuba. Richard ha regresado, le anuncia Mirita a Edith. Richard le ha dicho a Mirita que siente muchos deseos de volver a ver a Edith. Pero Richard tiene novia, Natasha, “esa sanguijuela”, dictamina Mirita. De ahí parte una historia que tiene como fondo las fiestas de carnaval. No obstante la existencia y “derechos” de la “sanguijuela”, Edith cede, se encuentra con Richard. Este relato aborda el sexo hombre-mujer con notable crudeza. El final, si bien no es de los más imaginativos, cierra un triángulo amoroso-erótico que, ya lo verá el lector, no parecía tener otra salida.
“La suite de Margarita”, el último cuento. Aquí Odette Alonso se destaca de nuevo al tratar el misterio, lo paranormal. Se desarrolla en la ciudad de México. La tragedia de Nacho, victimizado, podríamos decir, por esa mujer encantadora que suele ver, desde su oficina de trabajo, en la ventana del edificio de enfrente; “bien formada, voluptuosa”, se puede apreciar desde el mirador de Nacho. Un error de este cuento es, en mi opinión, dedicar una considerable introducción, con antecedentes biográficos de Nacho, que, si analizamos bien, no era necesaria para un cuento, sí, digamos, para una novela. Margarita se llama esa mujer que solía ver Nacho desde su oficina. Mediante sus ardides, ella logra hacer contacto con él, quien parece enloquecer de amor o de lujuria ante la hembra hermosa, de “curvas peligrosísimas”, y, más que esto, poseedora de una coquetería proverbial, fuera del promedio. A partir de ahí la vida del buen Nacho, quien se llega a sentir “tonificado, poderoso, conquistador” se complica en grado sumo. Trata por todos los medios de no abandonar su matrimonio, de apoyar a su esposa, Karina, con la que no ha tenido hijos y se halla enferma. ¿Pero podrá huir de los artilugios de Karina…, digamos, aun de ciertos fetiches que aparecen en uno y otro sitio de la casa de Nacho? ¿Brujería? ¿Sugestión? El lector que llegue a una u otra conclusión sobre esta historia a la que, si bien le sobran algunas líneas, resulta en verdad escalofriante, sobre todo por las peripecias utilizadas por Margarita para tratar de “apoderarse”, por distintos medios, de Nacho todo, de su vida. Ya verá el lector cómo.
En fin, Hotel Pánico resulta un buen libro, nadie lo puede negar; ni tampoco que pudo ser un mejor libro, o quién sabe si dos.